El clasismo y el mundo del trabajo

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A PROPÓSITO DE LA REEDICIÓN DE EL CORDOBAZO… DE JAMES BRENNAN

 

EDUARDO CASTILLA

Número 29, mayo 2016.

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La imagen de tapa impacta: dos perros intentan morderse furiosamente. Se trata de dibujos. Por eso es posible ver en el interior de cada animal a seres humanos. Dentro de un perro, policías con escudos y armas; dentro del otro, obreros arrojándoles piedras.

Las bestias están sueltas, de Lidia Kalibatas, ilustra la nueva edición de El Cordobazo: Las guerras obreras en Córdoba1, clásico libro del investigador estadounidense James Brennan, que volvió a editarse a casi 20 años de su primera aparición en castellano.

El Cordobazo… se centra en el análisis de la dinámica de los acontecimientos políticos y sociales que recorrieron Córdoba desde mayo de 1969 hasta el golpe militar de 1976. Un libro que, por su abundante información, puede ser abordado desde diversos ángulos. Aquí señalaremos solo algunos, pero que resultan fundamentales a nuestro entender.

 

Córdoba: cuna de luchas obreras

Empecemos por el final. Brennan cierra su libro con una definición tajante:

El programa económico y las políticas laborales castrenses lograron hacer lo que los peronistas, las empresas automotrices y los anteriores gobiernos militares no había podido hacer, es decir domar a Córdoba (p. 402).

La afirmación, sin embargo, es incorrecta. Lo que pudo “domar” a la clase trabajadora cordobesa –para ser precisos– fue el genocidio de clase iniciado en marzo de 1976, mediante el uso de centros clandestinos de detención, secuestros y desapariciones a escala masiva. Las políticas de “desindustrialización” solo vendrían después.

La definición permite acusar una cuestión esencial para abordar una lectura del libro. El autor pone en el centro del análisis la fábrica y los procesos productivos correspondientes, el mundo del trabajo en un sentido restringido2.

Brennan presentará un panorama extenso y detallado del trasfondo económico y social de la provincia. Una rápida industrialización, el desarrollo de un joven proletariado vinculado a las zonas agrarias, normas laborales regidas por la disciplina militar, un enorme peso de las multinacionales imperialistas y la relación con el movimiento estudiantil –heredero de la tradición reformista de 1918–, son algunos de los elementos que aportan a catalogar las peculiaridades cordobesas.

El libro abordará además el desarrollo de las relaciones internas entre las distintas alas sindicales provinciales, tanto antes como después de Mayo del ‘69.

Parte sustancial del trabajo está dedicado al relato de los acontecimientos que se esplegarán hasta el momento mismo del golpe del ‘76. El autor no cejará en los detalles, la crónica de los hechos, las posiciones y la actuación de dirigentes y corrientes políticas. En particular, centrará su estudio en las distintas expresiones del clasismo cordobés.

El Cordobazo…resulta atractivo entonces como texto en función de indagar en el período más revolucionario de nuestra historia. Pero encuentra sus límites a la hora de explicarlo en su dinámica general.

 

Determinaciones

Brennan explicará el clasismo esencialmente por las determinaciones directas del proceso de trabajo en las plantas automotrices, en el marco del peso social de las mismas. Señalará que

los trabajadores mecánicos tenían una abundante experiencia compartida a partir de su vida laboral, experiencia que arrastró a algunos hacia el clasismo, una ideología que habría tenido menos peso si Córdoba hubiera experimentado un desarrollo industrial más diversificado y si la clase obrera hubiera estado menos concentrada en las industrias mecánicas (p. 75).

En el mismo sentido, más adelante agrega

En las plantas automotrices se modelaron un nuevo conjunto de relaciones y una nueva visión del mundo. El boom industrial de Córdoba introdujo a una mano de obra joven, en gran medida inexperta y no calificada, en un ambiente laboral particular (…) La vida en la fábrica se convirtió en el principal vínculo social de los trabajadores, llegando a eclipsar la importancia de las instituciones obreras como la familia o la barriada (…) los trabajadores mecánicos cordobeses adquirieron una visión de la sociedad y de su propio lugar en ella, un complejo conjunto de actitudes formados por la experiencia del trabajo y al que daban significado la cultura política del país y la interpretación política e ideológica hecha por el sindicato del status de los trabajadores como productores en un país agudamente dividido según líneas de clase (pp. 109-110).

La extensa cita pone de manifiesto una concepción donde las dimensiones política y social pierden jerarquía en el análisis o funcionan como un trasfondo general de la construcción de la experiencia obrera.

Sin embargo, a lo largo del libro se hará evidente que el autor está obligado a recurrir a la dinámica política “externa” a la fábrica para dar cuenta del desarrollo de los  acontecimientos, poniendo en evidencia los límites de su concepción.

 

Clasismo y radicalización obrera

Acorde a la lógica que ubica en el centro de la experiencia obrera al mundo del trabajo, Brennan buscará permanentemente poner límites al proceso de radicalización política de la clase trabajadora, oponiendo una conciencia revolucionaria o socialista a una conciencia esencialmente sindicalista.

En el caso del clasismo, buscará objetivarlo como un fenómeno sostenido en la  representación sindical honesta que ejercían los dirigentes en relación a las bases. Afirmará, por ejemplo, que

Más que como un movimiento de los trabajadores revolucionarios, el clasismo de estos primeros meses debe ser entendido como un movimiento de bases firmemente enraizado en los problemas de trabajo (p.208).

En el mismo sentido dirá que

Si bien muchos de ellos buscarían ulteriormente explicaciones políticas para comprender las intensas luchas en las que estaban envueltos, ninguno se había sentido atraído a la rebelión (…) por lo que razonablemente podrían llamarse razones políticas (p.201).

Sobre el SMATA de Salamanca señalará que la Lista Marrón se presentó como  “neoclasista”, en una suerte de continuidad con cambios en relación a sus predecesores en Fiat. En ese marco, afirmará que

entre los errores advertidos se contaba la miopía política, expresada en la forma de tácticas maximalistas que habían aislado a SITRAC-SITRAM (…) otro error había sido la precipitación del trabajo político (…) antes de que se hubieran consolidado los logros gremiales en el lugar de trabajo (p. 263).

Es ampliamente conocido que el clasismo en Fiat significó un desafío al mando patronal al interior de las plantas. El SMATA de Salamanca repetiría esa experiencia.

Ese  cuestionamiento al control del capital en la fábrica constituía, más allá de la conciencia de los propios trabajadores, un hecho revolucionario. Ponía en discusión la potestad capitalista de decidir los ritmos y los métodos de trabajo, es decir cuestionaba el control del proceso de producción de plusvalía3.

Esa creciente rebeldía obrera empujaba además el desarrollo de corrientes antiburocráticas en otros sectores del movimiento obrero. Fue esto lo que motivó la decisión burguesa de  barrer con esas experiencias. De allí que el autor se vea obligado a señalar que

La rebelión de los trabajadores de Fiat no fracasó a causa de una justificada posición en política (…) sino porque desafió seriamente a una de las empresas extranjeras más poderosas e influyentes del país, y porque los sindicatos surgieron como la más grave amenaza obrera al Estado en el plano nacional. Esta amenaza se hizo tanto más real (…) tras el Viborazo(p. 231).

Lo mismo ocurrirá con el SMATA bajo conducción de Salamanca. Una huelga iniciada en junio de 1974 será la excusa para la intervención de la seccional cordobesa en el mes de agosto. Relata el autor que

el 8 (…) el SMATA central expulsó del sindicato a Salamanca y al resto de los 22 miembros del comité ejecutivo cordobés y decretó la suspensión de la seccional (…) Siguiendo órdenes gubernamentales, el Banco Central congeló los fondos sindicales en todo el país, en tanto Simó y el Ministerio de Trabajo de Córdoba ignoraron las peticiones para que se impugnaran las medidas del SMATA central (p. 315).

Para derrotar estos procesos fue necesaria la intervención conjunta del gobierno, la burocracia sindical y la patronal, apelando a métodos abiertamente represivos. En el caso de SMATA, eso ocurrió a pesar de los intentos de moderación política por parte de la conducción de Salamanca y el PCR.

Los ataques brutales sobre los sectores más combativos de la clase trabajadora se repetirán en relación a otras organizaciones obreras, como Luz y Fuerza o la UTA4, por citar solo dos ejemplos.

La creciente radicalización de amplias capas obreras –en la provincia y en el país– superaba el mero horizonte de la “representación sindical honesta”. Se tornaba cada vez más evidente que los sectores combativos del movimiento obrero cordobés desafiaban políticamente al gobierno peronista y su plan de orden al servicio del empresariado. Solo en ese marco es posible entender el Navarrazo, golpe militar que derrocó al gobierno de Obregón Cano y Atilio López para facilitar la represión generalizada en la provincia5.

 

El peronismo y la conciencia obrera

Brennan, al atenuar las contradicciones y tensiones sociales en aras de hacer primar las determinaciones del proceso productivo, ve en las derrotas del clasismo un error de apreciación de fuerzas de los propios dirigentes, que subestimaron el peso de la conciencia peronista en las bases obreras.

Sin explicitarlo abiertamente, a la radicalización de los clasistas contrapondrá un supuesto carácter realista de la política sostenida por Agustín Tosco, de privilegiar una alianza duradera con el legalismo de Atilio López y la izquierda peronista.

Así, en el caso de Fiat, el autor censurará a los clasistas por sus críticas hacia el dirigente de la UTA6, mientras que en relación al SMATA de Salamanca criticará el llamado a votar en blanco en las elecciones presidenciales, proponiendo en su lugar una posición similar a la de Tosco7.

Brennan sostendrá una visión donde la conciencia peronista de la clase trabajadora aparece como inmutable. Como resulta lógico, el mundo del trabajo, por sí mismo, no podía alterar esa situación8.

Pero el carácter revolucionario del período abierto a partir del Cordobazo9 ponía en cuestión esa identidad. A partir del retorno del peronismo al poder, en marzo de 1973, se verá un creciente choque de éste con la clase trabajadora movilizada. Choque que alcanzará su punto más alto en las jornadas de junio y julio de 1975, proceso al que el autor le dedica escasas páginas. En ese marco, toda política que no se propusiera la superación de la conciencia peronista entre los trabajadores se tornaba utópica e impotente. La política de alianza entre Tosco y Atilio López10 se evidenciaba estéril ante el avance de la derecha peronista y el accionar contrarrevolucionario del orden burgués.

 

Debates

En su crítica de 1998, Nicolás Iñigo Carrera señalaba correctamente la casi nula  conceptualización que recorre El Cordobazo…. Brennan, en su respuesta ratificó lo central de sus ideas, aunque introdujo aclaraciones que matizan las afirmaciones más categóricas del libro.

Sin compartir completamente las críticas de Iñigo Carrera, nos parece correcta aquella que indica lo limitado de las hipótesis explicativas desarrolladas por Brennan.

Los capítulos dedicados al mundo del trabajo, detallando milimétricamente el funcionamiento de los mecanismos de producción en el interior de las plantas, están lejos de permitir explicar la dinámica de las luchas que se dieron en el período.

El mismo Brennan afirmará, recién en las páginas finales de su libro, que

la mera correlación entre las difíciles condiciones de trabajo y la militancia obrera tiene limitaciones evidentes como herramienta analítica y contribuye en poco a explicar las razones de la militancia de los trabajadores mecánicos en general y de los sindicatos cordobeses en particular. Las arduas condiciones laborales de la industria solo son relevantes cuando se las pone en su contexto social y de base fabril (p. 348).

La definición es contundente. Lo irónico es que la realice el propio autor del libro.

Solo un abordaje que ponga en el centro del análisis la dinámica revolucionaria del  conjunto del período –en Córdoba y en todo el país– puede permitir una comprensión más cabal de la peligrosidad que procesos como el clasismo, significaron para la clase capitalista en su conjunto. Ahí deben buscarse las razones de la brutalidad desplegada a partir de marzo de 1976.

Un análisis así permite además, arribar a conclusiones políticas y estratégicas de las vías alternativas que podrían haber permitido, en aquellos años, el triunfo de la clase trabajadora sobre el poder de la clase capitalista.

 

  1. El Cordobazo: Las guerras obreras en Córdoba 1955-1976, Ciudad de Buenos Aires, Waldhuter Editores, 2015. Las referencias a las páginas de esta edición se harán entre paréntesis.
  2. “El argumento, resumiéndolo a lo básico, es que un cierto proceso de industrialización y las resultantes prácticas sindicales se combinaron para formar tradiciones sindicales que condujeron a una lucha por el control del lugar de trabajo (…) es un estudio del trabajo como un mundo en sí mismo”. “Respuesta a Nicolás Iñigo Carrera”, Anuario IEHS 13, 1998. La respuesta de Iñigo Carrera, “La historia ¿Ciencia o Literatura? A propósito de la respuesta de James Brennan”, se encuentra en el mismo número.
  3. Para un análisis profundo del clasismo en sus potencialidades y límites ver La experiencia del clasismo cordobés, Walter Moretti y Mónica Torraz. Anexo en Insurgencia obrera en la Argentina, Ediciones IPS-CEIP, Tercera edición en imprenta.
  4. Atilio López, ex vicegobernador de la provincia y principal referente de los choferes de ómnibus, será brutalmente asesinado por la Triple A en setiembre de 1974.
  5. Sobre el Navarrazo se puede consultar “El PST en la mira de las Tres A. Un debate con la política del ‘Frente democrático’” en IdZ 24. Octubre 2015.
  6. “SITRAC y SITRAM no tenían una comprensión completamente justa de las realidades de la política laboral local (…) la posición de Atilio López y los legalistas en la CGT local seguía siendo vulnerable” (224)
  7. “…los clasistas podrían haber adoptado una posición más fructífera, similar a la de Tosco, apoyando la aceptable fórmula del FREJULI cordobés y manteniendo al mismo tiempo una distancia crítica con respecto a Cámpora” (261).
  8. Un desarrollo más profundo sobre la conciencia de la clase obrera argentina puede verse en “Apuntes sobre la ‘doble conciencia’”, IdZ 5, noviembre 2013.
  9. Para un desarrollo profundo del conjunto del período verInsurgencia Obrera en la Argentina 1969-1976, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2009.
  10. Sobre esta discusión hemos escrito –polemizando con Iñigo Carrera y otros autores– en “Tosco y el peronismo en los ‘70”, IdZ 15, noviembre 2014.
Cordobazo

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