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Son vampiros y quieren esclavos: la clase obrera tiene con qué enfrentarlos

Tiempo estimado 15:27 min


La política laboral de Macri y los empresarios, es claramente antiobrera. Sus objetivos son el disciplinamiento de los trabajadores, para lograr más productividad, más ganancias, recortar derechos obreros, y por la sumisión total.

Sábado 21 de abril de 2018 | Edición del día

Foto: Macri en la cumbre de Davos junto al CEO de Cargill David MacLennan.

“Cuando el Estado persigue a los que lo combaten, es porque la prédica de los perseguidos es atendida por el pueblo, de lo contrario se los dejaría tranquilos”. Joaquín Hucha, La Protesta, 26 de diciembre de 1911.

Macri y los empresarios contra la clase obrera

Es lo que están buscando en cada conflicto, en cada paritaria, en cada discusión de los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT).

El gobierno nacional quiere avanzar con una serie de medidas tendientes a profundizar la flexibilización y precariedad, incluyendo la restauración de la metodología de pasantías y la baja de contribuciones patronales, que se suman a otras en curso como la incorporación de cláusulas de productividad en los CCT, la reforma del régimen de riesgos de trabajo y la destrucción de la Justicia laboral, mientras no cesaban los despidos en el ámbito estatal y privado.

La clase obrera debe luchar por el Salario Mínimo, Vital y Móvil como un derecho para toda la clase trabajadora, la eliminación de la tercerización y el sistema de contratistas y de toda forma de flexibilización laboral, la implementación de Comités Mixtos de Seguridad e Higiene Industrial para la integridad psicofísica del trabajador, la eliminación del impuesto a las ganancias y el fin de los despidos y suspensiones, y por un No rotundo a las políticas de “techos” a los aumentos salariales en paritarias, con el agravante que se plantea desde el Gobierno nacional.

Incendio en Cargill de Gobernador Gálvez

A los vampiros, para conseguir esos objetivos les es indispensable golpear sobre quienes garantizan las conquistas obreras, es decir, tienen que arremeter contra las organizaciones obreras, los sindicatos y especialmente sobre las comisiones internas y cuerpos de delegados, los abogados laboralistas.

Hace falta debilitar las fuerzas del trabajo para poder avanzar y liquidar las conquistas obreras. Por eso los objetivos de la clase dominante no radican sólo en bajar los salarios y en empeorar las condiciones de trabajo.

Esto se refleja claramente en los despidos y el lockout de Cargill en las plantas Villa Gobernador Gálvez y Bahía Blanca.

La respuesta de los aceiteros del SOEAR, apoyados por la Federación Aceitera es firme, resistiendo con paros, asambleas, actos, movilizaciones, y han denunciado que "Nuevamente Cargill pretende adoctrinar y disciplinar a los trabajadores. Nos mantenemos unidos frente a este nuevo embate patronal y exigimos la reincorporación de todos los compañeros despedidos arbitrariamente".

Esa situación se reproduce en muchos gremios.

En consonancia con estos objetivos, es imprescindible quebrar la memoria histórica, romper con las viejas tradiciones del movimiento obrero: las huelgas, las asambleas, las movilizaciones, los piquetes obreros, las tomas de fábrica.

“El capitalista se ha ganado en el mundo una buena fama como hombre excéntricamente apasionado de lo que llama la libertad de trabajo. Es tan fervoroso partidario de dar a sus obreros, sin distinción de edad o sexo, la libertad de trabajar para él todas horas del día, que ha rechazado siempre con la mayor indignación toda ley fabril que pueda coartar la libertad. La sola idea de que un sencillo trabajador pueda ser tan infame como para proponerse un fin más alto que el de enriquecer a su patrono y Sr., a su superior natural, le produce escalofríos. No quiere solamente que sus obreros sigan siendo míseros siervos, sobrecargados de trabajo y mal pagados, sino que quiere además, como todo esclavista, que sus trabajadores sean siervos que se arrastren a sus pies, sumisos, moralmente avasallados, religiosamente humildes y de alma contrita. De ahí la furia verdaderamente demencial que en él provocan las huelgas. Una huelga es para él una verdadera blasfemia, una revuelta de esclavos, la señal del diluvio universal social en castigo de sus pecados", claro clarito Carlos Marx.

Clase contra clase

¿Por qué Macri, los patrones, los gobernadores, llevan adelante esta ofensiva contra los asalariados? ¿Lo hacen por la “maldad” de los capitalistas, por su escaso o abundante “espíritu caritativo”?

Lo hacen porque los empresarios y los que gobiernan para ellos como Macri, responden a estos principios “Como capitalista, él no es más que el capital personificado. Su alma es el alma del capital y el capital no tiene más que un instinto vital, el instinto de acrecentarse, de crear plusvalía, de absorber con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de trabajo excedente. El capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y que vive más cuando más trabajo vivo chupa. El tiempo durante el cual trabaja el obrero es el tiempo durante el que el capitalista consume la fuerza de trabajo que compró”.

Ante esos vampiros que solo quieren esclavos, se alza la voz de la clase obrera, como se levantaron hace más de un siglo las primeras organizaciones obreras que se conformaron en el proceso de la revolución industrial.

“Tanto en las fábricas, las minas, las hilanderías o en su vida cotidiana el obrero vivía constantemente en la miseria, la pobreza. El trabajo extenuador, las largas jornadas laborales, la subalimentación, las enfermedades, socavaban las fuerzas físicas de los obreros. Por esos motivos el desarrollo de la clase obrera dependía de su capacidad de resistencia a la explotación capitalista, de lucha por el cambio de las condiciones de vida y de trabajo”.

Es larga la lista de agresiones, castigos, planes económicos antiobreros, leyes represivas contra los trabajadores, anulación de históricas conquistas. Pero la clase obrera supo enfrentar esas medidas.

Y otra pregunta puede ser ¿por qué atacan a los gremios?

Y la respuesta sale de otra pregunta ¿Cómo y por qué surgieron los sindicatos, para que han servido y sirven las formas organizativas y de lucha que se ha dado el movimiento obrero desde sus orígenes a la actualidad?

Surgieron de los enfrentamientos con los patrones, con el capital, por mejores salarios, por las largas jornadas laborales, condiciones miserables de trabajo. Fueron creadas por los trabajadores, producto de sus prácticas, sus experiencias, que pasaron de generación en generación, se fueron perfeccionando, y siempre siguen apareciendo nuevas formas organizativas, para defender sus intereses y sus reclamos.

Y en ese camino, la clase obrera, ha tenido triunfos y derrotas, y aunque tuvo que retroceder en muchas ocasiones, continuó luchando, y sus experiencias, sus conquistas, su organización, como los reclamos históricos no desaparecieron; forman parte del sustrato de su memoria y de su conciencia colectiva.

Por ello sigue vigente aquella consigna que “la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores”.

En defensa de sus intereses económicos y políticos fue creando desde las mutuales de ayuda, cooperativas, sindicatos, comisiones internas, cuerpos de delegados, coordinadoras interfabriles, centrales sindicales.

Se recurrió a la acción directa como huelgas, piquetes, movilizaciones, cortes de rutas, paros activos con grandes movilizaciones, tomas de fábricas con o sin control obrero de la producción, trabajos a desgano, a reglamento, sabotajes, boicot, se apeló a los fondos de huelgas, solidaridades expresadas de muy diversas maneras.

Y en la intensidad de las luchas se llegó a los motines, enfrentamientos cuerpo a cuerpo con las fuerzas represivas, insurrecciones revolucionarias, conformación de milicias obreras para la autodefensa o en procura de las transformaciones sociales.

En ese largo camino dio vida a la democracia directa, que hoy se expresa en cada asamblea de sección, de cada fábrica, de cada sindicato, en todos los conflictos.

Se aplicaron esos métodos en cada lugar de trabajo, calles, plazas, lo hicieron en la clandestinidad o en la legalidad, en forma violenta o pacífica, etc.

Todas esas variantes de resistencia, son ejemplos claros como los trabajadores en distintos momentos de su historia no aceptaron pasivamente la dominación de las clases dominantes. Por eso es que resaltamos todos los métodos que utilizó a nivel mundial y en nuestro país en la lucha de clases para enfrentar los planes políticos, económicos y represivos de las clases dominantes.

Con las mochilas cargadas de luchas

Y hoy la lucha contra los vampiros que quieren esclavos, como Macri y los empresarios que lo sostienen, los trabajadores deben enfrentarlos porque tienen en sus mochilas, en sus espaldas generaciones de luchadores, como los que organizaron los primeros sindicatos a fines del siglo XIX, los que pelearon por las 8 horas de trabajo, los fusilados de la Patagonia, los aguerridos obreros de los Talleres Vasena, los compañeros de Cosme Budislavich, el primer obrero asesinado en el país en 1901 en Rosario, en la huelga en la Refinería, los protagonistas de las huelgas de los años 20 y 30, del 17 de octubre, los que hicieron la Resistencia en las fábricas y barrios obreros luego del golpe del 55; las importantes huelgas y conflictos durante el gobierno de Frondizi y los que padecieron el represivo Plan Conintes, los que elaboraron los Programas de La Falda y Huerta Grande, el Plan de Lucha de la CGT entre mayo de 1963 y julio de 1965, que incluyó la ocupación simultáneamente de 11.000 fábricas en una jornada, los integrantes de la “CGT de los Argentinos” con su Programa del 1º de Mayo de 1968, los protagonistas del Cordobazo y el II Rosariazo, de las puebladas en Villa Ocampo (Santa Fe), Gral. Roca, Casilda, Malargüe, pasando por los integrantes de las Ligas Agrarias, de la histórica huelga en El Chocón, los que tuvieron posiciones antidictatoriales contra Onganía y Lanusse, los que formaron parte de los gremios combativos de Córdoba, como Luz y Fuerza y SMATA, de las experiencias de los gremios de la Zona Norte del Gran Rosario, como el SOEPU y la Intersindical de San Lorenzo, del nacimiento de los gremios clasistas, de las luchas del SITRAC-SITRAM, del Viborazo, del Villazo en el 74 y 75, de la CGT clasista de Salta, los que le dieron poder creciente de las comisiones internas, los que protagonizaron tomas de fábricas con control obrero de la producción, como el Pasa Petroquímica, los que conformaron las Coordinadoras de Gremios en Lucha que surgieron durante el “Rodrigazo” en el 75 y que derrotaron el Plan de Rodrigo y el proyecto de López Rega, los obreros desaparecidos por los genocidas del 76, y etc. etc.

Huelga ferroviaria en 1961 contra Frondizi

El Rodrigazo

La Petroquímica Pasa ocupada

Asamblea en Acindar

Cómo jugar el partido y dónde presionar

Hoy la batalla principal debe pasar por los lugares de trabajo, como las escuelas, las oficinas, los bancos, los hospitales, las fábricas, los comercios, etc. Ahí debemos estar movilizados.

La pregunta puede ser ¿Por qué? Porque es el espacio sagrado para los patrones, donde ellos deciden lo que se debe hacer, y ahora quieren más Producción, Más Disciplina, Más Ganancias y Ningún Reclamo.

La dirección del proceso productivo, es ejercida por la patronal, que asume en el capitalismo una forma despótica. Por eso el capital se opuso y se opone a cualquier modificación de la organización del trabajo. Este es el motivo porque quieren modificar los CCT. Quieren organización y disciplina militar.

Para enfrentar esta ofensiva de los Macri y Cía, los trabajadores cuentan además con dos armas poderosas: las Asambleas dentro y fuera de esos espacios, donde los que DELIBERAN, DECIDEN Y EJECUTAN SON LOS ASALARIADOS; y los Cuerpos de Delegados en acción, que junto a los militantes gremiales, deberán enfrentar al capital y sus servidores, pero también convencer a muchos/as compañeros/as que no ven esta ofensiva patronal.

No debemos descartar las otras formas de luchas, como las marchas, los actos, las denuncias, etc.

La pelea debe ser cuerpo a cuerpo, de ir por más, mejores salarios y mejores condiciones de trabajo.

El esfuerzo debe ser mayor, debemos redoblar la militancia, para ponerle freno a estos vampiros que quieren quedarse con la sangre de los trabajadores, de sus fuerzas, y con la felicidad de sus familias. Todo eso se llama: más explotación.

Además cuentan para implementar su proyecto con un sector del sindicalismo, los burócratas, que siempre han traicionado a la clase obrera, y desde hace años se suman para congelar los salarios y aceptar las pautas salariales que les imponen, como también hacer silencio ante los recortes de conquistas de los asalariados. Son los que siempre negocian a espaldas de los asalariados.

Los asalariados, trabajan bajo el mando de toda una jerarquía de sargentos, oficiales y jefes. No son sólo esclavos de la burguesía y del Estado burgués, sino que están todos los días y a todas horas, bajo el yugo esclavizador de la máquina, del gerente, del capataz, y sobre todo, de los dueños de los lugares de trabajo. Y este despotismo es tanto más mezquino, más odioso, más indignante, cuanta mayor es la franqueza, con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.

En la producción no hay libertad, no existe debate, distintas posiciones, pluralismo, crecimiento de las personas. Reina la autoridad. Hay absolutismo, sumisión, control, exigencias.

En ninguna parte se ve tan patente la esclavitud impuesta por la burguesía a los trabajadores como en esos espacios. Dentro de los mismos, la libertad está, de hecho y por ley, en la agonía. De puertas adentro, el patrón es un legislador absoluto.

Debemos parar esta ofensiva, porque como escribió Carlos Marx, en “Salario, precio y ganancia”, “El hombre que no dispone de ningún tiempo libre, cuya vida, prescindiendo de las interrupciones puramente físicas del sueño, las comidas, etc. está toda absorbida por su trabajo para el capitalista es menos todavía que una bestia de carga. Físicamente destrozado y espiritualmente embrutecido es una simple máquina para producir riqueza ajena. Y sin embargo toda la historia de la moderna industria demuestra que el capital, sino se le pone un freno laborará siempre implacablemente y sin miramientos por reducir a toda la clase obrera a este nivel de la más baja degradación”.

Queda claro que la crisis social, política y económica se agudiza día a día. Por ello se hace necesario que los trabajadores coordinen sus luchas, que se unan a los efectos de que unidos y organizados den por tierra con todos los intentos del gobierno, burocracia sindical, y explotadores de sumergir a la clase obrera en la miseria física y social que han programado.

Y hacer realidad lo que planteaba la Coordinadora de Gremios en Lucha de la Zona Norte del Gran Rosario, en 1975, durante el Rodrigazo:

“Si los patrones coordinan para explotar, los trabajadores coordinamos para erradicar la explotación”.





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