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A dónde está, que no se ve

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Aunque estima 5 millones de nuevos pobres si sigue la crisis, la CGT confirmó que mirará desde atrás del atril el saqueo de los buitres. Mientras remarcan precios y empiezan los despidos, ya tiene nueva consigna: hay diciembre.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Martes 13 de agosto | 23:24

Los hechos corren con esa rapidez que solo conocemos en Argentina. El domingo votaron millones. El lunes unos pocos que no les gustaron los resultados “votaron” a su manera. Impulsaron una “corrida” cambiaria, sacudieron la economía y ganaron millones. El dólar subió un 25%. Este martes los grandes supermercados adelantaron que sus proveedores aumentarán entre un 10 % y un 15 % sus precios. Algunas empresas dejaron de entregar productos básicos como harina y aceite. La gente de a pie empezó a ver cómo cubrirse de la inflación que se ve venir. Otras empresas anunciaron que cierran o amenazan con despidos. En los lugares de trabajo empiezan los debates: ¿qué va a pasar? ¿dónde termina esto? ¿qué va a hacer el sindicato?

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Mientras algunos están a “las corridas”, otros miran por la ventana. El lunes los dirigentes de la CGT se prendieron en el tuitazo peronista #MacriHaceteCargo, pero ni ahí de hacerse cargo de lo que les toca. Héctor Daer se refirió a la crisis como un analista más y dejó claro que ni Alberto ni la CGT tienen que “involucrarse”. Después de repetir un año "Hay 2019", la nueva consigna es "Hay diciembre". El bancario Sergio Palazzo, que había sabido ubicarse como el “ala combativa” de la CGT, quedó tildado en modo electoral y adoptó el teorema de su correligionario Raúl Baglini (“cuanto más cerca del poder está, más conservador se vuelve un hombre”). Le robó el power point a Daer pero además envió un mensaje a los que estaban fugando capitales: “los mercados no deberían preocuparse porque Alberto ha demostrado que honra los compromisos con Néstor”.

Moyano no habló el lunes.

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El martes los de arriba volvieron a golpear. Más devaluación, anuncios de remarcaciones de precios y de despidos. El futuro llegó rápido.

Este martes también el sindicalismo peronista confirmó su posición. La CGT reunió a su “mesa chica” e hizo nuevas declaraciones. Héctor Daer dijo que “el Presidente tiene que gobernar hasta el 10 de diciembre, tiene que intentar que el país no desabarranque y no perjudicar más a la población. No hablemos de paro, no empecemos a poner en riesgo las instituciones, la gobernabilidad”.

La Corriente Federal de Sergio Palazzo también salió a posicionarse. Su diagnóstico fue aún más brutal: “el terrorismo financiero, en un solo día generó una megadevaluación que derivará en una hiperinflación insostenible, hará que antes de las elecciones de octubre, otros 5 millones de argentinos caigan en la pobreza”. Aunque es un número difícil de dimensionar, a uno de solo pensarlo se le revuelven las tripas. 5 millones de jubilados, laburantes, pibes y niñas, que de acá al 27 de octubre van a empezar a pasar hambre. No van a tener para viajar o no van a poder pagar el alquiler. Se van a desesperar. Además de los millones que ya lo hacen. ¿Y qué hacemos, Sergio? Para la Corriente, se trata de “fortalecer el Frente de Todos para los desafíos que vienen”. En octubre, ponele diciembre, a lo sumo el año que viene. Tranca, no hay apuro. Son 5 millones nomás.

Moyano no habló el martes.

O la clase trabajadora también toma medidas o la hunden

Los hechos son claros. Los que están sacudiendo el país son los poderosos. Aunque Cristina Kirchner haya dicho que “éstos son malos capitalistas, conmigo sí había capitalismo". Aunque Alberto haya avalado la devaluación y juró que cumplirá con el pago de la deuda y todos los “compromisos”. “Los mercados” quieren hacer negocios con la crisis e imponer sus condiciones al próximo gobierno. Macri se suma al chantaje, Alberto deja correr. La rosca de la democracia capitalista se va a cobrar 5 millones de pobres en menos de tres meses. Pero así es el juego. Y “Todos” “Juntos” lo juegan sin chistar.

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Contra la pasividad criminal del sindicalismo peronista, el clasismo plantea una salida. Hay que defender al pueblo trabajador de la catástrofe y del hambre. Contra las medidas de fuerza que toman todos los días los buitres, hay que tomar medidas de fuerza de los que mueven el país y pueden paralizarlo. La única forma de frenar el robo al bolsillo de millones es salir a las calles.

Por eso el sindicalismo combativo y el Frente de Izquierda Unidad comenzó desde el mismo lunes una campaña. Reclaman asambleas en los lugares de trabajo y los gremios para que la clase trabajadora pueda discutir cómo “involucrarse” en sus propios destinos. Exigen un paro general activo de 36 horas, con movilizaciones, para mostrar toda la bronca y la fuerza obrera y popular. Proponen tres medidas de emergencia: una cláusula gatillo para que los salarios se actualicen automáticamente ante cada suba de precios, la anulación de los tarifazos y la ocupación de toda empresa que cierre o despida masivamente, para que sea gestionada por sus trabajadores.

Son dos opciones: o te quedás de brazos cruzados mientras al lado se te mueren de frío o pasan hambre millones, o activamos. Esta última es la opción de la izquierda. Para no pagar la la crisis hoy y para prepararse para los tiempos que vienen.





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