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El indiscreto encanto de los nuevos ricos

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Durante estos días se pudo ver el brutal accionar de sectores de la burguesía nacional. La última expresión de su desprecio por la vida fueron diez rugbiers matando en patota a un joven en la salida de un boliche. Días antes un empresario textil arrojó un chancho desde un helicóptero y en Nordelta se cuelgan de la luz.

Nicolás Benjamin

@NicolsBenjamin7

Lunes 20 de enero | 11:04

A decir verdad, la clase dominante argentina nunca fue muy ilustrada, los nuevos ricos mostraron esta semana en todos los medios y las redes sociales su despreciable estilo de vida. En hechos que no tienen que ver en sí, y de distintas gravedades, muestran su accionar impune, violento y degradado.

No es la primera vez que un grupo de jugadores de rugby asesinan de tal forma, este domingo se cumplen 14 años del homicidio de Ariel Malvino, murió en manos de tres rugbiers correntidos que lo atacaron en 2006 en el balneario brasileño de Ferrugem. Hace unos meses otro grupo del mismo deporte atacó a una persona en situación de calle por el simple hecho de ser un indigente. Hoy son noticia diez muchachotes, a la salida de un boliche en Villa Gesell, porque patearon brutalmente al joven estudiante Fernando hasta matarlo, hijo de padres inmigrantes del Paraguay.

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Como dijo en su Instagram Patricio del Corro, dos veces diputado de la CABA por el Frente de Izquierda, "es el problema de la prepotencia de una clase social que opina que puede pasar por arriba a cualquiera, “empoderados” por SER y PERTENECER a determinados círculos".

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El cobarde asesinato de Fernando pone sobre la mesa varias cuestiones. Claramente no es un problema de un deporte en sí, en este caso del rugby, es el problema de la prepotencia de una clase social que opina que puede pasar por arriba a cualquiera, “empoderados” por SER y PERTENECER a determinados círculos. Pero esto no solo se nota con lo que hizo esa noche esa patotita de cobardes, sino que se nota en quienes salen a apañar los hechos. Para Clarín los culpables son “La ciudad estallada y el alcohol”, para la Unión Argentina de Rugby fue un “fallecimiento”, no un asesinato; eso sí, lo “lamentan”, no lo condenan. No se puede separar la construcción de una "manada de machos" de sus fundamentos sociales y de clase.

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Desde hace días vemos en cadena nacional, en los grandes medios, como un empresario inmobiliario ligado a la obra pública, Pacha Cantón, en la casa del dueño de la empresa de ropa Etiqueta Negra, Federico Álvarez Castillo, ropa elegida y promocionada por Marcelo Tinelli (gran baluarte de la cultura dominante), tira un chancho desde un helicóptero (o cordero, no tiene ninguna importancia si fue uno u otro). Demostrando que no le importan los animales y su profundo desprecio hacia la comida, en un país en que el 40% de la población es pobre y hace una semana atrás tres niños murieron en Salta por desnutrición. Obscenidad de nuevo rico le dicen…

Álvarez Castillo, empresario textil, se caracteriza por tener sus empleados con los peores salarios pagos y pésimas condiciones de trabajo, con decenas de talleres clandestinos que cada tanto salen a la luz, y Pacha Cantón, con vínculos con el menemismo, son dos expresiones de la pizza y el champagne modernos.

Hace pocos días, trabajadores de Edenor, en un control de rutina, detectaron anomalías en las instalaciones de 13 de los 27 barrios que tiene el complejo Nordelta, donde esta “gente bien”, que discrimina a sus propias empleadas domésticas y teniendo enormes fortunas se cuelga de la luz.

Este derrotero de impunidad mezclada con desprecio de clase comenzó este año con Susana Giménez, la expresión más burda de los ricachones, cuando mandó a los pobres al norte a criar gallinas como solución a la pobreza. Toda una estrategia.

Son los que odian a los pobres y a los trabajadores, los que se burlan de los movimientos sociales y hablan de “planeros”, negros, vagos, etc. Por supuesto, son los que están a favor del ajuste y en contra de los métodos de lucha de la clase obrera, desprecian las marchas, los piquetes y las huelgas.





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