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SALTA

Gustavo Zanchetta, abusador obispo de Orán protegido y salvado por Francisco

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Hace un año y medio, con aval de Bergoglio, renunció a la diócesis salteña por “problemas de salud”. Ahora se supo que el Papa lo resguardó de varias denuncias y se lo llevó a trabajar con él al Vaticano.

Daniel Satur

@saturnetroc

Sábado 29 de diciembre de 2018 | 00:00

Imagen Mar Ned

“La salida del obispo Zanchetta, de Orán, se debió a denuncias de abusos”, tituló este viernes el influyente y conservador diario El Tribuno. La información, con carácter de exclusividad del medio de la familia Romero, detalla parte de lo ocurrido en el último año y medio con el extitular de esa diócesis de la provincia de Salta. Más precisamente desde el 29 de julio de 2017 a la fecha.

Aquel sábado invernal Gustavo Zanchetta publicó una carta en la que afirmaba que acababa de regresar de Roma y que, estando allí, le presentó “al Santo Padre Francisco” su “renuncia como Obispo de la Nueva Orán”. La razón de su alejamiento, escribió, no era otra que “un problema de salud” que le impedía “llevar plenamente el ministerio pastoral” y que lo obligaba a “partir lo antes posible para iniciar el tratamiento”.

Zanchetta no informó qué enfermedad tenía. Solo completó la carta dedicándole “gratitud infinita a todos porque son un don de Dios”, especialmente “a los sacerdotes, diáconos, seminaristas, los miembros de la vida consagrada, y todas las personas que conformamos esta hermosa familia diocesana”.

Junio de 2017 | Juan Manuel Urtubey y obispo Zanchetta
Junio de 2017 | Juan Manuel Urtubey y obispo Zanchetta

La renuncia fue tan inesperada que dejó prácticamente sin palabras al gobernador ultracatólico, conservador, represor y peronista Juan Manuel Urtubey y al intendente de Orán, Marcelo Lara Gros, quienes tenían en el obispo a un verdadero aliado político.

Vale recordar que en 2016 tanto Urtubey como Lara Gros le suplicaron al obispo que intercediera en el duro conflicto del Ingenio San Martín del Tabacal, ubicado en la localidad de Hipólito Irigoyen. Como ya lo había hecho otras veces en otros conflictos, Zanchetta se ofreció gustoso como “mediador” entre la patronal y los trabajadores, buscando lógicamente un resultado favorable para la primera. Entre otras cosas, en aquellos días se lo escuchó justificar los gases y las balas de goma de la Policía de Salta contra los huelguistas.

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Misterio nada divino

Apenas alejado de la diócesis oranense, el caso de la renuncia de Zanchetta se llenó de misterio. Pese a su supuesto delicado estado de salud, lo primero que hizo fue irse a “descansar” a la Arquidiocesis de Corrientes, invitado por su amigo monseñor Andrés Stanovnik (a quien conoce muy bien ya que fue quien lo ordenó obispo en 2013). Apenas dos meses después sería fotografiado en Madrid, participando entusiasta de un curso académico en la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Pero la sorpresa mayor llegaría casi cinco meses después de su renuncia. Evidentemente ya “recuperado”, el 19 de diciembre de 2017 el propio Francisco designó a Zanchetta asesor de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), dependencia conocida como “la inmobiliaria” de la Santa Sede, que maneja más de cinco mil propiedades en diversos países. Según algunas fuentes, ese cargo no existía y Bergoglio lo creó exclusivamente para él.

Gustavo Zanchetta en un curso en Madrid - Segunda fila, quinto de izquierda a derecha
Gustavo Zanchetta en un curso en Madrid - Segunda fila, quinto de izquierda a derecha

En Salta poco a poco se dejó de hablar de Zanchetta. Apenas renunció, Bergoglio le pidió a Stanovnik que tomara las riendas administrativas de la Arquidiócesis hasta que consiguiera un reemplazante. Finalmente en abril de este año nombró como nuevo obispo oranense al franciscano Luis Antonio Scozzina y todo pareció volver a la “normalidad”. Hasta ayer.

Según la información difundida este viernes por El Tribuno, los verdaderos motivos que llevaron al alejamiento de Zanchetta fueron otros. Por un lado se afirma que, en lugar de renunciar, “fue destituido por el papa Francisco” y que todo fue motivado por “denuncias que provinieron del mismo clero que lo acusó de diferentes tipos de abuso, entre ellos de abuso sexual dentro del seminario fundado por él mismo y que dejará de funcionar a partir del año próximo”.

Por otro lado, a partir de este giro en el caso la atención se centraría en “los traslados de los sacerdotes que denunciaron a Zanchetta, e incluso la remoción del nuncio Emil Paul Tscherrig, quien elevó las denuncias” al Vaticano el año pasado, todo lo cual sería parte de una dura interna en la Curia, que involucra directamente al arzobispo de Salta Mario Cargnello y al mismo Bergoglio.

Traslados y traslados

A fines de julio de 2013, días después de que Bergoglio designara a Zanchetta obispo de Orán, en un artículo de Horacio Verbitsky publicado en Página|12 se difundió una serie de durísimos testimonios contra el sacerdote en relación a su paso por el Obispado de Quilmes.

“Este no es un pastor con olor a oveja sino a lobo”, “el tipo es un hijo de puta y un degenerado, lamentablemente no puedo denunciarlo” y “hubo abusos en el seminario, de alguna manera él era el jefe y sometía a algunos chicos”; fueron parte de los testimonios de seminaristas, curas y laicos recogidos en aquella nota de Verbitsky. Uno de ellos suplicaba, incluso, que fuera una broma “el nombramiento de Zanchetta como obispo de Orán”.

Zanchetta fue acusado, entre otras cosas, de echar empleados de un colegio de Quilmes por ser homosexuales, de ofrecerle a una persona un trabajo en un colegio de Florencio Varela “a cambio de algún servicio” y de abusar de seminaristas que estaban bajo su mando. Y además de esos abusos de poder y sexuales, fue acusado de protagonizar varios “desmanejos económicos”. Tan expuesto quedó que varios laicos y religiosos se opusieron a su designación como obispo de Orán y hasta juntaron firmas para evitarlo (sin suerte).

Jorge Bergoglio y Gustavo Zanchetta
Jorge Bergoglio y Gustavo Zanchetta

Visto en retrospectiva podría decirse que, más que un nombramiento, aquella partida de Zanchetta desde el conurbano bonaerense al norte salteño fue uno de los típicos “traslados” que ejecuta el Vaticano para alejar a sus subordinados de la feligresía inquieta cuando surgen denuncias de abusos y otras tropelías. Y que la renuncia al Obispado de Orán, camuflada de problemas de salud, no fue otra cosa que un nuevo “traslado” para alejar al protegido de Bergoglio de sus nuevos denunciantes.

La noticia de estas horas agrega que, un año después de la partida de Zanchetta al Vaticano, la jerarquía católica ejecutó otros “traslados”, esta vez de tres sacerdotes salteños que denunciaron al obispo por nuevos abusos.

Según el informe de El Tribuno, “las remociones de los curas denunciantes son inesperadas para la comunidad de Orán. Algunos de ellos incluso tienen más de diez años frente a sus parroquias. Detrás de estos movimientos (…) se interpreta que luego de la remoción, alguien ‘cercano al Papa’ habría intercedido por Zanchetta, por lo que los denunciantes ahora sufren el peso de su acusación”.

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Bergoglio sabe todo

Según fuentes consultadas por el diario salteño, el arzobispo de la capital provincial Mario Cargnello acompañó el año pasado las denuncias de los tres curas contra Zanchetta. Pero además aseguran que los seminaristas abusados por el exobispo de Orán serían “nueve o diez”. Tan pesada es la carga que desataron las denuncias (silenciadas hasta hoy) que la propia jerarquía eclesiástica decidió cerrar el seminario que el propio Zanchetta había creado hace cinco años.

Las mismas fuentes afirman que Zanchetta está sometido a un “proceso interno” en la Iglesia, con una investigación que incluso podría derivar en un “juicio eclesiástico”. Pero por el momento, Zanchetta no goza de muy buena salud sino de muy buena protección por parte de su querido Santo Padre.

Cada vez que este diario o algún otro medio expone, con casos concretos y a través de la voz de las propias víctimas, el aceitado sistema (montado por el Vaticano hace décadas y solidificado por Francisco) para encubrir miles de abusos sexuales y demás crímenes cometidos por obispos, curas, monjas y laicos “amigos” de la Curia, varios defensores de Bergoglio suelen saltar como leche hervida acusando a quienes informan de pretender “joderle la vida” a Su Santidad.

Aunque es imaginable que sobre este artículo lloverán comentarios del mismo tenor, cuesta imaginar con qué argumentos saldrán esta vez en defensa del Papa que, luego de diversas denuncias, ya le salvó el pellejo dos veces a Gustavo Zanchetta, primero nombrándolo obispo y luego llevándoselo al Vaticano a trabajar junto a él.





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