Política

ELECCIONES 2019

Tras el triunfo de Schiaretti, Cambiemos intenta mostrar calma y en el PJ insisten en la unidad

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El oficialismo nacional llamó a Mestre y Negri a "trabajar juntos" hacia las PASO. En el peronismo y el kirchnerismo volvieron a llamar a la unidad. Sin embargo, Schiaretti tomó distancia de esa perspectiva.

Lunes 13 de mayo | 17:32

Este domingo, en Córdoba, el oficialismo nacional volvió a cosechar otra derrota. Fue la octava si se suman las anteriores elecciones provinciales, tanto aquellas que definieron cargos como las que funcionan como PASO.

Como ya se señaló en este medio, de conjunto se trató de una elección claramente conservadora, donde diversos factores confluyeron para el amplio triunfo de Schiaretti.

En ese marco, Mario Negri y Ramón Mestre se convirtieron en el rostro magullado de Cambiemos Córdoba. Ambos son los protagonistas de una pelea interna que terminó con dos listas provinciales y, en particular, a intendente de la ciudad capital.

En términos de números, la suma de las dos boletas estuvo alrededor de 8 puntos por debajo de lo obtenido por Oscar Aguad en 2015, cuando se había candidateado a gobernador por la incipiente alianza entre el PRO, la CC y la UCR.

Sin embargo, el dato que muestra la caída es la comparación con las elecciones de 2015 y, en menor medida, de 2017. En la primera de ellas, Córdoba se convirtió en el lugar que le dio el triunfo nacional a Macri contra Daniel Scioli. En la provincia mediterránea, Cambiemos superó el 71 % de los votos en el balotaje. El escenario favorable se repitió, con menor margen, dos años más tarde cuando Héctor Baldassi, encabezando la lista de diputados nacionales, alcanzó el 48.8 % de los sufragios.

Este lunes, en la Casa Rosada, ese golpe se sumó a la turbulencia que se vivió cuando una persona quiso ingresar con un arma. El discurso político oficial ante la derrota en Córdoba marcó la necesaria autocrítica y luego le pidió a Negri y Mestre “que trabajen juntos” hacia las PASO de agosto y las generales de octubre. El pedido suena bastante utópico.

La pretensión de Cambiemos es que lo logrado por ambas listas sea la base de la cual pueda partir la candidatura de Mauricio Macri. Sin embargo, ese “piso” es apenas poco más de la mitad de lo logrado en las legislativas de 2017. Es decir, el punto de partida es malo. La explicación es más que simple. El plan de ajuste implementado bajo la tutela del FMI empuja al empobrecimiento de amplios sectores de la población. La ilusión con Cambiemos se desvanece a medida que avanzan los despidos y la pobreza.

El intento de despegar la elección nacional de lo ocurrido en Córdoba ya se había ensayado el mismo domingo. Ambos candidatos habían afirmado que se trataba de “una elección local”, algo que en el caso de Negri resultaba imposible de afirmar. En las semanas previas habían estado presentes en la provincia Elisa Carrió y María Eugenia Vidal. La primera de ellas pasó como una tromba y dejó un torbellino de críticas. En la noche del escrutinio provisorio, desde la misma provincia, pidió “perdón por las metidas de pata”. Un poco tarde.

Hay que señalar que una de las ventajas con las que contó Schiaretti este domingo, fue haber podido separar al peronismo cordobés del ajuste nacional. Cuestión no menor dado que los diputados y senadores de su espacio votaron todas las leyes que el macrismo impulsó contra el pueblo trabajador.

Mentira y verdad de los pedidos de “unidad”

En el peronismo, los resultados de Córdoba mezclaron algarabía con cautela. En el primer pelotón se anotaron los integrantes de Alternativa Federal y satélites cercanos.

Miguel Ángel Pichetto consideró, exultante, a Schiaretti como “el conductor” del espacio que construyen en común. Sergio Massa habló del “premio” a la “seriedad y el trabajo” del cordobés. Juan Manuel Urtubey no se quedó afuera de los festejos. Roberto Lavagna repitió el libreto de Massa.

Sin embargo, este domingo por la noche, el cordobés les impidió disfrutar de las mieles de la victoria. Ellos y algunos otros se quedaron, literalmente, con los pasajes a Córdoba en la mano. Schiaretti eligió mostrarse a sí mismo como el hacedor del triunfo. Una forma de arbitrar mejor en la interna que cruza al peronismo no kirchnerista.

Los halagos al cordobés no llegaron solo desde el peronismo federal. En sectores del kirchnerismo también se hicieron oír. El diputado nacional Agustín Rossi volvió a repetir la idea de “unidad”, algo que ese espacio ha proclamado hasta el cansancio.

El llamado del kirchnerismo se inscribe dentro de la línea de hacer llamados “a la unidad contra Macri” a todos los sectores del peronismo. Esto le ha permitido celebrar alianzas con sectores sojeros -como Perotti en Santa Fe-; abiertamente antiderechos, como es el caso de Manzur en Tucumán; y abiertos colaboradores en el ajuste, como el entrerriano Gustavo Bordet, que impulsó el voto a todas las leyes de Cambiemos.

En el caso de Córdoba, esta estrategia implicó bajar la lista a gobernador y hacer un llamado a votar por Schiaretti. Además de evitar una mala elección propia, esta decisión aportó su caudal de votos a la gran elección que hizo el peronismo cordobés ayer.

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En la misma sintonía Felipe Solá, un hombre que orbita y negocia entre las alas del peronismo, pidió que fuera CFK quien llamara a Schiaretti para empezar a sumar a un armado peronista común. Por el momento nada parece indicar que esto último pueda tener lugar. A pesar de haber bajado la lista a gobernador, la ex presidenta es una de la que guardó silencio ante el triunfo del cordobés.

Este domingo por la noche, en el medio del festejo por la victoria, Schiaretti llamó a construir un “peronismo republicano”, lejos de una alianza con el kirchnerismo. Lo que aún está por verse es como jugará el mandatario reelecto dentro de Alternativa Federal. Más allá de las internas y de los cruces, el mayor límite de este espacio reside en los limitados números de quienes apuestan a ser candidatos presidenciales.

Mientras tanto, como el conjunto de los gobernadores peronistas y el gobierno nacional, Schiaretti sigue siendo uno de los garantes y ejecutores del ajuste que el FMI ordena. En este objetivo es un claro aliado de la Casa Rosada.





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