Cultura

TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN

Verano de 1917 en Rusia: el levantamiento del campesinado

Las respuestas a las reivindicaciones del campesinado y la configuración de una alianza entre los obreros y los campesinos pobres y medianos figuran entre las cuestiones estratégicas y tácticas más complejas que la revolución rusa tuvo que enfrentar.

Emmanuel Barot

Toulouse | @BarotEmmanuel

Lunes 25 de septiembre | 14:40

Esta es la tercera entrega de la traducción del articulo La revolución de 1917 frente a la “cuestión campesina”. Artículo publicado en la revista “L’Anticapitaliste”, No.87, mayo 2017 y en Révolution Permanente, diario digital francés integrante de la red internacional La izquierda Diario.

Acá puedes ver la primera y la segunda entregas

"En Rusia, el gran punto de inflexión de la revolución ha llegado indudablemente. En este país campesino, bajo un gobierno republicano revolucionario que gozaba del apoyo de los partidos socialistas-revolucionario (SR) y mencheviques, que todavía ayer dominaban en medio de la democracia pequeñoburguesa, un levantamiento campesino crece (...) Los bolcheviques serían traidores al campesinado [si no hicieran nada], por tolerar que un gobierno (...) aplaste el levantamiento campesino, significaría perder toda la revolución, perdiéndola para siempre y sin retorno”. (Lenin, "La crisis está madura", 29 de septiembre de 1917).

El programa de nacionalización dará lugar paulatinamente, por parte de los bolcheviques, a la reanudación del programa de los SR: no la nacionalización o la socialización de la tierra sino su reparto, lo que refleja el hecho de que el liderazgo proletario de la revolución no puede "saltar" el movimiento campesino. De hecho, este último, sin haber emprendido la revolución tan rápida y conscientemente como los trabajadores, a pesar de ello, se activa desde la primavera.

El sistema de comités agrarios está dominado en primer lugar por la pequeña burguesía rural, donde la influencia política de los SR de derecha es dominante. Éstos mantienen entre las masas el hecho de plantear mucho menos la cuestión del poder que la de la expropiación de la tierra y la del reparto de las propiedades de los hacendados, del Estado zarista y del clero; en un contexto en el que los SR, en adelante miembros del Gobierno Provisional, empiezan a decir que este reparto debe hacerse "legalmente". Una paradoja cada vez mayor que los verá defender sólo "de mala gana", dice Linhart, su propio programa, mientras que los bolcheviques lo apoyarán e implementarán. [7]

Sin embargo, en mayo de 1917 el campo estaba hirviendo. Durante el verano miles de levantamientos locales resuelven eficazmente el problema de repartir y expropiar, si es necesario saqueando mansiones y grandes haciendas, robando y saqueando lo que no se puede reapropiar y distribuyendo a los comités locales las tierras finalmente conquistadas. Diferentes historiadores, de Werth a Figes, insisten en la dimensión de revuelta y violencia irreprimible del proceso, cristalizando la venganza de un pueblo despreciado y brutalizado durante siglos, que tarde o temprano no haría más que retorcerle el cuello a sus verdugos. [8]

Al hacerlo, el movimiento campesino desempeñará un papel importante, indirecto pero objetivo en la Revolución de Octubre. Lenin se apoya en esta dinámica, que escruta estrechamente y hace presión para que el partido bolchevique apoye estas insurrecciones campesinas. El decreto sobre la tierra pronunciado el mismo día de la toma del poder en octubre será expresivo: se proclama "la abolición sin indemnización de la propiedad privada y la entrega de todas las tierras a disposición de los comités agrarios locales".

De hecho, legaliza y apoya un hecho ya realizado; el lema de la "nacionalización" en el corazón del programa bolchevique se deja de lado. Lenin simplemente explicará esto, subrayando que no es posible ignorar las aspiraciones de las masas aun cuando no se esté de acuerdo con ellas.

Esta decisión sin duda explica en gran medida el acercamiento con los bolcheviques durante este período del partido SR de izquierda, creado oficialmente a principios de diciembre, correlativamente al colapso simultáneo de los SR de derecha. El sentido de los acontecimientos en el campo expresa entonces el peso político creciente de la fracción de los campesinos pobres.

A partir de 1918: ¿gran malentendido o presión terrorífica de las contingencias?

Así como el año 1917 ha demostrado cuánto un programa y una estrategia revolucionarios deben seguir siendo tangibles a situaciones concretas, los años siguientes impondrán todo tipo de decisiones y orientaciones que no podrían ser tomadas a priori a la luz de un modo de empleo ahistórico. Los años 1918-1921 fueron marcados por una terrible guerra civil que asoló un país ya devastado por la guerra y el hambre. El año 1918 gradualmente marcó el fin del pluripartidismo soviético, mientras que la ruptura de los SR de izquierda fue un golpe a la alianza obrera y campesina.

Para hacer frente a los problemas planteados por la guerra civil y la ofensiva militar de los países extranjeros y para garantizar el suministro de las ciudades y el ejército, el "comunismo de guerra" requerirá en particular la nacionalización de las industrias y del comercio, la prohibición de la empresa privada, planificación centralizada de la producción, disciplina estricta en la fábrica, trabajo forzoso de los campesinos, requisición de la producción agrícola más allá del nivel de subsistencia mínimo para estos últimos, sin mencionar reclutamientos masivos y forzados en el Ejército Rojo.

Los campesinos se rebelaron contra esta política de requisición y control. Mientras la guerra de clases había acercado a los campesinos pobres y trabajadores, se reactivó la oposición urbano-rural, fomentando la solidaridad de los pueblos a expensas de la solidaridad de clase.

Según Nicolás Werth en una de sus primeras obras, se formaron los mayores "malentendidos", llegando hasta las revueltas campesinas armadas contra el nuevo régimen; un profundo conflicto entre lo antiguo y su inercia histórica con lo nuevo [9], una desconfianza mutua se arraigada entre los habitantes de las ciudades vistos como perezosos, acaparando la riqueza y las masas campesinas consideradas "sombrías y oscuras". [10]

Sin llegar a absolutizar este "malentendido", queda claro que los deseos de cambio radical de los obreros revolucionarios y los bolcheviques, por una parte, y los campesinos, por otra, que habían convergido en 1917, divergieron posteriormente bajo la presión de las necesidades de la guerra civil y el abastecimiento de las ciudades -el hambre permaneciendo en el corazón de todo el asunto-.

Acá puedes ver la cuarta entrega.

Traducido por Estefanía Santamaría

Notas:

[7.] R. Linhart, op. cit., p. 33-43. Contrario a la "tenaz leyenda" de un bolchevismo aislado de las masas, “en el momento crucial en que prácticamente se planteaba la cuestión de apoyar o reprimir el movimiento revolucionario masivo de los campesinos, sólo Lenin y el Partido Bolchevique [y los SR de izquierda] tomaron realmente el lado de los campesinos. Allí, sin embargo, está la verdadera base de la insurrección, desde el punto de vista del movimiento de masas” (p. 34-35).
[8.] Para el año 1917, ver O. Figes, op. cit., vol 1, p. 519 y siguientes, p. 650-657 y p. 816-819.
[9.] N. Werth, “La vie quotidienne des paysans russes de la révolution à la collectivisation 1917-1939”, París, Hachette, 1984, prólogo p. 17 y capítulo 2.
[10.] Linhart, « Lénine, les paysans, Taylor. Essai d’analyse matérialiste historique de la naissance du système productif soviétique », Paris, Seuil, 1976, rééd. 2010, capítulo 3 “El odio”, recuerda el “miedo del campesino” y el “miedo a las campiñas”, “el miedo casi religioso de muchos intelectuales rusos contra el inmenso misterio campesino”, miedo que Gorki, quien sin embargo se convirtió en el escritor nacional adorado por el stalinismo, encarna emblematicamente. Ver también O. Figes, op. cit., vol. 1, p. 760 y siguientes.








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