Cultura

OPINIÓN

Zapping

Hubo un domingo en que pareció que la grieta (porque en la Argentina todo es grieta, según parece) televisiva se trazaba entre Roberto Navarro, por un lado, y Lanata y Luisito Majul, por el otro.

Domingo 17 de julio de 2016 | 13:41

Navarro porque entrevistaría a Cristina Fernández de Kirchner, ex presidente de la Nación, y Lanata y Majul porque expondrían ante la audiencia las impactantes revelaciones de sus investigaciones periodísticas. Pero Cristina, de evidentes hábitos patagónicos, prefirió quedarse en su casa y hacer la entrevista por teléfono; lo que dijo en la ocasión, celular en mano, no fue demasiado distinto de lo que otras veces ya había dicho o de lo que podía esperarse que dijera. Lo que Lanata y Majul revelaron, por su parte, es que los Kirchner tienen mucha plata y que el origen de esa plata no es precisamente insospechable: una cosa que todo el mundo sabe y que no a todo el mundo le importa.

Claro que después apareció Susana Giménez y barrió con todo, adueñándose del rating. Susana, de punta en rojo, se impuso arrasadoramente con su consabida propuesta de cabezofresquismo y ligereza. Podría considerarse, pues, que la grieta a decir verdad era otra y pasaba por otro lado: era una grieta entre el entretenimiento vacuo, por una parte, y el periodismo político, por otra. Aunque esa grieta grande estaría a su vez revelando otra, menos gruesa pero visible, entre Lanata y Luisito Majul: entre la denuncia con show y divertimento, por una parte, y la denuncia severa y nerviosa, sobreactuadamente grave, por otra.

Claro que después apareció Macelo Tinelli y la grieta volvió a correrse (si es la misma en otro sitio o si es una grieta nueva, habría que dirimirlo). A Tinelli se lo colocó como para siempre en el estante del vaciamiento mental televisivo; las imitaciones políticas en su programa, sin embargo, obligaron hace tiempo a revisar esa clasificación (también Susana, si se la entiende en clave de caricatura, caricatura involuntaria llegado el caso, caricatura autoinfligida por cierto, ofrece una significación política muy clara, y hoy por hoy eminentemente actual. Y no ya porque sea macrista, sino porque es macriana).

Yo veo una continuidad en Tinelli: de los bloopers a las cámaras ocultas y de las cámaras ocultas a las imitaciones de los políticos. El recurso en el fondo es siempre el mismo: hay alguien que se pone o al que se pone en ridículo, Marcelo lo contempla y se burla, se ríe y nos tienta a reírnos. Ese alguien puede ser un gomazo que se patina en el jardín y se cae de traste al suelo, un incauto al que se le hace un chasco y se le obsequia un viaje al Caribe para que no se chive, un doble de De la Rúa que confunde todos los nombres y el camino de salida del estudio (en esa parodia había acaso una clave: es sencillo entrar en la escena Tinelli, pero no es tan sencillo salir).

La grieta entre los programas políticos y los programas de entretenimiento ha cedido al parecer (pero ya había cedido, insisto, en el caso de Jorge Lanata). A Tinelli le joroban un negocio y se la agarra con el macrismo: al aire va entonces la caricatura de Mauricio Macri, al aire va la imitación de María Eugenia Vidal. Pero yo estoy usando de manera indistinta la noción de imitación y la noción de caricatura, y lo fundamental, según creo, radica en su diferencia. La verdad de la caricatura brota de lo excesivo, se plasma con exageración, subraya ciertos rasgos en demasía, deforma para mostrarse como verdad. La verdad de la imitación se basa en la semejanza objetiva, responde a un principio mimético, le vemos el parecido sin el factor desmesura.

Cuando aparece un tal “Macri” en pantalla con Tinelli, farfullando frases hechas de estricta superficialidad, ¿se lo está caricaturizando o se lo está simplemente imitando? Cuando aparece una tal “Vidal” en pantalla con Tinelli, llamando a la tranquilidad con el gesto angelical de una enfermera samaritana en una sala de enfermos terminales o de una asistente voluntaria evangelista ante un auditorio de desahuciados, ¿se la está caricaturizando o se la está simplemente imitando? ¿El género en cuestión es el grotesco o el realismo massmediático? Los políticos que accedieron a acudir al programa de Tinelli lo hicieron para evidenciar la falta de diferencia, y no los grados de diferencia, entre los monigotes de ellos y ellos mismos.

Claro que después apareció “Moisés y los diez mandamientos”, y dejó de lado a Tinelli. El asunto ahora es otro: el desierto, el becerro, las tablas, la tierra prometida, la biblia, el pasado, dios.







Temas relacionados

Martín Kohan   /    Medios de comunicación   /    Televisión   /    Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO