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27 de marzo de 2021 Twitter Faceboock

Biografía
Los exilios de Zina Bronstein, la primera hija de Trotsky
Andrea D’Atri | @andreadatri

Cuando se cumplen 120 años del nacimiento de la primera hija de León Trotsky, trazamos algunas líneas de su trágica biografía signada por los exilios, los destierros y los asesinatos de todos los miembros de su familia.

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En 1901, el célebre científico ruso Iván Pavlov iniciaba sus investigaciones sobre el reflejo condicional. Rusia participaba de la alianza imperialista que invadía China para sofocar la Rebelión de los Boxers. Con casi doscientos mil soldados, el zar pretendía asegurarse sus ferrocarriles en Manchuria. Sus pretensiones muy pronto chocarían con los intereses también imperiales de Japón y desatarían la guerra en 1904 que, como sabemos, fue partera de la revolución rusa de 1905. Pero esa es otra historia.

El exilio desde la cuna

El 27 de marzo de 1901, en Ust-Kut, en plena Rusia asiática, nacía Zinaida Bronstein. Era la primera hija de la revolucionaria Alexandra Sokolovskaya y su pareja, León Bronstein, conocido por su seudónimo "Trotsky" desde hacía dos años. Alexandra había sido su dirigente en los primeros círculos revolucionarios y cuando tuvieron la certeza de que serían deportados, no dudaron en casarse en prisión para que los enviaran al mismo destino.

Al año siguiente, nació su hermana Nina y su padre escapó con ayuda de Alexandra, para unirse con Lenin en el exilio de Londres. Zina y Nina fueron acogidas por sus abuelos paternos, mientras su madre permanecía en el exilio hasta la revolución de 1905 cuando fue liberada por un breve período, antes de ser deportada nuevamente cuando el levantamiento fue sofocado por las tropas del Zar. Nuevamente una revolución rompió los candados de su prisión, en febrero de 1917, cuando pudo volver a reunirse con sus hijas, ya adolescentes, en Petrogrado.

Alexandra no fue la primera miembro de la familia en caer en desgracia y por eso, terminó criando a sus nietos, los hijos de Nina, cuando esta muriera de tuberculosis en junio de 1928, apenas poco después de que Trotsky fuera deportado por orden de Stalin.

Maridos exiliados

Después de la revolución de 1917, Zinaida se casó con Zakhar Moglin, con quien tuvo una hija, Alexandra, pero se divorció rápidamente y volvió a casarse con Platon Volkov con quien tuvo un hijo, Esteban.

Como su padre, como su madre y todos los miembros de su familia, Zina fue activa militante en la Oposición de izquierda, más tarde cuando, después de la muerte de Lenin, avanza la burocratización del partido y del estado obrero.

Platon Volkov fue arrestado y enviado al exilio, el mismo año en que murió Nina, la hermana de Zinaida. Su destino, como el del primer marido de Zina, y también el marido de Nina y de miles de oposicionistas al régimen burocrático de Stalin, fue la deportación, la prisión y finalmente, la ejecución y el entierro en fosas comunes durante la "Gran Purga" de 1936.

Exiliada por orden de Stalin

Para 1930, Zina obtiene permiso de la burocracia stalinista para abandonar la Unión Soviética junto con su pequeño hijo Esteban y visitar a su padre exiliado en Turquía. Arrastraba tras de sí la temprana muerte de su hermana, los destierros de su madre y de su padre en distintos puntos del planeta, la deportación con paradero desconocido de su cuñado, del padre de su hija, del padre de su hijo. Y sobre esta tragedia familiar llega la orden del régimen de Stalin de quitarle la nacionalidad a ella como a toda su familia aún sobreviviente. El golpe fue definitivo.

El 22 de octubre de 1932, Zinaida abandona Turquía para dirigirse a Berlín. Allí, su hermanastro León Sedov -hijo de Trotsky con Natalia Sedova- militaba clandestinamente manteniendo la comunicación con los oposicionistas que aún permanecían en la Unión Soviética.

Trailer del film Zina (1985), del director británico Ken McMillen 1985, protagonizado por Domitiana Giordano, que obtuvo el premio especial del jurado en el Festival de San Sebastián

Un alma en el exilio

En Berlín, Zina comenzó un tratamiento psicoanalítico para tratar su depresión. “Zinaida Lvovna Bronstein (...), enferma, logró partir para el extranjero, donde pronto habría de suicidarse. Se parecía rasgo por rasgo a su padre, con una viva inteligencia y una gran firmeza de alma. Su marido, Volkov, estaba para siempre en la cárcel.", relata Víctor Serge, en su Memorias de un revolucionario.

Era el 5 de enero de 1933. Apenas veinticinco días después, el presidente Paul von Hindenburg nombraría a Adolf Hitler, canciller de Alemania. El hijo de Zina, con siete años, asistía en soledad al ascenso del nazismo que traería millones de muertes que se sumarían a las que ya llevaba a cuestas a su corta edad. Enviado a vivir con su tío León Sedov, clandestino en París, permaneció con él un corto tiempo antes de que éste muriera en circunstancias extrañas en una sencilla intervención quirúrgica. Otro asesinato de los agentes stalinistas que Trotsky tuvo que investigar por sus propios medios. Finalmente, se reunió con su abuelo y su esposa Natalia en México, donde aún vive.

“El 5 de enero, Zina se suicidó con gas en Berlín. Fue encontrada muerta a las dos de la tarde. Liova envió a Natalia un telegrama que llegó el 6, apenas nos levantábamos de la mesa, después del almuerzo. Si mal no recuerdo, fue Pierre Frank el que estaba entonces de guardia y llevó el telegrama a Natalia, cuando ella alcanzaba el primer piso. Trotsky y Natalia se encerraron inmediatamente en su habitación, sin decirnos nada. Nos dimos cuenta de que algo grave había pasado, no sabíamos qué. Nos enteramos de la noticia por los diarios de la tarde. En los días que siguieron, Trotsky entreabría de tanto en tanto la puerta de su habitación para pedir una taza de té. Cuando, unos días más tarde, salió para ponerse de nuevo a trabajar, tenía los rasgos devastados. Dos profundas arrugas se le habían formado a cada lado de la nariz y le enmarcaban la boca. Su primer trabajo fue dictar una carta pública dirigida al Comité Central del Partido Comunista ruso en la que hacía recaer la responsabilidad de la muerte de su hija sobre Stalin”. Con crudeza, Jean Van Heijenoort, colaborador de Trotsky en el exilio, describe en su libro Con Trotsky: de Prinkipo a Coyoacán, el oscuro momento en que el padre recibe la trágica y devastadora noticia.

"La pérdida de la ciudadanía soviética y, con ello, la única esperanza de volver a un ambiente normal y recuperarse, junto a su expulsión de Berlín (indudablemente un servicio que la policía alemana le prestó a Stalin) no constituyen más que un acto de venganza miserable y estúpido. Mi hija conocía perfectamente su situación. Sabía que no podía estar segura en manos de la policía europea, que la perseguía a pedido de Stalin. Era consciente de ello, y murió el 5 de enero. Se califica a esa muerte de ’voluntaria’. No, no fue voluntaria. Stalin la obligó. Me limitó a informar, sin sacar conclusiones. Ya vendrá el momento de hacerlo. El partido regenerado lo hará". Con estas palabras, Trotsky cierra la carta pública que dirige al Comité Central del Partido Comunista ruso.

A 120 años de su nacimiento

Como una Antígona del siglo XX, la figura de Zinaida Bronstein se yergue sobre el escenario de la gran tragedia de la revolución traicionada que abrió paso al fascismo en Europa. Pero, también, devela el combate que centenares de miles de revolucionarios dieron hasta ver agotadas sus fuerzas, para torcer el rumbo impuesto por los epígonos de Stalin.

A 120 años de su nacimiento, rendimos homenaje a una de las nuestras. Zina Bronstein, las futuras generaciones librarán a la vida y el espíritu humano de las oscuras y también invisibles cadenas que hoy las aprisionan. Y la memoria de esta tragedia histórica, que tu hijo Esteban aún custodia en Coyoacán, se transformará en apenas un doloroso episodio de la Historia.

 
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