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Red Internacional

Testimonio.[Voces desde las escuelas] "Me contagié de mi hija que va a la escuela”

En diálogo con La Izquierda Diario, María, madre de la escuela pública, cuenta su historia y experiencia con la presencialidad escolar: “Tengo mucha impotencia por toda esta situación”.

Miércoles 28 de abril | 21:07
Foto La Nación

María es “mamá sola” de varios hijos, algunos están cursando el secundario, mientras otros asisten a la escuela primaria. Con el incremento de los casos positivos de Covid-19 en la Ciudad, quiso dejar de enviar a sus hijos a la escuela, pero recibió presiones y amenazas.

En diálogo con La Izquierda Diario, María contó:

“He tenido que llevar a la escuela a mis hijos casi como obligada porque nos mandaron una notificación diciéndonos que si nuestros niños no van, van a quedar sin vacante. También me dijeron que si no van, van a tener que pedir la tarea a un compañero. Amo las escuelas. Pero esta no es la forma, que nos quieran obligar o estar manipulando que si no van pierden la vacante o no tienen la tarea”.

Hace una semana una de sus hijas que asiste a la escuela primaria en Parque Chacabuco, volvió a casa sintiéndose mal: “Tenía fiebre y le dolía la garganta. Yo me sentí tan mal. En la escuela me informaron que tenía que llevarla a realizar un hisopado. Los hospitales y la salita del barrio están colapsados, no te atienden. Si tenés síntomas, te dan un paracetamol y te dicen que te aisles. Mi nena estaba con un dolor en el pecho muy fuerte, estaba muy mal. En el Piñero había muchísimas personas, me dijeron que teníamos que esperar para hacer el hisopado”.

Ahora está contagiada, y junto a su hija se aislaron en una habitación para evitar contagiar al resto de sus hijos. Toda la situación la llena de impotencia. En su voz se transmite la angustia y la preocupación por el futuro de sus hijos, si algo le llegara a pasar. Como muchas mamás de la escuela pública, es jefa de hogar y el aislamiento no le está permitiendo trabajar, tampoco tiene licencia y nadie que la ayude con el cuidado de sus hijos. “Soy una mamá sola que tengo que rebuscármelas como pueda. Y tengo una impotencia por toda esta situación”, dice.

Lejos de la imagen que quieren transmitir los gobiernos, en la voz de María se refleja la preocupación de muchas mujeres que tienen que salir a diario a trabajar para poder alimentar a sus hijos. Enfermarse no es una opción para muchas de ellas. La presencialidad sin vacunas y condiciones seguras equivale a estar 14 días en aislamiento, con la incertidumbre de cómo les afectará el virus y la angustia de lo que pueda pasarle a sus hijos.

Como María, son muchas las familias que acompañan la lucha docente y se suman a la exigencia por la virtualidad temporal con computadoras e internet.

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