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Red Internacional

El ministro fue a explicar las negociaciones y mostró gráficos sobre "la vida que queremos". Al salir del encuentro Héctor Daer reconoció que la deuda “es impagable” pero terminó pidiendo “un punto de sustentabilidad en el acuerdo con el Fondo”. ¿En qué quedamos? Caló y Schmid juraron que no habrá ajuste ni ataques a los derechos laborales. ¿Vos les creerías?

Lucho Aguilar@lukoaguilar

Miércoles 1ro de diciembre de 2021 | 22:35
Foto: @mnspezzapria en Twitter

Tal como habían anunciado, este jueves Martín Guzmán se reunió con el consejo directivo de la CGT a pleno. Un centenar de sindicalistas escucharon la disertación del ministro, con gráficos de la felicidad y power point incluidos.

Al final de la tarde el aplauso final se escuchó desde afuera del edificio de Azopardo 802 y se encendieron las cámaras. Ambos lograron lo que buscaban. De parte del Gobierno la imagen del “movimiento obrero organizado” apoyando sus negociaciones con el Fondo y el plan que enviará al Congreso en pocos días. De parte de la cúpula cegetista un reconocimiento a su pedido de "ser parte de las grandes decisiones del país".

El encuentro comenzó poco después de las 18. Guzmán, que llegó acompañado por Claudio Moroni (Trabajo), fue recibido por el triunvirato de Daer, Moyano y Acuña. Los acompañaba la eterna “mesa chica” que incluía a Lingieri, Martínez, Rodríguez y otros dirigentes. Los mismos de siempre, ningún “cupo femenino”.

Luego fue el encuentro en el salón Felipe Vallese, donde el ministro se refirió al “Programa Económico Plurianual para el Desarrollo Sustentable” que enviará el Presidente al Congreso.

Como no fue abierta a la prensa, todos los trascendidos corrieron por cuenta de los dirigentes que fueron saliendo del edificio de Azopardo. La clave del discurso cegetista fue instalar la idea de que el pacto con el FMI no incluye ningún tipo de ajuste. “La palabra ajuste no estuvo el salón” dijo Juan Carlos Schmid, como si alguien esperara que lo contaran así alegremente. Sin embargo reconoció lo evidente: “no estamos felices que vuelva el Fondo y establezca condicionalidades”. El pedido fue el mismo que repiten los funcionarios: “necesitamos tiempo”. En ningún momento rechazó el pago de la deuda

Antonio Caló fue el informante más entusiasta. Tras encumbrar a Guzmán como el “mejor ministro de la historia” se sumó al slogan de que “no habrá ajustes ni reformas laborales” y dejó una de las frases de la jornada: “la CGT lo va a acompañar”.

Pero las declaraciones más esperadas eran las de Héctor Daer. El jefe de Sanidad dijo que “es imposible hacer frente al endeudamiento que generó el gobierno anterior con el FMI”. Sin embargo, reafirmó el apoyo de la CGT al plan económico del Frente de Todos y pidió “encontrar un punto de sustentabilidad en el acuerdo con el Fondo”.

Por último reconoció que “una preocupación que tenemos desde la CGT es que cualquier negociación no caiga sobre los derechos de los trabajadores y los sectores más vulnerables”.

De la jornada se puede dos rápidas conclusiones.

La primera es que la insistencia de Daer y la conducción cegetista en aclarar tanto los supuestos compromisos del equipo económico, no hacen más que poner en evidencia la preocupación por las consecuencias políticas y sociales que tendrá el acuerdo. Porque la realidad es que cualquier promesa hecha en un salón sindical del bajo porteño no tiene ningún valor en los salones donde se toman las verdaderas decisiones, los de Washington.

La otra es que más allá de los elogios de Caló y Daer, el ministro que hoy mostró los gráficos sobre "la vida que queremos" fue uno de los encargados de llevar adelante un ajuste del que nadie se acordó de preguntarle. Y esas medidas fueron justamente para dar las señales de “sustentabilidad” y “equilibrio fiscal” que pide el organismo para garantizarse el pago de la deuda.

Sin ir más lejos, horas antes de la visita de Guzmán, su propio ministerio confirmó que Argentina pagará el 18 de diciembre un nuevo vencimiento con el FMI: US$ 1.892 millones. Así sumará US$ 6.496 millones desde que asumió. Pagos que se hicieron en medio de una pandemia y una crisis social que hundió a más del 40 % de la población en la pobreza y golpeó los bolsillos populares.

Como reconoció Schmid, el Fondo vuelve y pondrá sus condiciones. Y parece que la CGT, otra vez más, no va a hacer nada para impedirlo.

Por eso cobra cada día más importancia la movilización que preparan la izquierda, el sindicalismo combativo y organizaciones sociales para el 11 de diciembre. Nada bueno puede salir de los salones donde se cocina el acuerdo, acá o en Estados Unidos. Ese día hay que copar Plaza de Mayo para decirle no a la deuda y al FMI.




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