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SEMANARIO IDEAS DE IZQUIERDA

El Estado chino pone un límite a los gigantes de la gran tecnología

Tiempo estimado 11:44 min


Sobre el significado geopolítico de la humillación del millonario chino Jack Ma.

Domingo 15 de noviembre | Edición del día

Ilustración: Marito Ce

La concentración de atención mundial en las elecciones en Estados Unidos en lo que va de noviembre, ha opacado un hecho no menor: la suspensión por las autoridades chinas de la cotización prevista de la filial de Alibaba Group Holding, Ant Group, en las bolsas de Shanghai y Hong Kong.

Ant Group (Grupo Hormiga), propiedad del magnate chino Jack Ma, quien de joven estudió lengua inglesa e ingeniería electrónica y luego tuvo una creciente actividad empresarial desde los años ‘90 hasta la actualidad, se ha convertido en el mayor conglomerado empresarial de finanzas y comercio digital de China. De haberse completado su oferta pública de acciones inicial de 35.000 millones de dólares prevista para el pasado 5, habría destrozado la oferta récord de 29.400 millones de dólares de Saudi Aramco el año pasado, el gigante petrolero de Arabia saudita, constituyéndose en la más grande de la historia. La misma hubiera representado la consagración o validación de mercado del nuevo mundo de la innovación financiera y de la tecnología financiera. El acuerdo habría dado a la empresa china una valoración mayor que la de la mayoría de los bancos más grandes del mundo, encarnando las expectativas del mercado de que la nueva tecnología acabará por imponerse al sistema financiero tradicional.

Un crecimiento vertiginoso

El dominio de los pagos electrónicos se ha desarrollado a toda velocidad en China. Según el diario El País:

El volumen de transacciones alcanzó en 2018 los 227.400 billones de yuanes (cerca de US$ 33.1100 millones) según datos del Banco Popular de China, una cifra 28 veces superior a la de cinco años atrás. La institución prepara para este mismo año la que será la primera divisa nacional digital. La app de Ant, Alipay, ha sido uno de los actores claves en ese proceso; junto a su gran rival, WeChat, propiedad de Tencent.

Como dice el mismo diario:

Alipay nació en 2004 como una herramienta para facilitar la confianza mutua entre los consumidores y los vendedores de Taobao, la plataforma de comercio electrónico de Alibaba. Desde entonces, su crecimiento ha sido imparable: la app tiene más de 900 millones de usuarios en China y los códigos QR con los que se realizan los pagos ya pueden verse en comercios de todo el mundo. Una vez que se popularizó el uso de Alipay para pagar por productos de consumo y acumular ahorros, esto abrió la puerta a que Ant comenzara a ofrecer a sus usuarios productos financieros como préstamos, inversiones y seguros, todos ellos personalizados al detalle, gracias a la información acumulada sobre el comportamiento del usuario tras miles de transacciones.

Para darse una idea de su tamaño, el año pasado manejó pagos por 110 billones de yuanes (US$16 billones), casi 25 veces más que PayPal, la mayor plataforma de pagos online fuera de China. Pero como dice The Economist:

Más importante que su tamaño es lo que Ant representa. Tiene una importancia global que no logró ninguna otra institución financiera china. Los bancos chinos son inmensos pero ineficientes, con la carga que representa para ellos la propiedad estatal. En contraste los financistas extranjeros miran a Ant con curiosidad, envidia y ansiedad. Algunos halcones en la Casa Blanca se dice que quieren contener a la compañía o trabar su IPO. Ant es la plataforma tecnológico financiera más integrada del mundo: una combinación de Apple Pay para pagos offline, PayPal para pagos online, Venmo para transferencias, MasterCard para tarjetas de crédito, JPMorgan Chase para financiar consumo y iShares para inversiones, con un broker de seguros agregado, todo en una app para celular.

Primer mensaje, en la China de Xi el partido manda

Con todo lo anterior no sorprende que cuando el Presidente Xi Jinping detalla los planes de China para eclipsar a Estados Unidos, ningún rostro viene más rápido a la mente que el de Jack Ma. Entonces, ¿cuáles son los motivos de su defenestración pública?

Para la mayoría de los medios occidentales Jack Ma se extralimitó diciendo la verdad al poder sobre las fallas del sistema financiero de China. Efectivamente, días antes de la cotización pública más grande de la industria, Ma pronunció un discurso en Shanghai instando a la reforma de las regulaciones financieras: “China no enfrenta un riesgo sistémico financiero, sino un riesgo que aún carece de un sistema financiero saludable. Hoy en día, los bancos todavía operan con una mentalidad de casa de empeño, necesitan garantías y las garantías son como casas de empeño...”. Criticando que había demasiados controles en las regulaciones financieras, “demasiados documentos que no le permiten hacer algo” a pesar de la falta de políticas de apoyo, remató diciendo que: “Lo que más temo es que después de tal supervisión, los riesgos desaparezcan y los riesgos relativos del departamento, pero toda la economía corre el riesgo de no desarrollarse”. En ese mismo foro, Ma sostuvo que el Acuerdo de Basilea, el gran consenso de regulación financiera de los principales países imperialistas y también adoptado por el G-20, era un esquema anticuado, más interesado en el control del riesgo de las instituciones financieras que en lograr el desarrollo de las nuevas generaciones y los mercados emergentes. Según el empresario chino, el sistema financiero debería apoyarse menos en los grandes bancos y más en un conjunto de “lagos, estanques, ríos y riachuelos” que lleven los recursos a todos los confines de la economía.

Pero el orador principal de la cumbre, sin embargo, lanzó un mensaje diferente. En su primera aparición pública en casi un año, el vicepresidente de China Wang Qishan enfatizó la importancia de la estabilidad financiera. “Debe haber un buen equilibrio entre el fomento de la innovación financiera, la dinamización del mercado, la apertura del sector financiero y la creación de capacidad reguladora”, dijo. “La seguridad siempre es lo primero”. No olvidemos que Wang como zar de la lucha contra la corrupción del Presidente Xi Jinping de 2012 a 2017 se convirtió en el segundo hombre más poderoso del país.

Para un alto ejecutivo de un gran banco internacional en Hong Kong citado por el Financial Times el emplazamiento regulatorio a Jack Ma señala que Pekin “…quiere amarrar a Ant antes de que el monstruo se vuelva incontrolable”. Como dice este mismo ejecutivo, no olvidemos que “los bancos en China no son solo el núcleo del sistema financiero tradicional, son una extensión de la política monetaria”. Podríamos decir que al suspender la oferta pública inicial de acciones de Ant en el último minuto y reprender públicamente a su presidente y fundador Jack Ma, los reguladores financieros de China han demostrado que todavía hay una fuerza más poderosa que la próxima ola de innovación financiera: el Estado. Como dice Duncan Clark, autor del libro de 2016 Alibaba: The House that Jack Ma Built:

El partido comunista está retrocediendo. Está mostrando su renuencia a permitir que los empresarios se salgan de su carril. El comercio es una cosa. Las finanzas son claramente otra. Jack ha abrazado el poder de Internet para potenciar al sector privado pero aplicar esta química al sector financiero parece estar en otro nivel.

Detrás el parate, el temor a una crisis financiera

Hasta el día de hoy y a pesar de los augurios negativos, China ha logrado evitar que la enorme acumulación de deuda genere una crisis financiera de proporciones. Pero los riesgos están más presentes que nunca. Es que con una deuda que alcanza el 279 % del PBI en el primer trimestre de 2020, las autoridades chinas están decididas a limitar los riesgos que esta deuda supone para la economía nacional. Desde 2017, el gobierno ha estado tratando de cerrar el torniquete financiero, pero este esfuerzo se ha visto cuestionado por la crisis sanitaria, que podría conducir finalmente a un nivel de deuda del 300 % del PBI. Como dice el periodista residente en Tokio William Pesek, autor de Japanization: What the World Can Learn from Japan’s Lost Decades:

Xi está rodeado de estrategas muy inteligentes. Pero toda nación industrializada tiene una gran crisis en algún momento. Pensemos en Japón en 1990, México en 1994, el sudeste asiático en 1997, Wall Street en 2008 y Europa en 2010. Quizás China pueda vencer al destino. Sin embargo, las segundas olas de COVID-19 podrían devastar las exportaciones o la demanda interna. Un aumento en los incumplimientos de la deuda es un riesgo, lo que Rosealea Yao de Gavekal Research llama “El efecto Evergrande”. La referencia es a China Evergrande Group, el desarrollador más endeudado del mundo que debe a sus acreedores más de $ 120.000 millones. ¿Aberración o canario en la mina de carbón? Veremos. Si es lo último, el 2021 de Alibaba y más allá de repente podría volverse muy peligroso.

En este contexto, las políticas crediticias agresivas de Jack Ma y del Ant Group arriesgan provocar una crisis financiera. Para muchos podría sorprender que una oferta de crédito promedio de 300 dólares de lugar a una crisis de este tipo. Pero si salimos de la visión de la China de la que solo se habla en Occidente, es decir la consumidora de productos de lujo de la nueva clase media emergente y miramos con más amplitud, veremos la existencia de otra China de casi 1.000 millones de personas que de conjunto tiene ingresos anuales de 15.000 dólares, o visto de otra manera el hecho de que el promedio de los ingresos reales disponibles es inferior a 300 dólares mensuales para dos tercios de las provincias chinas a partir de 2015. Dicho esto, incluso unos míseros 300 dólares de crédito son mucho para muchas partes de China. Hay una preocupación real de que los productos de Ant están llegando más allá de la "solvencia" y se transformen en un "subprime" a la china.

No olvidemos que las finanzas en China siempre se han considerado demasiado importantes para dejarlas en manos del sector privado. Xi Jinping fue más allá, dejando claro en 2017 que la estabilidad financiera era tan crítica que debía considerarse como un aspecto de la seguridad nacional, en especial después la caída de la bolsa de valores de 2015 puso a prueba el firme control del partido sobre la economía.

En un mundo turbulento, la creciente alineación de las empresas monopólicas a los intereses del Estado

Pero a la vez del contexto financiero interno descripto, se da en un marco de una economía mundial que después del trumpismo –expresión y subproducto político de la crisis de 2008/9– ha cambiado las coordenadas de forma radical de la economía internacional dejando atrás la “globalización armoniosa” de fines del siglo XX y comienzo del siglo XXI, con un proceso desigual y combinado de desacoplamiento de las cadenas de valor a nivel mundial.

Alibaba y su patrón Jack Ma (que es miembro del Partido Comunista) así como otros gigantes tecnológicos chinos como Bytedance y Tencent, aunque dependen del aval del PCCH a sus negocios, son a la vez empresas que han logrado un cierto grado de autonomía respecto de aquel, como demuestran sus ambiciones globales. Un primer golpe para esa visión se produjo en 2018 cuando Estados Unidos bloqueó la adquisición por Ant de MoneyGram, una firma de transferencia de dinero, lo que hubiera establecido al grupo chino como una potencia en los envíos globales. Más cerca de casa, todo el tiempo Pekín presta mucha atención a la lealtad de Ma a la madre patria, en especial desde la compra en 2015 por este del South China Morning Post, cuya sala de redacción en Hong Kong es un microcosmos alentado por Ma entre la idiosincrasia de Pekín y la apertura al mundo exterior.

En ese marco turbulento de la economía internacional, Xi Jinping viene enfatizando en la importancia que los empresarios chinos se concentren más en las oportunidades domésticas. Estas directivas chocan con los apetitos y ambiciones de estas firmas. Pero el agravamiento del contexto internacional con la intensificación del intento de los EE. UU. de destruir a Huawei, a la vez que el comportamiento del gobierno de los EE. UU. para tratar de adquirir, en una especie de soborno, Bytedance no va a favor de las ansias globalizantes de estos. En especial en septiembre, el Partido Comunista hizo un llamamiento para que se impartiera una mejor educación ideológica a las personas que trabajan en el sector privado, se intensificaran los esfuerzos de construcción del partido en las empresas privadas y se aumentara la participación de las empresas privadas en las estrategias nacionales.

Es decir que el nuevo contexto internacional empuja a una relación más estrecha entre las empresas chinas y el gobierno chino por necesidad geopolítica. Entonces, de un punto de vista más estratégico y de largo plazo, nos inclinamos centralmente a ver el intento de Pekín de aumentar el control sobre el Grupo Ant no tanto como una medida que busca aplastar el espíritu empresarial de Jack Ma, ni tampoco darle un golpe fatal al Ant Group, (la compañía tenía 71.000 millones de yuanes en efectivo y equivalentes a junio y es una de las instituciones de mayor importancia sistémica de China), sino como un fuerte llamado de atención para señalar al gran capital privado la necesidad vital que entre las empresas chinas y el PCCH se necesitan mutuamente. Lo último que quieren las autoridades es una pérdida de confianza desestabilizadora en un negocio con un papel clave en las finanzas del país. Pero es una bofetada en la cara de Jack Ma quien hace unos días se jactó de que "su introducción en Bolsa está teniendo lugar fuera de Nueva York". Este argumento con sus matices nacionalistas no alcanzó para satisfacer a las autoridades chinas. Es que la enorme tensión de la competencia en el mercado mundial y a nivel interestatal exige del Estado, siguiendo los términos de la teoría clásica del imperialismo, un máximo de centralización y de poder. Esto pesa más aun en el dominio tecnológico, en donde o bien las grandes empresas digitales pasan a subordinarse al complejo burocrático-militar en su disputa con los Estados Unidos o en caso contrario su futuro puede ser puesto en cuestión. Jack Ma fue advertido. Aparentemente por el mismísimo presidente de China, Xi Jinping, quien hundió personalmente la salida del grupo Ant en bolsa, según da cuenta el Wall Street Journal. Todo esto muestra lo mucho que hay en juego.





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