Política

EL CÍRCULO ROJO

Vicentin, la deuda, las palabras y las cosas

Un debate político desplazado a la derecha y condicionado por el poder distorsiona la relación entre la intensidad de los anuncios y la realidad de las medidas. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h. por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Lunes 15 de junio | 01:04

  •  Varias razones podrían explicar los estrechos límites en los que se desarrolla el debate político en la Argentina: la vara muy baja que dejó el macrismo; las condiciones generales de la época; los retrocesos políticos o ideológicos de las últimas décadas en términos de cuál es el horizonte de lo posible; la presión del sistema mediático-empresarial que ante cualquier medida que no cuadre dentro de sus intereses pone el grito en el cielo o, quizá, una combinación de todos esos factores. Pero el resultado es una discusión política sensiblemente desplazada hacia la derecha. En ese marco, medidas de una moderada intervención estatal (hechas de contragolpe) se presentan como ultraizquierdistas y en su versión más cómica, hasta “comunistas”. Veamos dos ejemplos concretos: Vicentin y la negociación de la deuda.
  •  En El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario analizamos la realidad de Vicentin, pero hagamos un repaso. El conglomerado empresario se dedica básicamente a la exportación de productos agroindustriales (uno de los rubros más rentables del país, más allá de las crisis), posee plantas de almacenamiento o molienda de semillas; gestiona su propio puerto sobre el río Paraná; exporta de cereales -es una de las primeras firmas en el ranking-, procesa y comercializa aceite comestible con su propia marca. También está en el negocio algodonero en Chaco, Formosa y Santiago del Estero (con Algodonera Avellaneda), maneja toda la cadena de ese rubro, hasta confecciona prendas de vestir (tiene dos hilanderías, una en Brasil), es el número uno en la industria desmontadora del algodón y uno de los principales exportadores de fibra de algodón. También produce biodiesel, glicerina y aceites refinados en Santa Fe (en sociedad con la multinacional Glencor y Molinos). Posee negocios vitivinícolas y de jugos concentrados en San Juan. También tiene ganadería (20 mil cabezas de ganado) en Santa Fe. Es dueña del frigorífico Friar, una de las 20 firmas que forman parte del entramado y cuenta con siete mil trabajadores.
  •  Hay más: no es una sola Vicentin, sino varias. Tiene hermanas menores en países vecinos: Vicentin Paraguay, una oficina con seis empleados, sin galpones o puertos, pero que factura 200 millones de dólares al año; Vicentin Uruguay, firma clave en las maniobras de triangulación de soja para evitar el pago de impuestos y retenciones; Vicentin Brasil y hasta Vicentin Europa. Algunos dicen que tiene parientes lejanos no reconocidos en el Caribe, especialmente en cuevas financieras de Panamá.
  •  Vicentin creció en facturación, exportación y ganancias de manera espectacular entre 2016 y 2018, pero anunció que por "estrés financiero" no iba a pagar los 23.500 millones de pesos que le debe a los bancos (18 mil al Banco Nación), ni los U$S 350 millones de dólares con los productores agropecuarios, más toda la financiación que tomó por Bolsa y en bancos internacionales.
  •  Hay más: Vicentin fue la principal aportante a la campaña de Cambiemos y cuando Javier González Fraga estaba al frente del Banco Nación casi que le concedió una “tarjeta de débito” vip para que saque dinero todos los días. En noviembre de 2019, cuando Mauricio Macri dejaba la Casa Rosada y la cesación de pagos del país era inminente, ese banco público le cedió más de u$s 90 millones adicionales. Le otorgó 28 créditos que la firma, que ya era morosa, pedía por mail. En un solo día, el viernes 8, le otorgó ocho préstamos de entre dos y cinco millones de dólares. Tenía un delivery; un Banco Nación Ya!, como escribieron los periodistas Arlen Buchara y Ricardo Robins en la revista Anfibia.
  •  Una información más para graficar este robo del siglo: el 2 de diciembre de 2019, Vicentin Paraguay transfirió el 16,67 por ciento de las acciones del puerto Renova a su socia, la multinacional Glencore; el 3 de diciembre, un apoderado de la empresa creó Nacadie Comercial de Argentina (ya existían otras Nacadie, una en Uruguay y dos en Panamá) y el 5 de diciembre la empresa notificó la cesación de pagos a 2.638 acreedores por “estrés financiero” ¿A dónde fue el dinero de esa venta de acciones? Se borraron los rastros de esa operación a través de la firma Nacadie, pero cuando alguien revisó los datos de Nacadie Argentina encontró que la dirección informada era la misma que el frigorífico Friar del grupo Vicentin.
  •  Todo esto alcanza y sobra para una expropiación sin pago a sus dueños, que paguen con los activos que triangularon al extranjero en modo “fuga de capitales” fondeándose con la canilla del Banco Nación. Y además, expropiar a los otros “Vicentin” que quizá pueden no ser tan lúmpenes como los Nardelli, pero no menos monopólicos y controlan el comercio exterior, con predominio de empresas extranjeras como las norteamericanas Cargill, ADM, Bunge, la francesa Dreyfus o la china Cofco.
  •  Sin embargo, aún no se sabe si el decreto oficial de salvataje o la eventual expropiación (aún no confirmada) dejará afuera a estas empresas “controladas” y a otras subsidiarias hacia las que a Vicentin trasladó sus utilidades. Las “fuerzas vivas” de las numerosas familias de los Nardelli - Vicentin en Avellaneda y Reconquista en Santa Fe gritaron “chavismo”, Clarín y La Nación agitaron “se vienen las expropiaciones para todos y todas”, y Sergio Nardelli terminó sentado en Olivos de la mano del gobernador Omar Perotti (miembro de la rama “verde soja – línea fundadora” del peronismo) y tratado como un señor al que hay que explicarle que con él está todo bien y que sólo se quiere “rescatar” a la firma. Es probable que a la reunión haya ido Sergio Nardelli, porque vaya a saber uno en las tropelías en las que habrá estado ocupado su hermano (Gustavo) que el lunes 23 de marzo, día 4 del aislamiento obligatorio, fue encontrado por la Prefectura rompiendo la cuarentena navegando en su yate de lujo por el Paraná.
  •  Con el tema de la deuda externa sucede algo similar. Según una amplia doctrina jurídica internacional conocida como de la “Deuda Odiosa”, una deuda puede ser catalogada de esa manera cuando cumple dos condiciones: 1) ausencia de beneficio para la población porque fue contraída contra el pueblo, el Estado y/o en beneficio individual de los dirigentes o personas próximas al poder; y 2) la complicidad de los prestamistas, precisamente porque los acreedores sabían (o estaban en condiciones de saber) que los fondos facilitados no favorecerían a la población. Si toda la deuda externa argentina puede ser catalogada como “odiosa”, la que contrajo el macrismo es un caso paradigmático: ni un dólar benefició a la población y sí al personal dirigente o a quienes estaban próximos al poder. Además, existió una absoluta complicidad de los prestamistas. La mayor parte del dinero tuvo como destino la fuga y la especulación y en el último tramo sirvió para la financiación de la campaña electoral de Macri. Por si hacía falta algún argumento jurídico más, no cumplió con los requisitos legales y el FMI tenía pleno conocimiento. Todo esto alcanza y sobra para un desconocimiento soberano, sin embargo la negociación que empezó con una propuesta de pago de 40 centavos por dólar, hoy está cercano a 53 centavos, cuando el valor de mercado de los bonos en manos de los acreedores está muy por debajo de esa cifra.
  •  Tanto en el tema de lo que destapa Vicentin (que hay un monopolio privado y extranjero del comercio exterior) como en la cuestión de la deuda se imponen límites similares. El “monopolio estatal del comercio exterior”, es decir, que un país pueda controlar sus puertos (lo que entra y lo que sale, a los precios o valores de acuerdo a los intereses del país), como que es necesario desconocimiento soberano de una deuda odiosa, no son medidas “socialistas”, menos “comunistas”, no serían la socialización de los medios de producción, sino mínimas medidas de soberanía nacional que la muy moderada intervención estatal no garantiza y no puede garantizar.
  •  Hay que quebrar esos límites que ponen los poderes fácticos al debate político en el marco de una “grieta” que se mantiene dentro de esas fronteras. Para que –en principio- haya alguna congruencia entre las palabras y las cosas.





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