Sociedad

BRUTALIDAD POLICIAL

Violencia policial en Jujuy: "Así que sos el que estudia, dijo, y empezó a pegarme en la cabeza"

Desde la Izquierda Diario pudimos hablar con Marcos, una de las víctimas de la brutal golpiza policial y detención a jóvenes del barrio Alto Comedero, en la mañana del 1° de enero.

Nadia Ruge

Columnista Pateando el Tablero

Lunes 4 de enero | 01:08

Alto Comedero es uno de los barrios más grandes, más poblados y populares de Jujuy. Ubicado al sur de la ciudad, lejos del centro de San Salvador de Jujuy. Barrio de laburantes, de ferias grandes y ferias en las plazas. También es uno de los barrios más pobres. Poco asfalto, mucha tierra. Una cantidad de perros imposible de contar, pero fácil de escuchar. En épocas navideñas se escuchan los pesebres, ahora un poco menos, por la pandemia. En Alto Comedero los y las jóvenes padecen la violencia, prepotencia y persecución policial a diario.

Te puede interesar: Brutal golpiza policial a jóvenes y vecinos de Alto Comedero en Año Nuevo

Marcos es un joven del barrio, vive con su familia, trabaja, estudia abogacía y le gusta rapear. La mañana del 1 de enero volvía de festejar año nuevo y en la esquina de su casa se encontró con amigos. Los chicos se saludaron, le pidieron a Marcos que se quede a “hacer un poco de free style” antes de despedirse. Así lo cuenta él:
“Llegué y estaban en la esquina, los fui a saludar un rato, estábamos escuchando algo de música, rapeando, tirando free style un rato. Estábamos bromeando con el auto porque mi amigo recién se lo había comprado. En ese momento llegaron los de infantería de la esquina, Querían abrir sin decir nada la puerta del auto metiendo la mano por la ventanilla. A uno ya lo tenían agarrado de las piernas, pero no podían sacarlo porque se agarraba, entonces lo agarraron del pelo y lo tironearon hasta afuera.

Y agrega: “vinieron de manera prepotente, no nos dijeron el por qué, no nos pidieron los papeles de auto, los documentos, nada. Eran cuatro policías y después vinieron más. Cuando nos dimos cuenta los teníamos encima, directamente nos quisieron bajar a la fuerza, no teníamos el auto prendido ni nada. A mi amigo le manotearon la llave, le rompieron la remera, como teníamos la ventanilla media baja nos manotearon de ahí, a mí uno de ellos me rasguñó toda la cara y me arrancó el barbijo. No nos dijeron que bajemos ni nada, y si no bajamos en el acto, fue por miedo. Cuando mi amigo llamaba a su papá, un policía lo basureaba y reparaba, “ay, papá, papá… vos allá (en la comisaría) no vas a durar nada”.

A los pibes los bajaron del auto a golpes, rompiendo los vidrios del auto, rompiéndoles la ropa y la cara, porque sí. Porque para la policía el canto joven o su disfrute en año nuevo es delito.

Literalmente los apilaron en la caja de la camioneta hasta la seccional 33.

Sobre esto cuenta Marcos: “Se burlaron siempre, yo les dije ¡No pueden hacer esto! Estudio abogacía, no pueden hacer esto; Y cuando estábamos arriba de la camioneta, nos empezaron a golpear a todos y a mí me decían -ah, así que vos sos el que estudia? - me dobló el meñique donde tenía las esposas y empezó a pegarme con la macana en la cabeza.”

“Cuando llegamos a la comisaría, me dicen que baje pero yo no podía porque me dolía mucho la pierna, entonces uno me agarró de los pies, abrió la contrapuerta y me tiró al piso de cara. Yo estaba golpeado y esposado. Después nos pusieron contra la pared y nos empezaron a golpear en la espalda. Ahí le decían a mi amigo que aprenda a respetar a la fuerza mientras lo pateaban, yo no podía mirar al costado porque nos pegaban cachetadas para que miremos a la pared, pero sí escuchaba los golpes y vi el charco de sangre. A él le pegaron hasta que empezó a convulsionar. Recién ahí dejaron de pegar.”

Los tuvieron encerrados en un calabozo hasta las once y media de la noche, sin darles al menos el analgésico que pedía por el dolor. Luego los liberaron a cada uno con un acta contravencional.

Dice Marcos:

“En el acta que nos entregaron dice que lo que hicieron ellos fue “disipar” el supuesto escándalo que estábamos haciendo. ¡Mentira! porque si hubiera sido así, nos decían que bajemos, que cada uno entre a su casa y listo”.

¡Basta de violencia policial!

Marcos y cada uno de los jóvenes víctimas de esta golpiza, son parte de la juventud de los barrios amedrentada y violentada día a día por la policía. Una policía jujeña que envalentonada durante la cuarentena asesinó a golpes a Ariel Valerián de 38 años, mecánico de la ciudad de Monterrico por haber salido a trabajar. Una policía siempre lista para reprimir a la orden de Gerardo Morales, Ekel Meyer, siempre obedientes a su Jefe y ahora Ministro de Seguridad: el comisario Corro, de amplísimo prontuario represivo y quien hace muy poco por ejemplo, detuvo a los dirigentes del SEOM Santiago Seillant y Ariel Wayar durante una protesta.

El régimen policíaco de Morales afecta y golpea con fuerza a la juventud. Además, estos casos de violencia policial se dan con frecuencia a lo largo de todo el país. Pareciera que ellos creen gozar de total impunidad para hacer lo que quieran, donde quieran y con quienes quieran.

Pero no, en los barrios las familias, vecinos y jóvenes saben que estos abusos y violencia brutal son lo único que estas fuerzas tienen para ofrecer, y quieren decir basta. Por eso en este caso realizaron las denuncias correspondientes y se organizan para exigir que este hecho no quede impune.

Se hace cada vez más necesario, organizarse para frenar la violencia policial, la represión y criminalización hacia la juventud y todo el pueblo trabajador.







Temas relacionados

Barrio Alto Comedero   /    Brutalidad policial   /    Libertades Democráticas   /    Jujuy   /    Sociedad

Comentarios

DEJAR COMENTARIO