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Red Internacional

Bajo la excusa de ser "civilizatorios" y "liberar" a pueblos indígenas del "régimen sanguinario y de terror de los aztecas", la ultraderecha española y mexicana celebró los 500 años de la conquista de México.

Viernes 13 de agosto | 17:08

A ambos lados del Océano Atlántico, la ultraderecha festejó la rendición del tlatoani mexica Cuauhtémoc ante el conquistador Hernán Cortés. Las redes sociales fueron objeto de debate ante la reproducción de sus deleznables dichos.

Del lado de la metrópoli colonial e imperialista, la formación ultraderechista Vox aprovechó para justificar del exterminio y expoliación de pueblos indígenas a manos de la corona española que hoy siguen defendiendo.

En su tweet describen que "el imperio azteca" encabezaba un "régimen sanguinario y de terror" al cual supuestamente los españoles habrían puesto fin. Es una repetición de los dichos que por siglos han repetido los apologistas de la colonización para hacer pasar a los europeos como "agentes de la civilización" que puso fin a la "barbarie" indígena.

Es además increíble cómo en 280 caracteres pueden soltar demasiados datos erróneos. Empezando porque la tribu en cuestión no eran "aztecas", dado que este gentilicio hace referencia a las tribus que partieron del mítico Aztlán, cuya localización sigue siendo objeto de conjeturas. Lo que terminó fue el régimen de la Triple Alianza entre Tenochtitlán, Tlacopan y Texcoco, que era una liga donde ciertamente la ciudad de Tenochtitlán tenía predominio, pero no fue la primera en establecerse en el Valle de México.

Antes de ellos, existieron otras dos triples alianzas (o confederaciones). La primera fue Tula (Tollan-Xicotitlán), Ocompan y Culhuacán, es decir, el llamado "imperio tolteca", que fue de las primeras civilizaciones del llamado periodo posclásico tardío, caracterizado por tener civilizaciones de carácter teocrático-militar. La segunda triple alianza fue entre los señoríos de Xaltocan, Coatlichan y Azcapotzalco.

Es a esta última alianza a la cual ponen fin los mexicas, aliados con los señoríos de Texcoco y Tlacopan. Lo que los españoles pusieron fin fue a este ciclo de establecimiento de alianzas y confederaciones entre pueblos indígenas, no a un régimen sanguinario. Bastante hipócrita hablar de este tipo de civilizaciones como si hicieran sacrificios con regularidad (de lo cual hablaremos más adelante) y tildándolos de bárbaros cuando, al mismo tiempo, la ultraderecha española se ha dedicado con total diligencia a combatir la llamada "leyenda negra" que señala los abusos de la corona española en sus dominios en América.

La alianza de otros pueblos con Cortés se debe a dos factores: en primer lugar, por la sujeción de un sistema tributario de los mexicas hacia otros pueblos como los cholultecas y los totonacas, quienes se aliaron a los españoles para salir de dicho dominio político; en segundo lugar, está la alianza de otras tribus nahuatlacas con los españoles, en cuyo lugar destaca la república de Tlaxcala (cuyo modelo ha sido retomado por la tradición magonista del anarquismo mexicano).

Los tlaxcaltecas y totonacas no se aliaron a Cortés porque estuvieran bajo un régimen sanguinario, ya que ellos también hacían sacrificios. Los sacrificios de los mexicas se realizaban durante las llamadas "Guerras floridas", donde capturaban prisioneros; lo que ponía a los mexicas aparte de otras tribus aztecas y nahuatlacas, quienes los consideraban herejes, era porque ellos tenían a Huitzilopochtli, dios de la guerra.

Pero lo que Vox no menciona es que una vez instalados los españoles, ellos mismos sí instauraron un régimen sanguinario que además exterminó a miles de pueblos indígenas con enfermedades como la viruela, entre cuyas víctimas está el sucesor del tlatoani Montecuhzoma, Cuitláhuac, cuyo sucesor Cuauhtémoc se rindió un día como hoy hace 500 años.

Además de los mexicas, el actual territorio de lo que es México y el resto de Hispanoamérica fue conquistado sometiendo a otros pueblos indígenas, como los purépechas en lo que hoy es Michoacán, los mayas en la península de Yucatán y Centroamérica, los mixtecos y zapotecos en la sierra de Oaxaca, las tribus otomíes en el centro de México, los chichimecas (nómadas, como los yaquis, rarámuris, comanches, zacatecos, cocas, etc.) al norte de México, los incas en Perú, los mapuche en Argentina y Chile, etc.

Ellos no necesitaban ser "liberados", y por el contrario, las huestes españolas los sometieron a base de la cruz y la espada, evangelizándolos para eliminar su religión politeísta que los hermanaba con la naturaleza y la barbárica práctica de la quema de códices por gente como Fray Diego de Landa, quien incineró varios de los códices de las tribus que pretendía evangelizar, perdiendo valiosa información, ya que dichos textos no solamente mostraban la manera de comunicarse de los indígenas, sino que explicaban sus tradiciones, leyendas, cuentos (como el Popol Vuh), fábulas, mitos fundacionales, ceremonias, prácticas de agricultura, astronomía, etc. Para estos defensores de la "civilización" no resulta escandaloso esto, aunque sin duda pegarían el grito en el cielo si vieran a alguien quemar una biblia.

Del otro lado del Atlántico, en el "Nuevo Mundo", la derecha mexicana no se queda detrás. Añorando sabrá qué tipo de "grandeza" de España —puesto que el propio sistema virreinal no los beneficiaría al ser ellos considerados ya sean mestizos o criollos, y por tanto no tener acceso a los privilegios empresariales de los cuales gozan gracias al desmantelamiento del sistema de castas de Nueva España—, la revista Letras Libres reprodujo un artículo de Guillermo Serés elogiando al conquistador de México.

Habría que preguntarles a los mayas, purépechas, otomíes y demás pueblos que hoy continúan enfrentando procesos de despojo (con la anuencia del gobierno mexicano, cabe señalar) si consideran que su conquista y evangelización fue una "causa de guerra justa". Esto mientras las empresas españolas del IBEX35, que VOX defiende a capa, cruz y espada, intentan entrar a la tajada del saqueo de recursos en distintas latitudes de América, entre las que destacan en México las empresas de energía renovable, lucrando con la emergencia climática a expensas de los trabajadores de México y el Estado Español y las comunidades originarias de América.




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