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GOBIERNO DEL PP

Hay gobierno, ¿habrá gobernabilidad?

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Se consumó la investidura de Rajoy en el marco de una delicada relación de fuerzas con sus socios, especialmente el PSOE. Podemos, en disputa interna, busca su sitio.

Ivan Vela

Barcelona | @Ivan_Borvba

Lunes 31 de octubre de 2016 | Edición del día

Foto: EFE

El pasado sábado Mariano Rajoy accedía a la presidencia del Gobierno del Estado español tras dos elecciones y cuatro sesiones de investidura. Fumata blanca para el Régimen. No obstante, en esta victoria táctica que supone la conformación de un gobierno, las incógnitas y debilidades que esta siembra a medio y largo plazo pesan más.

Un Gobierno debilitado

El Partido Popular alcanza la Moncloa por segunda legislatura consecutiva, pero lo hace sin el músculo de antaño. El partido de Mariano Rajoy ha perdido 3 millones de votos desde las elecciones del 2011 y su necesidad de pactos y apoyos se ha hecho evidente.

Para finalmente alzarse con el Ejecutivo, los "populares" han necesitado de cuatro sesiones de investidura y herir de muerte a su "socio" de Régimen, el partido socialista. Además de este apoyo han requerido el de la nueva derecha "cool", Ciudadanos, formación que se fue desinflando tan pronto como las urnas le dieron la espalda en diciembre del 2015.

La relación de fuerzas del Partido Popular para esta nueva legislatura es, por lo tanto, más débil que antaño. Tras finalizar la sesión de investidura el propio Mariano Rajoy advertía a los suyos, "no podremos llevar todas las políticas de nuestro grupo adelante".

El líder "popular" llega a la Moncloa con un objetivo claro, elaborar unos presupuestos que permitan proseguir con las políticas austericidas. Y es que Bruselas exige 5.000 millones en recortes. Qué duda cabe que, y ese ha sido el mensaje transmitido a Ferraz desde el inicio, el PSOE tendrá que poner sus escaños al servicio del Ibex35 y la Troika una vez más, y así lo hará.

Pero la brutalidad de estos recortes que están por venir (Bruselas exige los recortes de cuatro años en los próximos dos) hace difícil imaginar al Partido Popular aventurándose a otras medidas, como ya hiciera en el pasado con la ley del aborto de Gallardón.

De hecho, la rectificación, aún sin definir su significado real, sobre la reválidas se enmarca en un intento del Gobierno de no levantar polvo incluso antes de iniciar el eje de su política, los recortes.

Aunque el candidato del Partido Popular aseguró que no le "dan miedo las manifestaciones", lo cierto es que Rajoy vencía en la sesión de investidura con más de 100.000 personas en las calles de Madrid, según los organizadores, mostrando su rechazo, y una masiva huelga estudiantil contra las reválidas y la LOMCE días antes.

A esto hay que sumarle que en la actualidad agentes que han venido jugando un rol de desvío y traición a las luchas obreras, como el citado partido socialista o las burocracias sindicales de CCOO y UGT, no se encuentran en su mejor momento. De hecho, los grandes sindicatos perdieron algo más del 20% de sus afiliados entre 2011 y 2015.

El Partido Popular ha ascendido a la presidencia de un Gobierno con los pies de arena, obligado a centrarse en las tareas primordiales y a jugar en un mar de equilibrios altamente complejo.

PSOE, un partido agrietado

Sin lugar a dudas el Partido Socialista es el actor del Régimen del 78 más sacudido por la crisis institucional y de representatividad. Azotado por la aparición de Podemos en la escena electoral y por sus luchas internas, hoy la pata izquierda del Régimen se encuentra sin Secretario General y con un partido rasgado.

La sesión de investidura del pasado sábado visibilizó esa múltiple fractura. Se iniciaba la jornada con la noticia de la renuncia de acta de diputado por parte de Pedro Sánchez, para continuar con "disidencia" en el voto del PSC y 8 diputados más, para finalizar con las amenazas de la gestora por la ruptura de la disciplina de voto.

El ex candidato socialista no tira la toalla, y apela a la militancia "me presentaré si la militancia me apoya". Busca alzarse como el líder del sector "oposicionista", si bien no hay que olvidar que fue el candidato que firmó los peores resultados electorales del partido. Es por ello que la ilusión que pueda despertar tanto dentro como fuera de las filas socialistas es una incógnita.

Por otro lado, es necesario que la gestora convoque un Congreso, en el cual se puedan votar los órganos del partido. Esta tarea es la que precisamente a toda costa quieren evitar en el Comité Federal. Hacer pasar al actual Partido Socialista por las urnas sería solicitar un certificado de defunción.

El ala "Díaz" y el resto de barones alineados con la presidenta andaluza esperan calmar las aguas, tanto dentro como fuera del partido, con el tiempo y con leves concesiones que pudieran "arrebatar" al Partido Popular.

No obstante no es una tarea fácil, casi más bien parece imposible. Todos los actos de cara a la galería que el Partido Socialista haga serán contrarrestados en la sombra por la responsabilidad activa en las políticas del Partido Popular, especialmente en la aplicación de los presupuestos.

Y todo este juego de malabarismo sin olvidar el desorden en casa. El PSC rompió la disciplina de voto, junto a 8 miembros más, entre ellos los del País Vasco y Baleares.

Desde Ferraz ya trabajan, presionados sobre todo por las federaciones andaluzas, extremeñas y castellanomanchegas para encontrar una fórmula que redefina la relación con el PSC. Pero el pacto de funcionamiento entre ambas formaciones suscrito en el 78 no recoge un mecanismo de ruptura o de reformulación de la relación.

El llamado al orden por parte de la gestora y de las federaciones que hoy dirigen el Partido Socialista hacia los díscolos será una dura batalla que, más allá del desenlace que pueda tener, lo que es seguro que será un factor más que profundice la crisis del PSOE.

Disputas internas en Podemos

La coalición de Unidos Podemos se plantó en esta segunda ronda de investidura tras la pérdida de un millón de votos en las elecciones del 26J. Si las previsiones de ganar poder con la "video política" han sido erróneas, qué duda cabe que su capacidad de presión en estos últimos meses disminuyó aún más tras no conseguir el ansiado sorpasso y además perder un millón de votos.

Pero como a casi todas las fuerzas políticas, la profunda crisis del Partido Socialista ha servido como especie de salvavidas, y actualmente deja a la formación de Pablo Iglesias y Errejón como oposición de facto del gobierno de Mariano Rajoy.

No obstante en la casa morada se está librando una batalla, aunque no entre dos proyectos con programas diferentes. El ala de Iglesias y los "errejonistas", aunque con matices, comparten metas. Ambos aspiran a ser una salida reformista de un Régimen corrupto.

Ahora bien, para Iglesias esa capacidad de incidencia en el Régimen se ha de conseguir mediante un giro discursivo a la izquierda. Apoyado dentro de la coalición en Alberto Garzón y dentro de Podemos en los sectores de Anticapitalistas, Iglesias y los suyos buscan recobrar protagonismo en palacio apelando a la calle.

Un intento de ponerse a la cabeza de las movilizaciones sociales que puedan surgir con el fin, no de que estas se desarrollen con sus fortalezas hasta el final sino más bien para que le sirvan de carta negociadora en los salones del Régimen. El punto débil para Iglesias es la escasa capacidad de control y presencia orgánica de Podemos en sectores obreros y juveniles que ante los nuevos ataques puedan ser la vanguardia de la resistencia en las calles.

Para su "opositor", Iñigo Errejón, la ecuación pasa por una mayor integración en el Régimen. No contento con la "centralidad del tablero", el número dos de Podemos apuesta por abrazar sin titubeos los juegos del parlamentarismo burgués.

En este sentido, y ya desde el verano, Errejón defendía una mayor flexibilidad frente al partido socialista, e incluso el apoyo a este junto a Ciudadanos, pero sin formar parte del Gobierno.

Podemos busca su sitio y alcanzar la relevancia que deja huérfana el PSOE. El modo por el cual apostará aún es una incógnita, lo que está más claro es que el resultado será el mismo, una regeneración del Régimen del 78.

Se mantiene la crisis de gobernabilidad

Afirmar que la crisis de gobernabilidad que padecía el Régimen se solucionaba tan solo con formar gobierno, hubiera sido una lectura superficial. No hay duda que para la burguesía era primordial configurar un gobierno que pusiera en marcha la maquinaria de los recortes.

Pero tras dos elecciones sumadas a la crisis de representatividad, la crisis es más profunda que todo eso.

El Partido Popular debe avanzar sobre derechos sociales y laborales en el marco que la pata izquierda del Régimen se rompe y Podemos no parece ser una fuerza capaz de jugar un rol de canalizador de protestas.

Además, en un intento de supervivencia, cada una de las formaciones cuenta con sus batallas y contradicciones internas que harán más difícil avanzar de forma contundente sobre los derechos de millones de trabajadores y trabajadoras, jóvenes y migrantes.

En este Régimen en descomposición no queda otra alternativa que poner en pie un proyecto anticapitalista, que levante la demanda de proceso constituyente para que se acabe con los sueldos millonarios de los políticos, con el Senado, con la Corona, con las subvenciones a la Iglesia, con la cárcel de nacionalidades que es hoy el Estado español.

Y que esto se impulse no desde sus instituciones, sino desde nuestras organizaciones, en la calle.





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