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CULTURA
La esquizofrenia en una sociedad de explotación y de opresión
Philippe Alcoy | París

No podemos escapar a nuestro tiempo. Y vivimos en una época profundamente reaccionaria: explotación, opresión, humillación y sufrimiento hacen parte del cotidiano de la aplastante mayoría de los miles de millones que pueblan nuestro planeta.

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Los pacientes esquizofrénicos, y todos los que sufren trastornos de salud mental en general, evidentemente no escapan a esto. Al contrario. Seguido deben pagarlo al costo de profundos sufrimientos y a veces incluso con su vida. Raros son los que tienen la suerte de seguir tratamientos más sofisticados, que salen de los habituales tratamientos basados prácticamente exclusivamente en la medicación. Tratamientos que son calificados por algunos como “alternativos” y que permiten a los pacientes esquizofrénicos de tener la posibilidad de llevar una vida “como los otros”… por más que cabe preguntarse ¿qué vida llevan “todos los otros”?

Se estima que 45 millones de personas en el mundo (0,7% de la población mundial) son esquizofrénicas. Se trata de una enfermedad muy compleja cuyo origen se encuentra parcialmente en el dominio de la genética, por más que aun nos encontremos lejos de determinar sus causas precisas. En efecto, entre 10 y 20% de la población mundial sería genéticamente vulnerable a esta enfermedad, pero solo menos del 1% la desarrolla.

Esto lleva a muchos investigadores a preguntarse sobre si los factores sociales podrían favorecer el desarrollo de la esquizofrenia en ciertos individuos. Así, ciertas búsquedas indican que los habitantes de zonas urbanas tendrían entre 1,5 y 32 veces más posibilidades de desarrollar la esquizofrenia que los habitantes de zonas rurales. Otro grupo social particularmente vulnerable sería el de los inmigrantes, y entre éstos los inmigrantes provenientes de países en donde la población es mayoritariamente negra.

Esto se explicaría por el hecho de que estos individuos están expuestos a una fuerte “competencia social” en donde una experiencia prolongada en una posición social subordinada (“derrota social”) podría facilitar el desarrollo de la enfermedad. Jean-Paul Selten y Elizabeth Cantor-Graae escribían en el The British Journal of Psychiatry- en julio de 2005 que “la discriminación podría seguramente contribuir a la experiencia de derrota [social] vivida por los inmigrantes. Debemos señalar que un estudio en Holanda considera que la discriminación percibida era un factor de riesgo para el desarrollo de síntomas psicóticos”.

En cuanto a los tratamientos, el New York Times publicó recientemente un artículo- sobre los resultados de una investigación de un grupo de psiquiatras en los Estados Unidos (en donde dos millones de personas están diagnosticadas esquizofrénicas). Este estudio señal la importancia de los tratamientos basados en el intercambio y el diálogo con el paciente, en la implicación de la familia, en que ésta comprenda la enfermedad y en la reducción de las dosi de medicamentos antipsicóticos que provocan seguido efectos indeseables bastante pesados para los pacientes.

Según las conclusiones del estudio, “los pacientes que reciben dosis menores de antipsicóticos y un tratamiento enfatizando la terapia de discusión uno a uno y un apoyo mayor de la familia realizan progresos más importantes en la recuperación en el curso de los dos primeros años de tratamiento que los pacientes que reciben el habitual tratamiento basado en la medicación”.

Evidentemente, estos estudios son alentadores y permiten buscar mejores tratamientos para los pacientes esquizofrénicos, con los menores efectos indeseables posibles. Pero una vez más, se trata de tratamientos que implican varios factores sociales muy difíciles a reunir, sobre todo en una sociedad tan brutal y violenta como el capitalismo.

El primero es el de una política por parte de Estados y gobiernos que dé los medios financieros suficientes a hospitales y clínicas estatales que les permitan responder a esta cuestión de salud pública y que permita a los pacientes seguir tratamientos adaptados –y de calidad- totalmente gratuitos. En efecto, en timpos de crisis económica es mas bien lo contrario que vemos. Y esto sin evocar el hecho que en general las cuestiones ligadas a la salud mental no son tratadas bajo el ángulo de la salud pública sino bajo el de la “seguridad”: En EEUU por ejemplo esta cuestión se plantea regularmente luego de las matanzas que se dan en los campus universitarios o en los colegios… Se trata así de evitar que “los locos maten inocentes”.

Por otro lado, la implicación de las familias en el tratamiento puede transformarse en un obstáculo importante. Evidentemente, esto trata de luchar contra el hecho que, a veces, ciertas familias abandonan a su pariente esquizofrénico. Sin embargo, seguido (muy seguido) es también en el seno de la familia que surgen los traumatismos. Y esto sin hablar de los tabúes que existen hacia las enfermedades psiquiátricas.

Vivimos efectivamente en una sociedad en donde la explotación y la opresión son elementos estructurales. En este sentido, estos factores no pueden ser subestimados en el tratamiento de las enfermedades psiquiátricas, sobre las cuales los factores sociales tienen una influencia importante (por más que las investigaciones en este dominio deben ser aun profundizadas).

Sin embargo, ante esta sociedad que nos destruye física y psicológicamente podemos hacer la hipótesis que la eliminación de las fuentes de sufrimientos, humillaciones y traumatismos ligados a la explotación y a las opresiones, intrínsecas al capitalismo, podría reducir ampliamente los factores haciendo la vida de los esquizofrénicos y otros pacientes psiquiátricos tan difícil y pesada. Deshacernos del capitalismo sería en este sentido un primer pero significativo paso del tratamiento social de las enfermedades psiquiátricas.

Entonces, si es verdad que no podemos escapar a nuestro tiempo esto no significa que no podamos luchar para conmoverlo, conmover nuestra época. Derribar el orden existente. Construir un tiempo nuevo. Una sociedad nueva liberada de toda explotación y opresión. Es también una cuestión de supervivencia…

 
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