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Red Internacional

Sin aportes jubilatorios, ni a la obra social, sin vacaciones pagas, expuestos a riesgos del trabajo, sin estabilidad laboral, con contratos a término, como monotributistas o con bajos ingresos inferiores al salario mínimo. La precariedad laboral extrema impera en les jóvenes en los principales centros urbanos de Argentina.

Jueves 5 de agosto | 21:21
Imagen: Mar Ned*Enfoque Rojo

En este dossier de La izquierda Diario sobre juventud, desempleo y precarización laboral, tomando como base de análisis los datos de Indec que corresponden al 4to trimestre de 2020 de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH); se realiza una estimación propia sobre el concepto de precariedad extrema, para dar cuenta de la calidad de la inserción laboral de esos jóvenes, es decir, sobre el tipo de contratación y beneficios laborales que trae aparejado ese trabajo.

Mientras la desocupación en el 2020 aumentó, para los varones jóvenes subió al 19 % y para las mujeres jóvenes tuvieron un marcado aumento pasando de 23 % en 2019 a 26 % en 2020. Para aquellos que mantiene una fuente laboral, en las principales ciudades del país arrasa la precariedad extrema superando el 70 % de los jóvenes que trabajan, la cifra asciende por arriba del 74 % en las mujeres jóvenes trabajadoras. En los Partidos del Gran Buenos Aires el 79 % de las jóvenes padecen precariedad extrema.

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En el siguiente gráfico se presenta la tasa de precariedad extrema, indicador elaborado en forma exclusiva por La Izquierda Diario, que surge de procesamientos propios de la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares.

No existe un consenso sobre a qué llamar "precariedad". El criterio usado para identificar a una situación como de "extrema precariedad" utilizado en este artículo considera toda aquella situación laboral que, o bien no cumpla con los derechos laborales mínimos, o bien presente ingresos muy bajos, ni siquiera alcanzando el salario mínimo, vital y móvil tanto para asalariados como para cuentapropistas. Se trata entonces de un piso de precarización.

En el caso de los asalariados se agrupó a aquellos que cuenten con al menos una de las siguientes condiciones: que no tenga descuento jubilatorio, o que no tenga derechos laborales en relación de dependencia como aguinaldo, vacaciones pagas, días pagos por enfermedad, obra social o estabilidad en el puesto de trabajo, o cuyo salario sea menor al Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM).

Los no asalariados incluyen a los cuentapropistas con salarios insuficientes (menores al salario mínimo, vital y móvil estipulado en 18.900 pesos a octubre 2020) y trabajadores familiares sin remuneración.

En la estimación se excluyó a los ocupados que se encuentran bajo la categoría ocupacional de patrones. Cabe mencionar que el límite de ingresos mínimos en el salario mínimo vital y móvil, resulta muy por debajo de lo que necesita un trabajador para cubrir una canasta total.

La Junta Interna de Ate Indec estimó que en diciembre la Canasta de Consumos Mínimos para un hogar compuesto por dos mayores y dos menores para satisfacer sus necesidades alcanzó los $ 82.086. Mientras que la línea de pobreza era en ese mes de casi $ 54.207. A valores del mes de julio de 2021 la canasta de consumos mínimos llega a $ 100.000.

Concordando con informes anteriores se observa que más del 70 % de los jóvenes de las principales ciudades del país trabajan en condiciones de elevada precarización. Esto es: sin aportes jubilatorios, obra social, vacaciones pagas, expuestos a riesgos del trabajo, sin estabilidad laboral, con contratos a término, como monotributistas o con bajos ingresos inferiores al salario mínimo.

Como puede verse en el Gráfico 4 las mujeres jóvenes siguen llevándose la peor parte, en la inmensa mayoría de las ciudades son las principales afectadas por la precarización extrema, con situaciones sumamente críticas en las provincias del norte del país, donde destacan Posadas, Jujuy-Palpalá, Santiago del Estero, Corrientes y Salta superando el 90 % de precariedad extrema. Con un nivel inferior, pero superando el 80 % destacan Gran Mendoza, Gran Paraná, Gran Resistencia, Gran Catamarca, Santa Rosa-Toay, Concordia, Río Cuarto y San Luis-El Chorrillo.

Entre los varones en ninguna ciudad la precariedad extrema supera el 90 % y están por arriba del 80 % Santiago del Estero, Salta, Corrientes, Gran San Juan, Gran Catamarca, Concordia, Jujuy-Palpalá, Gran Tucumán y Gran Resistencia.

Claramente el norte del país es la región más precarizada, pero el panorama en la ciudades es alarmante para los jóvenes de conjunto, y en promedio para el total del país en el total de aglomerados superan el 70 % de precariedad extrema siendo más alto en mujeres con 74% mientras en varones la cifra no deja de impresionar con un promedio de 68 %.

La crítica inserción laboral de los jóvenes, que se confirma con sus niveles de actividad, desocupación y subocupación y en el padecimiento de precariedad laboral extrema se condice con un empeoramiento de las condiciones de vida en el último año y medio. La pobreza aumentó y según informes publicados por la UCA en 2020 alcanzó al 45 % de la población.

Sin embargo este año el gobierno eliminó el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y siguió destinando los recursos del país al pago de la fraudulenta deuda externa. Argentina se ubica entre los países que menos gasto público desembolsó para la asistencia por Covid en comparación con países de la región. En medio de la segunda ola y ante la amenaza de la variante delta los anuncios del gobierno están muy lejos de garantizar un ingreso para el universo de millones de personas inmersas en la pobreza que dejaron de percibir el escuálido IFE otorgado en 2020.

Ante un panorama desolador donde la gran mayoría de los jóvenes que acceden al trabajo están hiperprecarizados el gobierno en vez de implementar un plan de inserción real, con empleo de 6 hs, de calidad y con un salario igual a la canasta básica familiar, para que toda la juventud pueda trabajar y estudiar, vuelve a beneficiar a las empresas financiándolas con hasta el 70 % de los sueldos y con la casi absoluta reducción de los aportes patronales. Solo el Frente de Izquierda levanta un programa de desconocimiento de la ilegítima deuda externa que condena a la juventud y propone medidas que apuntan a su inserción laboral y social con perspectiva superadora de las miserias que depara el sistema capitalista.

El recrudecimiento de la fuerte crisis laboral que golpea a la juventud es producto del modelo impuesto y de las decisiones que se tomaron, ante las elecciones que se avecinan se impone como una necesidad el reparto de las horas de trabajo sin afectar el salario, para que los sectores excluidos accedan al mercado laboral y que los trabajadores rotos y sobreocupados en extensas jornadas agotadoras e hiperprecarizadas con condiciones de trabajo que se desmoran accedan a trabajo genuino con plenos derechos, mediante la reducción de la jornada a seis horas, con un salario que como mínimo sea igual a la canasta familiar.

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