Ciencia crítica del agronegocio

A 7 años de su muerte, el recuerdo de Andrés Carrasco

Tiempo estimado 7:33 min


El recuerdo del aniversario de la muerte del científico que puso en evidencia los efectos del glifosato en los seres vivos y cuestionó los usos mercantilizados de la ciencia al servicio del agronegocio. Sus denuncias y luchas tienen plena vigencia.

Lunes 10 de mayo | 16:16

En una entrevista que le realizara en 2014, el periodista Darío Aranda le preguntaba a Andrés Carrasco (1946-2014) por la vinculación del Conicet con el mundo empresario de los agronegocios:

“Es pública la vinculación. Se promueven investigaciones de transgénicos con total financiamiento público del Conicet, se financia a la empresa Bioceres, donde está Gustavo Grobocopatel. Se financió el polo tecnológico de transgénicos en Rosario para desarrollo de semillas, trabajan junto a Aapresid (empresarios que introdujeron los transgénicos en asociación con las multinacionales del sector). El Conicet lleva adelante una política en favor de una determinada tendencia tecnológica y además participa de los negocios que surgen de esa confluencia con el agronegocios. No lo esconden. Están orgullosos del modelo de ciencia que hacen”.

D.A.: El discurso, no solo del Gobierno, es que se ha invertido mucho en ciencia y técnica en estos años...

“Es cierto. Pero habría que preguntar ciencia para quién y para qué. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para fracking y Chevron? Hay un claro vuelco de la ciencia para el sector privado y el Conicet promueve esa lógica. En los 90s estaba mal visto. Muchos hicieron la vida imposible al menemismo para que esto no pasara y hoy aplauden de pie que la ciencia argentina sea proveedora de las corporaciones.”

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Se trata de la última entrevista que concedió Carrasco, embriólogo molecular, director del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA y el primer científico argentino que en el año 2009 mostró en laboratorio lo que las comunidades afectadas por las fumigaciones con Glifosato venían denunciando por años. Así, a partir de la praxis científica, develó la verdad detrás de las malformaciones, abortos espontáneos y una serie de efectos sanitarios atroces del famoso herbicida, agroquímico pilar del modelo sojero introducido en 1996 por el entonces ministro de Agricultura del gobierno de Carlos Menem, Felipe Solá, y sostenido por los diferentes gobiernos desde entonces.

Desde allí, Carrasco comenzó a recorrer el país dando cuenta de su estudio, mientras que desde el propio Conicet se inició una persecución ideológica por parte del entonces presidente del organismo, Roberto Salvarezza, y el ministro de ciencia de lo que hoy es el Frente de Todos, Lino Barañao. La entrevista discurrió también sobre el dictamen con el organismo que le negó la promoción a investigador principal, con un informe “plagado de irregularidades” y evaluado insólitamente por una especialista en filosofía budista y un reconocido científico ligado a las empresas de agronegocios: “Hay conflictos de intereses y, por otro lado, no hay consistencia con el tema que los ocupa. Debieran haberse excusado y no lo hicieron. [Nestor] Carrillo ha tenido manifestaciones públicas contrarias a las críticas al agronegocio, está vinculado científicamente a empresas como Monsanto a través de Bioceres, es un convencido de la tecnología transgénica, que mantiene estrechos contactos con Federico Trucco y con Aapresid (empresarios del agronegocio).”

Hoy se cumplen 7 años de la muerte de Andrés Carrasco y las circunstancias muestran que denuncia y lucha siguen más vigentes que nunca: la agenda extractivista del nuevo gobierno del FDT se ha exacerbado; Felipe Solá es nuevamente ministro de gobierno, esta vez desde la cancillería, desde donde promueve la agenda del agronegocio e incluso megagranjas porcinas pandémicas en plena pandemia; Salvarezza es el Ministro de Ciencia, y acaba de habilitar en 2020 a Bioceres, que ahora cotiza en Wall Street, presidida por Federico Trucco, la utilización del trigo transgénico hb4, resistente a la sequía y al glufosinato de amonio, un agrotóxico similar en sus efectos al glifosato, que el propio Carrasco denunció como un "nuevo veneno" de consecuencias catastróficas.

Entre los nombres propios que fueron emergiendo para el gran público, sobre todo durante la pandemia, resalta el del magnate Hugo Sigman, uno de los promotores más fuertes del agronegocio en el país, copropietario de Bioceres, Biogénesis bagó, entre un enorme conglomerado científico-tecnológico que se vale de los recursos del Estado para promover sus negocios y el desarrollo de la matriz extractivista, lucrando por ejemplo con la fabricación de vacunas mientras promueve actividades que generan brotes pandémicos (megagranjas porcinas). Pero este nombre no era para nada ajeno para Carrasco, que, tan temprano como en 2012, ya había identificado muy bien el rol que hoy vemos abiertamente desplegado:

"La adopción por parte del cientificismo productivista de encontrar en la tecnología una virtud inmanente –escribía Carrasco en una nota en 2012–, responde a un modelo de ciencia que en verdad está dirigido desplazar reflexión y critica sobre la modernidad y fragmentar la propiedad social del conocimiento para privatizarlo. La financiación de ciencia y tecnología con inversiones estatales como las otorgadas al grupo Sigman para la fabricación de vacunas o anticuerpos monoclonales son producto de un ’capitalismo del conocimiento’ presentado como resguardo de la autonomía nacional. Pero que en verdad está dirigida a naturalizar y afianzar mecanismos de apropiación por la corporaciones y sobre todo lograr para ellas el control del desarrollo del conocimiento."

Efectivamente, 9 años después de esa nota, hoy Sigman cuenta con una gerenta de Insud, Graciela Ciccia, dentro del mismísimo directorio del CONICET. Al tiempo que la jefatura de gabinete del ministerio de Salud está a cargo de Sonia Tarragona, empleada directa de Sigman en la Fundación Mundo Sano (Vizzotti era encargada del plan de vacunación cuando, en 2009, Sigman selló uno de sus granden negociados con el Estado, para producir la vacuna contra la gripe A, producida justamente por megagranjas porcinas).

Pero no todo es avance extractivista. Del otro lado, en el que supo ubicarse Carrasco, la lucha contra la agenda extractivista también ha ganado lugar en todo el país, de norte a sur, no solo con la lucha contra los agrotóxicos de la mano de los pueblos fumigados, el desmonte, el fracking, el monocultivo, e incluso las megagranjas porcinas, de la mano de Sigman y otros. Entre las y los trabajadores de la ciencia, hoy la figura de Carrasco sirve de inspiración para la pelea por una ciencia con otros fines sociales y para la denuncia de sus usos al servicio del extractivismo, ya sea denunciando la introducción del trigo transgénico o la avanzada megaminera, entre otros ejemplos.

Como muestra de la relevancia que fue tomando su figura ligada al cuestionamiento de la ciencia al servisio del agronegocio, el año pasado, incluso, se estrenó el documental Andrés Carrasco: ciencia disruptiva, que reseñamos desde este diario, y recomendamos a nuestros lectores y lectoras, ya que da cuenta de su recorrido y luchas.

Hoy su recuerdo se plasma también en las redes sociales.

A siete años de la partida de Andres Carrasco:

Fue recién tiempo después que entendí la enorme persona que nos...

Publicado por Matías Blaustein en Lunes, 10 de mayo de 2021





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