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GOBIERNO DE BRASIL

Un año de presidencia del golpista Temer

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En solo un año, el gobierno golpista encabezado por Michel Temer avanzó en la quita de derechos de los trabajadores y jóvenes pero se ha encontrado con una creciente resistencia.

Sábado 13 de mayo de 2017 | Edición del día

En apenas un año en la presidencia desde que se transformó en presidente interino después de la consolidación del golpe institucional, Michel Temer ya llevó adelante una serie de ataques a los trabajadores y la juventud. Temiendo un avance de la operación judicial Lava Jato, que investiga los entramados de corrupción en Petrobras, y la inestabilidad política del gobierno, que es frágil al ser fruto de un golpe, Temer se apuró con los ataques, presionado de un lado por los empresarios para hacer los ajustes, y de otro por la resistencia de la juventud y los trabajadores que entraron en escena en la huelga general del 28 de abril.

A fines de 2016, el Senado aprobó entre gallos y media noche una enmienda constitucional que pone techo a los gastos de salud y educación por los próximos 20 años, a las apuradas luego de que Brasilia se volviera un campo de guerra debido a la dura represión del gobierno a las movilizaciones en su contra. El discurso de todos los Senadores defensores del proyecto fue completamente reaccionario, invocando a los 12 millones de desocupados, que hoy ya son 14 millones, como si esos sectores no necesitaran inversiones en salud, educación y servicios públicos, y como si esos gastos fuesen los responsables por los efectos de la crisis que recae sobre los trabajadores.

Luego del 15 de marzo, cuando los trabajadores salieron a las calles para mostrar su bronca contra la reforma previsional, 15 días después el golpista Temer sancionó un proyecto de ley que torna irrestricta la tercerización del trabajo. La medida fue aprobada rápidamente por la Cámara de Diputados a partir de una propuesta del expresidente Fernando Henrique Cardoso que había quedado cajoneada por muchos años. Un golpe que alcanza de lleno a los trabajadores brasileros, en especial a las mujeres y los negros, que siempre fueron la cara del trabajo precario en el país.

A pesar de esos ataques, ese año se intensificó la crisis de los partidos tradicionales y puso en la escena política a la clase trabajadora organizada. El 15 de marzo obligó a Temer a maniobrar y retroceder en puntos del proyecto de reforma previsional. Después, las centrales sindicales convocaron a un día de huelga general el 28 de abril, debido a la presión de los trabajadores en las bases y el profundo rechazo al gobierno y sus ataques.

Ese día mostró la gran fuerza de los trabajadores, que a pesar del intento de sus direcciones de transformar la lucha solo en presión parlamentaria y no en una herramienta para derrotar definitivamente a Temer, las presionó con toda su disposición a tirar abajo las reformas golpistas. De norte a sur del país los trabajadores cruzaron los brazos.

Desde entonces Temer viene probando la correlación de fuerzas dando indicios de los ataques que planificaba y sigue planificando contra los trabajadores, mujeres, jóvenes, negros y negras. El golpista cínico, en su discurso, declaró que da un debate “amplio y franco” sobre las reformas, no mencionó la dura represión policial a los manifestantes que marcharon hasta su mansión. Ese es el diálogo franco de Temer, a base de balas y bombas contra trabajadores y jóvenes que luchan contra la quita de sus derechos.

El golpista se tiró con todo en la reforma laboral. Se vio en una encrucijada, temiendo la fuerza de los trabajadores intentó garantizar el apoyo de los diputados para acelerar la reforma laboral. La precarización y aumento de horas de trabajo combinados con la extensión de la edad mínima jubilatoria de miles de mujeres y hombres trabajadores, que en resumen, solo es solo una parte de los ataques que Temer quiere implementar ya entre los meses de mayo y junio, y para eso está desesperado recogiendo apoyos entre los senadores.

Igualmente desesperado por aprobar la reforma previsional, Temer comenzó los negociados para hacerlo a toda costa. En la búsqueda desenfrenada por apoyo de los diputados que temen no volver a ser elegidos si votan a favor de la reforma, el golpista ya liberó cerca de 1.000 millones para comprar diputados con la liberación de enmiendas, la edición de un decreto para refinanciar la deuda por 10.000 millones de terratenientes.

Michel Temer confirmó que el golpe fue en contra de los trabajadores y trabajadores, en contra de la juventud, negros y negras de Brasil. La movilización del 15 de marzo y la huelga general del 28 de abril sirvieron para mostrar que tenemos la fuerza para tirar abajo ese gobierno golpista.

El próximo paso es preparar una nueva huelga general hasta que derrotemos a Temer y sus reformas imponiendo elecciones para una Asamblea Constituyente Libre y Soberana que revoque todos los ataques votados por Temer y por los gobiernos anteriores del PT y del PSDB.

Las centrales sindicales anunciaron el 1º de mayo que harán una “invasión” a Brasilia cuando sea votada la reforma previsional. Convocaron a una gran marcha para el 24 de mayo en medio del “Ocupa Brasilia”.

Durante la próxima semana los trabajadores de Brasil tenemos planteado potenciar y construir comités en las fábricas, lugares de trabajo y estudio, para reunir a miles de trabajadores y jóvenes, con el objetivo de tomar la lucha en nuestras manos. Necesitamos que las centrales sindicales organicen miles de micros, saliendo de todos los rincones del país para ocupar Brasilia con millones de trabajadores dispuesto a luchar contra la quita de sus derechos.

Tenemos que potenciar la autoorganización de los trabajadores desde sus lugar de trabajo para la organización de un plan de luchas e imponer una nueva huelga general. La marcha en Brasilia no puede servir de acto electoral para Lula o para que se fortalezca el PT ante las elecciones de 2018, sino para fortalecer la lucha de los trabajadores y hacer que la crisis la paguen los capitalistas.





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