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28 de noviembre de 2022 Twitter Faceboock

Plebiscito constituyente
#AprueboFeminista y la ilusión constitucional de una vida sin violencia patriarcal
Alejandra Decap |

Durante estos días, la Coordinadora Feminista 8M (CF8M) ha levantado una campaña nacional de información y agitación de cara al plebiscito del 4 de septiembre. El llamado que han realizado está centrado en mujeres y disidencias, planteando que el siguiente paso del movimiento es “seguir haciendo historia” mediante el voto de Apruebo a la Nueva Constitución. Para agitar el nuevo texto constitucional en las redes sociales, han desarrollado una serie de infografías tituladas “Buenas noticias feministas” donde se resaltan artículos constitucionales que hacen referencia a las mujeres y disidencias sexogenéricas y las diferencias entre el texto heredado de la dictadura y el que se someterá a plebiscito.

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Particularmente, se resaltan elementos como la paridad o el derecho a una vida libre de violencia. La existencia del movimiento de mujeres y disidencias sexogenéricas, que demostró su potencia durante los últimos años, instaló debates fundamentales en la sociedad chilena. Algunos de estos debates se expresaron en el proyecto de Nueva Constitución, generando amplias expectativas e ilusiones.

Sin embargo, es importante considerar que dicha ampliación de derechos y concesión de demandas muy sentidas -como los derechos sexuales y reproductivos- son posibles única y exclusivamente porque un sector de la burguesía y los poderosos están dispuestos a ceder en cuestiones parciales para restaurar la legitimidad y gobernabilidad en el régimen político nacional.

La paridad, si bien abre el espacio para que más mujeres participemos de la política, lo hace desde una perspectiva netamente de representación formal. ¿Quiénes serán esas mujeres que adquirirán cargos de poder en el Estado? De forma evidente, no serán las mujeres populares quienes podrán acceder, sino aquellas que hayan entrado a los círculos de administración del poder institucionalizado y patriarcal.

Sumado a que nada garantiza el cumplimiento efectivo de las reivindicaciones, puesto que no se encuentran asegurados los mecanismos de financiamiento para los derechos que consagra el texto constitucional, resulta increíblemente problemático afirmar, tal como se señala en las infografías de la CF8M, que “con la Nueva Constitución, las niñas, mujeres y disidencias (...) podremos vivir sin miedo a ser violentadas en nuestros hogares, en las calles o en cualquier otro lugar” (CF8M, 2 de agosto 2022).

Ningún texto, de ningún tipo, en el capitalismo patriarcal, puede ofrecernos vivir sin el riesgo a ser violentades. Podemos vernos como sujetas políticas capaces de afrontar la violencia, pero esta es estructural, fundante del sistema. La violencia machista es la regla, no la excepción, es el engranaje mediante el cual se sostiene toda una estructura social patriarcal, profundamente asentada en el corazón del sistema político, económico y cultural que es el capitalismo, cuestión que la Nueva Constitución ni siquiera roza.

El Estado puede desarrollar mecanismos para prevenir y perseguir la violencia contra mujeres y disidencias, pero sencillamente no puede evitar que ocurra, porque es parte del ADN del capitalismo: resulta imposible no recordar al presidente de Argentina diciendo que por la ley de aborto se había acabado el patriarcado. Ninguna reforma, inclusive, ningún cambio de régimen, como es la apuesta de la restauración post revuelta vía Nueva Constitución, es capaz de echar abajo un ordenamiento social complejo con milenios de desarrollo tanto en oriente como occidente. Si la Nueva Constitución no cuestiona el orden de la propiedad privada ¿cómo podremos dejar de ser vistas nosotras como propiedad, como objetos? Somos sujetas de derechos en la medida en que dejemos de ser sujetas peligrosas para el orden capitalista, y es por eso que incluyeron demandas del movimiento de mujeres: precisamente para desactivar vía cooptación estatal el filo subversivo de la lucha de mujeres y disidencias.

La coordinadora 8M, sin contentarse con haber reducido la acción política del movimiento de mujeres y disidencias a lo estrictamente constitucional y sacar nuestra fuerza de las calles, hoy hacen un llamado acrítico a votar Apruebo, con frases como “Apruebo con amor”. Esto lo hacen además sin considerar que hay una gran operación del régimen político por moderar aún más la Nueva Constitución, que ya tuvo moderaciones importantes debido al alto quórum para la incorporación de las demandas populares, que se subordinó a los poderes del régimen y que cumplió el rol de desactivar la rebelión del 2019 vía institucional.

No podemos subordinar nuestro potencial a la recomposición de la gobernabilidad en Chile. Hoy, en un momento donde somos millones quienes nos estamos cuestionando qué sociedad queremos, es necesario levantar una política independiente que ponga por delante las necesidades de las mujeres y disidencias más precarizadas, en la lucha contra este sistema de opresión y explotación. La “buena noticia feminista” es que nuestra fuerza sigue latente: es momento de rearticularla.

 
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