www.laizquierdadiario.com / Ver online / Para suscribirte por correo o darte de baja, hacé click acá
La Izquierda Diario
22 de octubre de 2020 Twitter Faceboock
 
 
LATIDOS PORTEÑOS 30
El tiro del final

Martin Sesi
[email protected]
Elías es mi amigo, buen tipo, soñador empedernido, divino emprendedor de causas perdidas. Ha montado obras de teatro en salas barriales con tal de que no las cerraran para siempre; fundó revistas de cultura que poco tiempo después, fundió; llegó a poner un barcito en Almagro para tomar café y leer algunos de los libros seleccionados de su vasta biblioteca personal.
LATIDOS PORTEÑOS 29
Jacinto no conoce felices ni fiestas

Martin Sesi
[email protected]
Jacinto ni sabe qué cosa es Papá Noel. Vive hacinado en la Villa 20 de Lugano, y ya a los diez años conoció todo tipo de disfraces en el calabozo al que lo empujan seguido policías disfrazados de personas.
LATIDOS PORTEÑOS 28
Nosotros ya no somos los mismos

Martin Sesi
[email protected]
El 19 de diciembre de 2001 se le moría María, su amor encantado, su amor adorado, su amor. Esa mano que tanto Martín había apretado, acariciado, no respondía.
LATIDOS PORTEÑOS 27
El predicador converso

Martin Sesi
[email protected]
La otra mañana ocurrió un hecho curioso en la Plaza Miserere, llamada Once también por la cercanía de la estación terminal 11 de Septiembre del infausto ferrocarril Sarmiento.
LATIDOS PORTEÑOS 26
El juego criminal

Martin Sesi
[email protected]
La señora dice que se le vence la cuota de la hipoteca, antes de pasar por la afrancesada puerta principal que da a la avenida Libertador del enorme casino que funciona en el Hipódromo de Palermo. Y que no le alcanza para pagar, y que entonces lo que tiene se lo va a jugar a las maquinitas, las tragamonedas, los slots con la ilusión de juntar así el dinero que necesita.
LATIDOS PORTEÑOS 25
Lennon en La Boca

Martin Sesi
[email protected]
Venía caminando por la ribera del Riachuelo como podía, con los hombros vencidos. Amanecía y no sabía qué había hecho en las últimas horas.
LATIDOS PORTEÑOS 24
En nombre de la rosa

Martin Sesi
[email protected]
Aunque se empecinaran en poner rejas y cerrojos, Lito se las arreglaba para meterse en el Rosedal de Palermo en los amaneceres, y con la urgencia de Vincent en Arnés, dibujaba con desesperación cada nueva rosa que descubría.
LATIDOS PORTEÑOS 23
El día que el cielo se cubrió de libros

Martin Sesi
[email protected]
Buenos Aires amanecía oscura, no amanecía. La gente con trabajo no sabía si salir a trabajar porque todavía anochecía. Se sentía la algarabía de los murciélagos en las terrazas de los edificios vacíos. Apasionadas parejas de amantes volvían a brindar por la extendida noche.
Latidos Porteños 22
Si querés, robame

Martin Sesi
[email protected]
Iba manejando en la 9 de Julio macrista y escuchaba AM/FM, sufriendo el reflejo de la TV en la radio, música berreta , risotadas sin sustento, mal gusto desbocado, todo tan parecido a la energúmena pantalla chica. Hasta que de repente, tras un semáforo, sentí un golpe y la puerta del acompañante se abrió como si fuera a volarse. Un pibe pasaba su mano como una aspiradora para llevarse algo de los asientos o del (...)
LATIDOS PORTEÑOS 21
El desquicio de una ciudad con fantasmas

Martin Sesi
[email protected]
De tanto bochinche, los fantasmas despertaron. Tras la noche de los museos del sábado, cuando mucha gente junta husmeó hasta la madrugada, las sombras quedaron alteradas, y ahora salen a circular cuando el crepúsculo llega, y se tropiezan y mascullen y discuten, y la nada han perdido algunas, porque la paz siempre les fue maldita.
LATIDOS PORTEÑOS 20
Disquisiciones con mi perra

Martin Sesi
[email protected]
La mañana en la plaza era ideal. Estaba fresco en la ciudad, pero aún así nos tiramos bajo un abeto azulado, porque no nos queríamos perder su deslumbrante sombra. Habíamos caminado bastante, y a decir verdad, los dos ya estamos grandes. Mora me miraba jadeando pero con esa cara sonriente que sabe poner cuando está feliz y que sólo yo interpreto.
LATIDOS PORTEÑOS 19
Últimas palabras de un periodista de los de antes

Martin Sesi
[email protected]
Yo tenía un amigo periodista de esos de los de antes, bien porteño, valiente, obstinado defensor de la verdad, bohemio a ultranza. Le gustaba tomarse unas copas después de salir de la redacción, para filosofar y navegar, no en la red, sino en los avatares de la vida diaria.
LATIDOS PORTEÑOS 18
Extraños pasajeros de un taxista

Martin Sesi
[email protected]
Hay un extraño taximetrero que adora trabajar de noche por Buenos Aires, porque asegura que bastante a menudo se le suben fantasmas que parecen personas pero no lo son, y que él no les tiene miedo y los lleva...
LATIDOS PORTEÑOS 17
No hay derechos entre los desechos

Martin Sesi
[email protected]
El cartón no flota, el agua de lluvia se lo pudre y al final la corriente se lo lleva. Como pequeños sauces empapados tratan de correrse el pelo de la frente, para intentar una manera de pensar en cómo harán para comer mañana.
LATIDOS PORTEÑOS 16
El amor en los tiempos de Estefi y Andrés

Martin Sesi
[email protected]
¿Quiénes serán esos dos que andan por la ciudad derritiendo brusquedades? De la mano, ella lo llama Andrés, y cuando él va a abrazarla, le susurra Estefi al oído. Van besándose por el barrio, abrumando con su estela la fatalidad de los indiferentes, se echan en el pasto a reclutar estrellas y atrapan sentidos nuevos como mariposas.
LATIDOS PORTEÑOS 15
Carta a Charly

Martin Sesi
[email protected]
Discepolín moderno, Mozart rockero, cortaziano compositor de letras, flaco de la calle y gordo de musas, cuando tenga sesenta y cuatro cantaban tus Beatles y ya llegaste a los 63. Bombardean Buenos Aires si tu música se apaga; dale Charly, si de todas maneras la ciudad se nos va a mear de risa, pero no aflojemos que a la rima se le cayó otro Flaco y ya es mucho.
LATIDOS PORTEÑOS 14
La topadora del lord

Martin Sesi
[email protected]
LATIDOS PORTEÑOS 13
Anochecer de un día conectado

Martin Sesi
[email protected]
LATIDOS PORTEÑOS 12
Gustavo en el Parque

Martin Sesi
[email protected]
No hay dónde hablarle a Gustavo, y por eso cada tanto su primo va a ese Parque de la Costanera, a rozar apenas su nombre en ese gigantesco muro de granito con cientos de nombres y ninguna flor.
Latidos Porteños 11
Los campitos

Martin Sesi
[email protected]
Cemento más cemento, edificio sobre edificio, patio interno, contraluz, siempre contra la luz se fue haciendo esta Buenos Aires moderna. Asfixia esta ciudad sin planes, que se pone de nuca contra el río, que babea negocios inmobiliarios desde el poder, que en cuanto hay un resquicio levanta un shopping, a la que le faltan casi cien espacios verdes para parecerse a una ciudad europea, como tanto se (...)
LATIDOS PORTEÑOS 10
Las callecitas de Buenos Aires

Martin Sesi
[email protected]
La ciudad parece masoquista en el nombre de algunas de sus calles. Llamar Rivadavia a su orgullosa avenida más larga, es un autoflagelo si se tiene en cuenta que Bernardino fue el que dio el puntapié para nuestra inmortal deuda externa.
LATIDOS PORTEÑOS 9
Luna roja

Martin Sesi
[email protected]
Perdidos en la noche, vieron de nuevo a la luna ponerse roja. Volvió a eclipsarse Buenos Aires, como si ya no fuera suficiente el desengaño de los que ni pueden acariciarla, corriendo su locura diaria. Pero hay quien dice que la luna sonrojó de pudor por ese beso que no se va a dormir, y está también el que jura que la luna ahora se pone así porque desde arriba se ve vez más la (...)
LATIDOS PORTEÑOS 8
María va

Martin Sesi
[email protected]
Ahí va María volando, urgente, con su cuerpito en ráfaga, a alcanzar en el mundo de los buenos a su nieto Walter.
LATIDOS PORTEÑOS 7
La lluvia es de los pobres

Martin Sesi
[email protected]
A los que no tienen nada, cuando llueve, se les moja el corazón que aún resiste, porque con la lluvia vuelven a notar que solamente el sol tienen fiado en la cuenta.
LATIDOS PORTEÑOS 6
El que no podía parar de amar

Martin Sesi
[email protected]
Ezequiel tenía una enfermedad: vivía enamorándose. Sus brazos de repente rodeaban al primer árbol que le hacía reverencia en su vecino Parque Chacabuco, y después casi que en el piso acariciaba las hojas de una petunia que Ezequiel presentía celosa.
 
Izquierda Diario
Seguinos en las redes
/ izquierdadiario
@izquierdadiario
Suscribite por Whatsapp
/(011) 2340 9864
[email protected]
www.laizquierdadiario.com / Para suscribirte por correo, hace click acá