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La Izquierda Diario
19 de noviembre de 2020 Twitter Faceboock

CINE - ENTREVISTA
Escenas de anticomunismo y macartismo en el cine argentino
Violeta Bruck | @Violeta_Bk

Entrevistamos a Daniel Omar De Lucía, historiador, docente y autor de una investigación sobre el anti-izquierdismo en el cine argentino hasta el golpe de 1976. Acompaña esta nota un video con fragmentos emblemáticos de películas que tocaron el tema.

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Entrevistamos a Daniel Omar De Lucía, historiador, docente y autor de una investigación sobre el anti-izquierdismo en el cine argentino hasta el golpe de 1976.

Acompaña esta nota un video con fragmentos emblemáticos de películas que tocaron el tema. Mujeres que trabajan , Manuel Romero 1938, en tono de comedia, una mujer distinta al resto lee a Marx; Sucesos Argentinos 1943, desde el gobierno con propaganda anticomunista explícita; Mi Buenos Aires Querido , Francisco Mugica 1961, “los maximalistas” y el pánico al rojo en la época de la Semana Trágica; Detrás de la mentira , Emilio Vieyra 1962, gran ejemplo de anti comunismo en el cine nacional con personajes perversos e inescrupulosos; Los guerrilleros , Lucas Demare, 1965, un relato contra las organizaciones armadas que comenzaban a emerger; La Herencia , Ricardo Alventosa 1964, ironía en medio de un clima de época con gobiernos anti-comunistas; Los traidores , Raymundo Gleyzer y Cine de la Base, 1973; cuestionamiento directo al macartismo de la burocracia sindical peronista.

  •  Escribiste el trabajo “Se vienen los bolches!!! Anti comunismo y anti izquierdismo en el cine argentino hasta el golpe de 1976” ¿Por qué elegiste el tema? ¿Hay mucho material en la historia del cine nacional para pensarlo?

    Me interesan en general las historias de las izquierdas, además trabajo cine, las lecturas de la vida política argentina a través del cine, de ahí viene mi interés.

    Hay mucho material aunque no es unitario, es un poco disperso. No hay tantas continuidades en el tiempo de líneas cinematográficas anticomunistas, tiene que ver con coyunturas determinadas y con distintos enfoques. El material que hay no es poco. Hay una primer mirada por lo general irónica sobre el comunismo en los 30, de un cine así como humorístico, costumbrista, no político mal, que tiene que ver con un cierto auge que tuvo justamente el comunismo identificado con el PC a nivel sindical en esos años. Después sí, el momento del gobierno juniano, no en el cine de ficción, el cine propagandístico estatal, oficial, presentó un anticomunismo de corte duro, fachistoide. En el gobierno peronista hubo más bien un ninguneo del tema, y hay cierta impronta anticomunista que empieza con la Libertadora y una identificación de la Argentina con el universo de la guerra de bloque más clara. Hay un pico de cine anticomunista con la crisis de los gobierno desarrollistas en el año 62, 63. Más difuso lo que hay a partir de la época del Cordobazo, en donde ya la temática empieza a girar un poco más sobre el tema de las organizaciones armadas y eso arranca hasta el lopezrreguismo y todo lo demás. Yo estudié justamente hasta el golpe genocida.

    Daniel Omar De Lucía, historiador y docente.
  •  En el trabajo se realiza un relevamiento y análisis de las imágenes hostiles o satíricas sobre la izquierda en la cinematografía argentina ¿Cuáles son los estereotipos de militante de izquierda que desarrolla el cine nacional?

    Son varios los estereotipos de los militantes de izquierda. En los 30 hay un cine con una imagen un poco más irónica, que tiene pocas expresiones, quizá la más notoria sea el personaje de Pepita que es una militante comunista en la película Mujeres que trabajan, que lo hace Pepita Serrador, que era la mujer de Narciso Ibáñez Menta, y es un personaje contracultural, un poquito ridiculizado, pero no mostrado de manera hostil. Más adelante en el cine anticomunista de los 50 y 60 hay dos estereotipos: el personaje del militante comunista con poder que viene de afuera, por lo general es un personaje que habla con acento eslavo, es un infiltrado, perverso, manipulador, y el acólito, o sea el tipo que se deja seducir por el discurso comunista, que por lo general es una persona humilde, inculta, a la que manipulan, o de lo contrario, un típico joven idealista que se deja llevar por cualquiera.

    En el caso del tema de las organizaciones armadas es más complejo. Curiosamente el cine hostil a las organizaciones armadas, películas como Los guerrilleros de Lucas Demare o La guerra del cerdo de Torre Nilsson, muestran una imagen negativa, fanatizada, del militante de izquierda armada, aún cuando también tiene una impronta idealista, con una cosa más vitalista si se quiere, por algún lado. Esos serían los principales estereotipos, después en algunas otras películas sueltas, más en tono de comedia, se muestra el personaje comunista y pobre, vago, un tipo que habla contra el sistema y capaz que es un desocupado, alguien que no trabaja. También en ese tipo de cine, un cine más light que hay, está la imagen del personaje bruto ignorante que se deja manipular por gente que tiene mayor conocimiento que él.

  •  ¿Cuáles son las producciones más emblemáticas, de todas las que rescatan en el trabajo, las más explícitamente macartistas?

    Las producciones más emblemáticas son las de un anticomunismo fuerte ligado a un momento bastante especial, un momento álgido de luchas sociales. Hay dos películas, del período 62-63, que son películas muy fuertemente macartistas. Una es Detrás de la mentira de Emilio Vieyra, ese señor que era un director de cine de vampiros, de un cine erótico de muy mala calidad, que a la vez era un director muy anticomunista, filmó Detrás de la mentira que es una película insólita. Muestra un anticomunismo de tipo pre-político, los comunistas son perversos como personajes salidos de una novela de Sade y manipulan a un pobre trabajador, que lo interpreta Alfonso de Grazia, y lo obligan a hacer un atentado donde muere el padre de él. Es una imagen casi tomada de la paranoia extraterrestre, los comunistas son casi como marcianos que se infiltran en el cuerpo social simplemente para hacer daño. Es una película que incluso fue muy criticada cuando se estrenó, en pleno Plan Conintes, a fines del gobierno de Frondizi, comienzo del gobierno de Guido.

    En el año anterior se había filmado Mi Buenos Aires querido, que es una película de René Mugica, que es la saga de otra película anterior que se llama He nacido en Buenos Aires. Es una historia que está ambientada en la época de la semana trágica, obviamente se muestra la violencia de las huelgas, se demoniza a la militancia radical de esa época que era el anarquismo de la FORA, pero con guiños a lo que estaba pasando en el momento que se filmó. No es difícil hacer esa asociación. Es una cosa más “teoría de los dos demonios”, pero igual siempre salen pésimamente parados todo lo que es la militancia de izquierda.

    En relación al tema de las organizaciones armadas una película bastante cruda es Los guerrilleros de Lucas Demare, de 1965 y La guerra del cerdo, que hace una operación bastante compleja. Hace una representación de lo que fue el foquismo guerrillero, político, representándolo como un foquismo generacional, los jóvenes contra los adultos. Pero la mirada de los que inician esta lucha violenta es como una cosa cruel, irracional, completamente injustificada, violenta, hipócrita. En el fondo los grupos de jóvenes que inician como una especie de cruzada de la juventud contra los viejos son unos manipuladores también, de caracteres débiles, que buscan asentar su propio poder. Es una operación interesante porque trasladar al conflicto de clases, por decirlo de alguna manera, el conflicto de generaciones no tiene ninguna justificación posible. Es una película que tiene una clara toma de posición contra la violencia política de las organizaciones armadas y está justo estrenada en plena época de la Triple A, o sea que se prestaba a un solo tipo de lectura.

    Están después los cortos cinematográficos de 1943, del gobierno juniano, que es una visión de un anticomunismo de corte policíaco, fanático, planteando el comunismo como una enfermedad prácticamente, pero sin esa fuerza que tiene el relato de ficción. Hay una película que no quiero dejar de nombrar que es Los tallos amargos, que es un drama psicológico, de 1956 de Fernando Ayala, que toma como referencia a la inmigración de gente de los países del este, dentro de una trama de un drama y un asesinato, pero también trasmite una imagen de que lo que hay en el este es como una cosa muy jodida.

    Afiches: Detrás de la mentira, Emilio Vieyra 1962. Mi Buenos Aires Querido, Francisco Mugica 1961. Los guerrilleros, Lucas Demare, 1965.
  •  Esta mirada anticomunista se expresa en distintos géneros y formatos ¿Cuáles son a través de los distintos momentos históricos?

    Se podría hablar de una visión light, media satírica del comunismo en cierto cine de comedia de la época de oro del cine argentino, cuya mayor expresión sería la película Mujeres que trabajan, pero hay un par de películas más. Está El sillón de la gran duquesa que es una versión de Las doce sillas, una famosa novela sobre los exiliados zaristas, una visión satírica de lo que fue la revolución bolchevique y alguna que otra película más pero poco importante. Hay este cine anticomunista del 62, 63, bien tipo la posibilidad de la infiltración que viene de afuera, Detrás de la mentira sería la película emblemática. Hay después un subgénero muy curioso que es el cine de curas, películas a principios de los 60 en donde los protagonistas son sacerdotes católicos, gente que está en el medio del aggiornamiento ecuménico y que busca solucionar problemas sociales. Son paternalistas, son buenos, y en esas películas siempre aparece el personaje del comunista como contrapuesto. Mientras que el cura es una persona que busca solucionar conflictos, entender a los pobres y a los marginales, -muchas películas de Sandrini hay de ese tipo- el comunista es el que siempre busca armar quilombo, crear problemas. Es una imagen negativa, aunque es negativa siempre tácita. No son películas que tienen un discurso diciendo estos son malos, malos, sino que son “boludos que hacen lío”. Después hay un cine que no llega a constituir un género, pero tres o cuatro películas hay, que tienen esa mirada sobre la violencia armada como algo negativo que se diferencia de las películas anticomunistas más clásicas del 62 y 63.

    Hay también un género de cine de espionaje paranoico, cómico, son películas satíricas pero con todos los tópicos de la guerra fría. En ese sentido una película que dirigió Daniel Tinayre, Kuma Ching, que es una película argentina que se filmó en Hong Kong y que toca el tema del terror, de pánico a lo chino, a la revolución cultural. Es una película que protagonizó Luis Sandrini con Lola Flores y Narciso Ibáñez Menta, todo en joda pero con los típicos tópicos del anticomunismo. También algún par de películas argentinas con actores cómicos como Marrone o Pepe Biondi que estaban en ese tema de la paranoia del espionaje y podríamos agregar algunas más.

  •  También, dentro del cine militante hay películas que cuestionan o ironizan este macartismo. ¿Cuáles destacás?

    Hay algunas miradas irónicas sobre el comunismo, sobre el PC particularmente, creo que son conocidas. En La hora de los hornos de Solanas, está ese discurso peronista de izquierda macartista que muestra a toda la izquierda como izquierda colonial de una manera muy maniquea. Es obvio que no se puede asimilar al anticomunismo más clásico pero está.

    Los Traidores de Gleyzer tiene una mirada irónica sobre el macartismo del sindicalismo peronista, justamente ese tipo de macartismo es presentado con una mirada cruda. Eso por el lado de lo que sería el cine militante, por supuesto que la crítica, es otro tipo de crítica que no tiene que ver con el macartismo de la derecha, es eso a lo que me refiero.

    Hay películas que satirizan ese clima macartista especialmente en el año 62 y 63, el bienio caliente de Frondizi y Guido, que hubo un clima muy generalizado de macartismo, se llegó a hablar de submarinos rusos. En esa paranoia, algunas películas de vanguardia ironizan. Los venerables todos, una película de Manuel Antín, una película de tipo beatnik medio curiosa, de 1965, hay alguna ironía sobre ese clima. También en La herencia, que es una película cómica que sufrió censura por los temas sexuales que toca, aún cuando tiene algunas ironías fuertes sobre la situación política. En una parte muestra a dos oficinistas que van caminando por la calle, se ven tanques a lo lejos, era la época de los enfrentamientos de azules y colorados y se ven carteles que dicen “cuidado no gire a la izquierda”, una hoz y un martillo por ahí. Algunos diálogos también que ironizan, en una parte unos empleados de la oficina están sin insumos, “esta es una conspiración de los comunistas” dicen. Hay ciertas apostillas a esa mentalidad macartista media pava que había en ese entonces.

  •  Esta idea resurge en la historia nacional, por estos días salen funcionarios a atacar a la izquierda mientras impulsan represiones y se reúnen con empresarios. Desde el punto de vista audiovisual son los medios de comunicación masivos quienes construyen esta imagen. ¿Cómo ves estas representaciones en la actualidad?

    Desde la caída de los regímenes burocráticos la imagen que se tiene del comunismo es como una cosa negativa, desde cierta visión popular, como algo obsoleto. Habitualmente estas miradas son más de ridiculizar que demonizar. Ahora claro estamos en coyunturas donde la cosa se pone más caliente y eso muta un poco. Estamos con la movilización de la derecha en este momento que ha retomado en un tono alarmista el discurso anticomunista de otro tipo, de la cual no están ausentes también funcionarios oficiales. Hay como tópicos de la amenaza comunista que vuelven en una realidad mediática, ya Marx lo había dicho “la primera vez se da como tragedia y la segunda como farsa”, la tercera parece que fuera un reality show ya directamente. Hay un clima paranoico, que tiene que ver también con una cierta legitimidad, de sectores medios que quizá hace años estaban con un discurso más reformista, pseudo democratista, que han caído ahora en estos discursos irracionales, que incluyen elementos hasta racistas y también anticomunistas, el miedo, el pánico al rojo. Como una postal de esta época actual, muy curiosa, es ese discurso anticomunista del productor agropecuario que está en conflicto, que ve que le van a sacar la tierra, los tipos que van con una escopeta y con una boina de vasco a hacerse los Rambos. Es un fenómeno curioso que tiene que ver más que con un fachismo “camisa parda”, con un fachismo “guardia blanca”, pero con 4x4 en el medio del campo. Hubo unos años de ridiculización de la izquierda, ahora con cierto recalentamiento de algunos conflictos se pasa a la demonización.

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