Cuidado: ajuste nacional & popular

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CHRISTIAN CASTILLO

Número 7, marzo 2014.

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“Necesitamos diputados de izquierda en el Congreso para enfrentar el ajuste que preparan”, decía un trabajador en uno de los spots de campaña del Frente de Izquierda y de los Trabajadores para las elecciones legislativas de octubre pasado. El oficialismo, por su parte, negaba por boca de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que fuese a devaluar: “Los que quieren ganar plata a costa de la devaluación y del pueblo, van a tener que esperar a otro gobierno”, afirmaba en mayo de 2013. Sin embargo, el spot decía la verdad.

El año comenzó con una fuerte devaluación y un conjunto de medidas que configuran un giro hacia un “ajuste ortodoxo”, como el que reclamaban los economistas liberales, y que los “heterodoxos” al mando de Axel Kicillof juraban que nunca iban a hacer, profundizando la dinámica anunciada por el acuerdo con Repsol y los intentos de llegar a un arreglo de pago al Club de París para lograr nueva deuda. La devaluación vino acompañada por la suba de las tasas de interés a niveles cercanos al 30% y por la decisión de “anclar” salarios y jubilaciones, limitando los aumentos a cifras muy por detrás de la inflación. El ejemplo lo puso la propia presidenta, anunciando en persona que esta vez el primer aumento anual a los jubilados y pensionados sería solamente de un 11,31%, frente a un 15,18% en 2013 y un 17,62% en 2012. Mientras los precios de los combustibles no cesan de aumentar, y en el transporte público se han producido aumentos de magnitud, se espera próximamente un crecimiento de las tarifas de luz, agua, gas y telefonía. Las medidas tomadas, que favorecen al conjunto de la clase capitalista pero en especial a los exportadores, le permitieron frenar coyunturalmente la corrida cambiaria.

La expectativa es que con el dólar a $8 los patrones agrarios y las cerealeras van a liquidar varios miles de millones de dólares entre febrero (remanente de la cosecha anterior), el grueso en marzo-abril, hasta septiembre-octubre (de la nueva cosecha) de forma tal de frenar la caída de las reservas. Después de esa fecha, ya se anuncia la presión por una nueva devaluación que lleve el dólar oficial al menos a $10.

Por el momento los sectores clave de la burguesía –la patronal automotriz, agraria y los bancos– parecen dispuestos a beneficiarse de la nueva situación y dejar que sea el gobierno el que timonee el ajuste, ya que no existe ninguna alternativa clara de recambio inmediato. Sin embargo, y sobre todo en condiciones de continuidad de la crisis internacional y del cambio de tendencia en los llamados por la prensa “países emergentes” (como Brasil, con su economía estancada), esto no es ninguna garantía de que la crisis no se reabra y el poder que aún retiene el gobierno sufra una rápida licuación. En cualquier caso, aunque el gobierno logre mantenerse a flote hasta 2015 –algo que hoy prefieren los núcleos centrales de la burguesía y también los políticos de la oposición patronal pero que puede dejar de ser así si muestra no poder controlar la situación–, a lo sumo habrá pateado la crisis hacia delante, postergando choques decisivos entre las clases.

 

Los fines de ciclo en la historia reciente

Si miramos un poco la historia reciente de nuestro país, vamos a ver cómo cada período de relanzamiento de las ganancias capitalistas estuvo precedido por una fuerte derrota del movimiento obrero. El agotamiento de las condiciones que posibilitaron el primer peronismo fueron “resueltas” mediante el golpe gorila y contrarrevolucionario de septiembre de 1955, que implicó un salto en la semicolonización del país por parte del imperialismo norteamericano y un ataque a las conquistas obreras.

Sobre esta base se montó lo que los historiadores económicos llaman la segunda etapa de la “sustitución de importaciones”, caracterizada por una fuerte penetración del capital imperialista. Este ciclo, sin embargo, se identificó también por una fuerte inestabilidad en la dominación burguesa, producto de la intensa lucha de clases del período conocido como la “resistencia”. El Cordobazo y el Rosariazo expresan la crisis de esta etapa y abren una nueva, signada por un agudo enfrentamiento de clases, que solo va a ser cerrada por el golpe genocida de marzo de 1976. Aun el “Rodrigazo”, a pesar de lo brutal de aquel ajuste, no configuraba una salida “estratégica” para la burguesía, sino un intento de ganar tiempo antes de una salida más de fondo como la que implicó el plan Martínez de Hoz. Este mismo plan, que junto al genocidio de lo mejor de la vanguardia obrera dejó como saldo un avance en la desindustrialización del país y un salto en el endeudamiento externo de 7 mil a 42 mil millones de dólares, no pudo ir tan a fondo como por ejemplo lo hizo Pinochet en Chile, ni en el desmembramiento de la clase obrera ni en dar un nuevo salto en la penetración del capital imperialista. Si el alfonsinismo fue económicamente una sucesión de intentos fallidos de superar la “crisis de la deuda”, heredada de la dictadura pero agravada por el radicalismo, el menemismo avanzó claramente por el camino inconcluso que había abierto la dictadura genocida. El peronismo bajo Menem dejó de lado su discurso populista y nacionalista para postularse para comandar la ofensiva neoliberal, basándose en el látigo disciplinador de la hiperinflación primero y la hiperdesocupación después. El régimen de la convertibilidad, la precarización y las privatizaciones fue continuado por la Alianza, hasta volar por los aires con el  estallido abierto de la crisis en diciembre de 2001. Sobre el default de Rodríguez Saá y la devaluación antiobrera de 2002 de Duhalde, y gracias al cambio de las condiciones internacionales con una suba muy importante de los productos exportados por el país, se produjo el crecimiento del período kirchnerista.

En sus momentos de auge los economistas oficialistas autodenominados “heterodoxos” escribían papers y papers sobre la supuesta superación de lo que los economistas estructuralistas llaman “restricción externa” (ver en este mismo número “Argentina devaluada”, Esteban Mercatante). Pero esto fue solo una ilusión y ha quedado claro que en esta “década ganada” no se revirtieron la dependencia y el atraso de la economía nacional. Los fondos de la ANSES y las reservas en dólares del Banco Central, sirvieron en parte para alargar la ilusión de que el “modelo” podía seguir adelante. Las medidas en curso a lo sumo son una forma de ganar tiempo tanto para el gobierno como para la burguesía que, en plena crisis internacional, no atina más que a proyectar más parches al esquema hoy en crisis, cuyo denominador común es que descargan la crisis sobre la clase obrera.

 

El gobierno y el régimen

En diciembre decíamos que más temprano que tarde aflorarían las contradicciones del intento de un gobierno “bicéfalo” entre Cristina y un jefe de gabinete expresión de la Liga de Gobernadores como Capitanich. Este último vio una rápida caída de su imagen política inicial al calor de la acentuación de la crisis y de las marchas y contramarchas de la gestión. En poco tiempo, Capitanich debió rectificar varias decisiones, entre otras la operación de dejar Fútbol Para Todos al mando de Marcelo Tinelli. Si el gobierno logra sostener la gobernabilidad, el kirchnerismo a lo sumo aspira a entregar la banda presidencial en 2015 a un candidato justicialista. La reunión del peronismo bonaerense en Santa Teresita, donde concurrieron todas las alas del Frente para la Victoria luego de la deserción hacia las filas del Frente Renovador de Sergio Massa, del intendente de Merlo Raúl Othacehé y dos senadores provinciales, mostró que el juego –insistimos, si la crisis no se descontrola– consiste en alentar varias precandidaturas para mantener a todos “adentro” en pos de un supuesto acuerdo de encolumnarse detrás del vencedor de una posible interna en agosto de 2015. Scioli, Urribarri, Capitanich, Randazzo, Urtubey, Julián Domínguez y algún otro, son los nombres en danza. Los “unidos y organizados” terminarían como un avatar del peronismo, la perspectiva sombría que planteó Horacio Verbitsky en un editorial reciente en Página 121.

La oposición, por su parte, presenta hasta el momento proyectos endebles para hacerse cargo del poder. Massa tiene su fuerza concentrada en la Provincia de Buenos Aires, donde su eje es continuar recolectando intendentes o legisladores del FPV, mostrando que con tal de que pasen a sus filas no importa su imagen de “impresentables”, como ocurrió con Othacehé. Trata igualmente de mostrar alguna conquista proveniente del radicalismo, como el intendente de la capital neuquina “Pechi” Quiroga, y un tándem de economistas provenientes mayoritariamente del duhaldismo, que se jactan de haber comandado la crisis de 2002. Aspira a recoger parte de peronistas y radicales que, descontentos con el kirchnerismo, prefieren seguir a Massa que al PRO de Macri.

El radicalismo, por su parte, aspira a repetir nacionalmente la experiencia del UNEN en la Ciudad de Buenos Aires, impulsando una interna entre uno o dos candidatos radicales, Binner del PS, Carrió y Pino Solanas, y algunos plantean que hasta con Macri. Este verdadero rejunte no tiene solamente el problema de sostener posiciones antagónicas ante hechos políticos centrales (como por ejemplo la crisis venezolana) sino que es muy débil en la provincia de Buenos Aires, donde en la última elección apenas superó el 10% con la candidatura de Margarita Stolbizer y por el momento no se ve qué candidato podría lograr una elección superior. Y, además, tiene peso nulo en el movimiento obrero, sin ningún sector de la burocracia sindical como aliada actual o potencial. De ahí que

por el momento las patronales se inclinen por un recambio de origen peronista, ya sea Scioli al interior del oficialismo o Massa. Macri, por su parte, quedó muy debilitado en cuanto a un proyecto presidencial por la irrupción política de este último.

La debilidad relativa que hoy presentan las distintas variantes opositoras tradicionales diferencia la situación actual de la que había ante la caída del alfonsinismo, que tenía en el peronismo de Menem o Cafiero un claro recambio potencial, o la del menemismo, con la continuidad del peronismo bajo Duhalde o el reemplazo por la Alianza como posibles reemplazos. De esa debilidad intenta aprovecharse el gobierno para presentarse ante la burguesía como la mejor opción para llegar a 2015, mientras se gana tiempo para conformar las variantes de reemplazo. Otro elemento peculiar de este fin de ciclo, es la división inédita de la burocracia sindical, partida en cinco centrales.

 

El movimiento obrero y el Frente de Izquierda

El ajuste en curso plantea una primera disputa en las paritarias, empezando por la de los gremios docentes, cuya confederación nacional, la CTERA, está alineada con el gobierno. Los distintos sectores de la burocracia sindical mostraron en estas semanas su disposición a ser condescendientes con el objetivo gubernamental y patronal, compartido por la oposición, de que la crisis se descargue sobre los trabajadores. Está por verse, e intentaremos que así sea, si los trabajadores en general y por gremio, pueden desbordar el control de la burocracia y romper esta política de hacer retroceder los salarios con acuerdos por debajo de la inflación. A su vez, en distintas empresas se produjeron despidos, en general dirigidos contra el activismo antiburocrático. Así lo vimos en Kromberg & Schubert, la empresa autopartistas alemana que tiene su planta en el Parque Industrial de Pilar, donde despidió con el falso argumento de la baja de la producción a parte importante del activismo que venía desafiando a la burocracia del sindicato del plástico.

Una muy importante lucha contra los despidos, que entre otros hitos incluyó el bloqueo total por 7 horas del Parque donde funcionan unas 200 empresas. Algo similar ocurrió con la metalúrgica Liliana en Rosario, también en medio de una fuerte lucha contra los despidos antisindicales. Y lo mismo vimos en Editorial Perfil, en Ecotrans y en la nueva ofensiva judicial contra Franco Villalba, nuestro compañero del PTS integrante de la Comisión Interna de Alicorp (ex Jabón Federal). Para enfrentar las luchas por el salario y los despidos y dar la pelea por el desprocesamiento de los luchadores, y en particular por la absolución de los petroleros de Las Heras, urge un reagrupamiento común de los sectores clasistas y combativos, para constituir un polo que pueda pesar en las luchas y postularse como alternativa a la burocracia sindical. Un encuentro con estos sectores sería un paso adelante tanto para fortalecer las peleas como para alentar la conquista de sindicatos por la izquierda y los sectores combativos, perspectiva abierta en la actual etapa.

Más allá de las coyunturas, el “fin de ciclo” hace que el planteo de la huelga general sea el norte estratégico de este período, que más allá de las transiciones posibles solo culminará con fuertes enfrentamientos entre las clases. Desde que asumimos en diciembre, la actividad de los diputados nacionales y provinciales del Frente de Izquierda ha sido intensa. Junto a Nicolás Del Caño y otros legisladores del FIT, día tras día nos hacemos presentes en las luchas: municipales de Lavalle en Mendoza, despedidos de Kromberg, la lucha de Liliana, con docentes y estatales de la provincia de Buenos Aires, con los trabajadores de Astilleros Río Santiago, apoyando la lucha de Perfil y de Ecotrans (donde al cierre de esta edición fueron reincorporados), en la lucha por la absolución de los petroleros de Las Heras. Estamos cumpliendo de esta forma uno de los planteos centrales de la campaña electoral, en el que decíamos que los diputados de izquierda estaríamos al servicio de fortalecer la lucha obrera. En mi caso esta actividad se ha realizado luego de un mes de intensa gira por distintos países de Europa durante el receso legislativo de enero, a los que fui invitado por diferentes organizaciones de la izquierda anticapitalista2.

El FIT ha sido la única fuerza política que se expresó contundentemente contra el ajuste gubernamental y levanta un programa para que la crisis la paguen los capitalistas (ver Declaración del FIT: “Abajo la devaluación y el ajustazo”3, del 28-01-14). Nicolás Del Caño logró también una importante repercusión pública con su denuncia del aumento de 40 a 50 mil pesos de los ingresos de los diputados nacionales, popularizando que los legisladores del FIT solo vamos a cobrar el equivalente a la canasta familiar y, en el caso de los miembros del PTS, el resto de la dieta va para aportes al sostenimiento de las luchas obreras y populares, como ya lo estamos haciendo con el apoyo a distintos fondos de huelga. Aún sin comenzar las sesiones legislativas, estamos utilizando ampliamente el reconocimiento que nos da estar en el parlamento nacional y las legislaturas locales, como medios de agitación de las demandas obreras y populares, expresados en distintos proyectos de ley, declaraciones y resoluciones, como el de una ley de emergencia para aumentar el salario mínimo al nivel de la canasta familiar, prohibir despidos y suspensiones por 24 meses y dar el 82% móvil a los jubilados. O el que plantea que todos los funcionarios políticos cobren igual que un docente, favoreciendo de este modo la disputa en las paritarias. O planteando, en la provincia de Buenos Aires, la derogación del decreto interministerial que obliga al descuento de días de huelga en el sector público. Y el impulso a los proyectos en cada nivel jurisdiccional por el desprocesamiento a los luchadores.

Esta amplia actividad se ha realizado en medio de debates dentro del propio FIT, donde tuvimos diferentes posiciones frente a los motines policiales de diciembre, que han sido públicos como es nuestra costumbre y es lógico por tratarse de un frente y no de un partido común. En nuestro caso, bregamos por la intervención activa del FIT en los distintos terrenos, mientras señalamos con claridad que el objetivo para derrotar a los capitalistas y sus representantes políticos tiene que ser la construcción de un gran partido revolucionario de la clase trabajadora. Con ese norte y estos desafíos encaramos el nuevo año de Ideas de Izquierda.

 

1. Horacio Verbitsky, “Curva cerrada”, Página 12, 9-02-14.

2. “Cualquier chispa puede hacer arder la pradera”, disponible en www.pts.org.ar.

3. Disponible en www.pts.org.ar.

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