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La Izquierda Diario
24 de septiembre de 2020 Twitter Faceboock

MÚSICA // ROCK
Megadeth en el ojo del tornado: 30 años de Rust in Peace
Eduardo González Peña

Foto del interior del disco. De izquierda a derecha: David “Dave” Scott Mustaine y una remera que refleja, de forma casi mecanicista, los significados e ideas que genera una hoz y un martillo cruzados en los Estados Unidos; Nick Menza (fallecido en 2016); David Ellefson; y Martin Adam Friedman.

Si la excelencia musical se puede materializar en un disco, “Rust in Peace” debe ser postulado como el exponente de la perfección del thrash metal. Recordamos a la filarmónica del Colorado en su mejor momento.

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Rust in Peace (Oxídate en Paz), es el cuarto disco de Megadeth y marca el debut de su formación más clásica. La misma estaba compuesta por Dave Mustaine (voz y guitarra) y David “Junior” Ellefson (bajo y coros), ambos miembros fundadores, y por los debutantes Marty Friedman (guitarra) y Nick Menza (batería). Con esta formación, Megadeth consolidaría la musicalidad extraordinaria que había caracterizado a sus tres primeros discos y daría muestra de su condición de filarmónica (como alguna vez fue descripta por el Ruso Verea) metalera.

El título del disco hace referencia a que los Polaris –misiles nucleares balísticos diseñados para ser lanzados desde submarinos– se oxiden en paz. Se trata de un título vinculado al arraigado fetichismo militar por lo tecnológico en “la tierra del libre y el hogar del valiente”. Es decir, se relaciona con la presencia de una resistente utopía en el imaginario estadounidense. Esta utopía supone que es posible crear un arma insuperable y con ella, terminar con toda amenaza contra la seguridad nacional de la isla continental norteamericana. Así, supuestamente, se lograría disuadir al resto del mundo de hacer la guerra al país de la libertad o amenazar su benevolente hegemonía.

Originalmente, las armas nucleares fueron desarrolladas y utilizadas para quebrar la moral bélica japonesa y lograr la sumisión de la URSS. El efecto fue que la URSS replicara la acción y, con ello, pusiera en riesgo nuclear a “la tierra rescatada por el cielo”. En el imaginario estadounidense, esto quedó marcado en la Crisis de los Misiles (1962). En esa situación, los ciudadanos estadounidenses –incapaces de conectar su consumista modo de vida, con la posición imperial de los Estados Unidos–, se encontraron atravesados por el miedo a la desolación producida por una, muy probable, guerra nuclear. Así, el objeto (las bombas nucleares, que no se inventan a sí mismas, no se fabrican a sí mismas y no nos fuerzan a utilizarlas), se transforma en sujeto, porque tiene la responsabilidad del exterminio nuclear, y los sujetos se transforman en (su) objeto. Esta transformación muestra el estado de ciertas fantasías sociocéntricas y el desconocimiento de explicaciones realistas (es decir, científicas) sobre las causas de los horrores de las relaciones humanas: el riesgo de un posible exterminio nuclear obedece a la existencia de grupos humanos, a la vez que hostiles, interdependientes entre sí. El imaginario de Megadeth, en parte, se construyó en esa perplejidad que generó la Guerra Fría y la “inevitabilidad” del holocausto nuclear.

Mustaine y el trébol radiactivo en el doble bombo de la batería.
Mustaine y el trébol radiactivo en el doble bombo de la batería.

En la trayectoria de la banda del Colorado, las imágenes de holocaustos nucleares ya habían hecho su aparición en el disco de 1986 llamado Peace Sells… But Who´s Buying? (La Paz se Vende… Pero ¿Quién la Compra?). Incluso, dentro del arte de Rust in Peace sobresale el trébol radiactivo. Pero, es el nombre Megadeth la expresión más coherente con la percepción de la “inevitabilidad” del holocausto nuclear. Su origen es “megadeath” y representa a la muerte de un millón de personas como resultado de una guerra nuclear. Mustaine conoció tal significado en un folleto que leyó en el largo viaje por tierra desde Nueva York a su hogar en Los Ángeles, luego de que fuera expulsado de Metallica (1983). El nombre “Megadeth” (sin la segunda “a” de megadeath) primero encarnó en un tema que, con los años, sería la base para “Set the World Afaire” (“Prendan Fuego al Mundo”), cuya letra relata la extinción de la vida en la Tierra debido a un holocausto nuclear. Entonces, originalmente la banda de Mustaine y Ellefson se llamaba Fallen Angels (Ángeles Caídos). Pero, ¿qué mejor nombre que Megadeth para una banda que se proponía ser la más rápida, ruidosa y peligrosa de la historia? Pronunciarlo, genera amenaza y expresa poder. Además, armoniza muy bien con “aguante”.

En lo que refiere al arte de la portada, el mismo estuvo a cargo del ilustrador Ed Repka. En ella se refleja la innegable influencia de Iron Maiden en Mustaine. Su escenario es un hangar y sus protagonistas son siete personajes. El principal de ellos es Vic Rattlehead, que (nos) observa por medio de sus anteojos de metal remachado. Al mismo tiempo, sus oídos están sellados y su boca está sujeta por ganchos de hierro. Vic, mientras sostiene un cristal con color similar a la kryptonita, posa su otra mano sobre una cámara criogénica. Su traje y corbata hacen juego con la vestimenta de cinco de los protagonistas. En un segundo plano se encuentran los líderes políticos de las mayores potencias de su tiempo. Empezando por la izquierda, encontramos a John Major, que era premier del Reino Unido y que se caracterizó por continuar las políticas neoliberales iniciadas por Margaret Thatcher. Luego encontramos al primer ministro de Japón, de apellido Toshikikaifu. A su lado se ubica Richard von Weizsacker, que será el primer presidente de la Alemania reunificada. Luego se puede distinguir a Mikhail Gorbachov y a George Bush padre. El séptimo protagonista es un alienígena que se encuentra en la cámara criogénica.

La portada del maxi de “Hangar 18”.
La portada del maxi de “Hangar 18”.

Así, en la portada, se simboliza a un grupo de líderes políticos con la capacidad de esconder verdades al gran público. Su plan seria ocultar la existencia de vida inteligente y con capacidad tecnológica para visitar nuestro planeta. Ellos “ponen la cara” en nombre del complejo científico-militar-industrial que responde a una “élite” internacional. Aquí, de forma precisa, el Estado estadounidense tendría una base secreta (el área 51) y allí, en el hangar 18, estarían criogenizadas formas de vida extraterrestre. Todo ello le permitiría el dominio mundial a esa “élite”. Ellos tienen todo planeado, por lo que controlarían causas y efectos, es decir, su complot sería perfecto ya que manejarían cómo suceden las cosas. Entonces, a diferencia del resto de los seres humanos, que en nuestra acción siempre tenemos la posibilidad de producir accidentes, de ser inoperantes, de errar o simplemente de calcular mal, ellos tienen la (divina) capacidad de controlar la multicausalidad. Con lo cual, no se puede hacer nada para cambiar las cosas. Una conclusión acorde con la ideología neoliberal, que en aquellos años proponía el fin de la historia, y una forma cobarde y perezosa de razonar: utilizar la razón en contra de la razón. ¿Recurrir a tales ideas para la portada de un disco de heavy metal está mal? No, pero sí es un paso atrás respecto a la maravillosa portada de Peace Sells… But Who´s Buying?.

La portada de “Peace Sells… But Who´s Buying?” (1986). Allí Vic Rattlehead vende los restos del edificio de las Naciones Unidas, luego de un holocausto nuclear.
La portada de “Peace Sells… But Who´s Buying?” (1986). Allí Vic Rattlehead vende los restos del edificio de las Naciones Unidas, luego de un holocausto nuclear.

Ningún ingenuo soporte

Más allá de la crítica a los supuestos subyacentes en el título y en la portada, podemos afirmar que, treinta años después, la música y las letras de Rust in Peace no tienen óxido ni descansan en paz. De hecho, sus canciones reflejan a la perfección las características básicas del thrash metal de Megadeth: superlativa complejidad técnica en velocidad y un gran abanico de letras.

La portada del maxi de “Holy Wars… The Punishment Due”.
La portada del maxi de “Holy Wars… The Punishment Due”.

El disco abre con “Holy Wars… The Punishment Due”. Se puede decir que las doce notas del frenético riff de introducción, encarnan todos los cromatismos que caracterizan al thrash metal de Megadeth. Luego entran la batería y el bajo, creando un sonido que combina precisión con velocidad. El conjunto crea un espacio sonoro donde se destacarán los titánicos duelos de guitarra de Mustaine y Friedman.

A nivel de la letra, hay dos momentos bien definidos. En la primera parte (Holy Wars o Guerras Santas), la letra gira en torno al conflicto político-militar-religioso de Irlanda del Norte. Aquí se refleja la vergüenza de Mustaine por haber generado una batalla entre su público, durante una presentación en Irlanda del Norte. Mustaine, ignorante del conflicto que envuelve a la región, había tomado un superficial contacto con el mismo previo a un recital en Antrim. Una vez en el recital, dedicó “Anarchy in the UK” a “la causa” y proclamó que “devuelvan Irlanda a los irlandeses”. Eso generó una batalla entre el público presente, divididos en protestantes y católicos, obligando a cancelar el show.

Más allá de la carga reflexiva y autocritica, las frases de la primera parte de la canción, junto a temas anteriores (como “Peace Sells” y “Hook in Mouth” o Anzuelo en la Boca) y posteriores (como “Symphony of Destruction” o Sinfonía de Destrucción) y “Foreclosure of a Dream” (o Embargo de un Sueño), generaron la impresión de que Megadeth era una banda política. Sin embargo, nunca fue una banda política como, por ejemplo, Rage Against the Machine o los Dead Kennedys. En realidad, era (es) una banda que, entre diversos temas, se interesa por la política.

La segunda parte de la canción (“The Punishment Due” o El Castigo Debido), va a mostrar otra faceta de la pluma del Colorado. Aquí se inspira en su fanatismo por la línea de historietas de Marvel y sus héroes imperfectos. Más específicamente se basa en The Punisher. En ella aparece, sin que se lo proponga Mustaine, la contradicción estadounidense de darle una legitimidad fundacional a “la ley y el orden”, mientras que, al mismo tiempo, se trata de una sociedad que no deja de reproducir individuos que, por ejemplo, hacen de las escuelas un mar se sangre.

El tema que le sigue es “Hangar 18” y es el que inspira el arte de la portada. Además de un tercio final en donde no se puede detener el headbanging, lo más singular de esta joya, es el riff de apertura. Allí Mustaine utiliza la progresión cromática en Re menor que creó, cuando era guitarra líder de Metallica, para “The Call of Ktulu”. Lo hace variando la velocidad y descartando la digitación. No era la primera vez que el Colorado utilizaba el material que él compuso para Metallica. En ese sentido, Mustaine siempre afirma, en sus presentaciones en vivo, que: “Está nuestra manera” (por la atronadora “Mechanix”), “y está la manera de ellos” (por “The Four Horsemen” de Metallica). Sin dudas, el Colorado tenía (¿tiene?) muchas cuentas pendientes desde su expulsión de la banda más popular que diera el thrash metal. Entre ellas, está el menosprecio reiterado de sus antiguos compañeros, Lars Ulrich (empresario schumpeteriano del heavy metal y regular baterista) y James Hetfield (gran voz y excelente guitarrista rítmico), a su contribución al sonido de Metallica. A ello se suma que sus antiguos compañeros utilizaran material compuesto por Mustaine hasta en “Master of Puppets” (el tercer disco de Metallica de 1986) sin siquiera darle crédito (“Leper Messiah” es el tema en cuestión).

Mustaine, su guitarra personalizada Jakson King V y una elección de color muy poco usado en el heavy metal.
Mustaine, su guitarra personalizada Jakson King V y una elección de color muy poco usado en el heavy metal.

Aquí no se terminan las referencias a sus antiguos compañeros de Metallica. Al ver el video, el color blanco que utiliza Mustaine tiene la intensión de contrastar con el color negro que solía vestir Hetfield en aquellos años. Incluso, hilando más fino, en “Holy Wars… The Punishment Due” y en “Hangar 18”, se puede observar una pulseada con los guitarristas de Metallica (Hetfield y Kirk Hammett), en busca de demostrar quién tiene la muñeca más poderosa y rápida del thrash metal, y cuál dupla es la más virtuosa. Una pulseada que la dupla Mustaine/Friedman gana con holgura. Sin embargo, cuando “Hangar 18” fue nominado, en 1991, a un Grammy como mejor tema de heavy metal, perdió ante Metallica y su cover de Queen (“Stone Cold Crazy”). ¿Cómo reflejar de forma más acabada la condición filistea de la industria?

Le sigue “Take no Prisoners” (No Tomen Prisioneros). En esta canción, la original forma de cantar de Mustaine, tiene como contraparte a un coro muy grave y un tanto distorsionado. A nivel de la letra, hace aparición el cinismo de la pluma de Mustaine. En ella se relata la hipocresía de los Estados Unidos en tiempos de guerra. Ello se refleja en la utilización de la frase "La guerra es paz” (1984 de George Orwell) o cuando dice “No tomen prisioneros, no tomen mierda”. También asoma cuando canta: "No preguntes qué puedes hacer por tu país. Pregunta lo que tu país puede hacer por vos". Esto es una inversión de una famosa frase de Kennedy, que afirmó: "No preguntes qué puede hacer tu país por vos. Preguntá qué podés hacer vos por tu país".

A nivel musical, “Take no Prisoners” es un ajuste de cuentas con Slayer. La lucha era por ostentar la condición de banda más rápida y pesada del thrash metal. Para ello Megadeth recurre a su ADN musical: llevar al límite de lo humanamente posible la ejecución técnica del tema en vivo. El Colorado tenía una rivalidad con los integrantes de Slayer. Antes de que las cosas con Slayer terminaran como era habitual en las relaciones de Mustaine (mal), Kerry King (guitarrista y uno de los fundadores de Slayer) había tocado en algunos de los shows iniciales de Megadeth. En esos cruces, Mustaine le había enseñado el tritono del diablo (un complicado intervalo musical que abarca tres tonos, y que requiere destreza para ejecutarlo). A King le gustó tanto, que casi todos los temas de Slayer incluyen esa progresión de acordes. Así, se podría decir, que Mustaine no solo es la fuerza compositora esencial de Megadeth y contribuyó de forma fundamental en el sonido inicial de Metallica, sino que también ayudó en la construcción de la sonoridad de Slayer. Es decir, el talento del Colorado, además de influir en gran cantidad de músicos, dejó su huella directa sobre tres de las big four del thrash metal.

El cuarto lugar lo ocupa “Five Magics” (Cinco Magias). Luego de una parte instrumental, que dura alrededor de dos minutos, donde resalta el bajo y la velocidad es propia de Black Sabbath, se acelera el tema y la letra nos introduce en una historia de un alquimista que quiere dominar las cinco magias (alquimia, hechicería, brujería, taumaturgia y magia). Se inspira en una novela publicada en 1980 por Lyndon Hardy. En lo que queda del tema, se producen constantes cambios de ritmo y sobresale un coro que refuerza las frases cantadas por Mustaine.

En el quinto lugar se encuentra “Poison was the Cure” (El Veneno fue la Cura). Este tema, en el aspecto musical, después de casi un minuto, donde la fuerza dominante nuevamente es el bajo, libera la arrasadora velocidad musical de la filarmónica del Colorado. Pero, particularmente, es la letra lo que se destaca. Allí Mustaine refleja su batalla con las adicciones.

El título de la canción puede hacer referencia a la metadona. Se supone que la metadona tiene la capacidad de sustituir a la heroína y que se puede, gradualmente, bajar la dosis hasta que el paciente quede libre de su adicción. Pero también puede ocurrir que se genere una nueva adicción que reemplace a la anterior. Otra forma de interpretar la letra es que, las drogas (el veneno), fueron la cura para el dolor, la tristeza, la soledad y la derrota. ¿Cómo la heroína se transformó en la cura?

La historia de Dave Mustaine está marcada por los conflictos de su historia familiar, que, a su vez, está atravesada por las contradicciones de la historia social. Ello genera una dialéctica entre las dimensiones afectivas y las ideológicas, culturales, religiosas y económicas (dimensiones sociales en sentido amplio). Su intrincación constituye, por lo menos en buena parte, el marco referencial de la obra de Dave Mustaine como artista.

Nacido en 1961, en su biografía relata que se crió emigrando de una ciudad a otra, pasando de una escuela a otra. Esta falta de arraigo obedece al desclasamiento que sufrió luego de que sus padres se divorciaran, cuando era niño. A ello se sumó la violencia machista extrema, ejercida por su padre alcohólico (gerente de un banco). Esta violencia obligó a la madre a ensayar una constante fuga, y a sostener a Dave, y a sus tres hermanas, con el magro salario de empleada doméstica. Sin otros vínculos familiares, bajo la enajenación religiosa (su madre era Testigo de Jehová), y siendo pobre en la sociedad nacional más opulenta del mundo, Dave encontrará una salida: la guitarra. Mediante las seis cuerdas, Mustaine canalizó su energía, rabia, frustraciones, y, principalmente, su gran capacidad intelectual. Según él, la música le daba un lugar, un espacio al cual pertenecer. Sus primeros ídolos fueron Jimmy Page (Led Zeppelin) y Ace Frehley (Kiss). Así, con el tiempo, el heavy metal le ofrecerá un orden en donde ubicarse y le permitirá lograr la estabilidad que las redes oficiales de la sociedad no le ofrecían. Es decir, que el heavy metal fue un remedio a la inseguridad y a la exclusión de un sujeto eliminado de los mecanismos formales de la reproducción del capital.

Dave y su madre, víctima de la violencia de género.
Dave y su madre, víctima de la violencia de género.

A los quince años, Mustaine estaba emancipado de hecho y se había convertido en un emprendedor: obtenía sus ingresos siendo un pequeño dealer de marihuana. Según él, esta era la forma más eficiente y fácil de obtener efectivo para un adolescente en su condición. Alternando su emprendimiento con la venta de su fuerza de trabajo en el mercado formal (trabajó en un restaurante y en un taller mecánico), la escuela pasó a ser una pesada obligación sin mayor sentido. Pasado un tiempo, en su condición de dealer, ofertaba hachís, LSD, Cocaína, Quaaludes y otras sustancias.

Su paso por Panic (su primera banda estable) y por “Alcoholica” (el sobrenombre de Metallica), reforzó la personalidad adictiva de Mustaine. El problema era que el alcohol solía poner violento a Dave y él tenía conocimiento de artes marciales. Muchos compañeros de ruta sufrieron su capacidad de ejercer la violencia, entre ellos Hetfield. Así, la impredecible violencia de Mustaine, cuando estaba alcoholizado, fue un factor de su expulsión de Metallica tiempo antes de grabar Kill ´Em All (1983). Pero será ya con Megadeth, que las adicciones del Colorado llegarán a un nuevo nivel. Con la entrada, en 1985, de Gar Samuelson y Chris Poland (curtidos músicos de jazz fusión), el alcohol fue reemplazado por la heroína. Así, el veneno fue la cura: Mustaine encontró en la heroína una forma de curar su dolor, enojo y sensación de soledad, y se transformó en una fuente de inspiración a la hora de la composición.

En “Lucretia”, nuevamente sobresale el virtuosismo de Mustaine y Friedman. Sus cambios de acordes se inspiran en el jazz y el solo de Friedman es una maravilla. La letra refiere al fantasma de la abuela de un tipo llamado, casualmente, Dave.

El Colorado ya había hecho referencia a experiencias con lo sobrenatural en “The Conjuring” (La Invocación). Aquí es conveniente marcar que Mustaine, en su adolescencia, se introdujo en la brujería, la magia negra y el ocultismo. Entonces, no por fantástico que sea el asunto, deja de ser una experiencia intensa y que imprime marcas en el creyente. Es decir, aunque cualquier religión sea lógicamente absurda en sí misma –normalmente las religiones presentan una vida después de la muerte (por lo tanto, sostienen la posibilidad de la vida en la no vida), algo que es lógicamente absurdo–, el sentimiento que embarga a los creyentes en el culto no es ilusorio: es tan real como la sensación de calor o de luz. Por supuesto que esto no significa que la causa objetiva de este sentimiento sea la idea que sobre ella se hacen los creyentes.

En “Tornado of Souls” (Tornado de Almas), Friedman vuelve a alcanzar un momento brillante. Él cuenta que, cuando terminó el solo, Mustaine fue al estudio y, sin decir una palabra, le estrechó la mano. Fue en ese momento que Friedman sintió que había ganado el puesto de guitarrista en Megadeth. La letra trata sobre la salida de Mustaine de una complicada relación de pareja.

Si, para describir a los bajistas de heavy metal, pusiéramos en un extremo a Steve Harris (líder de Iron Maiden, de gran presencia escénica y que utiliza “los dedos”), y, en el extremo opuesto, colocaríamos a Ian Hill (uno de los fundadores de Judas Priest, cuya presencia en el escenario se encuentra envuelta en sombras y que toca “con púa”), “Junior” se hallaría mucho más cerca de Hill que de Harris. De hecho, en la mezcla original de Rust in Peace, el bajo tiende a quedar muy tapado (en la remasterización de 2004 se corrigió ese defecto). Aun así, en “Dawn Patrol” (Patrulla del Amanecer) sale a luz el poco reconocido talento de Ellefson, dado que la médula del tema es un gran riff de bajo. El tema también se destaca porque Mustaine cambia la forma de cantar, y porque su letra tiene un sentido ecologista, al hacer referencia al calentamiento global.

Finalmente, todas las cuestiones que hemos referido al momento de analizar el título del disco se reflejan en el tema de cierre llamado “Rust in Peace… Polaris”. A nivel musical, se destaca la introducción de la batería. En ese sentido, sus antecedentes son “Where Eagles Dare” (Iron Maiden) y “Hot For Teacher” (Van Halen), y es contemporáneo a “Painkiller” (Judas Priest). Allí Menza demuestra que podía sintetizar el talento jazzero de Gar Samuelson, con la potencia punk de Chuck Behler (sus antecesores en el puesto).

Un héroe imperfecto y trágico

Dave Mustaine fue el responsable principal de Rust in Peace. Hace treinta años, su chispa encendió el entusiasmo de temperamentos afines, nos conmovió y nos encausó. Sin embargo, no debemos confundir el entusiasmo que nos genera su obra artística, con el fanatismo ciego. Hace un tiempo que la voluntad de perfección de Dave Mustaine está adormecida. Sus ideales artísticos (en parte ligados a la verdad y a la justicia), se han marchitado bajo el peso del torpe yugo de la religión y el nacionalismo. Aún así, no queremos olvidar que él fue el músico más importante en esa aurora, conocida como thrash metal, que se inició a principio de los años ochenta. Entonces, es necesario hacer justicia con Mustaine y su condición de héroe imperfecto y trágico del heavy metal. Y también subrayar que Rust in Peace marcó el punto cumbre del thrash metal. ¡Aguante la filarmónica del Colorado! ¡Aguante Megadeth!

 
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