A 71 años de la ruptura entre Yugoslavia y la URSS - Parte III

Ruptura Tito-Stalin. Cuando Yugoslavia rechazó la anexión económica de Moscú

Tiempo estimado 9:38 min


A 71 años de la ruptura entre Yugoslavia y la URSS, en esta entrega, abordaremos las dimensiones económicas de esta ruptura.

Domingo 30 de junio | 00:00

A continuación publicamos la tercera parte de la serie de artículos que Révolution Permanente publicó por los 70 años de la ruptura entre Stalin y Tito.

Parte I: Yugoslavia: A 71 años de la ruptura entre Stalin y Tito, gran evento de la post guerra

Parte II: El cisma Stalin-Tito: las dimensiones políticas de la ruptura

En esta entrega abordaremos las dimensiones económicas de esta ruptura.

La ruptura con Stalin en junio de 1948 también tuvo causas y consecuencias económicas paralelas y relacionadas con las causas y consecuencias políticas. De hecho, al final de la guerra, los militantes comunistas yugoslavos, así como los trabajadores yugoslavos, esperaban mucho de la URSS. Esperaban que los soviéticos los ayudaran a proceder a la industrialización del país, lo que permitiría resolver el problema de la sobrepoblación en el campo y aumentar las riquezas del país.

Sin embargo, las primeras ilusiones se convertirían rápidamente en desilusión una vez que se presentaran las propuestas soviéticas, ampliamente desfavorables para los yugoslavos. Si al principio, el Partido Comunista Yugoslavo (PCY) aceptó las condiciones impuestas por Moscú, Yugoslavia continuó siendo considerada como uno de los ejemplos de la continuidad en el extranjero de la política interna soviética. De hecho, la actitud de la burocracia estalinista al final de la guerra con respecto a su nueva "periferia" de Europa oriental y central estuvo marcada por un parasitismo de "potencia victoriosa" y por un intento de subordinar el desarrollo de estos países a los intereses de la burocracia soviética.

Yugoslavia no será la excepción. Como Catherine Samary explica en su libro sobre la autogestión yugoslava: "Fue la cuestión de las "sociedades mixtas" la que creó la mayor tensión: al principio, los comunistas yugoslavos no se opusieron. Consideraron que serían una ayuda para el desarrollo económico de Yugoslavia, incluso si una parte de las ganancias de estas empresas conjuntas fuera a regresar a la URSS. En la primavera de 1946, consintieron su creación. Pero los representantes de la URSS definieron en los siguientes términos el objetivo de estas sociedades, según Dedijer: "primero (...) garantizar el monopolio ruso sobre todas las ramas de nuestra industria y segundo (...) explotar nuestros recursos naturales, y especialmente nuestras materias primas. En otras palabras, tuvimos que seguir siendo una fuente de materias primas para una industria más desarrollada.

Mientras que los teóricos marxistas yugoslavos habían denunciado los mecanismos de intercambio desigual, según la estructura del mercado capitalista, los intercambios "socialistas" propuestos no eran mucho mejores. "Tenemos todo lo que necesitan en los Urales", dijeron los soviéticos para convencer a los yugoslavos de que se apoyaran en la industria del Gran Hermano.

Por el contrario (...) los líderes del PCY consideraron esencial que cada país pueda desarrollar sus propias capacidades productivas. (...) Pero juzgaron las propuestas de la empresa mixta hechas por los soviéticos inaceptables: al evaluar la contribución de cada parte no se tenía en cuenta que eran recursos naturales yugoslavos; además, todos los productos exportados por la industria petrolera debían reservarse para la Unión Soviética, según el capricho de sus necesidades, y estar exentos de impuestos o derechos de exportación durante cinco años; finalmente la empresa debía tener la exclusividad de la distribución".

Si los comunistas yugoslavos se negaban a aceptar los tratados propuestos por la URSS, señalando, con razón, que no los ayudarían a salir del atraso económico y cultural y que, por el contrario, los haría dependientes de la URSS, esto no les impedía tener una política casi similar hacia Albania, que en ese momento deseaba integrarse a Yugoslavia. Según Eric Vigne, "el PCY propuso al PCA [Partido Comunista de Albania] la elaboración de un plan quinquenal para la explotación de materias primas agrícolas y minerales albanesas, cuyo procesamiento industrial se llevaría a cabo en las otras repúblicas federadas de Yugoslavia, intercambiando bienes manufacturados".

Después de la ruptura en 1948, Stalin utilizará cínicamente "la defensa de los intereses del desarrollo albanés" contra Yugoslavia, mientras que hasta ahora había denigrado completamente e ignorado a los albaneses.

Según Eric Vigne: "El 22 de septiembre de 1947 se estableció el Kominform en Szklarska Poreba, solo tres meses después de la visita de Enver Hoxha a Moscú, pero Stalin no invitó al PCA a la reunión. Albania estuvo representada por Yugoslavia, ya sea porque Tito lo haya exigido o que Stalin –que organiza el Kominform para fortalecer su control sobre el PCY–, prefirió no consolidar la posición de Yugoslavia invitando al PCA. Es probable que cuando llegó a Moscú en julio para firmar un acuerdo económico, Enver Hoxha haya advirtido a Stalin de la situación creada en el seno del PCA por la constitución de una tendencia mayoritaria pro-yugoslava, que exigía la unificación de Albania y Yugoslavia en el marco de la Federación de los Balcanes propuesta por Tito. En ambos casos, Stalin consideró a Albania como la propiedad de los yugoslavos.

Vladimir Dedijer también informa en sus memorias sobre la opinión de Stalin a propósito de los albaneses: "’¡Qué gente primitiva y atrasada son los albaneses!’", le dijo al embajador yugoslavo en Moscú, Vladimir Popović, y cuando este último le hizo observar que eran "muy valientes y fieles", Stalin se apresuró a replicar: "Son fieles como los perros, pero es la característica de los primitivos".

Sea como fuere, la actitud del PCY hacia Albania será utilizada más adelante como una de las "pruebas" de la hostilidad de Yugoslavia hacia la URSS y su "desviación nacionalista". Esto fue obviamente coherente con la opinión de Stalin de que la principal tarea internacionalista (y exclusiva) del movimiento comunista en los diversos países, y ahora los países del "glacis", debía ser contribuir a la defensa de los intereses de la URSS y la construcción del socialismo en este país.

Como explica René Girault, "la insistencia con la que se condenó el nacionalismo obviamente no fue fortuita. El principal objetivo de la condena del "titoísmo" era poner fin a las soluciones nacional-comunistas, es decir, a la propensión de los nuevos gobiernos comunistas, en las democracias populares, a girar hacia ’caminos nacionales’ para ir hacia los cambios políticos, económicos y sociales, manteniendo una cierta solidaridad con el modelo soviético".

Otro argumento utilizado por Stalin contra el PCY, para mostrar su desviación "anti-soviética" e incluso "pro-capitalista", fue la ausencia de colectivización (forzada) de tierras. Pero, como dicen Jean-Arnault Derens y Catherine Samary, "la renuencia a la colectivización forzosa de la tierra, lejos de cubrir un proyecto" capitalista ", correspondía a lo que había sido una de las condiciones (y promesas) esenciales de esta Revolución: la distribución de tierras al campesinado pobre, que era la base de masas principal del ejército yugoslavo y del Partido Comunista".

Sin embargo, la ruptura de junio de 1948 significó el fin de todos los programas de ayuda y cooperación entre Yugoslavia y la URSS y el resto de los países de Europa del Este, es decir, en los hechos un bloqueo económico. Tito y el PCY harán algunos "gestos" para tratar de convencer a Moscú que aún estaban en el "camino correcto". Es en este marco que proceden en 1949 a la expropiación forzosa de las tierras, así como al cierre de la frontera greco-yugoslava en 1948, que resultará en la asfixia y, posteriormente, el aplastamiento total del levantamiento comunista en Grecia, como deseaba Stalin. Pero de nada servirá, Stalin no reconsiderará su decisión. Por el contrario, se lanzará una campaña de calumnias en los órganos de prensa de todos los Partidos Comunistas contra el PCY, así como una purga de elementos "titoístas" en las filas de estos partidos.

Este aislamiento político y económico empujará a los comunistas yugoslavos a introducir cambios en su sistema a partir de principios de la década de 1950, como es el caso notable de la introducción de la llamada autogestión en oposición al "burocratismo" soviético. ¿Pero hasta dónde llegó esta ruptura con los métodos, el burocratismo y las concepciones teóricas estalinistas? Esto es lo que analizaremos en la siguiente parte.

Bibliografía citada:

SAMARY Catherine, Le marché contre l’autogestion. L’expérience yougoslave, La Brèche/Publisud, 1988.

VIGNE Eric, « Le guru et son avatar », in BERTOLINO Jean, Albanie, la sentinelle de Staline, seuil, 1979.

DEDIJER Vladimir, Le défi de Tito. Staline et la Yougoslavie, Gallimard, 1970.

GIRAULT René, « La rupture avec Staline et le Kominform en 1948 », in De l’unification à l’éclatement. L’espace yougoslave, un siècle d’histoire, ouvrage collectif, Collection des Publications de la BDIC, 1998.

DERENS Jean-Arnault et SAMARY Catherine, Les conflits yougoslaves de A à Z, Les éditions de l’Atelier/Editions ouvrières, 2000.

Traducción: Rafael Escalante y Alejandra Santamaría





Temas relacionados

Yugoslavia   /    estalinismo   /    Autogestión   /    URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas)   /    Comunismo   /    Historia

Comentarios

DEJAR COMENTARIO