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INFORME ESPECIAL - #ANTES QUE SEA TARDE

Vivienda: la represión y las patotas no son la solución

La profundidad de la crisis social hizo visible que la falta de techo es un problema estructural desde hace décadas, que ningún Gobierno resuelve. Ante esto, el oficialismo la única respuesta que ha dado es la represión a traves de sus fuerzas de represivas o avalar el accionar de patotas contra quienes pasan hambre y frio para pelear por un pedazo de tierra.

Martes 29 de septiembre | Edición del día

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Las balas y el accionar violento de patotas armadas es hasta el momento la única respuesta oficial al drama de la vivienda que viven millones en todo el país.

Luego de las declaraciones del Gobierno bonaerense que atacaban a las familias de Guernica y preparaban el terreno para el desalojo, la represión y la violencia llegó a Centenario, Neuquén y a Gonzáles Catán, en La Matanza.

En la provincia del sur la Policía reprimió con balas de plomo una ocupación de tierras por responsabilidad de su intendente peronista Javier Bertoldi.

En González Catán, distrito gobernado por Fernando Espinoza, una patota entró a los tiros con el aval de la Bonaerense y la Gendarmería.

La profundidad de la crisis social hizo visible que la falta de techo es un problema estructural desde hace décadas, que ningún Gobierno resuelve.

Según el último Censo del 2010 el déficit habitacional es de 3,5 millones de viviendas, y cada año que pasa ese número aumenta en 36 mil viviendas más.

La contracara es el crecimiento de los barrios privados y la naturalización de que la vivienda es un negocio y no un derecho.

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Antes de la pandemia, 4.500 villas y asentamientos en todo el país convivían con 2 millones de viviendas ociosas en countries y zonas como Puerto Madero en la Ciudad de Buenos Aires. Esta es la irracionalidad capitalista que le niega el derecho a la vivienda a millones, para privilegiar las ganancias de unos pocos.

La urbanización de estas villas y asentamientos costaría 26 mil millones de dólares, la mitad del préstamo más grande de la historia del FMI.

Los fondos están, pero las prioridades del Gobierno son otras. Solo así puede explicarse que el presupuesto para el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat sea 9 veces menos que lo que se pagó de deuda sólo entre enero y julio de este año. O que el plan de viviendas presentado por Kicillof este martes demore tres o cuatro años en concretarse.

La represión y las patotas no son la solución. La vivienda es un derecho.







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