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Red Internacional

Durante la pandemia se debatió cómo sería la vida después del Covid. No llorar ni reír, comprender. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

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Jueves 17 de noviembre | 23:49
  • Durante la pandemia y el encierro general que provocó el coronavirus se pasó por varios “estados de ánimo” —para decirlo de alguna manera— que generaron distintos pronósticos en torno a qué pasaría cuando la pandemia se termine.
  • Al inicio hubo cierto entusiasmo un poco desmesurado en algunos sectores por las acciones solidarias, por la “unidad nacional” efímera que se alcanzó en muchos países y que se suponía iba a poner fin a las contradicciones de las sociedades enfrentadas al desafío de un peligro mayor: el famoso “enemigo invisible”. Ustedes recordarán, en la Argentina fue el mejor momento de Alberto Fernández y se graficaba en la imagen de las conferencias de prensa que brindaban el presidente, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof para informar las medidas que se iban tomar, la extensión de la cuarentena, el famoso ASPO etc.
  • La “épica del encierro” duró poco, en gran parte porque la pandemia se extendió mucho. Y porque se empezó a demostrar que no todos éramos iguales ante el Covid: las farmacéuticas comenzaron a especular con las vacunas; las empresas empezaron a maniobrar para declararse “esenciales”; las fuerzas represivas del Estado comenzaron con los abusos a partir de esa especie de “estado de excepción” permanente que se había instalado.
  • Pero también a nivel social, en un sentido más generalizado, la pandemia y el encierro, la imposibilidad de reunirse, de expresarse colectivamente había sacado lo “peor” de la sociedad o, si se quiere, se habían anulado lo que podían ser las mejores expresiones y se había exacerbado la presencia pública de quienes expresaban los sentimientos y actitudes más negativas que anidan en las sociedad: las pulsiones egoístas, el miedo, el individualismo, la guerra de todos contra todos, la reivindicación de la muerte como “método” para combatir el virus. Todo lo que podría sintetizar cualquier terraplanista antivacunas de esos que se movilizaban al Obelisco en plena pandemia.
  • En ese momento se multiplicaron los pesimistas de la voluntad, de la razón, de la inteligencia y de todo lo demás también. Siempre hay un pesimista dispuesto ponerle su firma certificada la adversidad o a la derrota, a constatar lo que él ya sabe desde siempre, a revalidar su profecía antocumplida: vamos a perder. Eran aquellos que decían que estábamos saliendo “peores” de la pandemia y hasta se burlaban con cinismo de los otros, de los que habían augurado que saldríamos mejores.
  • Destacaban datos que eran reales como que los trastornos de ansiedad y de depresión severa habían aumentado en el mundo en los años de la pandemia; que la desigualdad había aumentado de manera exponencial y “mirá, nadie hace nada”. En realidad, justifican su propia pasividad o quietud con el “nadie hace nada”.
  • Agregaban que se fortaleció una subjetividad muy “de época”, propia del neoliberalismo y que los avances de tendencias políticas como el bolsonarismo en Brasil o el trumpismo en EEUU demostraba que íbamos hacia una derechización radicalizada del mundo.
  • Bueno, si observamos bien los fenómenos sociales y políticos que de desarrollaron en el último periodo, vemos que la película es muy distinta a esa foto que nos presentaban a la salida de la pandemia.
  • En nuestro país, después del conflicto emblemático de los trabajadores del neumático, asistimos una lucha histórica del personal de la salud en la Ciudad de Buenos Aires (residentes y concurrentes) que lograron un triunfo que nació de la organización colectiva, de las asambleas y desde abajo. Es más, ese conflicto se extiende nacionalmente: hoy hubo movilizaciones en todo el país, una muy importante hacia plaza de Mayo con eje en el personal de salud de la provincia de Buenos Aires.
  • Pero además, esta “marea blanca” de quienes fueron destacados como como esenciales durante la pandemia es internacional: más de 300.000 enfermeras votaron ir a la huelga en el Reino Unido y una masiva movilización en Madrid exigió una mejor salud pública.
  • Y si ampliamos un poco la mirada observamos que en el último año y medio se desarrollaron procesos de luchas colectivas en movilizaciones masivas en lugares tan disímiles Chile —donde se puso en crisis un régimen entero—; Colombia, donde también se derrumbó un sistema político que gobernó el país durante décadas; hubo huelgas generales en el Reino Unido —su última primera ministra, Liz Truss tuvo de renunciar 45 días después de asumir, en parte por las protestas—; Francia o Grecia; revueltas contra la inflación y el acuerdo con el FMI en Sri Lanka; miles de trabajadores de la educación en Canadá en huelga contra la inflación y leyes antisindicales o trabajadores de empresas emblemáticas del imperio Alemán, como IG-Metall que fueron a la huelga. Hice una enumeración limitada y un poco caótica, pero para que tengan una idea del fenómeno.
  • Además, desde el punto de vista político tampoco se confirmaron los triunfos resonantes ni de Bolsonaro ni de Trump. Otra cosa es quienes son los beneficiarios de esas derrotas, pero lo que quiero destacar acá es que el relato del giro unilateral a la derecha, la fascistización del mundo también se rompió en estos casos y todo se demostró más contradictorio.
  • Entonces, volviendo al principio: ¿cómo salimos de la pandemia? En muchos aspectos, peores (el avance de la desigualdad, la concentración de la riqueza, la pérdida de algunos derechos laborales por la vía de los hechos); en otros, mejores: la pandemia devolvió una imagen desiderativa de lo que es esta sociedad, de quienes son los esenciales y quienes sostienen el mundo. De eso tomaron nota muchas personas, por ejemplo, los trabajadores y trabajadoras del área de salud. Y, sobre todo, salimos con las contradicciones aún más agudizadas. Un mundo ante el cual —como se dijo allá lejos y hace tiempo— no hay que llorar ni reír, sino comprender y, sobre todo, luchar.

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