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Red Internacional

Las mujeres y personas disidentes sexuales sabemos bien que cuando la crisis se agrava, somos las que pagamos con empobrecimiento, miseria y peores condiciones de vida. Por eso, este 8 de marzo saldremos a movilizarnos para enfrentar el plan del Gobierno y el FMI. *

Comienza marzo. “En el 107 hemos logrado que sea la primera mujer en manejar una ambulancia en todo el territorio nacional”, dice Martín Llaryora en la inauguración de las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante. “Enviaré un proyecto de ley para lograr un régimen de licencias parentales igualitarias”, dice Alberto Fernández en el Congreso, y suma el anuncio de otras medidas “en defensa de la igualdad de género”. Dicen algo. Juan Schiaretti, un mes antes, optó por no decir nada.

Ellos dicen, y lo que dicen habla por sí mismo: otra vez la miseria de “sus logros” o promesas sobre promesas, mientras padecemos diariamente todas las formas de la violencia patriarcal.

Empieza marzo y, como cada año, nos preparamos para copar las calles por nuestras demandas. No es un marzo cualquiera: vemos por televisión cómo la brutal invasión de Rusia a Ucrania sirve de excusa para que los países imperialistas de Europa se rearmen hasta los dientes, y en Argentina se cocina un nuevo pacto colonial con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Movilizarse

Las mujeres y personas disidentes sexuales sabemos bien que cuando la crisis se agrava, somos las que pagamos con empobrecimiento, miseria y peores condiciones de vida. Por eso, este 8 de marzo saldremos a movilizarnos para enfrentar el plan del Gobierno y el FMI.

Esto no es una novedad: durante estos años de pandemia, las mujeres y disidencias asistimos a un agravamiento de las condiciones de vida, un aumento en los ritmos de trabajo y la sobrecarga laboral sobre todo, por las tareas socialmente “asignadas” porque somos mujeres.

Según el Indec, el trabajo de cuidados (cocinar, limpiar, enseñar, cuidar de personas enfermas y ancianas, etcétera) significaba, antes de la pandemia del Covid-19, el 15,9 por ciento del producto interno bruto de nuestro país. Tras la pandemia, el peso de estas tareas escaló al 21,8 por ciento, y casi el 80 por ciento de estas tareas son realizadas por mujeres.

En el mismo período, vimos cómo muchas mujeres perdieron sus empleos precarios e informales porque se quedaron en casa para hacerse cargo de estas tareas, o las multiplicaron mientras teletrabajaban. La pandemia agravó la crisis ya existente sobre las tareas de cuidado.

Al mismo tiempo, vimos cómo los trabajadores docentes, de la salud, de limpieza (mayoritariamente mujeres), en Córdoba y en el país, estuvieron a la cabeza de los reclamamos contra los despidos, el trabajo sin protección, la falta de insumos, la degradación del salario.

Qué decir de las personas disidentes sexuales, compañeras y compañeros trans, travestis, lesbianas y gays que ya carecían de empleo, y cuya situación empeoró bajo la pandemia, mientras sigue sin implementarse la inclusión laboral real para personas trans. Vimos en toda la extensión nacional tomas de tierras encabezadas muchas veces por mujeres, frente al problema acuciante de la vivienda.

Nuestros derechos sexuales y reproductivos, nuestro acceso a la salud y a la educación sexual integral se vieron empobrecidos o directamente limitados.

El proyecto de ley de VIH-sida elaborado por organizaciones y personas que viven con el virus está a punto de quedar sin estado parlamentario; el aborto legal que conquistamos en las calles no está totalmente garantizando en el territorio nacional; la ESI quedó suspendida en su implementación o fue bloqueada por sectores reaccionarios, ante la mirada impávida de todos los gobiernos.

Los femicidios y la violencia sexual experimentaron, también, un aumento exponencial. El abuso contra las infancias; el caso de la violación grupal de una joven en el barrio porteño de Palermo o la muerte de Luana Ludueña, quien decidió quitarse la vida tras el ataque sexual de Diego Concha, exdirector de Defensa Civil y funcionario estrella de Schiaretti, son expresiones brutales de la violencia que se perpetúa sobre nuestras vidas y que la (irreformable) Justicia patriarcal agrava cuando desoye, estigmatiza, encubre.

Nuestras realidades

Por eso, seguimos exigiendo aplicación efectiva de la ESI, separación de la Iglesia católica respecto del Estado, desmantelamiento de las redes de trata y declaración de la emergencia contra la violencia de género, para crear viviendas, refugios, ayudas económicas, salarios y condiciones de trabajo dignos para los equipos interdisciplinarios que asisten a las personas en situación de violencia.

La falta de trabajo, la falta de independencia económica y las vidas precarizadas de mujeres y disidencias sólo recrudecerán bajo el acuerdo con el Fondo Monetario que Fernández busca, y que Schiaretti, Llaryora y la oposición de Cambiemos avalan.

Su país de las maravillas no tiene nada que ver con nuestras realidades. No hay “fin del patriarcado” bajo el imperio del FMI y del capitalismo. A lo sumo, querrán contentarnos con más migajas y promesas.

Frente a un nuevo 8 de marzo, día internacional de lucha, las mujeres y disidencias tomaremos las calles para rechazar un nuevo pacto de sometimiento del país. Una vez más, decimos: la deuda es con nosotras. Vivas, desendeudadas y libres, nos queremos.

* Nota de opinión publicada originalmente en el diario La voz del Interior el domingo 6 de marzo de 2022


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