Política Chile

Unidad opositora por una asamblea constituyente, pero sin tocar la herencia de la dictadura

El gobierno de Piñera anunció con bombos y platillos una nueva constitución vía parlamento constituyente, es decir, que los mismos que han gobernado y son los causantes de esta crisis, sean quienes discutan definan una nueva carta fundamental. Por su parte la oposición se unió para exigir un plebiscito, asamblea constituyente y nueva constitución ¿será esta una salida al conflicto?

Francisco Flores Cobo

Estudiante de Derecho U. de Chile

Miércoles 13 de noviembre de 2019

Por un lado La apertura del gobierno hacia cambios profundos en la actual constitución es derechamente una trampa para que quienes nos hemos movilizado en todo el país, y que seamos meros espectadores de estos “cambios”. Su objetivo es que esta rebelión sea encausada y resuelta por el parlamento, pero es apenas una pequeña minoría (11% según la encuesta Cadem, cercana políticamente al gobierno) la que estaría a favor de que una nueva constitución sea generada desde el actual poder legislativo.

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Por el otro lado, toda la oposición desde la DC hasta el frente amplio y el PC, exigen como primera medida a implementar, un plebiscito vinculante para que “sea la ciudadanía quien decida sobre el mejor método para llegar a una nueva constitución”. Sin embargo, para que esto sea real, sería necesario que 2/3 del Senado y de la cámara de diputados estén a favor de un cambio constitucional que permita la realización del plebiscito. En concreto, depositan su confianza en que la derecha apruebe esta reforma ¿cómo es posible que la salida a este conflicto pase por confiar en el sector político creador y garante de este modelo, y que aun después de 27 de históricas movilizaciones se niegan a la realización de esta consulta vinculante? Nos llaman a negociar y confiar en la misma derecha que se ha encargado de asesinar, mutilar y reprimir a los millones que nos hemos movilizados en las calles. Desde su inicio, la propuesta de la oposición se encuentra con una muralla institucional que de ninguna manera podrá superarse en la cocina parlamentaria.

Luego, manifiestan que es necesario “un organismo deliberativo e institucional, con delegados y delegadas electas democráticamente” Y que “debe ser con convocado única y exclusivamente para redactar un nuevo texto constitucional que deberá ser sometido a referéndum”. Aquí la clave es que, en esta forma de asamblea constituyente, las potestades de Piñera en el ejecutivo y del senado con mayoría oficialista se mantienen intactas, es decir, es una asamblea dentro de los límites del actual régimen político legado desde la dictadura. De ahí que el problema central en esta forma de constituyente sea que en la deliberación no esta asegurado el poder de decisión, teniendo que pasar cualquier referéndum por la aprobación de la reforma ya mencionada a la actual constitución, que a fin de cuentas depende de voluntad de la derecha.

La oposición dice tomar las banderas de las movilizaciones al plantear asamblea constituyente, pero hace caso omiso a otra gran demanda que millones exigen en las calles: ¡fuera Piñera! Para que una AC sea realmente democrática es necesario que Piñera salga del gobierno y se supriman las funciones de un ejecutivo marcadamente presidencialista y por ende profundamente antidemocrático. Junto con ello, para garantizar que realmente podamos decidir, deben suprimirse organismos autoritarios del régimen político como el tribunal constitucional y el senado, para evitar que exista poder de veto sobre las resoluciones y reunir en un solo organismo las funciones legislativas y ejecutiva, para que todo que aquel que elabora las leyes tenga la responsabilidad de implementarlas, barriendo con la hipócrita idea de la “separación de los poderes del estado”. En esta forma de Asamblea Constituyente deberíamos elegir un diputado cada 20.000 habitantes y eliminar los privilegios por concepto de ingresos, reduciendo los sueldos parlamentarios a lo que gana un profesor a jornada completa y todos los cargos públicos debieran ser revocables por sus electores.

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De cualquier manera, lo central para encontrar una solución al conflicto abierto no pasa por la confianza en el gobierno ni en la unidad de todos los sectores políticos, pasa mucho mas por que la huelga general se extienda en el tiempo y en la cantidad sectores de trabajadores que adhieren. Si queremos ganar, la total confianza en nuestras propias fuerzas y la total desconfianza en la derecha y el gobierno, deben ser los ejes rectores de nuestro actuar.







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