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La Izquierda Diario
27 de septiembre de 2016 Twitter Faceboock

ANIVERSARIO
La fundación de la Central General de Trabajadores en Argentina
Meke Paradela | @mekepa
Ricardo Farías | Docente

Hace 86 años se constituía la CGT. Fue producto de diversas rupturas y fusiones de organizaciones sindicales de los trabajadores. Con el surgimiento del peronismo cambia su relación con el Estado.

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Tras el crack de 1929 en Estados Unidos y sus repercusiones en todo el mundo, la década del 30 comenzó en Argentina con dos sucesos que la marcarían profundamente: uno es el golpe militar de José Félix Uriburu, a principios de septiembre de 1930 y tres semanas después, la creación de la Confederación General de los Trabajadores (CGT), cuyo nacimiento surgió de la unificación de la Unión Sindical Argentina (USA), una fracción de la anarquista Federación Obrera de la República Argentina (FORA), y de la socialista Confederación Obrera Argentina (COA).

La razón por la cual haya surgido de la unión entre socialistas y anarquistas no es casual, ya que ambos fueron quienes dieron origen al movimiento obrero y con ello a las primeras centrales obreras creadas hace más de un siglo atrás, convirtiéndose en una herramienta de los trabajadores contra los abusos de los patrones y del Estado, el mismo que dio vía libre a la represión entre 1919 y 1921 con la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde, como consecuencias de huelgas contra la explotación patronal y las terribles condiciones laborales.

Sin embargo, con el paso de los años, la corriente anarquista fue perdiendo influencia y le cedió su lugar a los “sindicalistas”, quienes consideraban que los trabajadores sólo debían jugar un rol activo dentro del plano sindical y reivindicativo. Las condiciones económicas adversas que desencadenaron una profunda crisis económica a nivel mundial en 1929, sumado a la crisis del régimen político y a la agudización de la represión, van a producir el franco retroceso del sindicalismo, pasando de 100.000 afiliados a tan sólo 10.400 en 1927.

Como consecuencia de todas esas crisis, que llevaron al mismo tiempo al fin de la era del país agroexportador, comienza la etapa de la industrialización mediante la sustitución de importaciones por productos de origen nacional, con un gran desarrollo de la industria textil y alimentaria y con epicentros en la zona metropolitana de Buenos Aires y alrededores así como también en Rosario y Córdoba, dando paso a una nueva y poderosa camada de trabajadores.

El anarquismo canaliza las tendencias hacia la acción directa, aunque desdeñando la lucha política, influenciando en los obreros de la alimentación, la construcción y en textiles. Los socialistas se encontrarán al frente de los sindicatos de la industria del mueble y de la construcción de vehículos y en los gremios gráficos y subordinarán la fuerza obrera a su labor parlamentario. En los gremios mas importantes se encuentran los sindicalistas revolucionarios, organizando a los ferroviarios (de peso importante en el país ya que son los que controlan las actividades comerciales terrestres , a los marítimos (controlando las actividades comerciales de los puertos), corriente que termina en el apoliticismo, el reformismo, el economicismo más estrecho, el corporativismo, con fuertes tendencias a la burocratización y servirá de apoyo más adelante al peronismo.

La conformación de la CGT

Las distintas luchas que se suceden en las primeras décadas del siglo XX irán delimitando a las diferentes corrientes de izquierda en el movimiento obrero y serán el trasfondo de las uniones y rupturas de las organizaciones sindicales. En ese momento se debatía en torno a la formación de una nueva central. En 1930, luego de varios intentos de fusión entre diferentes sectores, se unen los gremios de la Unión Sindical Argentina (USA) orientada por los sindicalistas y la Confederación Obrera Argentina (COA), influenciada por los socialistas, dando nacimiento a la CGT el 27 de septiembre de 1930, semanas después de haberse producido el primer golpe de Estado en nuestro país. La nueva central estará sostenida principalmente por los sindicatos ferroviarios (La Unión Ferroviaria y La Fraternidad), además del gremio del comercio y los municipales y no presentarán ninguna resistencia al golpe, quedando ésta en manos de una minoría anarquista y comunista, que a partir de entonces se extenderá en influencia en los sindicatos.

El nuevo gobierno militar logra atacar al conjunto de la clase obrera, imponiendo la prohibición de algunas libertades democráticas, encarcelamiento de activistas y militantes políticos. Los sindicalistas dominan la nueva central hasta mediados de la década, cuando pierden la poderosa Unión Ferroviaria. La CGT sufre la primera división, quedando de un lado los sindicalistas y del otro los comunistas y socialistas. Para estos años se pondrá en práctica una integración al Estado que no será gratuita para el movimiento obrero, como señala Juan Carlos Torres (La vieja guardia sindical): "a través de ella se filtra la conciencia de una relativa autonomía de los poderes públicos y, consecuentemente, una estrategia de negociación reformista tiende a reemplazar el finalismo ideológico del pasado".

El gobierno militar de 1943 designará a Perón en la secretaria de Trabajo y Previsión. Éste pacta con los dirigentes socialistas, sindicalistas y comunistas algunas políticas de apoyo a los sindicatos. La integración del movimiento obrero al Estado termina de consumarse bajo la presidencia de Perón. En 1945 la CGT sumará a nuevos gremios como los metalúrgicos, construcción vestidos, panaderos, portuarios, azucareros. Si bien la central sufrirá algunas rupturas, es con Perón cuando mayor es la unificación y donde refuerza su proceso de burocratización y de estatización de las organizaciones obreras. A partir de este momento la CGT será la famosa "columna vertebral" peronismo (Perón es llevado a la presidencia bajo con la ayuda del Partido Laborista, creado por organizaciones y dirigentes sindicales, pero luego ordena su disolución por no permitir ninguna oposición en sus filas) y hasta designa a importantes dirigentes para ocupar el Ministerio de Interior (el socialista Borlenghi de la Unión Ferroviaria, el gremio con mayor poder de fuego) y el de Relaciones Exteriores. El "modelo sindical peronista" será desafiado en numerosas oportunidades por el avance de la izquierda y de los sectores clasistas, sobre todo por la ascendencia que más adelante tendrán los cuerpos de delegados y las comisiones internas.

Perón con trabajadores en 1944

Una de las claves para consolidar la integración del movimiento obrero al Estado, sera la "Ley de Asociaciones Profesionales" promulgada en 1945, que imponía la existencia de sindicatos por industria, lo cual implica la eliminación de las anteriores sociedades gremiales y de resistencia. El Estado otorgaba personería gremial a un solo sindicato por industria, y este debía gozar de la simpatía del gobierno. La encarcelación de Perón el 17 de Octubre de 1945 será el mayor hecho político de la CGT en esos años, pero en contra de algunas versiones, la movilización que lo libera mas tarde, encontró a la dirección de la CGT fisurada y según el secretario general de la UOM de ese momento (Ángel Perelman "Como hicimos el 17 de Octubre"), hasta sorprendida por los hechos: "Se habían prácticamente diluido en el océano de mil manifestaciones y columnas parciales; las masas habían deglutido a los sistemas de organización sindical y los miles de delegados de fábricas estaban a la cabeza de la muchedumbre".

A 86 años de su creación los trabajadores continúan la lucha por recuperar los sindicatos de las burocracias y ponerlos al servicio de la lucha, como es el caso del Sindicato Ceramista de Neuquén, el único que en su estatuto inscribe la lucha de clases como un principio guía de su actividad política. La importante experiencia de los anarquistas y sindicalistas revolucionarios de principios de siglo (como también los sindicatos clasistas de los 70) debe servir como fuente de inspiración a las nuevas camadas que hacen sus primeras armas en el movimiento obrero, junto con las posiciones ya conquistadas hace años, como el caso de Madygraff, que ya lleva dos años de gestión obrera en el corazón industrial de zona norte. Lejos de "ser de Perón", los sindicatos tienen una larga tradición de lucha, donde las ideas de la izquierda revolucionaria han aportado las más importantes páginas al movimiento obrero.

 
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