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Y aun así los quiero

Reseña de la obra de teatro "Y aun así los quiero". Una noche especial, tres amigos y recuerdos de 20 años de amistad.

Lunes 29 de agosto de 2016 | 11:01

Sábado 27. Faltan 20 minutos para que sean las 23 hs. Ésta noche será la ultima función de la obra “Y aun así los quiero”, al menos hasta que sea repuesta en cartelera del teatro Ámbito Histrión.

Oscuridad total en la sala, luego se encienden las luces y aparecen en escena un living y 3 amigos. Podría ser cualquier noche de las tantas que pasaron juntos, pero no lo es. Ese día enterraron a Marcos, el amigo que ha muerto.

La historia escrita y dirigida por Pablo Todero bien pudo haber sido contada como un drama, sin embargo se convirtió en una divertida comedia sobre la amistad y el paso del tiempo.

Los diálogos transcurren y las personalidades de cada uno aparecen en escena. Se hacen chistes, se pelean, rememoran anécdotas mientras fuman y toman como cualquiera de nosotros cuando nos juntamos con nuestros amigos. Avanza la obra, entonces, aparecen las críticas mas duras y los cuestionamientos. Son tan diferentes los proyectos de vida que cada uno eligió, los tres son tan distintos entre sí que una se pregunta… ¿que llevó a ésta abogada, al psicólogo infantil y al profesor de música a hacerse amigos hace 20 años atrás? ¿Cómo se sostuvo el vínculo hasta ahora? ¿Se harían amigos si se conocieran hoy?

Las actuaciones de María Quintana, Pablo Di Lorenzo y Ezequiel Boronat son brillantes, la puesta en escena es impecable y la obra cumple con lo prometido.

Es una invitación a la risa pero también por momentos al llanto, al menos eso es lo que me pasó a mi. Se trata de una verdadera celebración de la amistad, pero también te invita a reflexionar sobre como la cultivamos y defendemos ante el paso del tiempo. Por mas que en la sala ocupes una silla y no un lugar en el escenario, no podes sentirte solo espectadora. La historia te interpela: a medida que avanza la trama, una se encuentra y encuentra además a sus propias amistades en cada uno de los tres personajes y en quien fuera el amigo muerto.

No faltan las anécdotas de vacaciones y momentos compartidos, la confesión de las crisis de pareja y el anuncio de ese amigo que piensa separarse -por enésima vez y que nunca lo hace-, también el recuerdo de aquella ocasión en que se dieron valor para “encarar” a alguien, y por qué no, en las tantas veces en que a pesar de que todo se estaba hundiendo a su alrededor- como en ese momento- y se dijeron: “va a estar todo bien”.

La obra cuestiona además a nuestra época: el vivir “conectados” pero no vernos nunca. Pone de manifiesto nuestra realidad en la que vivimos ocupados y no tenemos -o no nos hacemos- tiempo para compartir con nuestros afectos. ¿A quien no le pasó últimamente que casi fue necesario que se alineen los planetas para coincidir en tiempo y espacio y poder juntarse con amigos?

Espiando a los personajes a través de sus alegrías, tristezas, decepciones, peleas, compromiso y comprensión, repasé la propia historia con mis amigos. Comparto con Marcos la idea de que “la vida es eso que pasa entre asado y asado” o juntada y juntada. Entre tanta virtualidad y tanta relación mediatizada por la tecnología, celebro el compartir charlas cara a cara con mis amigos y amigas, compartir cervezas y vinos, comprometerme con sus causas -mientras ellos y ellas lo hacen con las mías- , “bancarnos” mutuamente cuando la situación lo amerita y cuestionarnos (incluso pelearnos) cuando estamos errándole al camino. No creo que haya otra forma para que se consoliden las relaciones y perduren en el tiempo.

Terminó la función y mientras iba camino a buscar el auto, seguía pensando en mis propios amigos: están los comparten mi plan de vida y los que no lo comparten pero me “bancan” igual; a unos los veo poco y a otros casi todos los días; algunos me despiertan con sus audios de whatsapp y otros que no me escriben nunca; algunos me empujan para que supere mis limites y miedos, mientras otros necesitan que yo los empuje a ellos; algunos a los que recurro siempre y otros que me llaman a mí para que “le saque las papas del fuego”.

Me senté en el auto, y mientras sonreía pensé como el autor de la obra: Son todos tan distintos a mi, y aun así… los quiero.







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