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REPRESIÓN

Gendarmes en la dictadura: una fuerza impune

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De conjunto se trata de una fuerza que salió impune de la dictadura. Solo 23 gendarmes fueron condenados. Todos los gobiernos las preservaron para usarlas en la represión. La opinión de Myriam Bregman.

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Gloria Pagés

Hermana de desaparecidos | CeProDH | @Gloria_Pages

Sábado 28 de julio de 2018 | Edición del día

Si sobre algo tienen experiencia esta fuerza represiva, es intervenir en los conflictos internos. El asesinato y la desaparición de personas es una de sus especialidades.

Esta fuerza de seguridad (como se desarrolla en esta nota en la que se da cuenta del rol represivo a lo largo de la historia), tiene sus antecedentes en las “gendarmerías volantes” creadas por el presidente Hipólito Yrigoyen en 1921, con el objetivo de reprimir las huelgas de los peones rurales en Santa Cruz.

Durante la dictadura genocida, la Gendarmería Nacional Argentina (GNA) integró y dirigió diversos Centros Clandestinos de Detención (CCD), entre ellos La Escuelita de Famaillá, El Refomatorio y Arsenal Miguel de Azcuénaga de Tucumán; en Campo de Mayo, en el Circuito ABO (El Banco, El Olimpo, Club Atlético) y El Vesubio de Buenos Aires; en La Perla, La Rivera y Escuela de Suboficiales de Córdoba; en Regimiento 29 de Formosa y en Penal de Chimbas de San Juan, entre otros.

Sin embargo esta fuerza prácticamente no fue juzgada por su activa participación durante la dictadura. Primero quedaron impunes durante el gobierno de Raúl Alfonsín, donde solo fueron juzgados las tres primeras juntas militares.

Posteriormente las leyes de impunidad de Alfonsín y Menem clausuraron la posibilidad que se avanzara en la investigación y enjuiciamiento sobre la participación de otras fuerzas represivas.

Recién con la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final se empezó a juzgar a algunos genocidas, entre ellos solo veintitrés gendarmes que participaron, e incluso dirigieron, más de una decena de CCD. De esos veintitrés, siete están bajo arresto domiciliario. Esto vuelve a poner en evidencia que la apertura de los archivos de la dictadura es imprescindible para saber quiénes fueron el resto de los gendarmes que aún siguen impunes.

Como hemos señalado, Gendarmería cumplió un rol clave en la represión a las protestas sociales durante los gobiernos de Menem, De la Rúa (llegando a asesinar a manifestantes) y el kirchenrismo, sumándole en ese último período el espionaje a luchadores. Es importante destacar que durante este lapso, la GNA tuvo un crecimiento sin parangón: pasó de 17.000 a 34.000 efectivos.

Muchos de estos represores impunes siguieron actuando en gobiernos constitucionales con roles de mando. En los 90 actuaron dirigiendo la represión. Hablamos de Eduardo Jorge que estuvo al mando del operativo en Cutral Có que el 12 de abril de 1997 asesina a Teresa Rodríguez, y a cargo también durante la dictadura de un centro clandestino en Tucumán; y de Ricardo Chiappe, quien el 17 de diciembre de 1999, a una semana de asumir De La Rúa, dirigió la represión en Corrientes donde fueron asesinados Mauro Ojeda y Francisco Escobar, y asignado en dictadura a los CCD de Campo de Mayo y La Perla (Córdoba).

Por su parte, Néstor Kirchner nombró como director de la Gendarmería a Pedro Pasteris, quien fuera jefe del puente de Paso de los Libres durante la dictadura. En 2005 renunció porque fue imputado en causas de lesa humanidad.

¿Por qué todos los gobiernos preservaron a la Gendarmería?

Si bien, como decimos, tuvieron una extensa actuación en la dictadura, Gendarmería no quedó tan expuesta ni desprestigiada como las Fuerzas Armadas.

El hecho de que no hayan sido juzgados, y menos condenados en los juicios de lesa humanidad, expresa una política consciente por parte del Poder Judicial y los gobiernos constitucionales para preservar a esta fuerza. Las Fuerzas Armadas tenían por ley la prohibición de intervenir en conflictos internos, por lo tanto el régimen necesitaba mantener a la Gendarmería lista, y con buena imagen frente al conjunto de la sociedad, para la intervención en los conflictos y protestas sociales. Y era claro también que esta tarea no podía cumplirla solamente la Policía, expuesta y embarrada en la corrupción, el narcotráfico y todo tipo de delitos graves.

Myriam Bregman dijo a La Izquierda Diario que “Gendarmería es una fuerza que todos los gobiernos intentaron preservar como la más ’eficaz’ y hasta ’transparente’ frente al enorme desprestigio de las Fuerzas Armadas a la salida de la dictadura genocida. Tal era la estigmatización que el Parlamento tuvo que sancionar dos leyes para prohibir la intervención de las Fuerzas Armadas en conflicto interno: en 1987 la ley de Defensa y en 1992 la de Seguridad Interior (1992). Por lo tanto, la Gendarmería se convirtió en la fuerza estrella para intervenir en los conflictos.” Sin embargo, agregó Bregman, una de las denunciantes del Proyecto X, “poco tardaron en mostrar su verdadero rostro: hemos visto como actuaron en represiones asesinando manifestantes y reprimiendo duramente, además de espiarnos”.

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Los pocos condenados

En la provincia de Córdoba funcionó dos CCD que aún hoy se recuerda por los monstruosos crímenes que allí se cometieron. Difícil mensurar si fueron más o menos crueles que en otros CCD, pero los sobrevivientes narran el calvario vivido en La Perla y Campo La Rivera, dos CCD que dirigió gendarmería, la mayoría de los detenidos-desaparecidos eran obreros y estudiantes, muchos de ellos parieron el Cordobazo. Acá se puede leer el testimonio de Jorge “Turco” Sobrado, uno de los sobrevivientes de estos campos de concentración.

Sin embargo ningún gendarme fue condenado por los crímenes de lesa humanidad cometidos en La Perla y La Rivera. Solo en la causa Gontero, fue condenado José Eugenio San Julián.

La abogada Natalia Hormazabal, miembro del CeProDH, y querellante en distintas causas de lesa humanidad en la provincia de Neuquén, representó a uno de los testigos que declaró contra Emilio Jorge Sacchitella, condenado a prisión en el juicio al CCD la Escuelita. El testigo dijo “Era muy famoso Sacchitella en la zona, porque salía a buscar subversivos al campo, allanaban las casas, destrozaban todo. Era muy temido este individuo en la zona”, rememoró Joubert.

En la provincia de La Rioja fueron condenados por la actuación en el Escuadrón 24 de Gendarmería, en el ex Instituto de Rehabilitación y en el Batallón 141: Eduardo Britos, Ricardo Torres Daram, Pedro Ledesma, Miguel Ángel Chiarello, Nicolás Granillo y Eulogio Vilte. Solo seis gendarmes condenados en esta megacausa, en la que fue además querellante el periodista Plutarco Schaller, quien durante su cautiverio vio al ex jefe del Ejército César Milani.

En Tucumán, donde la Gendarmería dirigió tres centros de detención, solo fueron condenados Benito Palomo, quien antes de su detención fuera director de la Escuela de Gendarmería y jefe de la Región II, Rosario; Marcelo Godoy, Ernesto Rivero, Tomás Güemes, Alberto Montes de Oca, José Sowinski y Celso Barraza.

En Formosa fue condenado el comandante principal de Gendarmería Nacional (R), Horacio Rafael Domato, Mario Sosa, Eulogio Vilte, Miguel Ángel Chiarello y Pedro Jesús Ledesma.

Víctor Rei fue condenado por la apropiación de Alejandro Sandoval Fontana, nieto recuperado número 84. Desde 1973, Rei se desempeñó como jefe de Inteligencia de Gendarmería en la provincia de Formosa. Fue nombrado miembro honorario de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos. Formó parte del Operativo Independencia de Tucumán y bajo el mando del general Guillermo Suárez Mason, Rei participó de las detenciones ilegales y secuestros en el CCD de Campo de Mayo.

Por la causa de Campo de Mayo, donde también Gendarmería dirigió este CCD, fueron condenados por sus crímenes Julio San Román, Hugo Castagno Monge y Guillermo Cardozo, quien durante sus años de represor se dedicó a adoctrinar en Campo de Mayo a los guardias de los CCD para que no hablaran de los crímenes con nadie. Cardozo, durante los 90, fue comandante mayor y hasta 1998 fue segundo jefe de la Región II (Rosario) de Gendarmería.

El Tribunal de Corrientes condenó a prisión a Domingo Issler, en el juicio conocido como “Ligas Agrarias”, por los crímenes cometidos contra el movimiento campesino, por entonces de gran influencia en la zona tabacalera y algodonera, que fue duramente perseguido. Mientras que Raúl Reynoso fue condenado por delitos cometidos por el grupo de tareas del Regimiento N° 9 de Infantería.

Un gendarme que operaba en El Olimpo se desempeñaba en la mutual de la Gendarmería, hasta que fue detenido. Eugenio Pereyra Apestegui, fue condenado por su responsabilidad en secuestros y torturas llevadas a cabo en los centros clandestinos de detención El Olimpo, Club Atlético y El Banco, el resto de sus camaradas de armas quedaron impunes. En ese circuito represivo estuvo secuestrado y fue desaparecido Guillermo Pagés Larraya, hermano de Gloria, una de las autoras de esta nota.

En Salta recientemente fue condenado el Diego Alejandro Varas.

Solo 23 gendarmes fueron condenados a pesar de haber dirigido más de una docena de centro clandestino de detención. Todos los gobiernos podrán usar distintos argumentos para defender y proteger a esta fuerza represiva, pero la historia nos muestra que en este siglo de existencia son un factor clave en la represión, la tortura, asesinato y desaparición de personas.

Por Santiago Maldonado, por Julio López y por los 30.000 compañeras y compañeros desaparecidos seguiremos peleando por ¡Juicio y castigo a los culpables!

Publicada originalmente el 8 de septiembre 2017





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