Cultura

TRIBUNA ABIERTA

Claves para entender la FIESA y los debates actuales sobre educación superior

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En el medio de constantes reformas educativas y del recorte presupuestario en ciencia y educación a nivel provincial y nacional, se realizó la primera Feria Internacional de Educación Superior de Argentina (FIESA) en Mendoza del 27 de febrero al 02 de marzo.

Miércoles 21 de marzo de 2018 | 14:50

*La autora es investigadora de CONICET Mendoza

Camino al centenario de la Reforma Universitaria

3 claves para entender la FIESA y los debates actuales sobre educación superior

En el medio de constantes reformas educativas y del recorte presupuestario en ciencia y educación a nivel provincial y nacional, se realizó la primera Feria Internacional de Educación Superior de Argentina (FIESA) en Mendoza del 27 de febrero al 02 de marzo.

En el encuentro que congregó a más de 150 universidades públicas y privadas, principalmente de América y Europa, y a más de 600 académicos internacionales se dialogó, mediante talleres y workshops, el futuro de las universidades en relación a los procesos de internacionalización de la educación superior. Los ejes centrales que congregaron a los participantes (vale la pena mencionar el costo restrictivo para estudiantes) giraron en torno a las políticas lingüísticas; la internacionalización en casa; competencias y créditos; internacionalización y empleablidad; organismos internacionales y universidades; rankings e internacionalización de la extensión. El modo de inserción de las universidades (y de sus recursos humanos) en el sistema económico mundial se explicitaron como objetivo de la feria: mejorar la competitividad de las universidades y desarrollar “vínculos estratégicos para la cooperación internacional”.

Nos proponemos señalar en este marco general, con FIESA como detonante, las posibles relaciones en torno a una serie de conceptos dominantes en el ámbito educativo (y otros un poco velados) del último tiempo a la luz del espíritu de la Reforma Universitaria: internacionalización, privatización, democratización, evaluación, rankings, pensamiento crítico, competencias, cooperación, inclusión, emprendedor, mercantilización.

Siguiendo a Varsavsky, en su idea de ciencia politizada y a Mariátegui, quien ya en 1925 diagnosticaba no solo un problema de la universidad sino de la educación pública en general, entendemos que FIESA expone las tensiones y ambigüedades alrededor de la temática educacional, específicamente sobre educación superior. El resurgimiento del miedo a la privatización de la educación superior se instala por ciertas operaciones mediáticas: gasto y eficiencia son los argumentos para ir sembrando una vez más, como en los 90, la “necesidad” de consolidar en la opinión pública que “paguen los que pueden” o bien que paguen los que no pueden pero que son ciudadanos de clase b o casi no ciudadanos, bajo argumentos xenófobos (veáse el proyecto de Luis Petri y Waldo Wolff).

Sin embargo, este temor, bien fundado, me parece que puede ocultar un proceso más profundo de transformación de la educación en proceso: la adecuación del Estado y su sistema educativo, de fuerte tradición pública, a la medida de la forma empresa. Esa forma de intervención del Estado (no de retiro) apunta, a nuestro entender, a un objetivo mayor y menos evidente: la normalización de sujetos neoliberales, es decir, que la población vaya internalizando y (auto) concibiendo bajo la figura del emprendedor (mediante diversas técnicas de gestión y control) y que cada quien se gobierne a sí mismo siguiendo sus premisas. Veamos algunas puntas.

¿Homogeneización o diversificación?: el “Plan Maestr@” detonó, entre otras cosas, diferentes interpretaciones relativas a la utilidad y calidad del conocimiento y reaviva preguntas acerca sobre para qué y para quién se orienta la educación. Los sentidos en disputa dentro de la sociedad argentina sobre conocimiento útil, pertinente y relevante se reactualizan a nivel social como dentro del campo académico en particular: las palabras evaluación (60), internacional (21) innovación (25), productivo (18) conforman redes de sentido que responden a una visión de la educación y que no pueden ser entendidas sino dentro de una red de reformas a nivel educativo (entre las principales podemos mencionar Ley de Apoyo al Capital Emprendedor 27.349, el Plan Argentina Innovadora 2020, la creación del Sistema Nacional de Reconocimiento Académico mediante la resolución 11073/16 y el Plan Estratégico Nacional 2016-2021).

A modo de ilustración uno de los objetivos dedicados a la educación superior -y que compete particularmente a las ciencias sociales- sostiene: “propiciar y fomentar la revisión de las distintas dimensiones que conforman los planes de estudios, propendiendo a la reducción de la duración teórica de las carreras, de modo tal que los requerimientos en términos de plazos y contenidos puedan homogeneizarse interinstitucionalmente y de manera regional e internacional” (Plan Maestr@, 2017, 36). Resumiendo: recortes de materias teóricas, no útiles, y homogeneización. Esto entra en contradicción con la postura de Mónica Marquina, Secretaria de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación, quien remarcó en FIESA que ”no se quisieron recortar carreras ni homogeniezar trayectos formativos”, es decir, tomar una distancia respecto del modelo europeo (tipificado en el Plan Bolonia y el European Credit Transfer and Accumulation System).

Sin embargo, dentro del Nuevo Sistema Nacional de Reconocimiento Académico (SNRA), se toma el sistema de créditos como ejemplo, aunque se le cambia el nombre, acá le diremos RTF (Reconocimiento de Trayecto Formativo) a la unidad de medida. Más allá del nombre, “menos bancario” para la política educacional oficialista, la equivalencia es similar a la del modelo europeo: 1RTF equivale a 27/30 horas y un año academico a 60 RTF (Resolución 1870/2016). Esta estandarización podría no homogeneizar contenidos pero sí los modelos de evaluación (rankings de todo tipo con indicadores preminentemente cuantitativos) y los criterios que los sostienen (competitividad, rendimiento, productividad). Esta medida de ser aplicada no solo en el primer grupo familia de carreras (Ingeniería, Arquitectura e Informática) seguramente facilitará la movilidad nacional y el reconocimiento de formaciones diferentes homologadas a nivel país, satisfactorio seguramente para una gran cantidad de estudiantes de las ciencias más duras que podrán elegir su propio recorrido casi “a la carta”.

Pero vale advertir que, mientras acá se postula el modelo europeo como el futuro, en Europa grupos de docentes universitarios hacen un balance, después de 10 años del proceso de Bolonia, criticando los criterios de evaluación que produjeron que las universidades se enfocaran más en la gestión de sus propias marcas que en la calidad del trabajo hacen. Básicamente, mediante la “Carta de la desexcelencia” se propone un trabajo honesto, por fuera de criterios mercantilistas de la educación, y más vinculado a las sociedades a las cuales pertenecen esas universidades. Si bien no está explícito de esa manera, se aboga por un trabajo local o mejor dicho situado, con tiempos y lógicas no estandarizadas. Entonces, acá con el nuevo SNRA nos preguntamos, ¿qué pasará con las ciencias sociales y humanidades? ¿Se mantendrá y respetará la diversidad? ¿Se recortarán los contenidos teóricos?

Movilidad nacional e internacional: la creación del Sistema Nacional de Reconocimiento Académico (SNRA) en el 2016 tiene un argumento valiosísimo detrás: propiciar y facilitar el reconocimiento de trayectos formativos de los estudiantes en diferentes universidades argentinas. Actualmente involucra la adhesión de 83 universidades entre públicas y privadas (en la web del Ministerio se pueden ver todas). Jos Beelen, uno de los grandes exponentes de FIESA, mencionó que entre las 10 competencias necesarias para el 2020 (por supuesto en base a un ranking) el pensamiento crítico está en el segundo lugar y en buena medida las experiencias de movilidad facilitan esa adquisición. Entonces, ¿quién podría oponerse a la movilidad de todxs lxs estudiantes? Seguramente estamos de acuerdo que nadie.

Sin embargo, hay que reflexionar qué significa pensamiento crítico en este contexto, dónde se aplicará esta competencia, y de qué internacionalización estamos hablando cuando, por un lado, tenemos en FIESA stands de Quacquarelli Symonds (QS), empresa encargada de realizar uno de los rankings de universidades a nivel mundial y, por otro, en el mismo evento tenemos a George Mehaffy criticando el funcionamiento de esos rankings porque “no predicen la calidad de enseñanza”. Entonces: ¿movilidad hacia dónde? ¿internacionalización según qué criterios y en qué lenguas? ¿El inglés o el aymara se tomarán como lenguas secundarias? ¿empleabilidad de quiénes y en qué trabajos? ¿Las universidades trabajan para formar los futuros empleados de Google, la bodega boutique de Valle de Uco o para los hospitales públicos mendocinos? Por el modelo que tomó el Ministerio de Educación para la creación del Sistema Nacional de Reconocimiento Académico vemos que se toma como referencia el diseño curricular europeo. Las universidades periféricas como las nuestras toman los criterios de calidad y productividad académica y el modo de trabajo de los países centrales, sostenidos en el management de las universidades-marcas, criterios que han profundizado la mercantilización de la educación en otras latitudes. Nos preguntamos, aquí, por ejemplo ¿se establecerán indicadores de movilidad como criterio de reparto de recursos para las universidades? ¿Con qué países las universidades buscarán articular convenios de movilidad?

Educación y mercado: mientras se llevaban a cabo los diferentes paneles de FIESA, se mostraban entre la Nave Cultural y la Universitaria stands de los patrocinadores (bancos y concesionarias), paralelamente, jueves y viernes Fadiunc y Siduncu se manifestaron en el marco de las movilizaciones y paros que se suscitaron esa primera semana de marzo para pedir #Másparaeducación en la provincia (a cargo de Sute) y también a nivel nacional (por Ctera). Las transformaciones en la organización del trabajo llevan como modelo el ideal del “trabajador flexible”, al cual ya no se el pide que realice un trabajo de acuerdo al modelo taylorista-fordista (mecánico, fragmentado, obediente y pasivo) como tampoco se le ofrecen los derechos de ese modelo estable (convenios colectivos que aseguran seguridad social –vacaciones, medicina, jubilación-) sino que se le pide mayor autonomía, iniciativa, capacidad de enfrentar la incertidumbre y formación permanente.

Es decir, bajo el modelo del capital humano, un trabajador eficaz y autodisciplinado bajo los criterios del rendimiento e inversión individual. Para ello, la escuela debe adaptarse a estos cambios en la organización del trabajo y contribuir a formar la nueva subjetividad que se espera de los trabajadores, a desarrollar las competencias de los futuros emprendedores. La funcionalización más reciente de la educación al mundo productivo queda explícita y transparente en la Ley de Apoyo al Capital Emprendedor (2017) que en su artículo 66 menciona que la Secretaría de Emprendedores y de la Pequeña y Mediana Empresa del Ministerio de Producción “coordinará con el Ministerio de Educación y Deportes, en acuerdo con el Consejo Federal de Educación, la incorporación de diseños curriculares en los distintos niveles y modalidades contenidos que promuevan la cultura emprendedora”.

¿Qué significa adecuar el sistema educativo para transversalizar la cultura emprendedora? ¿Por qué es tan importante? ¿Cuál es la diferencia entre el cuentapropista y el emprendedor? Dejando para más adelante las posibles respuestas, lo que sí podemos abordar acá es el cambio de algunas características del modelo de inserción del país en el escenario internacional. El modelo actual renuncia, desde la política de ciencia y técnica, a cualquier tipo de horizonte emancipatorio en términos económicos, más allá de las palabras cool y políticamente correctas, para someterse al más servil sometiemiento a organismos internacionales (la visita de Christine Lagarde no es inocente) y división internacional del trabajo. Una diferencia no menor respecto del modelo desarrollista de hace unos años fundado en el paradigma de la “ciencia para el bien de la sociedad” que imponía un fuerte financiamiento en educación, ciencia y técnica para crear y sostener satélites nacionales, centrales nucleares y mecanismos extractivos eficientes. Ambas estrategias, la actual y la anterior, coinciden, sin embargo, en una postergación, olvido o menosprecio de las ciencias sociales, humanas y de las artes y en una cultura de la evaluación docente (y estudiantil) similar.

Planteamos estos puntos como puntapié para seguir desarrollando y abriendo. Próximamente atenderemos los siguientes: educación secundaria y mercado; competencias del estudiante; cambios en el trabajo docente; virtualización y e-learning. Y tal vez en una tercera: criterios de evaluación de la ciencia; trabajo cooperativo o colaborativo; la internacionalización de la universidad y las lenguas; la escuela neoliberal y el emprendedor o el empresario de sí; tensiones y acoplamientos entre políticas nacionales y políticas universitarias.





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