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Red Internacional

En una carta enviada al personal de Meta, el CEO (uno de los tipos más ricos del mundo) dice que toma la decisión porque en pandemia hizo mal los cálculos y se contrató gente de más. Con el cinismo propio de los explotadores “exitosos”, agradece a los despedidos diciéndoles: “No estaríamos donde estamos hoy sin su arduo trabajo”.

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Miércoles 9 de noviembre | 10:27

En las últimas horas Mark Zuckerberg decidió seguir los pasos de su “colega” Elon Musk, quien la semana pasada, tras confirmarse la compra de la empresa, anunció despidos masivos en el plantel de Twitter . Ahora es el dueño de Meta , empresa que concentra a marcas mundiales como Facebook , WhatsApp e Instagram , quien decide dejar en la calle a miles de trabajadoras y trabajadores.

Para anunciar el despido de 11.000 empleadas y empleados, Zuckerber se tomó el tiempo de redactar una carta que en las últimas horas hizo llegar a todo el personal. Al tiempo que intentó “humanizar” un mensaje patronal cargado de despotismo, generó una enorme angustia en toda la empresa ya que aún nadie sabe si entrará en la lista de despedidos o no.

“Hoy estoy compartiendo algunos de los cambios más difíciles que hemos hecho en la historia de Meta”, comienza diciendo el texto firmado por el magnate que se enriqueció exponencialmente en poco más de una década tras poner en pie Facebook. “He decidido reducir el tamaño de nuestro equipo en aproximadamente un 13 % y despedir a más de 11.000 de nuestros talentosos empleados”, agrega.

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“También estamos tomando una serie de pasos adicionales para convertirnos en una empresa más ágil y eficiente mediante la reducción de los gastos discrecionales y la extensión de nuestra congelación de contrataciones hasta el primer trimestre” de 2023, detalla Zuckerber, quien luego pasa a explicar “cómo llegamos aquí” y hasta afirma que lo siente mucho, “especialmente por los afectados”.

Sin ruborizarse (y como si no estuviera jugando con el trabajo de miles de personas), el empresario le echa la culpa a un error de cálculos contables en tiempos de pandemia, cuando “el mundo se movió rápidamente en línea y el aumento del comercio electrónico condujo a un crecimiento descomunal de los ingresos. Mucha gente predijo que esto sería una aceleración permanente que continuaría incluso después de que terminara la pandemia. Yo también lo hice, así que tomé la decisión de aumentar significativamente nuestras inversiones. Desafortunadamente, esto no salió como esperaba.”

Zuckerber asegura que llegó a tomar esta decisión luego de haber recortado gastos en diversas áreas, incluyendo la “reducción de beneficios” y de la “huella inmobiliaria (...) Pero estas medidas por sí solas no alinearán nuestros gastos con el crecimiento de nuestros ingresos, por lo que también tomé la difícil decisión de despedir a la gente”.

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A principio de año, la organización internacional de lucha contra la pobreza Oxfam, difundió un informe sobre quiénes se empobrecieron y quiénes se enriquecieron durante la pandemia de Covid-19. Obviamente Zuckerberg integra el exclusivo y ultraminoritario segundo grupo, junto a Elon Musk, Jeff Bezos, Bernard Arnault, Bill Gates, Larry Ellison, Larry Page, Sergey Brin, Steve Ballmer y Warren Buffet. Entre todos, desde marzo de 2020 vieron aumentar su capital en más de U$S 821.000 millones mientras la pobreza crecía a su alrededor.

Despotismo y cinismo

Tal como lo hacen los grandes, medianos y pequeños empresarios desde el nacimiento mismo del capitalismo hace más de dos siglos, Zuckerber no logra tapar con sus expresiones compungidas y culposas su despotismo patronal. “Todos recibirán un correo electrónico pronto para informarles lo que significa este despido para ustedes”, dice como si la gente despedida no lo supiera. Y les promete que “después de eso, cada empleado afectado tendrá la oportunidad de hablar con alguien para obtener respuestas a sus preguntas”.

Con un cinismo a prueba de balas, el magnate llega al colmo de reconocer que él no sería el megaultramillonario que es si no hubiera sido por el esfuerzo de miles y miles de asalariados y asalariadas. “Los compañeros de equipo que nos dejarán son talentosos y apasionados, y han tenido un impacto importante en nuestra empresa y comunidad. Cada uno de ustedes ha ayudado a que Meta sea un éxito y estoy agradecido por ello. Estoy seguro de que seguirás haciendo un gran trabajo en otros lugares”, escribió. Seguramente mientras lo hacía se moría de la risa.

Aunque afirma que “este es un momento triste y no hay forma de evitarlo” (sí, la hay, pero no entra en su cabeza), les agradece “a los que se van” por “todo lo que han puesto” mientras le sirvieron a sus ganancias. “No estaríamos donde estamos hoy sin su arduo trabajo, y estoy agradecido por sus contribuciones”, insiste cínicamente.

Y a “aquellos que se quedan” les asegura (como si no lo supieran) “que este es un momento difícil” también para ellos. “No solo nos estamos despidiendo de personas con las que hemos trabajado de cerca, sino que muchos de ustedes también sienten incertidumbre sobre el futuro”. Un copado, ¿no?

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La carta de Zuckerber, además de quedar en la historia como una muestra de la brutalidad empresaria que pretende disfrazarse con expresiones “humanas”, confirma lo que muchos defensores de este sistema de explotación, opresión y exclusión niegan. Los capitalistas, siempre y ante las más variadas circunstancias, le hacen pagar a las trabajadoras y los trabajadores las consecuencias de sus “malos negocios”.

¿Es cierto, como dice este parásito, que “no hay forma de evitarlo”? Para nada. Por un lado, si tan triste lo pone esta situación, bien podría resignar los miles de millones que atesora en sus cuentas bancarias en pos de no dejar sin trabajo a ninguna persona por él mismo contratada en tiempos de bonanza. Pero, si damos por descontado que ese gesto altruista es impensado para un tipo acostumbrado a “crecer” a costa del esfuerzo ajeno, bien puede pensarse en otra alternativa.

¿Qué pasaría si, lejos de buscar la conmiseración del despótico y cínico Zuckerberg, las decenas de miles de laburantes de Meta se pusiera de acuerdo para tomar en sus propias manos el destino de la empresa, ponerla bajo su propio control, discutiendo democráticamente qué es lo mejor para todas y todos y hasta cómo mejorar día a día el servicio que se ofrece a millones de usuarias y usuarios? Suena “osado”, sí, pero de entrada eso evitaría que los caprichos de un sólo tipo determine el destino laboral de miles. ¿Es posible? Claro que sí, aunque para los defensores del capital sea algo “criminal” y para más de un progre de cartón sea “utópico”.


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