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7 de junio de 2021 Twitter Faceboock

Juicio por los Pozos
Martín Ogando: “El suicidio de mi hermana es consecuencia del genocidio”
Maine García | Hija de desaparecidos | Miembro del CeProDH y de Justicia Ya!

El martes 1 de junio se llevó adelante una nueva audiencia del juicio contra 18 genocidas por los crímenes de lesa humanidad perpetrados en los centros clandestinos de detención conocidos como Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes e Infierno.

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En esta oportunidad brindaron sus testimonios Diego Martín Ogando, hijo de Jorge Oscar Ogando y Stella Maris Montesano, ambes desaparecides, nacido en el Pozo de Banfield; Emilce Moler, sobreviviente del Pozo de Arana, del Pozo de Quilmes y presa en la cárcel de Devoto y Martín García, hermano de Silvano García quien se encuentra detenido-desparecido.

El primer en dar su testimonio en esta audiencia fue Diego Martín Ogando. Contó que durante los largos años que desconoció su verdadera identidad era llamado Diego Berestycki, el apellido de una de las personas que lo crió. Relató que a sus apropiadores les llegó el dato de una Clínica en Wilde en donde podían comprar un bebé. Allí se presentaron el 17 de diciembre de 1976, cuando Martín tenía doce días, y con elles creció. Siempre le dijeron que no era hijo biológico de elles.

Mientras pasaban los años, Martín cada vez sentía más inquietudes y lo hablaba con elles. Pensó por el año en que nació que podía ser hijo de desaparecides, quienes lo habían comprado no lo sabían. En 2015, luego del fallecimiento de quienes lo criaron, se presentó en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo, quienes ya habían recibido una denuncia por su caso en 2006.

Su partida de nacimiento fue firmada por la partera Juana Arias de Franicevich, quien hacía negocios con el médico genocida Bergés. La partera se dedicaba a la venta de bebés con anterioridad a la dictadura. Luego se asoció con Bergés y juntes apropiaron a varies bebés nacides en los campos de concentración del Circuito Camps. Las partidas de varies hijes de desaparecides llevan la firma de Franicevich.

Unos meses después de su presentación Martín, quien vive en Estados Unidos desde el año 2000, supo que era hijo de Jorge Oscar Ogando y Stella Maris Montesano, secuestrades el 16 de octubre de 1976. Supo que nació el 5 de diciembre de 1976 en el Pozo de Banfield donde torturaron y desaparecieron a su madre y a su padre.

Supo también que tenía una hermana, Virginia Ogando, quien dedicó su vida a buscarlo hasta sus 38 años, cuando se suicidó en el 2011. Supo también que tenía una abuela, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo, Delia Giovanola, que lo buscó desde el primer momento.

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El reencuentro con su abuela, con quien tiene un vínculo muy afectuoso, fue muy emotivo y también muy intenso el dolor por la muerte de su hermana Virginia. Pudo reencontrarse con su tía Viviana Montesano, hermana melliza de su mamá, quien falleció recientemente.

Jorge y Stella Maris eran platenses. Jorge era trabajador en el Banco Provincia de La Plata. Tenía 29 años cuando se lo llevaron. Stella Maris era abogada del gremio de los ladrilleros. Tenía 27 años cuando la secuestraron. Al momento del secuestro de sus padres, Virginia, que tenía tres años, quedó durmiendo sola en su cuna.

Virginia se crió con su abuela Delia y dedicó su vida a buscar a su hermano. El horror de lo vivido, la impunidad y el delito de apropiación que todos los días perpetúa el Estado que no abre los archivos para restituir la identidad de cientos de hijes de desaparecides llevó a Virginia a la terrible decisión de quitarse la vida.

“Todo el mundo me habla de ella como que era un ángel, muchísima gente, muy amiguera; todo el mundo me cuenta cómo era y que lo que ella más quería era reencontrarse con su hermano, que hizo de todo para buscarme… Fue a la televisión, participaba de marchas, y bueno… Todo para buscarme” fueron las palabras de Martín.

Por último, profundizó sobre el impacto que produjo en su vida de todos los daños del genocidio. “Impactó muchísimo. Era algo que no me lo esperaba. Mi vida en 2015 fue un antes y un después, cuando me entero… Es una historia de mucho dolor, de mucha muerte, de padres torturados y desparecidos, de una hermana que como consecuencia de todo esto no pudo seguir viviendo más. Y, bueno, al margen de todo este dolor, también conocer la verdad de uno también reconforta. O por lo menos a mí es lo que me pasa. Estos genocidas nos arruinaron, arruinaron mínimo cuatro generaciones, porque le arruinaron la vida a mi abuela, le arruinaron la vida obviamente a mis padres, me arruinaron la vida a mí y a mi hermana, y a nuestros hijos. Aprovecho a pedir cárcel común y efectiva, nada de domiciliarias. Cárcel común y efectiva a esta gente, si se los puede llamar gente, a estos represores que nos han arruinado la vida a tantos”.

Otro de los testimonios brindados en la audiencia fue el de Martín García, hermano de Silvano García, trabajador de la granja San Sebastián en Zelaya, partido de Pilar, delegado gremial y militante de la Juventud Trabajadora Peronista y secuestrado el 26 de marzo de 1976.

Martín manifestó que a su hermano lo secuestraron en un operativo en la misma granja y lo vieron en el Pozo de Banfield. Según su hermano: “En las reuniones que tenía con la patronal, saltaba porque no se aguantaba las injusticias, entonces les decía golpeando la mesa para darle más fuerza a sus palabras, que ya se venía la revolución”. Martín sospecha que la empresa tuvo que ver con su secuestro. Quienes representaban la firma eran los Gurmendi.

Seguí la cobertura del juicio

Solo una persona dio testimonio sobre el operativo de secuestro de Silvano. Martín sostuvo: “Los demás no quisieron comprometerse. El miedo todavía sigue en Zelaya”. Contó que la familia “quedó destruida, desparramada, mi cuñada tenía tres chicos y estaba embarazada de cinco meses. Cuando ese chico nace, nace con síndrome de down, no teníamos adónde ir, porque de ahí nos fuimos, sin lugar físico para ocupar. Fuimos a lo de un hermano de mi cuñada, en Lomas de Mariló, y nos quedamos ahí. Por lo menos estábamos todos juntos”.

Por último expresó que en las escuelas se deberían dictar clases de política: “Si una sociedad está politizada no se deja engañar tan fácilmente”.

 
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