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Red Internacional

El salario de los trabajadores registrados subió 1,4 % en enero frente al 4 % de la inflación. En un año el salario ya acumula una pérdida de 7,4 % de poder adquisitivo. Las centrales sindicales siguen en una tregua eterna.

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Jueves 11 de marzo | 21:36

Alberto Fernández prometió que este año (este sí) los salarios le ganarían a la inflación. Pero a no entusiasmarse tanto, desde el vamos aclaran que no sería recuperar los más de 20 puntos de pérdida salarial desde el gobierno de Macri hasta acá, sino apenas unos dos o tres puntos por encima de la inflación, según lo auguró el ministro de Economía Martín Guzmán.

La promesa, que pretende seguir sembrando una ilusión de mejora entre los trabajadores, comienza a parecerse a aquél tragicómico episodio de Mauricio Macri y el "segundo semestre". La ecuación en cuestión parecería simple: los precios deben moderarse y los acuerdos paritarios deben estar por encima.

Pero arrancó el 2021. Y arrancamos mal.

En enero los salarios de los trabajadores registrados volvieron a sufrir una pérdida de poder adquisitivo. Crecieron apenas 1,8 % en promedio frente a una inflación de 4 % y una inflación de alimentos de 4,8 %. Por tercer mes consecutivo, quedaron abajo.

Más preocupante aún es que en los últimos 12 meses el salario real del sector formal acumula una pérdida de 7,4 % debido a que crecieron 28,3% frente a una inflación de 38,5 %,.

La información surge de las remuneraciones declaradas por los empleadores ante la AFIP, utilizadas para construir el índice RIPTE (Remuneración Imponible de Trabajadores Estables) que elabora el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.

Es que la simpleza es matemática, pero la economía es política. La puja entre precios y salarios es una expresión de los intereses encontrados entre los grandes empresarios -que controlan los resortes de la economía y los medios de producción- y quienes viven de su salario. Pero también, es el resultado del accionar de un Estado que está presente para torcer la balanza hacia un costado. El salario mínimo, por ejemplo, una referencia salarial importante, aumentó apenas un 28 % en un año y medio.

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El descongelamiento tarifario, la permisión de subas en telefonía e internet, los acuerdos de precios pantalla como los de la carne que convalidan precios imposibles para los sectores populares, y especialmente, la política de la depreciación cambiaria permanente, y una emisión monetaria contenida no hacen más que echar leña al fuego de los precios.

Como frutilla de postre, allá cuando Guzmán hizo sus trazos creativos en un Presupuesto de 2021 que proyectaba una inflación de 29 % para este año, bien se sabía que se trataba de un hermoso dibujo. Las proyecciones de consultoras y analistas que responden al "mercado" (es decir, a los intereses patronales) prevén que en diciembre los precios habrán aumentado casi un 50 %. El gobierno insiste en mantener la pauta de salarios en torno al 29 %. No cierran las cuentas

Salario mínimo de indigencia, salarios de pobreza

El informe del Ministerio de Trabajo muestra que el sueldo bruto promedio es de $ 68.100,73, lo que implica un salario de bolsillo de $ 56.523,60, apenas empardando con la línea de pobreza. De acuerdo al Indec, la Canasta Básica Total que requieren dos adultos y dos niños mensualmente para no ser pobres tenía en enero un valor de $ 56.458,84.

Pero esto no significa que los trabajadores (y en este caso, los que están en mejores condiciones como son los registrados) lleguen a fin de mes. Por el contrario, al tratarse de un sueldo promedio, es posible que cerca de la mitad de los trabajadores no alcancen con su salario si quiera a completar la Canasta de pobreza. Y menos aún, a alcanzar la Canasta de Consumos Mínimos que elaboran los trabajadores de la Junta Interna de ATE-Indec, de al menos $ 85.590 al mes en diciembre.

Como señala el economista Martín Kalos en DiarioAr, desde septiembre de 2015 se perdió un 23,3 % del poder adquisitivo. "En términos prácticos, si en septiembre de 2015 un trabajador o trabajadora con su salario podía llenar un changuito, hoy sólo podría llenarlo hasta 3/4 partes. La mayor parte de esa pérdida de capacidad de compra del salario se dio en 2018 (-6,3% sólo en ese año) y 2019 (-9,5%), pero no se detuvo en 2020 (-3,6%)".

El tiempo es hoy

La inmovilidad de las centrales sindicales para organizar la pelea por la recuperación salarial ya hace suponer a los analistas que en febrero continuó la pérdida de poder adquisitivo, ante una inflación que no dio respiro y alcanzó a 3,6 %.. Peor aún, son las propias conducciones quienes se sientan en la mesa del Consejo Económico y Social junto a los empresarios para pautar techos en las paritarias.

Sin embargo, por abajo hay una creciente organización de los trabajadores para enfrentar los atropellos patronales y exigir por mejoras salariales y de condiciones salariales, como en Docentes, Salud, Portuarios, Aceiteros, Aeronáuticos, Correos, Logística, UOM, entre otros.

Cada vez el malestar es mayor ante el deterioro de los ingresos y crece la predisposición a la lucha, mientras las centrales sindicales les dan la espalda y alimentan la ilusión de que de la mano de los empresarios podrá "derramarse" algo hacia abajo.

Nada bueno vendrá de esas mesas del Consejo Económico y Social. El tiempo es hoy para que la unidad en las luchas pueda torcer el brazo de los precios, pero especialmente, de los límites que la burocracia busca imponer a la organización de las trabajadoras y trabajadores para pelear por una salida propia.

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