Géneros y Sexualidades

SE TENÍA QUE DECIR

Violencia de género: los datos de una emergencia

Según la ministra de Mujer, Género y Diversidad, el único delito que no bajó en la cuarentena fueron los femicidios. Pero a más de 40 días de cuarentena, no hay cifras oficiales ni anuncios de medidas de emergencia. Un informe del Observatorio de Género de La Izquierda Diario aporta datos concretos para analizar porqué.

Sol Bajar

@Sol_Bajar

Martes 5 de mayo | Edición del día

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Según el ministerio de Mujer, Género y Diversidad de la Nación, las llamadas a la línea 144 crecieron al menos un 40%, desde que empezó la cuarentena. Y uno de los principales motivos de esos llamados fue búsqueda de orientación y de asistencia ante la violencia en el hogar, en la propia casa.

Hace unos días, la ministra Elizabeth Gómez Alcorta dijo que el único delito que no bajó durante la cuarentena fue el de los femicidios. Pero a más de 40 días del decreto presidencial, no dio cifras oficiales ni dijo qué medidas de emergencia se van a tomar desde el gobierno nacional.

¿Por qué no hay cifras oficiales? En Se tenía que decir hablamos con Juliana Yantorno, que es socióloga de la Universidad Nacional de La Plata, y es una de las impulsoras del Observatorio de Género de La Izquierda Diario, que este lunes presentó su primer informe, con datos muy concretos.

Podés leer: Observatorio de Género: se registró un femicidio cada 24 horas durante la cuarentena

Juliana nos contaba que según este relevamiento, que realizaron junto a profesionales y estudiantes de la Universidad, en el primer trimestre de este año hubo al menos 116 femicidios, mientras que en 2019 hubo 93.

Sin embargo, Yantorno explica que esa comparación tiene sus límites. Si se analiza el período que va desde el 20 de marzo, cuando se decretó la cuarentena, al 1° de mayo pasado, hubo al menos un femicidio cada 24 horas, y ninguna medida efectiva para garantizar la autonomía de las mujeres.

No es un dato menor ya que, que en el marco del aislamiento obligatorio, y de una mayor dependencia económica impuesta por la crisis en curso, la dependencia del agresor, se profundiza.

Otro dato que aporta el informe es que hay una invisibilización total de los crímenes de odio.

Según el relevamiento realizado por el Observatorio, en base a las denuncias de organizaciones LGTB, murieron al menos 25 personas trans, travestis y transgénero en lo que va de la cuarentena. Pero eso no aparece en ninguno de los diarios 24 diarios consultados por el Observatorio de Género. O sea que en este caso, el subregistro sería mayor al que vemos ante los femicidios.

En la sección de Género y Sexualidades de La Izquierda Diario puede leerse el informe completo, con materiales que además grafican muy bien la situación actual, pero hay algunas cuestiones puntuales que se desprenden de este informe y que es importante puntualizar.

Primero, que ante la situación de emergencia, el presupuesto nacional sigue congelado y se continúa destinando $11.50 por mujer para atender a este flagelo. Hay plata para la deuda, pero no para refugios o asistencia económica a las víctimas, para que puedan ganar autonomía y vivir de manera independiente, lejos de sus agresores.

En segundo lugar, que no hay un Plan de emergencia concreto, que garantice medidas básicas ante la violencia que se agrava en el marco de la pandemia, producto de la crisis económica que golpea particularmente a las mujeres.

Y un paréntesis en este punto: también este lunes Myriam Bregman, Alejandrina Barry y Nicolás del Caño anunciaron la presentación de un proyecto de ley, con una propuesta de un Plan de acción contra la violencia de género en período de Aislamiento, que plantea una serie de medidas mínimas a implementar en este marco, como que se pongan a disposición hoteles y viviendas ociosas para las víctimas y sus familias y personas a cargo; que se garanticen pases y licencias laborales por violencia de género; que se creen subsidios para que las mujeres puedan abandonar esa casa; y que el Estado disponga todos los recursos necesarios para que quienes trabajan en los diversos programas de atención a las víctimas de violencia cuenten con todos los derechos que les corresponden.

Desde ya que estas medidas no van a terminar con este sistema de explotación y opresión, pero son herramientas básicas, mínimas, elementales, que el Estado ya debería estar garantizando para paliar, al menos, la situación de las víctimas. ¿Por qué no se garantizan?

La pregunta, sí, es retórica, pero sirve para destacar un tercer elemento, y es que frente a esta situación, la fuerza para cambiarla está en las mujeres que tejen solidaridad y también se manifiestan en las calles.

Lo vimos ayer con la movilización que protagonizaron en La Plata, en rechazo a esta situación, diversas organizaciones de mujeres; con la manifestación de las trabajadoras municipales de Tigre, que denuncian el despido de 16 trabajadoras del programa de violencia en el distrito de Zamora; con las mujeres de los barrios, en los comedores, junto a las docentes. Y también con este auspicioso informe, en el que decenas de profesionales y estudiantes de la Universidad de La Plata demostraron su vocación de poner todo su conocimiento al servicio de visibilizar y cambiar esta situación.






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