Sangre nuestra

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ANDREA D’ATRI

Número 30, junio 2016.

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#NiUnaMenos se inspira en el verso de un poema de una escritora mexicana, que fue violada y asesinada en represalia por su lucha por esclarecer los femicidios de Ciudad Juárez. En Argentina, la movilización del 3 de junio de 2015 lo convirtió en el emblema indiscutible de la lucha contra la violencia hacia las mujeres.

“Ni una muerta más”, gritan en México las mujeres cuando se movilizan contra los femicidios y la violencia machista. Esa frase se la atribuyen a la escritora y activista Susana Chávez, quien dedicó su corta vida a la lucha por el esclarecimiento de los femicidios de Ciudad Juárez, donde residía. Susana fue violada, asesinada y mutilada por tres hombres jóvenes, a la edad de 37 años. Su voz se transformó en el emblema de las movilizaciones que tanto en México como en el resto del mundo, repudian la violencia contra las mujeres. Su verso se convirtió en consigna y también fue resignificado, transformándose en “Ni una muerta más, ni una mujer menos”.

En Argentina, en marzo de 2015, un grupo de escritoras, periodistas y artistas empezó a gestar acciones para visibilizar esta violencia. Inspirándose en la poetisa mexicana asesinada, convocaron con el lema #NiUnaMenos a una maratón de lectura en una plaza de la Ciudad de Buenos Aires, junto con  familiares de víctimas. En esa fecha, coincidían en el horror, el décimo aniversario de la desaparición de la estudiante Florencia Pennacchi1 –de la que aún se desconoce su paradero– y el hallazgo del cadáver de Daiana García2, en una bolsa de residuos, tirado en un descampado del conurbano bonaerense.

Los femicidios siguieron. Y se convirtieron en un ahogo insoportable, hasta que el hartazgo encendió la chispa que dio lugar a la multitudinaria movilización del 3 de junio. En el mes de mayo, Chiara Páez, una adolescente embarazada fue masacrada por su novio en la provincia de Santa Fe. La periodista Marcela Ojeda, de radio Continental, escribió entonces en su cuenta de Twitter “Mujeres, todas ¿no vamos a levantar la voz? Nos están matando”. Inmediatamente, su mensaje se replicó en redes sociales, mientras sus colegas, en distintos medios masivos, empezaron a hablar del tema sin tapujos ni recurriendo a las misóginas metáforas que siempre usaron los periodistas para referirse a los femicidios como “crímenes pasionales”.

Fabiana Tuñez, hasta entonces titular de la ONG La Casa del Encuentro –que venía sosteniendo el único registro estadístico de femicidios en Argentina–, puso en marcha la organización de la convocatoria, actuando como nexo entre las periodistas, las organizaciones de mujeres y el propio gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que en ese entonces ocupaba el actual presidente Mauricio Macri.

Ni siquiera las convocantes esperaban la multitudinaria movilización que  terminó reuniendo a casi 300 mil personas frente al Congreso Nacional y otros tantos centenares de miles en las plazas de casi todas las localidades del país. #NiUnaMenos instaló –como nunca antes– el problema de la violencia contra las mujeres en la agenda política nacional y convirtió a esa frase en una referencia ineludible en Argentina y el mundo.

2015: La explosión del hartazgo

En esa ocasión, las periodistas redactaron un documento en el que se explayaban sobre la violencia contra las mujeres, además de incluir una serie de reclamos a los tres poderes del Estado. Inmediatamente, por la repercusión mediática que estaba teniendo la convocatoria en plena campaña electoral para las presidenciales, los candidatos políticos empezaron a adherir, con el mismo formato en que artistas, figuras conocidas y miles de personas anónimas lo hacían en las redes sociales: una foto personal sosteniendo un cartel que, impreso o escrito a mano, decía #NiUnaMenos.

En poco menos de un mes, prácticamente no quedaba nadie en la Argentina que no conociera esta campaña o la convocatoria prevista para el 3 de junio. Entonces, las organizadoras, aprovechando la coyuntura política, decidieron armar un pliego más conciso de reivindicaciones, con el objetivo de exigir un compromiso público a todas las fuerzas y candidatos que se presentaban a la contienda electoral. La periodista Florencia Etcheves, del canal TN del Grupo Clarín, decía

Entre tanto apoyo aparecieron los políticos. ¿Y por qué no?, dijimos. En un reclamo social no se pone molinete o derecho de admisión, pero en el caso de ellos la foto no alcanza, a ellos –a todos– les cabe el compromiso de tener el tema en agenda de campaña.

Así fue como, resumido en cinco puntos, las periodistas exigieron a los políticos la implementación del Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres que está contemplado en la Ley 26.485, pidiendo que se cumpla integralmente, con monitoreo y presupuesto.

También solicitaban que haya patrocinio jurídico gratuito para que las víctimas de violencia tuvieran garantizado su acceso a la Justicia y que se unifiquen las causas de los fueros civil y penal, para agilizarlas; que se estableciera un registro estadístico oficial único del Estado; que se garantizara la educación sexual integral en todos los niveles y en todo el país acorde a la ley que rige desde 2006 y que se protegiera a las víctimas que denuncian. La polarización política instalada por la campaña electoral y el descontento que ya se sentía con el gobierno de Cristina Fernández, sumado al amplio espacio que el Grupo Clarín le dio a la convocatoria en todos sus medios gráficos, televisivos y radiofónicos, generó suspicacias entre las organizaciones kirchneristas. Algunos sectores consideraban que la movilización era, veladamente, una manifestación opositora al gobierno. Incluso atinaron a contraponer otra convocatoria en las puertas de los Tribunales, señalando que la Justicia era la institución ante la cual había que plantear los reclamos. La masividad alcanzada y la espontaneidad que desató la viralización de la convocatoria, desbordando a las propias organizadoras y a todas las agrupaciones que participaron de manera organizada, superaron esas primeras apreciaciones del entonces oficialismo y lograron la unidad que se expresó el 3 de junio en todo el país.

Las mujeres de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto aprovecharon la repercusión de la convocatoria para visibilizar también las cifras de mujeres muertas por las consecuencias de los abortos inseguros y clandestinos. “Sin derecho al aborto, no hay ni una menos”, señalaron. Mientras tanto, la adhesión de políticos de la derecha, del secretario de Seguridad de la Nación Sergio Berni, de jerarcas de la Iglesia Católica o personajes mediáticos reconocidos por el uso misógino que hacen del cuerpo de las mujeres y del humor machista en sus productos televisivos, generaron un debate en las redes sociales. ¿Eso prestaba una ayuda a que la convocatoria se hiciera más masiva o la hipocresía de estos personajes la invalidaba? Algunos grupos feministas e incluso personas reconocidas explicaron públicamente por qué no iban a sumarse a la movilización, fundados en esto. Otras agrupaciones, mayoritariamente de la izquierda partidaria, señalamos la hipocresía y el doble discurso de los funcionarios y políticos, de la jerarquía eclesiástica y de la plana mayor de las fuerzas policiales y represivas del Estado, como también de los grandes empresarios mediáticos, tanto del oficialismo como de los partidos del régimen que se encontraban en la oposición. Y buscamos una fórmula para visibilizar que los femicidios no solo tienen responsables individuales, sino que son el último eslabón de una larga cadena de violencias contra las mujeres de la que son responsables las instituciones del régimen político del Estado capitalista.

En esa oportunidad, Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda desplegamos una intensa actividad en todo el país previa a las concentraciones del 3J. Más de 20 mil trabajadoras, trabajadores y estudiantes participaron de charlas debates, radios abiertas, difusión del proyecto de Plan de Emergencia contra la violencia hacia las mujeres del diputado Nicolás del Caño, pero fundamentalmente haciendo su propia campaña de carteles y fotos de adhesión que inundaron las redes sociales y generan generaron inquietudes y reflexiones nunca antes planteadas en esos ámbitos.

2016: La misma violencia, nuevos reclamos

El reciente 3 de junio, nos encontró con una coyuntura política muy diferente. Un nuevo gobierno que, a seis meses de su asunción, atraviesa un primer momento de cuestionamiento y baja de su popularidad por los despidos, la inflación, los “sinceramientos” tarifarios y otras medidas de ajuste que están golpeando el bolsillo del pueblo trabajador. Con ese telón de fondo, el horror de los femicidios no cede: desde el 3 de junio de 2015 hasta mayo de 2016, otras 275 mujeres fueron asesinadas por la violencia machista, razón por la cual 216 niñas y niños perdieron a su madre.

El colectivo de periodistas que había organizado la primera movilización, histórica, de #NiUnaMenos se dividió alrededor del posicionamiento frente al gobierno actual. Algunas entendieron que, con el gobierno de Mauricio Macri, los ataques a los derechos de las mujeres se profundizan: no se cumplen los protocolos de atención de abortos no punibles en los hospitales, se  desmantelan programas de atención en salud sexual y reproductiva o se achica el presupuesto destinado a proteger a las víctimas de violencia, la Justicia condena más fuertemente a una joven pobre acusándola sin pruebas de haberse practicado un aborto, que al responsable político de la masacre de diciembre de 2001. Las otras consideraban que no había que politizar ni partidizar la protesta. Enfrentadas o divididas por lo que popularmente se ha denominado “la grieta”, entre las que son más afines al kirchnerismo y quienes simpatizan con el actual oficialismo u otras variantes no kirchneristas de centro y centroderecha, el colectivo #NiUnaMenos no pasó la primera prueba.

La movilización fue organizada por las periodistas críticas del gobierno actual, junto con la colaboración de decenas de organizaciones de centroizquierda, populistas y de la izquierda, lo que hizo que las columnas organizadas con mayor presencia en la movilización porteña fueran –como lo señaló el diario Página/12– la del Frente para la Victoria y la del Frente de Izquierda, mayoritariamente integrada por centenares de militantes del PTS de Myriam Bregman y Nicolás del Caño y la agrupación de mujeres Pan y Rosas.

Los grandes grupos mediáticos afines al gobierno no promovieron esta convocatoria con el mismo énfasis que lo hicieron el año pasado y que consiguió que en aquella oportunidad hubiera una concurrencia mayor. Sin embargo, ante la inevitabilidad de que la movilización sería un hecho, comenzaron a mencionarla pocas horas antes del inicio. Lo mismo hizo el gobierno nacional que lanzó un spot televisivo sobre violencia de género, realizado por el ministerio de Desarrollo Social que preside Carolina Stanley.

Este marco arrojó como resultado una movilización con características también diferentes a la del año pasado. A diferencia de aquella oportunidad, esta vez tuvieron más protagonismo las agrupaciones estudiantiles, feministas, sindicales, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, los centros de estudiantes, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales y los partidos políticos. Si bien miles de personas marcharon espontánea e independientemente, el peso que tuvieron las organizaciones en preparar la convocatoria, difundirla y garantizar su masividad fue mayor al del año pasado. Y esto también se expresó en el programa que levantaba la movilización. A diferencia del año pasado, esta vez se sumó la exigencia de libertad para Belén, la joven tucumana condenada a 8 años de prisión acusada de practicarse un aborto, que nunca se probó. También sonó fuerte el reclamo de legalización del aborto, causa de la muerte de casi 300 mujeres cada año, víctimas de las consecuencias de los abortos inseguros y clandestinos. La herida abierta de la violencia contra las mujeres, que no puede cicatrizar ante la falta de políticas para paliar siquiera mínimamente sus consecuencias, se transformó en un canal de expresión del descontento con el gobierno y las medidas de ajuste, tarifazos y despidos que afectan a las familias trabajadoras.

Fue destacada la participación mayoritariamente juvenil. Estudiantes de escuelas secundarias, institutos y universidades de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, marcharon con sus carteles confeccionados los días previos, improvisados en el momento, con leyendas pintadas en su ropa o en sus rostros.

En muchas instituciones educativas se dictó asueto para que estudiantes y docentes pudieran concurrir a la movilización, después de varios días en los que se organizaron debates, charlas, proyecciones para reflexionar sobre la violencia machista.

Amplio consenso y perspectivas

Las respuestas por parte de los tres poderes del Estado siguen ausentes. Ni siquiera algunas cuestiones mínimas fueron resueltas, como la constitución de un registro estadístico único y oficial de femicidios. Sin embargo, #NiUnaMenos consiguió instalar en el sentido común de la sociedad, que los derechos de las mujeres son derechos humanos; que la violencia contra las mujeres es una violación de esos derechos y que eso es un asunto que amerita la implementación de políticas sociales. Para instalar ese amplio consenso, colaboró incluso el apoyo inicial hasta de aquellos que, cínicamente, son responsables de las políticas públicas o de la reproducción de la misoginia en los grandes medios de comunicación de masas. Como señala Inés Pousadela,

… tal como es planteada, en efecto, la disyuntiva coloca a todos los actores en un solo bando, dejando desierto el lado opuesto del campo político. Pues ¿quién podría (declarar públicamente) estar de acuerdo con los asesinatos de mujeres?3

Aunque claro está, como bien señala también la autora, este consenso es superficial ya que, aunque se comparte el rechazo de la violencia de género, no sucede lo mismo con la lectura sobre cuáles son las causas que la originan, las políticas que habría que implementar para combatirla, etc.

De todos modos #NiUnaMenos no solo ha instalado el tema de la violencia contra las mujeres a un nivel de masas nunca visto, ha generado este consenso lábil pero extendido que repudia la violación de nuestros derechos humanos elementales, sino que demuestra además –especialmente para la izquierda– que es necesario más que nunca hacer realidad lo que decimos en nuestra consigna “Si tocan a una, nos organizamos miles”: organizar una fuerza militante de centenares de miles de mujeres dispuestas a darle combate al machismo y a los gobiernos, la justicia y las instituciones que lo perpetúan, lo legitiman y lo reproducen. Porque el radical cambio social que exige la eliminación de todas las formas de opresión de género, no provendrá –ni aún en el mejor de los casos en que se atendieran las demandas mínimas que exige el movimiento actual– de algunas medidas paliativas de los gobiernos, reformas legislativas discutidas en los parlamentos o el aumento del poder punitivo del Estado para aquellos que violaran tales derechos. Apostar al desarrollo crítico de este masivo movimiento de repudio a la violencia de género y al mismo tiempo, al surgimiento de sectores del mismo con una orientación anticapitalista, que confíe solo en sus propias fuerzas en la lucha por una sociedad liberada de todas las formas de explotación y opresión, es nuestro desafío.

  1. Desaparecida el 16 de marzo de 2005.
  2. Su cuerpo fue encontrado el 14 de marzo de 2015.
  3. Inés Pousadela, “#NiUnaMenos: La violencia contra las mujeres en la agenda progresista latinoamericana”, 10/11/2015 disponible en www.sinpermiso.info.

***

SANGRE NUESTRA

Por Susana Chávez Castillo

Sangre mía,

de alba,

de luna partida,

del silencio.

de roca muerta,

de mujer en cama,

saltando al vacío,

Abierta a la locura.

Sangre clara y definida,

fértil y semilla,

sangre incomprensible gira,

sangre liberación de sí misma,

sangre río de mis cantos,

mar de mis abismos.

Sangre instante donde nazco adolorida,

nutrida de mi última presencia.

Niunamenos

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