Cultura

Por las revistas: Allen Cordero Ulate

León Trotsky y el arte de la insurrección

Tiempo estimado 25:05 min


En esta nota Allen Cordero Ulate, profesor investigador del área de sociología en la Universidad de Costa Rica, reseña el libro de Harold Walter Nelson León Trotsky y el arte de la insurrección 1905-1917 publicado por primera vez en castellano por ediciones IPS. Este artículo se publicó originalmente en Carabina 30-30.

Domingo 10 de octubre | Edición del día

Libro publicado por el Instituto del Pensamiento Socialista (IPS), 2016, de acuerdo con la edición en inglés de 1988; Frank Cass and Company Limited. La publicación de este libro en español constituye un gran acierto editorial. Este trabajo refleja un interesante trabajo en equipo tanto de personas traductoras como de personas con conocimientos muy especializados en la materia. De los asuntos más curiosos es que el autor de este libro no es ningún trotskista o persona de izquierda, sino un coronel del ejército estadounidense. ¿Por qué un militar estadounidense va a estar interesado en un tema como este? Presuntamente, este militar quería entender la derrota estadounidense en Vietnam. Pero, vale aclarar que este libro no trata de la guerra de Vietnam, sino que meticulosamente se concentra en el estudio del pensamiento y la acción de Trotsky en lo que corresponde con los asuntos militares en el período que va de 1905 a 1917. Es llamativo que este coronel haya notado un vacío de información en lo que respecta al pensamiento militar de Trotsky. Así, subraya, que Isaac Deutscher, uno de los grandes biógrafos de Trotsky, omitió el estudio del pensamiento de Trotsky en ese campo específico.

El IPS ha venido publicando varios libros especializados en temas militares desde una perspectiva socialista y de izquierda, entre los cuales destaco Estrategia socialista y arte militar, Buenos Aires 2017, Emilio Albamonte y Matías Maiello. En lo que respecta a este libro que comento aquí, Albamonte y Maiello, presentan una amplia introducción que permite entender de mejor manera los aportes centrales Harold Walter Nelson.

Lo primero que me llama la atención de la investigación de Harold Walter Nelson es que es un trabajo muy “objetivo”. Es decir, que al contrario de lo que uno esperaría de un militar estadounidense en el sentido de que su ideología política le desbordara, en este caso, parece no ser elaborado por un militar estadounidense. Es un abordaje científico de un militar que se supone se coloca completamente en el campo enemigo; en el campo de la contrarrevolución armada. Incluso, desde mi punto de vista, se puede afirmar que la reconstrucción analítica que hace el militar estadounidense de Trotsky, en tanto militar revolucionario, es para admirar en tanto estudio riguroso. Sin un político-militar como Trotsky la revolución de octubre de 1917 no hubiera sido posible.

El libro se divide en tres episodios importantes de la experiencia de Trotsky en tanto pensador militar y, más aún, en tanto militar revolucionario. Ya que, como en todo, muy diferente es ser teórico a ser teórico-práctico, esto es, involucrarse directamente, físicamente, en un fenómeno social o cultural. El primero es el de la revolución rusa de 1905, el segundo tiene que ver con el papel de Trotsky como corresponsal de guerra, primero en la guerra de los Balcanes en el 1912-1913, y posteriormente a partir de 1914 como corresponsal de la Primera Guerra Mundial. Y, finalmente, su participación en la revolución de 1917.

Las lecciones de 1905

La participación de Trotsky en la primera revolución rusa de 1905 en calidad de presidente del Soviet de San Petersburgo, que fue el gran organismo de la revolución rusa de dirección de esta revolución, constituyó su primera gran escuela de formación. A pesar de la profundidad de esta revolución y de que la clase obrera se vislumbró con perspectiva de tomar el poder, no se llegó a esta situación de conquista del poder. En cierto modo se repitió “el trauma epistemológico” de la Comuna de París, donde el proletariado no pudo consolidar su poder. Aunque el Soviet de San Petersburgo fue un órgano de poder obrero, sus herramientas de ejercicio del poder eran puramente “políticas”. Para lograr la realización de su poder necesitaba un instrumento de ejecución de su política, esto es, un aparato armado que impusiera la legitimidad revolucionaria. Finalmente, la política es ejercicio de autoridad. Y, la autoridad no deviene automáticamente de una manera consensuada. La llamada hegemonía no es un reconocimiento pacífico del poder por parte de las clases que adversan ese poder, sino que siempre es una imposición, más aún, cuando el poder tradicional de las clases poseedoras es el que se está viendo socavado por la revolución. Obviamente, las clases dominantes se opondrán a ejecutar las directrices emanadas del órgano obrero, por eso, había que obligarlas mediante la violencia legítima. Así, quedó planteado el tema de cómo viabilizar una insurrección, que llevara a la toma del poder.

La toma del poder es un asunto de choque de fuerzas, por tanto, una realidad no solo política, sino militar. Por lo político se entendería la cantidad y calidad de las fuerzas sociales puestas en movimiento a favor de la revolución. Pero el asunto militar conectado con la disposición puramente política es una ecuación de fuerzas, un conjunto de fuerzas que se enfrentan físicamente en un estado dado de organización de cuerpos, logística, así como nivel tecnológico. Ambos aspectos, el político y el militar, siempre se encuentran íntimamente vinculados, pues si se piensa que en una situación revolucionaria, lo puramente político es suficiente esto sería ingenuo, pero si se piensa en lo militar desconectado de objetivos políticos, se caería en lo técnico o lo militarista aun cuando de una manera general los cuerpos militares revolucionarios aludan a una especie de justificación ideológica. En el caso de la revolución de 1905 lo político está completamente vinculado con lo militar ya que el poder político (la legitimidad) descansa en un órgano obrero. Lo que le hacía falta era un brazo ejecutorio. En 1905, las fuerzas políticas revolucionarias se volvieron insuficientes para canalizar exitosamente el esfuerzo de las masas (p. 67).

A diferencia de la valoración de la situación política de la revolución, el balance militar es específico ya que tiene que ver con una ecuación de fuerzas en la que entran una cantidad de elementos y factores del campo militar. Engels había señalado el factor tecnológico como una dificultad para vencer a los ejércitos modernos, pero Trotsky apreció correctamente que, por ejemplo, el transporte, póngase el caso del ferrocarril, en principio en manos del ejército, se constituye en una ventaja apabullante de tipo técnico sobre las fuerzas revolucionarias, pero esto es relativo puesto que, en un marco de huelga política general, las vías ferroviarias, pueden pasar a manos de los huelguistas. Si los huelguistas reconocen a los organismos de poder obrero y no a las fuerzas reaccionarias el tren puede pasar a manos de ese contrapoder.

El tema central para lograr una “ecuación de fuerzas” favorable para la revolución era el de si correspondía formar un cuerpo obrero armado. Los obreros gráficos habían dicho que había que armarse. Surgieron las milicias obreras con funciones principalmente defensivas. Estas se organizan en grupos de diez armándose de una manera elemental con revólveres, armas de caza y puñales. En diciembre de 1905 se desató una guerra de guerrilla o pequeña guerra, donde las milicias fueron muy importantes, pero no lograron derrotar al régimen. Trotsky quedó muy impresionado por el papel desempeñado por estos pequeños destacamentos armados planteándose la pregunta de si mediante esta guerra de guerrillas urbana se podía derrotar el poder dominante. Para el autor que venimos comentando, las teorías militares de Trotsky en el contexto de 1905 solo fueron tentativas. Fundamentalmente lo que el gran revolucionario ruso logró plantearse fueron dudas militares.

El tema militar fue muy debatido en el seno del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) durante los años subsiguientes, al hacer los balances de la revolución de 1905. Los mencheviques enfatizaron en la posición clásica del marxismo, esto es, poner toda la confianza en la movilización de masas, incluyendo claro está, el choque militar de masas. En el caso de los bolcheviques, dieron un paso adelante en teoría militar en el momento en que colocaron la insurrección como un nivel superior de lucha, más aún, que la huelga general. En 1906 se crea una Comisión Militar dentro del POSDR, como su nombre lo denota, especializada en asuntos militares. La principal tarea de esta Comisión era la de hacer propaganda revolucionaria dirigida al ejército zarista. Los mencheviques condenaban la creación de grupos armados adscritos al partido. De manera que la política militar dentro del POSDR era muy espinosa, lo que en cierto modo, llevaba a los bolcheviques a actuar clandestinamente dentro del propio partido.

La posición de Trotsky fue la de condenar las actividades militares partisanas, o sea, de guerra de guerrillas desconectadas de las luchas de masas. Para él, era necesario el armamento del proletariado, que llevara a la constitución de un ejército revolucionario. ¿Pero dónde se podía conseguir las armas para armar al proletariado? La respuesta a esta pregunta era en el propio ejército pues la burguesía al desarrollar sus guerras debía armar a grandes contingentes del proletariado. Por tanto, los contingentes militares así fuera que estuvieran estructurados en organismos de represión, podían ser susceptibles de ser influenciados por la propaganda revolucionaria.

La guerra de los Balcanes y la Primera Guerra Mundial

La siguiente etapa en la formación militar de Trotsky estuvo constituida por sus aprendizajes en el contexto de dos guerras de signo diferente a la revolución de 1905. Se trató, primero de la guerra de los Balcanes y prácticamente encadenado con esto, la Primera Guerra Mundial. La Guerra de los Balcanes fue una guerra que enfrentó a la Liga de los Balcanes, integrada por Bulgaria, Grecia, Montenegro y Serbia contra el imperio Otomano, con el fin de recuperar para sí territorios considerados balcánicos. Se dividió en dos guerras. La primera fue la antes descrita y la segunda, un nuevo conflicto entre Bulgaria y el resto de los Balcanes. En la primera guerra resultó victoriosa la Liga Balcánica y en la segunda guerra, ganaron Grecia Montenegro y Serbia. La primera guerra se desarrolló desde el 8 de octubre de 1912 al 30 de mayo de 1913. Y, la segunda guerra fue del 16 de junio al 10 de agosto de 1913.

Trotsky se desempeñó como corresponsal de guerra de Kievskaia Mysl (El pensamiento de Kiev). En esos tiempos, como ahora, por las razones que sean, las crónicas de guerra fascinaban a muchos de los lectores. Entre más cerca estuvieran estas crónicas del teatro real de los acontecimientos estas eran mejores. No obstante, para los periodistas no era permitido estar cerca de esos escenarios ya que, igual que como ahora sucede, la información difundida puede tener amplias repercusiones militares; tales como suministrar información para los enemigos e impactar estados de ánimo de los soldados y de las masas en general. Trotsky estaba ansioso por estar cerca de los choques armados, pero no podía. ¿Cómo resolvió Trotsky la falta de información directa? Podríamos decir que mediante lo que ahora se conoce como técnicas de investigación de las ciencias sociales tales como la observación y las entrevistas. “Belgrado y Sofía eran ciudades agradables y tal vez Trotsky era más capaz de comprender la guerra en sus calles y cafeterías que en el mismo campo de batalla” (p. 126). En las calles y cafeterías de Belgrado y Sofía, Trotsky podía percibir el estado de ánimo de la retaguardia social. Pudo constatar, en campo, que no había entusiasmo popular para apoyar la guerra.

El autor del estudio que aquí comentamos divide su análisis en tres aspectos centrales para el campo militar: el contexto socio-político, problemas de estrategia y problemas de la táctica.

De los asuntos que más impresionan a Harold Walter Nelson fue la capacidad de Trotsky para tener visión del todo socio-político en conexión con la guerra. La capacidad productiva de los contendientes y en tal sentido valorar cuánto tiempo podría durar la guerra. Eso lo llevó a concluir que sería una guerra rápida donde la iniciativa jugaría un papel muy importante. Logró determinar que el objetivo estratégico era la toma de Constantinopla y que el punto crítico era el tiempo. Trazó tres posibles escenarios de guerra y se inclinó por el tercero. Al respecto, según el autor, el análisis de los hechos que siguieron a la caída de Kirkilisse, demostró en Trotsky más capacidad estratégica que el propio estado mayor búlgaro.

Para valorar el estado de las tropas Trotsky echó mano de entrevistas a los soldados ya sea cuando estos eran concentrados para ir a la guerra, o bien, en los hospitales. Lo que le permitía establecer conjeturas sobre los movimientos tácticos, aparte obviamente, constatar la situación real de las tropas. Un asunto muy relevante para la formación militar fue observar el papel de las escuadras partisanas (guerra de guerrillas) en comparación con el papel desempeñado por los ejércitos convencionales. Al respecto, le restó valor estratégico a la guerra de guerrillas, es decir, predominó la batalla entre los ejércitos.

En cuanto a la primera guerra mundial Harold Walter Nelson sigue el mismo esquema de análisis antes enunciado. De manera increíble Trotsky anticipó que el resultado final de esa guerra sería la revolución.

Igualmente que en las crónicas sobre los Balcanes, Trotsky echó mano del trabajo de campo mediante entrevistas y observación. Entre los apartados definitivamente más brillantes es la comparación sociológica entre los ejércitos alemán y el francés. El primero signado como máquina de guerra disciplinada y con un soporte del desarrollo productivo en su máximo nivel, en contraposición a un ejército francés “democrático”, de inspiración republicana que apostaba al involucramiento de la ciudadanía en la defensa del país. Alemania en cambio era muy afectada por su pensamiento feudal.

Los avances radicales en el campo militar van surgiendo de la práctica de la misma guerra en su desarrollo. Así, el tanque surge ante la necesidad de avanzar sobre las trincheras. Inicialmente y en apariencia las trincheras daban ventaja a la posición de defensa. La trinchera también es un asunto psicológico pues les da a los soldados una falsa autopercepción de seguridad ante el peligro inminente de la muerte.

En 1916 Trotsky fue expulsado de Francia. Se exilió en Estados Unidos; Nueva York. Ahí se unió el equipo editor de Novyi Mir (Nuevo Mundo). El estallido de la revolución de febrero de 1917 en Rusia le llevó de nuevo a ese país adonde llegó el 4 de mayo.

La revolución de 1917

La toma del poder por parte del proletariado ya estuvo claramente planteada desde la revolución de 1905. Y este asunto era el que de nuevo se volvía a colocar en la realidad rusa en 1917. La gran coincidencia política entre Trotsky y Lenin se resumía en la política de pasar todo el poder a los soviets. De esa política derivaban el resto de los asuntos; incluyendo la estrategia militar obviamente. Pero en el contexto de esta revolución y sobre la base del aprendizaje de 1905, el asunto realmente grave era cómo llevar a la práctica esa orientación, ya que no se trataba solo de “política” sino de una cuestión militar. Como se dijo antes, los bolcheviques habían dado un paso adelante con su política de la insurrección. Pero incluso una insurrección si no tiene los instrumentos físicos para derrotar al ejército burgués, se disipa.

En lo que respecta al tema militar, Trotsky tuvo un gran acierto cuando se atrajo como aliado nada menos que la guarnición de Kronstadt, con lo que ganó un aliado militar estratégico. Los soldados resistían la política del gobierno provisional de sostener la continuidad de la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial heredada del zarismo. Kronstadt había planteado la política de reconocer al Soviet de Petrogrado como el verdadero poder. El 16 de mayo Trotsky viajó en ferry a Kronstadt y pronunció un discurso con las siguientes palabras: “Nosotros los de Kronstadt, mantendremos nuestro puesto en el flanco izquierdo del gran ejército de la Revolución rusa” (p. 192). Con esta política se ganó el apoyo de esta guarnición durante todo el período de la revolución. Nótese la sutileza política de Trotsky. No trazó como política la disolución el ejército, sino su reorientación, es decir, en vez de servir a los intereses dominantes, debía ponerse al servicio de la legitimidad revolucionaria que se expresaba en el Soviet de Petrogrado, es decir, esbozó una política como si el ejército ya estuviera del lado de la revolución.

Con respecto a la guerra mundial Trotsky planteó una política contra la guerra sin con ello volverse anti-militar. En esto coincidía con los bolcheviques y por supuesto que esta era una coincidencia fundamental.

En el contexto del desarrollo vertiginoso de la revolución surge otro tema de gran relevancia cual fue el de la milicia. Surgen al respecto dos posibles orientaciones, la primera una milicia “ciudadana” de tradición europea o una milicia de clase. La milicia democrática o ciudadana se concebía sin determinaciones de clase. Como el término lo indica una milicia al servicio de un “todos” abstracto. Si el concepto de ciudadanía ya es problemático en un contexto de paz pues diluye las diferencias que subyacen en la estructura social; aún más problemático este concepto en un marco como el de la revolución rusa donde la lucha de clases está en su máxima tensión. Tanto el gobierno de Kerensky como los sectores conservadores del propio Soviet, se inclinaban por el modelo europeo de milicias ciudadanas. Por el contrario, la milicia obrera estaba subordinada a tareas de clase.

Hubo tres tipos de milicia obrera: El primero, eran unidades en las ciudades que sustituían a la policía tradicional; Segundo, las milicias de fábrica con unidades especializadas en proteger los derechos de los trabajadores y que se encontraban bajo control de los sindicatos y de organizaciones de fábricas; Finalmente, las milicias de Partido, cada Partido que se preciara de tal tenía su milicia. Los temas de capacitación de las milicias obreras eran entre otros: entrenamiento, manejo de armas, tácticas (escaramuza, lucha callejera, defensa en barricadas) y técnicas de seguridad (p. 219).

En la barriada de Viborg donde la milicia logró un gran desarrollo, se organizaban de la siguiente manera. Se agrupaban escuadras de 10 personas en pelotones de 40-60 integrantes. Dos pelotones daban forma a una compañía. Cuatro compañías eran un batallón. Y, dos batallones constituían un regimiento.

La contrarrevolución encabezada por el general Kornilov, conocida como la korniloviada, constituyó un gran momento para justificar el funcionamiento de las milicias. Pero en julio, las condiciones para la toma del poder todavía no estaban dadas. La política aquí era defender la revolución armas en mano en contra de Kornilov. En otras palabras, el gobierno de Kerensky no era el objetivo en este momento; tan solo se le miraba de reojo.

El 11 de octubre se dio el paso decisivo hacia la organización de la insurrección. Hasta el 16 de octubre el Soviet de Petrogrado aprobó la formación del Comité Militar Revolucionario. La toma del poder ya estaba prácticamente ganada. Se combinaron dos grandes elementos: las milicias obreras que prácticamente constituían un ejército irregular y por parte las unidades del ejército proclives a la revolución como este es el caso de Kronstadt. Así, prácticamente el gobierno de Kerensky quedó en el aire. Al día siguiente, 17 de octubre, la revolución obrera había triunfado.

Conclusión general del autor

En suma, Trotsky tenía los conocimientos militares fundamentales que le permitieron levantarse como un gran dirigente de la revolución no solo en lo que tiene que ver con lo “político puro” como también en lo militar. Pero sin este componente armado la revolución no se hubiera concretado. Este autor no estudia el gran capítulo posterior que fue la guerra civil. No obstante, considera de manera general que en la guerra civil lo que se reflejó principalmente fue trabajo en equipo.

La revolución rusa al quedarse relegada a un nivel nacional le impidió a Trotsky la victoria estratégica, la cual, estaba completamente concebida en conexión con su teoría de la revolución permanente a escala mundial.

Reflexión personal

De manera muy sorprendente al menos para mí, este coronel estadounidense y por razones que francamente hasta donde investigué, no me resultan claras, logró determinar dos formas muy importantes en las estructuras militares: las milicias y el ejército. Parece que Trotsky avanza en su pensamiento militar donde toma nota de la existencia de que las milicias obreras son muy importantes porque canalizan la fuerza obrera, pero al mismo tiempo de que resultan insuficientes para derrotar un ejército convencional o permanente.

Las experiencias indirectas en la guerra de Los Balcanes, así como en la Primera Guerra Mundial, le suministraron a Trotsky elementos de campo sobre lo que son las grandes guerras. En la revolución rusa logra dirigir la energía militar hacia la combinación de estas dos formas. Las milicias obreras tienen grandes ventajas, en primer lugar su carácter democrático en lo social; En lo táctico, gozan de capacidades flexibles y amplias de movilización en terrenos que conocen de manera insuperable. Si las milicias están ampliamente conectadas con bases sociales más anchas su potencia se ve multiplicada. Pero en guerras de alta tecnología y de numerosos efectivos, dichas milicias pueden toparse con barreras infranqueables o incluso verse ante derrotas sangrientas.

La revolución rusa mostró que el ejército de herencia zarista estaba compuesto finalmente por elementos populares, campesinos y obreros. Por tanto, como lo analizó Trotsky desde sus primeros años, susceptible de ser influenciable, sobre todo en estos momentos de crisis extremas como son las guerras y las revoluciones. El punto clave es cuáles son los actores que influyen y con qué políticas. En el marco de la revolución rusa, la fuerza política influyente fueron los bolcheviques.

Agradezco a Matías Maiello, uno de los editores de este libro, quien me contextualizó sobre algunos detalles de la publicación de este libro. Igualmente, él me planteó la idea de que posiblemente el estudio realizado por Walter Nelson haya tenido como motivación de trasfondo el buscar explicaciones para la derrota del ejército gringo en Vietnam. Al respecto me envió esta referencia.

A propósito de esta observación de valoración de la “ecuación de fuerzas” puede tenerse en cuenta la situación actual (agosto 2021) de la derrota del ejército estadounidense en Afganistán. La prensa señala al respecto que cuantiosos pertrechos militares, incluso algunos de estos de los más avanzados tecnológicamente, pasaron a manos talibanas, ante el derrumbamiento de las fuerzas militares afganas que el ejército estadounidense había preparado a lo largo de veinte años. Obviamente esta observación es puramente militar puesto que los talibanes nada tienen que ver con los bolcheviques.

Por choque militar de masas se entiende cuando las masas en movilización chocan con la policía y el ejército. Esto fue muy recurrente en las revoluciones de 1905 y 1917 en Rusia. Pero, desde nuestro punto de vista, toda revolución e incluso todo ascenso significativo de las luchas conlleva choques militares de masas con los cuerpos represivos. En el contexto actual póngase como ejemplos los casos del movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos, o bien, las luchas antineoliberales y democráticas latinoamericanas como las que se han dado y persisten en países como Chile, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Nicaragua, entre otros. Incluso, en ciertas ocasiones la línea divisoria entre acciones pacíficas y acciones violentas no es clara.





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