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DENUNCIA / CAPITALISMO PURO Y DURO

[VIDEO ] ¿Parásitos? Lo que obtiene en unos pocos segundos es lo que la transnacional Mondelez paga por todo un día de trabajo

Recientemente, desde dentro de la planta, los trabajadores difundieron un video donde muestran la ínfima cantidad de tiempo que le lleva a la empresa obtener la absoluta miseria que les paga. Capitalismo, plusvalía, superexplotación, ¿les suena?

Ángel Arias

Sociólogo y trabajador del MinTrabajo @angelariaslts

Martes 11 de febrero | 10:34

Trabajadores de Mondelez muestran las ganancias de los patronos mientras pagan míseros sueldos - YouTube

Arranca la máquina que saca galleticas en serie… cuando no ha pasado ni un minuto ya los trabajadores han empaquetado las 23 galletas suficientes para cubrir el costo salarial de todo un día de sus labores. Todo el resto de la jornada es trabajo gratuito que se queda la empresa. Semejante despojo es el que denuncian los trabajadores de la planta de la ex Kraft en Lara.

La afirmación de que en Venezuela los patrones pagan hoy una de las manos de obras más baratas del mundo (y quién sabe si la más) no es en absoluto una exageración, no es hipérbole, es una horrenda y criminal realidad. A amigos o familiares fuera del país les cuesta creer cuando una trabajadora o trabajador venezolano les dice cuánto es el salario mínimo –o el salario promedio de la mayoría– y para qué alcanza. Cuando decimos “salarios de hambre”, “de miseria”, es literal, es porque con el salario de un mes el trabajador no puede ni siquiera garantizar la comida de una semana. Por eso bien pudieran llamarse en algunos casos salarios de muerte: si la manutención del trabajador dependiera solo de ese salario, sencillamente se muere por falta de alimento.

A menudo se tiende a pensar que lo raquítico del salario está en relación solo con la voraz hiperinflación y la meteórica pérdida de valor del bolívar. Sin embargo, el salario de la clase trabajadora no solo es algo pírrico frente al altísimo costo de las cuestiones más elementales para vivir, sino que también es insignificante ante las ganancias empresariales. La porción que hoy en Venezuela los capitalistas privados pagan a los trabajadores es totalmente mísera con relación a lo que obtienen del trabajo de estos.

“Estamos acá en el área de wafer”, explica el trabajador, muestra el proceso de la máquina que saca 165 galletas por minuto. Señala que en tan solo 45 segundos están empaquetadas las 23 galletas con las que la transnacional estadounidense obtiene el equivalente al salario diario de los 35 trabajadores que laboran en ese turno. Cada galleta se vende en 12.500 bolívares, lo que multiplicado por 23 hace 287 mil bolívares, lo suficiente para pagarle el salario diario de poco más de 8.000 bolívares a cada trabajador; “8 bolos”, como se dice coloquialmente.

El salario mínimo nacional, “aumentado”, está en 250 mil bolívares mensuales, lo que dividido entre 30 da un monto de 8.300 bolívares diarios. Eso es, casi exactamente, lo que están cobrando los trabajadores. El emporio gringo, una de las mayores empresas de la alimentación del mundo, obtiene en un minuto el costo salarial “legal” de 35 trabajadores en Venezuela.

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Tal como exponen en el video, en una cuenta sencilla se evidencia que la empresa obtiene el equivalente en producto a unos 1.600 dólares la hora, lo que serían unos 10 mil dólares por turno, 20 mil entre los dos turnos que funcionan actualmente. ¡De los 10 mil dólares que producen los trabajadores por turno, la empresa les paga en salarios unos 4 dólares! Todo lo demás se lo queda el capital. ¡Lo que les pagan en salario no es ni el 0,1 de lo que producen con su trabajo! ¿Hablamos de robo y de expropiación?

De todas las horas que laboran en el turno, en un minuto, en una fracción absolutamente insignificante, producen lo suficiente para su salario, ¡todo el tiempo restante es trabajo gratuito que se queda la empresa! ¿De parásitos se habla en estos días?

La empresa, en teoría, “cumple con la ley”… con las leyes antiobreras impuestas por el gobierno reaccionario de Maduro tras desconocer los derechos de los trabajadores. Desde agosto de 2018, cuando lanzó su paquetazo de ajuste capitalista, antiobrero y antipopular, el gobierno avanzó en una verdadera contrarreforma laboral, que desconoció por la vía de los hechos –y de un nefasto Memorando–, los contratos colectivos y los derechos en ellos establecidos, en toda la economía nacional, tanto en el sector público como en el privado.

Impuso primero las “Tablas salariales” y luego el “Memorando 2792”, un documento infame que pasará a la historia como uno de los ataques más violentos y reaccionarios contra la clase obrera venezolana: echaba por tierra décadas de luchas y conquistas, retrocediendo a principios del siglo XX, redefiniendo las relaciones laborales y sus derechos en función de la voluntad unilateral del patrón.

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Maduro y su gobierno le dieron vía libre a las empresas privadas, nacionales y transnacionales, para desconocer, “legalmente”, los derechos de la clase obrera, y también, implícitamente, a las organizaciones sindicales. Es así cómo en el supuesto “socialismo” de Venezuela, el capital privado empezó a hacer desguace con las condiciones salariales y laborales de los trabajadores, con la cobertura institucional del gobierno dizque “obrerista”. Como se ha mencionado otras veces, aquí lo que hay es capitalismo puro y duro.

De manera que, gracias a las relaciones de explotación y gracias al gobierno antiobrero de Maduro, trabajadores como los de Mondelez (ex Kraft), que contaban con un contrato colectivo y una serie de derechos, fueron totalmente despojados de los mismos. Gracias a esas gestiones del gobierno autoritario de Maduro, ¡con solo 3 “Sorbeticos”, producidos en menos de un minuto, el emporio de capital imperialista estadounidense les paga el salario diario a 35 trabajadores venezolanos!

Como se ha escrito en más de una ocasión desde este medio, el autoritarismo, el carácter represivo del gobierno de Maduro y las FF.AA., no solo se expresa hacia la oposición de derecha aliada del gobierno estadounidense –que se comporta como un emperador imperial queriendo decidir quién gobierna en Venezuela–, sino que también golpea con particular saña a los trabajadores, sus derechos y sus luchas. Y si bien este gobierno resiste las embestidas intervencionistas de los gringos, de ninguna manera eso es sinónimo de que esté enfrentado a la explotación capitalista ni a los capitales imperialistas: aquí vemos lo que es apenas un botón de muestra de cómo el carácter autoritario y represivo de Maduro, con el cual pudo imponer su política laboral antiobrera, está al servicio de las más infames ganancias del capital imperialista, en este caso el estadounidense.

Mondelez, esa mega corporación transnacional estadounidense, uno de los principales monopolios de alimentación a nivel mundial, que emplea más de 100.000 trabajadores en decenas de países, lleva adelante, de la mano de Maduro, una de las relaciones de súper explotación más repugnantes y miserables que puedan ostentar en el mundo. El nivel de expropiación de su trabajo del que son objeto estos obreros venezolanos por esos capitales gringos es de un parasitismo obsceno. En un lado miseria, enajenación de su trabajo, salarios de hambre y muerte, en el otro, ganancias fabulosas, fáciles, fortunas descomunales, emporios, con base al robo del trabajo ajeno.

Hablando de parásitos en estos días, como dice el dicho, la realidad supera la ficción.







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