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Red Internacional

Hasta las 16 h de este lunes, 2.5 millones de usuarios seguían sin luz en Chihuahua. El congelamiento por el vórtice polar en Texas de los ductos de gas natural que abastecen el norte de México, es la causa, según autoridades de CFE.

Bárbara FunesMéxico D.F | @BrbaraFunes3

Lunes 15 de febrero | Edición del día

Pandemia. Nevadas. Baja de la temperatura. Y el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) que pide a los habitantes de Nuevo León, Tamaulipas y Chihuahua "su apoyo para reducir el uso y consumo de energía eléctrica no prioritaria durante las próximas horas". 

Este lunes vivimos otro capítulo de la crisis de la Comisión Federal de Electricidad. El apagón afectó estos estados fronterizos y también a Coahuila, Zacatecas y Durango. 4.7 millones de usuarios de la región sufrieron las consecuencias.

Se prevé que hasta mañana, martes 16, se restablezca el servicio por completo. Más temprano, la CFE informó que “debido al vórtice polar que afecta a Estados Unidos, este país registra cortes en el suministro de gas natural y volatilidad en el precio de este combustible por más de 5,000 por ciento, al pasar de 3 entre y 4 dólares por millón de BTU a 200".

La tensión en Twitter va in crescendo: los defensores de la 4T responsabilizan a los gobiernos neoliberales de la crisis en la CFE y los opositores, nucleados en los partidos patronales que votaron la reforma energética, -misma que implica la entrega de los recursos energéticos a las trasnacionales- critican con encono al gobierno de AMLO y la gestión de Bartlett, un hombre que viene del priismo, al frente de la CFE.

Y como telón de fondo, la iniciativa de reforma de la Ley de Industria Eléctrica de AMLO, que busca fortalecer a la CFE y su producción a través de combustibles fósiles, ante las trasnacionales que quieren usufructuar el desarrollo de energías limpias.

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La producción de energía privada está en el centro de la disputa, una materia fundamental para que los engranajes de fábricas y empresas de servicios funcionen, para que las maquinarias y las líneas de producción se mantengan activas, para conservar la cadena de frío tan necesaria para las vacunas -en especial las anticovid de Pfizer-, para garantizar el suministro de agua indispensable para mantener la higiene de manos constante en medio de la pandemia y para hacer funcionar los aparatos en los hogares.

A su vez, la interdependencia entre México y Estados Unidos queda expuesta una vez más: las centrales norteñas de la CFE necesitan del gas natural que proviene del gigante del norte, un negocio diseñado por las trasnacionales texanas al que solícitamente se sometieron los gobiernos anteriores construyéndoles los ductos que requerían -en el caso de AMLO, le tocó facilitar la llegada del ducto que surtirá a la termoléctrica de Huexca. Como parte de este desfavorable intercambio, EEUU ocupa, desde hace décadas, la producción eléctrica de la central geotérmica de Cerro Prieto, ubicada en Baja California.

Mientras tanto, el cambio climático provocado por la creciente actividad industrial y la emisión indiscriminada de gases de efecto invernadero, es un factor determinante que pone en cuestión la matriz energética del sistema capitalista: el petróleo y sus derivados.

Los apagones de la CFE ponen de relieve la necesidad de avanzar hacia una transición energética hacia la producción de energías limpias, pero no conducida por el gran capital de la mano de la reforma impuesta por Peña Nieto, sino por las y los trabajadores del sector, con la ayuda de profesionistas que no se haya vendido ni a las trasnacionales, ni a los empresarios mexicanos, ni a la burocracia sindical ni a los partidos del congreso.

A su vez, es necesario cancelar la reforma energética peñanietista, renacionalizar los sectores entregados al capital privado y poner la producción de energía bajo control de las y los trabajadores del sector.

El episodio de este lunes plantea la necesidad de una integración entre los países de América del Norte, pero no enfocada en los intereses de las grandes corporaciones imperialistas ni de los magnates como Slim. No en los términos leoninos del T-MEC que implica la subordinación de nuestra producción energética a los intereses del gigante del norte. En esta perspectiva, el proyecto de reforma de AMLO se queda a medio camino, quien no se plantea hacer la transición energética hacia las energías limpias rompiendo con las viejas cadenas de valor basadas en los combustibles fósiles.

Lo que hace falta es una integración de la poderosa clase obrera multiétnica y los sectores populares de la región. Que busque una salida progresiva ante la crisis climática y ante la pandemia, en la perspectiva de luchar contra la explotación propia de este sistema capitalista a ambos lados de la frontera y contra la opresión imperialista de Estados Unidos sobre México. Una integración de los de abajo, llevada adelante en función de los intereses de los trabajadores del campo y la ciudad, en una Federación de Estados Unidos Socialistas de Norteamérica.




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