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La Izquierda Diario

Martes 18 de Junio de 2019

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CRISIS DE RÉGIMEN
La derecha “sin complejos” abre el camino a una restauración conservadora 2.0
Santiago Lupe | @SantiagoLupeBCN

El fracaso de la “regeneración progresista” del Régimen del 78 y la emergencia de Vox dan alas a que el proyecto de restauración conservadora, inaugurado por el bloque 155, se retome aún más radicalizado.

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Una derecha sin complejos ha irrumpido en el mapa de partidos español. Esta es una de las principales novedades del extinto 2018 que marcará la agenda del año nuevo y el próximo periodo. Eso indica la última encuesta de Sigma Dos publicada este miércoles por El Mundo.

En unas elecciones generales la suma de las tres derechas daría entre 179 y 189 diputados, ambas cifras por encima de la mayoría absoluta. Pero la principal novedad viene en el reparto. El “efecto Casado” no salva al PP de su debacle, pasando de 137 diputados a 70-74. Cs mantiene su ascenso doblando el resultado de 2016 hasta los 66-70. Y el dato bomba: Vox entraría al Parlamento con 43-45 diputados y un 12,9% de los votos, lo que la convertiría en una fuerza decisiva para investir un gobierno de la derecha, como ya sucede en Andalucía. Más allá de si la encuesta ha tenido más o menos “cocina”, el mapa que dibuja no es inverosímil. Expresa la nueva forma que adopta la crisis de representación inaugurada en 2011.

En aquel momento el “no nos representan” de decenas de miles de jóvenes y no tan jóvenes se traducía sobre todo en una desafección que golpeó especialmente al PSOE en el gobierno -el responsable de inaugurar las políticas de rescate bancario y ajustes- y su socio sin condiciones: la IU de Cayo Lara. Con la emergencia de Podemos y las confluencias esta crisis logró canalizarse en el voto al nuevo reformismo. La ilusión electoral fue una pieza clave para desactivar el proceso de movilizaciones iniciado con el 15M. Sin embargo una gestión municipal casi idéntica a la de los consistorios socialistas, la política de ser el ministro sin cartera de un gobierno del PSOE y por esa vía su integración como nuevo partido del régimen, les acerca a ser percibidos como parte de la nueva “casta”. Unidos Podemos bajaría de sus 71 diputados a 45-47, acentuando su tendencia a la baja ya vista en las andaluzas. El PSOE por su parte mejoraría ligeramente su resultado de 2016, el peor de su historia, pasando de los 85 diputados actuales a 92-96.

El PP resisitió el primer embite en 2012, revalidando su mayoría absoluta, pero en 2016 evidenció su declive en favor de Cs. Esta tendencia se mantiene viva y la posibilidad de sorpasso naranja es un hecho. Pero con lo que no contaban ni Rivera ni Casado, embarcados en una guerra de ver quien era más reaccionario, es que la competencia sería a tres y con una fuerza que radicaliza y lleva hasta el final su enaltecimiento del nacionalismo español, la familia y las políticas reaccionarias de extranjería. Eso es Vox. No es un partido “outsider”, por más que algunas de sus propuestas rompan el “consenso constitucional” como la de suprimir autonomías, sino una suerte de “constitucionalismo extremo” y agenda neoliberal “sin filtro” para tiempos de crisis.

El cuatripartidismo con el que el Régimen del 78 había intentado amesetar sus crisis de representación había llevado a un empate permanente, al menos en la aritmética parlamentaria, que imposibilitaba imponer la regeneración progresista del PSOE y Unidos Podemos -a su vez ultralimitada por la oposición a este proyecto de la Judicatura y en buena medida la misma Zarzuela, nada menos- y también la restauración reaccionaria “interruptus” del bloque 155. Con la emergencia de Vox el búnker encuentra la oportunidad de, al menos, volver a intentarlo, si no es en 2019, en 2020. Ahora bien, en este segundo round Vox pide su peaje y exige que sea una restauración reaccionaria “sin complejos”.

Parte de este precio ya se está incorporando en la agenda de la derecha tradicional y la nueva, PP y Cs. Por ejemplo, en la cuestión territorial. Las tres derechas compiten en ver quien exalta más y de manera más casposa la españolidad, como vimos el miércoles en los actos de la “Conquista” de Granada. Pero no es solo discurso y simbología, el PP y Cs no hablan de abolir las autonomías, pero en el caso de Catalunya su propuesta es clara: un 155 con solo fecha de inicio. En otras palabras, dado que sigue existiendo una mayoría social a favor del derecho a decidir o la independencia, la única salida es una suspensión indefinida de la autonomía. Es su particular “vía Ulster” para Catalunya.

En materia de inmigración o ataques a los derechos de los trabajadores, no será difícil un entendimiento. En ambos terrenos la derecha ya venía bastante “desacomplejada”. Endurecer aún más las leyes de extranjería, la política de “no asilo” histórica del Estado español y las expulsiones exprés, puede ser parte del acuerdo de un pacto de las tres derechas. Los discursos xenófobos de Abascal ya los hemos visto en Albiol en Badalona o el mismo Casado este verano en Melilla. En cuanto a los derechos sociales y laborales, el programa de Vox es ultraliberal y antisindical. Una agenda en la que podrá llegar a acuerdos con el PP que liquidó la negociación colectiva o el Cs del contrato único.

Donde el carácter reaccionario del programa de Voz puede chirriarle más a sus potenciales socios es en materia de derechos democráticos de las mujeres y las personas LGTBI, pero hay margen de acuerdo. No olvidemos que el PP fue parte de las manifestaciones contra el matrimonio igualitario junto a los obispos o que Casado tiene como proyeto liquidar la Ley del Aborto ahora vigente. El mismo día que el derechista Bolsonaro asumía la presidencia en Brasil y reducía el amparo sobre los derechos humanos de las personas LGTBI, Vox sumaba a sus exigencias para apoyar un gobierno del PP y Cs en Andalucía la retirada de las partidas presupuestarias para desarrollar políticas contra la violencia machista.

Probablemente el “programa máximo” de Abascal en esta materia -una suerte de retorno a la esposa “ángel del hogar” y a reeditar la Ley de Peligrosidad Social- no pase completo. Pero lo que está dejando claro con sus “exigencias” en Andalucía es que el reparto a tres va a implicar una radicalización aún mayor del proyecto restaurador, que incluya también revertir gran parte de lo conquistado en materia de derechos civiles. Leyes como la del aborto, la violencia de género, la de identidad de género o el matrimonio igualitario, van a ser parte de la negociación y nueva agenda contrarreformista del nuevo bloque de la derecha en constitución.

Frente a esta derecha desbocada la alternativa no puede venir de la pata izquierda del mismo Régimen que la ha engendrado. Identificar en el PSOE del 155, de las concertinas, los rescates bancarios, las puertas giratorias, las reformas laborales o el pensionazo, la “alternativa” a la derecha, es no identificar que el auge de la extrema derecha tiene como fermento una combinación de crisis política, económica y social con inexistencia de una alternativa que no sea el “mal menor” que nos obliga a resignarnos a un futuro de precariedad laboral, salarios de miseria y pérdida de derechos sociales y democráticos. Si queda alguna duda de ello no hay más que ver como ha ayudado el “efecto PSOE” a la subida de Vox en Andalucía. Algo que el “efecto Sánchez” parece encaminarse a emularlo a nivel estatal.

Unidos Podemos se ubica en este campo abiertamente, el de apuntalar una alternativa dentro del Régimen, con un “gobierno progresista” sobre el que ellos presionarían o influirían. Un camino que solo podría reeditar y profundizar el desencanto y desmovilización de amplias capas de la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares. Y son justamente esas fuerzas las únicas capaces de hacer frente a este tsunami reaccionario.

A la restauración reaccionaria no la frenará un proyecto como el de la regeneración progresista (una restauración de otro signo, pero restauración al fin y al cabo). La clave en el próximo periodo pasa por que la izquierda en el Estado español, junto a movimientos como el de las mujeres, la juventud antimonárquica, las luchas y procesos de organización obrera contra la precariedad o los sectores del movimiento catalán que están haciendo una experiencia con la dirección procesista, sea capaz de levantar una alternativa anticapitalista y de clase, una verdadera izquierda “sin complejos”.

Una izquierda que se disponga a pelear no por la reforma o restauración del Regimen del 78, sino por acabar con él e imponer verdaderos procesos constituyentes. Y que junto a las grandes demandas democráticas pendientes, como la lucha contra la monarquía o por el derecho a decidir, proponga un programa para acabar con el paro, la precariedad y los grandes problemas sociales sobre los intereses y beneficios de los grandes capitalistas. Y que entienda que la prioridad del momento pasa por desarrollar la autoorganización y la movilización social, y de manera central conseguir la de la clase trabajadora acabando con la burocracia sindical que la mantiene dividida y paralizada.

La emergencia de Vox se produce al mismo tiempo que el ciclo inaugurado con el ascenso de Podemos en la europeas de 2014 llega a su fin. Es hora de que la izquierda anticapitalista, junto al activismo de la izquierda sindical, movimientos sociales, democráticos, el feminismo y la juventud, reabra el debate sobre qué izquierda, qué programa y qué estrategia para dar una salida obrera y progresiva a la actual crisis.

 
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