EDITORIAL

Usos y abusos de los servicios de inteligencia

El discurso de la regeneración institucional y la limpieza de la cloaca de la exSIDE, la utilización política de los escándalos del espionaje. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 7 de junio | 23:38

  •  Varios escándalos relacionados con los servicios de inteligencia salieron a la luz estas semanas.
  •  Uno que hizo mucho ruido tiene que ver con la causa que tramita el juez federal de Lomas de Zamora, Federico Villena. Es por espionaje contra un amplio espectro de dirigentes políticos y tiene algunas curiosidades inquietantes. En esa causa apareció un “narco arrepentido” que confesó que fue contratado por personal de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) en 2018. Declaró que junto a otros espías colocó, a pedido de la AFI, una bomba con medio kilo de trotyl en la puerta de un departamento en la Ciudad de Buenos Aires para amenazar a una persona que entonces era funcionario del Ministerio de Defensa, José Luis Vila. Un artefacto que efectivamente se encontró en el lugar, aunque no detonó. Vila es un hombre de larga trayectoria en el mundo de la inteligencia desde los tiempos de Raúl Alfonsín, vinculado al histórico operador del radicalismo, Enrique “Coti” Nosiglia. El “narco” apuntó al abogado Facundo Melo y a otro agente, Alan Ruíz, que integraron la AFI bajo el macrismo, el último muy cercano a Patricia Bullrich. Ambos están involucrados en la causa por el apriete a un juez para que detuviera a Pablo y Hugo Moyano. Si se tira más del hilo, el caso llega hasta el Servicio Penitenciario Federal (SPF), donde se conoció la renuncia de dos de sus responsables: Emiliano Blanco y Cristian Suriano. En un allanamiento en el área de inteligencia del Servicio Penitenciario se encontraron informes sobre jueces y hasta integrantes del Gobierno nacional y sus líneas internas en la época de Macri. Para que se entienda: el sector de inteligencia del Servicio Penitenciario (encargado de las cárceles) hacía espionaje político.

    Para aportar a la confusión general o para clarificar la índole de los integrantes del Poder Judicial, hay que tener en cuenta un hecho: de una causa que estaba en manos de Federico Villena se filtraron los audios de presos vinculados kirchnerismo y que estaban en Ezeiza en 2019. En su momento, esos audios sirvieron para contrarrestar la denuncia contra el falso abogado Marcelo D’Alessio, el fiscal Carlos Stornelli y toda esa runfla que destapó una trama de causas armadas durante el macrismo. O sea, grabaciones que estaban bajo la órbita de Villena que hoy investiga a la AFI de Macri sirvieron en su momento para encubrir a Macri. Claro, muy probablemente Villena cree que estuvo impartiendo justicia tanto ayer como hoy. Lo que pasa es que parece la justicia siempre coincide con los intereses de quienes están en el poder, él no tiene la culpa.

  •  Otra denuncia fue la que realizó la interventora en la AFI, Cristina Caamaño, que responsabilizó a Macri las tareas de espionaje ilegal e incluyó también a Gustavo Arribas y a Silvia Majdalani (número uno y dos de la AFI, bajo administración Cambiemos). Las pruebas -en este caso- estaban en un disco rígido y daban cuenta de que se habrían espiado los mails de 87 políticos, periodistas, abogados y hasta una comisaría. Lo curioso es que la inteligencia se habría hecho también sobre los propios integrantes de la coalición de Juntos por el Cambio (desde Laura Alonso hasta Elisa Carrió).
  •  Finalmente, se conoció la denuncia que vio la luz de una manera muy particular el viernes pasado y que fue realizada también por la intervención de la AFI. Incluyó a más de cuatrocientos periodistas y organizaciones políticas como el PTS que fueron espiados, se elaboraron fichas personales de militantes y dirigentes. Digo que se conoció de una manera bastante peculiar porque primero fue informada parcialmente a través de un off con un grupo de periodistas convocados por el Gobierno, antes incluso de que tomen conocimiento las víctimas. Hoy domingo se publicó en varios medios, un poco más completa.
  •  Es indiscutible que hay que poner luz y denunciar al sistema de inteligencia que estuvo vinculado a la inmensa mayoría de los escándalos políticos con dos características centrales: la persecución y represión interna (supuestamente prohibida, pero siempre aplicada) y el arreglo de cuentas entre fracciones de la política tradicional que esconde demasiados secretos como para que alrededor de ellos florezca toda una industria. Algunos ejemplos de la historia argentina reciente: los espías estuvieron involucrados en la represión ilegal en el intento de copamiento del cuartel de La Tablada en los años de Alfonsín; en los escándalos por las famosas “coimas” en el Senado para aprobar la reforma laboral en los tiempos de la Alianza; en la Masacre del Puente Pueyrredón en la que fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán en 2002 (se comprobaron comunicaciones entre el comisario Alfredo Fanchiotti y miembros de los servicios); en la renuncia de Carlos “Chacho” Álvarez a la vicepresidencia, también durante la Alianza (no se puede decir que su renuncia se haya producido por una operación de la SIDE, pero sí que hubo una operación de la SIDE en el momento de su renuncia); hasta llegar al megaencubrimiento por al atentado a la AMIA, en el que quedaron en evidencia la colonización del espionaje local por parte de agencias internacionales. Más recientemente, bajo el kirchnerismo, tuvimos el Proyexto X de Gendarmería o la infiltración del agente Américo Balbuena en una agencia de noticias alternativa. Jaime Stiuso reinó durante casi cuarenta años y fue la columna vertebral del sistema de inteligencia.
  •  En una obligación para quienes defienden las libertades democráticas aprovechar cada ocasión echar luz sobre ese Estado dentro del Estado. Y volver a ratificar la naturaleza de un gobierno que tenía como ministra de Seguridad a Patricia Bullrich, que aplaudía el gatillo fácil, festejaba la represión y encubría los asesinatos de las Fuerzas de Seguridad y ahora se sabe que espiaban a medio mundo. Hay que exigir la disolución de esos aparatos descompuestos, castigar a los responsables políticos y directos de los actos criminales protagonizados por quienes habitan esas cloacas, pedir medidas elementales como la apertura de todos los archivos (incluidos los de la Dictadura).
  •  Sin embargo, no se puede dejar de dar cuenta que cuando muchas casualidades se juntan y cuando esas casualidades están relacionadas con el submundo de los servicios, hay que intentar interpretarlas no sólo en su trama interna, sino en los usos de la política. “Hay que conectar lo particular para entender lo general”, dijo el fiscal Federico Delgado sobre esta cuestión en una entrevista reciente. Le agregaría que hay que entender lo general para conectar lo particular. Hay algo en la irrupción de todas estas denuncias en simultáneo que tiene que ver -como decían en el mundo PRO- con administrar la “conversación” pública. Incluso en algunos casos esto queda en evidencia por la forma y por el manejo de los tiempos: se entrega información sobre persecución a los periodistas para que se publique el día del periodista; se adelanta información en un off con comunicadores convocados por el Gobierno antes que se enteren las víctimas; tienen lugar justo cuando se conocen los números catastróficos de la economía y se viven sus consecuencias; se venía debatiendo un tímido impuesto a las fortunas, un aporte por única vez que, incluso si se coloca en la agenda, ya pasaron casi tres meses de cuarentena en los cuales los mayores esfuerzos los hizo la sociedad, el Estado fue al rescate de las empresas y se la llevaron los bancos, los empresarios y los dueños en general.
  •  Siempre hay que tener en cuenta que esos aparatos son un medio, una herramienta, con mucho poder, es verdad, pero porque el poder de los espías viene, esencialmente, de que son espías del poder.

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