Cultura

17 de Agosto 1850-2016

José de San Martín, un legado bajo fuego

Tiempo estimado 10:22 min


Un recorrido por diferentes puntos de vista historiográficos, sobre la herencia del General del Ejército de Los Andes. Desde el siglo XIX a nuestros días, una polémica que llega hasta Macri y Cristina.

Lautaro Jimenez

@LautaroJ_PTS

Jueves 18 de agosto de 2016 | 12:13

El legado de José de San Martín atravesó el siglo XIX a través de la folletería de Mitre, y el siglo XX a través la disputa del revisionismo histórico, cuando liberales y nacionalistas evitaban atacar sus acciones e ideas y se disputaban la interpretación de sus inspiraciones y proyectos. Podemos decir que tanto su legado, como el propio San Martín, llegaron al siglo XXI bajo un duro fuego de artillería.

A fines de la década de los 70, Terragno y otros encontraron en la documentación militar británica, el fermento para una teoría que en los 90` buscaría reducir el legado de San Martín al concurso por la ejecución de los objetivos generales del capital inglés en el atlántico e Hispanoamérica en general. No es casualidad que fuese La Nación desde donde se dispararan los más duros ataques. La tribuna que antes necesitó del prestigio del libertador para justificar la guerra contra el Paraguay con la pluma del propio ejecutor de esta infamia, creando un San Martín “padre de la patria” y formador de repúblicas para un “eterno equilibrio”, que su biógrafo habría defendido como hombre de acción.

Tenía ahora que castigar la aventura militar de Malvinas, que había liquidado el partido militar, convirtiendo a San Martín en poco más que un “agente inglés”. Como decía Walter Benjamin “ni siquiera lo muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence” y ni la doctrina del fundador, ni el rigor conservador del liberalismo nacional fueron un fuero para salvar a San Martín de los “pensamientos incorrectos” que desde sus páginas se disparaban contra él.

Quizás los primeros encargados de cruzar fuego, con las filas de los nuevos/viejos detractores de la emancipación, fueron García Hamilton y Chumbita. Y crearon para ello un San Martín mestizo, en el que “el llamado de la patria” encontraba por fin una explicación. Contra las exhumaciones del archivo de la reina, llegaron a pedir acceso a los restos del mismísimo general para poder dilucidar en el ADN del presunto bastardo la sangre guaraní que había cimentado el proyecto continental de Don José.

Desde el Instituto Dorrego, el mito del pecado original de Yapeyú pasó a acuñarse hábilmente como la legítima inspiración de un nuevo relato indoamericano, intentando superar la guerra de archivo para ir tras las huellas de San Martín, en el nuevo relato bolivariano que se impuso con el ascenso de los gobiernos progresistas posneoliberales. Y las habrían encontrado en Bernardo de Monteagudo, posible heredero de San Martín, ante Bolivar para ayudar a negociar la unión y tratar de frenar en el Congreso de Panamá las tendencias centrífugas que desintegraban la precaria unión de las provincias emancipadas, en sintonía con los intereses de “balcanización” del capital británico.

Pero quizás el punto más alto e interesante de la revalorización documental de San Martín sea la obra de Felipe Pigna, “La voz del gran jefe”, en donde sus acciones e ideas encuentran una exposición que intenta dejar atrás las conspiraciones y exaltaciones polémicas, y tratar de ver al General tras el prisma de una época mundialmente revolucionaria.

En la más inmediata actualidad, la disputa por la historia y el legado de San Martín llega a la cima de la política nacional. Mauricio Macri agravió el relato independentista, frente al Rey emérito del Estado Español en Tucumán, apelando a la gran “angustia” que habrían sentido los próceres al separarse de la protección real.

La Nación adelantó rápidamente la retaguardia de esta ofensiva, con Natalio Botana aplaudiendo el fin de la “exaltación” bicentenaria del 2010, y señalando que la gran disquisición de entonces estaba entre monarquías y repúblicas, y que por suerte para los argentinos los deseos de San Martín no se llevaron adelante.

Cristina Fernández defendió entonces, en una ronda con periodistas de cinco países, el revisionismo histórico y la apropiación nacionalista del 25 de Mayo, que -según la ex mandataria- había permanecido hasta entonces en el territorio de la historiografía liberal. Así es como a 166 años de su muerte, el general que vivió entre incontables guerras, está todavía muy lejos de hallarse en paz.

La historia de la emancipación hispanoamericana y el marxismo

La crítica de Marx a Bolivar ha sido criticada sin cuartel por los populismos latinoamericanos. Sin embargo, aun cuando el material documental de la época y los mismos conocimientos historiográficos eran sumamente limitados -ya que la escribió en 1858- encontramos en sus trazos puntos de partida fundamentales para desenmarañar los mitos que marcaron más de dos siglos de historiografía burguesa hasta el presente. Como por ejemplo el rol fundamental de Francisco de Miranda, héroe de la Independencia norteamericana y la Revolución francesa, en el inicio de las guerras de la independencia hispanoamericana; así como el rol de Inglaterra e incluso de Haití en las campañas militares, las contradicciones militares y políticas del bonapartismo bolivariano para afrontar las tendencias federalistas y la resistencias a su intento de imponer un símil del Código Civil de Napoleón en Perú.

José Aricó va a criticar este artículo, señalando que Marx no comprendió que el movimiento independentista enfrentaba un momento de clausura de la etapa revolucionaria en Europa y de plena expansión de la restauración conservadora, y que la forma bonapartista y autoritaria del proyecto bolivariano no expresaba simplemente las características personales de un individuo, sino la debilidad de un grupo social avanzado frente a un contexto internacional y continental contrarrevolucionario. Pero aunque este planteo de Aricó pueda tener puntos de razón al momento de medir los alcances de esta crítica a un proceso amplio y profundo en la américa meridional, es falso afirmar que Marx desconocía el marco internacional en el que se desarrolla el proceso o las disquisiciones sociales que enfrentaban los libertadores, siendo quizás estos puntos en los que más se destaca la crítica de Marx a la impotencia del bonapartismo bolivariano.

Los problemas más profundos del régimen de la Independencia en el Perú donde San Martín terminará con la mita, la encomienda y otras formas de servidumbre indígena, fueron desarrollados con mayor profundidad por un marxista, José Carlos Mariátegui, al señalar que el problema fundamental de las masas indígenas, la desposesión de la gran mayoría de sus tierras, no había sido resuelto y el Gamonal terrateniente había reemplazado al encomendero, burlando la legislación de la República. Sin reconocer esta diferencia fundamental, entre el régimen de Napoleón que se erigió sobre las bases de la economía nacional, heredada de la revolución que ya había barrido con la propiedad feudal de la tierra, y los bonapartismos hispanoamericanos de San Martín y Bolivar, que no trastocaron el fondo de la herencia económica colonial, sino que quisieron erigirse sobre la misma imponiendo reformas desde arriba, es imposible comprender el devenir de nuestros países.

En Chile, otro importante historiador marxista, Luis Vitale va a señalar otro aspecto fundamental para la comprensión de las revoluciones hispanoamericanas: la onda expansiva de la revolución haitiana y el establecimiento de la primera República en Latinoamérica (1791-1804). Cuyo apoyo logístico, político y militar en las campañas de Miranda y Bolivar es hoy algo indiscutido.

Sin embargo este punto de partida, en la República de esclavos libertos que desafió y derrotó el poder militar francés, inglés y español, ha sido concienzudamente borrado de la historiografía burguesa. Y es tan importante, que Eduardo Grüner en un ensayo reciente, “La oscuridad y las luces”, va a repasar cómo la primer república negra no sólo fue un quiebre radical del colonialismo que cuestionó a los límites de la propia Revolución Francesa, sino también un desafío central a la modernidad, que impactó de lleno en la filosofía de Hegel y su dialéctica del amo y el esclavo, la comprensión de la acumulación originaria de Marx, entre otros.

Mientras que en nuestro país, Milciades Peña y Nahuel Moreno hicieron aportes fundamentales para comprender las formaciones sociales coloniales como parte de la economía capitalista mundial, la relación entre los protagonistas de Mayo y el liberalismo de Cádiz, así como las fundamentales diferencias entre las bases de la economía colonial y sus clases con las de la metrópolis. Muchos de los aspectos señalados en sus escritos, han sido tomados por historiadores contemporáneos sin que se les haya reconocido apropiadamente su original desarrollo historiográfico, como demuestra Horacio Tarcus en su prólogo a la recientemente editada “Historia del Pueblo Argentino”. La original aplicación de las leyes del “desarrollo desigual y combinado” formulada por Trotsky para la comprensión de la economía mundial y las formaciones sociales en general y, en los países de desarrollo capitalista atrasado en particular, serán una herramienta de probada eficacia.

Sin embargo, aún el marxismo tiene mucho para decir en la recuperación e interpretación de la historia iberoamericana; las guerras de la Independencia y el propio San Martín. Y para ello requiere el concurso de una nueva generación de historiadores del marxismo revolucionario, dispuestos a encarar una tarea cuyas dimensiones sean quizás mayores a los esfuerzos de Christopher Hill en los 60` y 70`, para comprender la historia de la Revolución Inglesa y la suerte de Cromwell y sus ejércitos. Una obra aún necesaria para el estudio y la comprensión de la historia y el presente, de las naciones que de éste proceso surgieron, y el rearme estratégico de la lucha de los trabajadores por una federación de repúblicas socialistas de América Latina.





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