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Red Internacional

Historia y presente. Unidad de los trabajadores: ¿cómo hacer realidad esta idea?

En esta nota queremos hacer un poco de historia sobre el movimiento de desocupados, remontarnos al surgimiento del “piquete y cacerola”, hasta llegar al día de hoy. Queremos tirar abajo esos sentidos comunes que solo sirven para dividir a los trabajadores ocupados y desocupados. El objetivo de los capitalistas es que no nos demos cuenta que tenemos una fuerza poderosa y un mismo enemigo: los empresarios y los políticos que administran sus negocios.

Adriana BilbaoAbogada - Integrante del CeProDH

Evelin CanoEmpleada doméstica CABA - Integrante de La Red de Precarizadxs

Lunes 30 de mayo | 22:58

Recuerdos del pasado

En el año 1996 empiezan los grandes levantamientos de desocupados en las localidades de Cutral Có y Plaza Hincuil (Neuquén), Tartagal y Mosconi (Salta) y sigue en la provincia de Jujuy con bloqueos y cortes de ruta, en respuesta a las privatizaciones y políticas neoliberales aplicadas por Carlos Menem que dejó a miles sin trabajo. Así aparecen los piqueteros con métodos de acción directa, autoorganización y de democracia directa, sus delegados elegidos eran revocables si no cumplian con los mandatos de la base. Por ejemplo, eran destituidos si negociaban con el gobierno.

La clase capitalista y los políticos que administran sus negocios necesitan borrar de la memoria social aquellas experiencias de rebelión popular. “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas”, decía Rodolfo Walsh.

Por eso, para seguir con la nota te recomendamos ver este video que trata de la historia del movimiento de desocupados y las luchas obreras durante el menemismo:

✊🏾 HISTORIA

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Este periodo termina en el 2000 con el gran hecho de trasladar la lucha del movimiento de desocupados que se producía en el interior del país al Gran Buenos Aires y se realizan las primeras asambleas. Más de cuatro mil desocupados de La Matanza, agrupados en la Federación de Tierra, Vivienda y Hábitat de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y la Corriente Clasista Combativa (CCC) cortaron la Ruta Nacional 3. Pero en ese momento, el movimiento empezó a ser regimentado por organizaciones políticas que más adelante van a ponerlo bajo los lineamientos de la política estatal. Su crecimiento pegó un salto cuando participaron en el estallido del 2001, que llegó a la Capital Federal y se masificó con el corte en el Puente Pueyrredón donde asesinaron a Maximiliano Kosteki y Dario Santillan en junio del 2002.

El estallido social del 2001 le dio un golpe a las políticas neoliberales de la década anterior. Después de la huida de De la Rúa en helicóptero, el paso de 5 presidentes en 11 días y el que “se vayan todos”, apareció el kirchnerismo en la escena política nacional y se propuso recomponer las instituciones del estado capitalista: había que volver a hacer que la población confiara en el Congreso y en la figura del presidente. Buscaron hacer eso por medio de una serie de políticas públicas destinadas a los sectores más golpeados por la crisis, a aquellos “trabajadores sin trabajo”. Esto inauguró un periodo de integración y subordinación de gran parte de los movimientos sociales y sus dirigentes, entre ellos el movimiento piquetero, a la base social del Estado.

Te invitamos a ver este video: ¿Qué fue la crisis del 2001 en Argentina?

Como señalaban hace unos años Ruth Warner y Facundo Aguirre desde ese momento:
“La política estatal tuvo distintos vaivenes frente a los planes de empleo y la asistencia alimentaria, hasta que las jornadas revolucionarias de diciembre de 2001 y la masacre del Puente Pueyrredón (que terminó con la vida de Maximiliano Kosteki y Darío Santillan) obligaron al gobierno de Duhalde a montar un plan social inédito en América Latina, fogoneado por el FMI y financiado por el Banco Mundial. El plan Jefas y Jefes de Hogar fue distribuido a casi 2.000.000 de beneficiarios. A partir de este momento, las prácticas clientelares pegaron un salto cualitativo como política de Estado. Al “centralizarse” de cierta manera el reparto de la ayuda social, los punteros políticos encontraron una nueva fuente de recursos en el erario público y por otra parte acrecentaron una sorda puja por el manejo de los planes para reforzar su poder territorial. Por su parte, los movimientos piqueteros centraron cada vez más su intervención concreta en la presión por obtener la asistencia gubernamental en cuatro puntos concretos: asignación de planes de empleo, bolsones de comida, abastecimiento de comedores populares y, últimamente, ayuda económica para los microemprendimientos productivos”.

En el período kirchnerista, producto del “viento de cola” de la economía mundial, se logró cierta recomposición del empleo. Pero también hubo políticas orientadas a trabajadores desocupados con el fin de insertarlos dentro de la llamada “economía popular” (no asalariada en términos tradicionales). Dentro de estas políticas se destacó por su extensión el Programa Argentina Trabaja, que tenía como requisito organizarse en una cooperativa de trabajo. Desde el Estado y el gobierno de turno se priorizaba generar “inclusión laboral” desde estos espacios que administraban las cooperativas y organizaciones sociales afines, y que dejaban de lado el reclamo de nuevos puestos de trabajo genuino en blanco y sindicalizado.

Entre 2011 y 2019 el gasto en programas de promoción o preservación del empleo formal cayó, en términos reales, un 79,97%. Como contrapartida, hubo un aumento del 48,16% de la inversión pública en planes de cooperativas destinados a fortalecer la “economía popular” durante esos mismos años [1]. La reciente creación del Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (ReNaTEP) [2] fue un ejemplo de esta tendencia. En el 2016 se promulgó la ley 27.345 la cual reconoce institucionalmente a los trabajadores de la “economía popular’’, junto con un presupuesto de 30.000 millones de pesos durante los siguientes cuatro años. Se da en el gobierno de Macri de empresarios pro mercado y con orientación abiertamente neoliberal (buscan que el Estado sea “más chico”). Durante lo que duró la gestión de Cambiemos, recortó el gasto público al mismo tiempo que aumentó los beneficiarios de los planes y les dio concesiones a los movimientos sociales de la “economía popular”.

De este modo en la última década se combinaron dos cuestiones: por un lado cuando la economía estuvo “a favor” se trasladó la creación de trabajo a la iniciativa de las empresas privadas; Por otro, se mantuvo y fue en aumento las políticas neoliberales de flexibilización laboral, es decir, un sector trabajadores sin derechos, separados de la clase obrera "en blanco". Dentro de este plano, los distintos gobiernos apuntaron a que el reclamo por trabajo genuino desapareciese en pos de reclamos canalizados por las organizaciones afines, limitados a exigir mayor presupuesto para la entrega de planes sociales. Esto muestra que más allá de quien controle el Ministerio de Desarrollo Social y quien gobierne, macristas y kirchneristas, siempre hubo una política para intentar contener a los sectores más golpeados administrando la miseria.

Donde está, que no se ve, esa famosa CGT

Los que ganaron a lo grande en Argentina según la revista Forbes, son solo siete argentinos que tienen un patrimonio de 17 mil millones de dólares, mientras que en en el país la pobreza es del 37,7% y afecta a 16,8 millones de argentinos. Según el INDEC la tasa de desocupación es de 7,7% para las mujeres y de 6,4% para los hombres.

Mientras algunos trabajan 10 o 12 horas hay otros que tratan de sobrevivir con un plan de $19.500 y de changas. Mientras la inflación se come el salario, los empresarios “sugieren” a la fuerza que los trabajadores dejen la vida en las fábricas haciendo horas extras.

Importantes sectores del movimiento de desocupados, reunidos en la Unidad Piquetera, retomaron las calles por las demandas por trabajo genuino. Una importante expresión de este fenómeno cada vez mayor fue la Marcha Federal del jueves 12 de mayo. Después de tres días de movilización en todo el país, decenas de miles de personas se reunieron en Plaza de Mayo. La convocatoria “por trabajo, salario, contra el hambre y la pobreza’’ se hizo escuchar en todos los medios de comunicación. La movilización fue el mismo día que se conocía el dato alarmante de la inflación de abril: un 6%, otro golpe al bolsillo popular. No es casual que, horas más tarde de la movilización piquetera, la pesada burocracia de la CGT decidiera hablar de un “eventual” paro nacional.En la declaración del Movimiento de Agrupaciones Clasistas y la Red de jóvenes trabajadores precarios informales y desocupados -que se repartió por miles en la movilización- se llamó a apoyar la marcha y "pelear por la unidad entre trabajadores ocupados y desocupados”.

Si bien la marcha contó con diversos apoyos, por la política de sus convocantes (que desarrollaremos más abajo) no se realizaron asambleas de base para coordinar efectivamente con sectores de trabajadores ocupados, estudiantes, del movimiento de mujeres o ambiental que están en lucha, cuestión que hemos planteado e impulsado desde las agrupaciones del PTS. Una coordinación de ese tipo podría no solo discutir un plan de lucha que unifique todos los reclamos, sino ser un golpazo para la burocracia sindical que se queda de brazos cruzados mientras se hunde el país. La única manera de imponerle a esos dirigentes una acción es mostrar que hay una fuerza social dispuesta a pelear, no cada uno por lo suyo, sino de forma unificada, democrática (contra sus métodos burocráticos), a autoorganizarse y definir sus planes de acción. A cada sindicato hay que exigirle que convoque asambleas y llame a apoyar el reclamo piquetero. Esta unidad es la que puede conquistar cada derecho o reivindicación de los trabajadores.

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A la libertad de explotar, se contrapone la libertad de luchar por otro futuro.

Aquella movilización, por otra parte, generó reacciones por parte de quienes odian a los pobres . Milei y Espert con discursos ridículos y discriminatorios acusan que son todos “choriplaneros que no quieren laburar”. Lanzaron el “Movimiento Antipiquetero Argentino” con la iniciativa del legislador porteño Ramiro Marra de La Libertad Avanza. Fue el que presentó en la Legislatura un proyecto de ley para prohibir las manifestaciones. Dicen ser “anti sistema” pero no paran de proponer políticas para que los empresarios sigan ganando sin límites. Milei, orgulloso, ha dicho que “Menem fue el mejor presidente de la historia”.

Su discurso se centra en que el gran problema económico del país se debe a los planes sociales, omitiendo que los mismos representan un0,2 del PBImientras que enormes cantidades de dinero se van al pago de la deuda fraudulenta e ilegítima del FMI. Martin Guzmán, redujo la meta de déficit fiscal para el 2022 que proyectaba un 3,3% del PBI al 2,5%, es decir, un recorte mayor a lo destinado a aquella partida, cuestión que no ha sido criticada por los liberfachos. La derecha celebra los tractorazos, pero cuando salen los pobres y los trabajadores se escandalizan. Cuando hablan de que “en este país nadie quiere trabajar” y se tiran contra la protesta social, no es ingenuo. Milei sabe los intereses de quienes defiende. Hace muy poco, en las redes sociales circuló un video donde un joven iba con una cámara escondida a buscar trabajo y lo que ofrecían era denigrante. Esas condiciones de laburo son las que quieren los capitalistas para la juventud y que nadie se rebele contra ella. Para Milei y la derecha ellos tienen que ganar sin límites. Decir que nadie “quiere laburar”, es una manera de imponer trabajos sin derechos y con salarios que no alcanzan, ya que para ellos eso sería “querer laburar”.

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Desde Juntos por el Cambio, por su parte, buscan instalar la idea de que los que cortan calles “son todos delincuentes” y proponen toda una política económica y social más represiva. Cuando fueron gobierno, Cambiemos proponía un programa de ajuste, orientado a lograr la confianza de los inversores internacionales. Si ese programa no se desarrolló hasta el final fue por la resistencia y el repudio de amplios sectores de la población trabajadora como fue el caso dePepsiCo o la resistencia a la reforma previsional en el 2017.

Bajo este modelo Macri dejó la presidencia con 2 millones de desocupados, un aumento de la pobreza de más de un 40% y altos niveles de precarización laboral. Dicen que no quieren a Milei en su bloque, pero usan el mismo discurso discriminatorio anti pobres como ellos. Además son los voceros de la reforma laboral que ya se aplicó en los ‘90 con Menem y si lo aprobaran ahora profundizará el problema de trabajos sin derechos.

En Jujuy, una provincia con 300 % de déficit fiscal; con un 88,3 % de pérdida salarial y una deuda provincial de 197 mil millones de pesos gobernada por el radical Gerardo Morales que lleva adelante un gobierno policiaco y persecutorio con allanamientos y detenciones a todo aquel que se oponga a su política. Con total impunidad en la apertura de sesiones de la Legislatura en abril se tomó la libertad de acusar de "delincuentes" a los integrantes de las organizaciones sociales que protestaban en la provincia por la condiciones de vida.

Para la campaña electoral 2023 dicen “hay que sacar los planes” pero ese no es su real objetivo ya que son políticas de contención mandatadas por el Banco Mundial y el FMI. Lo que sucede en realidad es que detrás de esos discursos llenos de desprecio hacia los pobres y hacia las familias que salen a luchar por el pan, existe una línea política: que los empresarios sigan ganando sin límites, dividir a los trabajadores, y que los punteros de los intendentes manejen la caja del Estado para mantener dominado los barrios obreros.

Manual de como no enfrentar a la derecha

Dentro del gobierno del Frente de Todos hay distintas alas pero todas ellas cogobiernan el país junto con el FMI. Cuando se trata de criminalizar a los más pobres algunos funcionarios como Massa, Berni y Zabaleta, Ministro de Desarrollo Social de la Nación, no se diferencian de los discursos de la derecha más reaccionaria. El ministro Zabaleta, por ejemplo, acusó a las organizaciones piqueteras "de apretar a los argentinos” y anunció que no darían de alta más planes sociales. Esa es la política oficial del gobierno. Incluso con el bono que lanzaron hubo un recorte en la cantidad de beneficiarios del IFE: 2 millones menos de personas y más de 4 millones que se quedaron sin poder cobrar. Recordemos que es algo que tuvieron que entregar gracias a los acampes, las acciones y la enorme movilización de los desocupados.

Mientras, Cristina, que se propone como algo distinto dentro del gobierno, habla de un Estado presente que ayude a los que más lo necesiten. Sin embargo, ese modelo se muestra casi inexistente incluso en donde el “cristinismo” tiene más incidencia, como en la Provincia de Buenos Aires. Como señalamos recientemente en una nota de la Izquierda Diario: “Mientras una gran productora de alimentos como Arcor aumentó sus ganancias un 142 %, la comida no llega a los comedores en las escuelas del Gran Buenos Aires. El “control estatal” de Kicillof no puede garantizar ni el derecho a alimentarse para los niños y niñas más humildes”.

Por otro lado, desde un sector minoritario del Frente de Todos, el legislador Itai Hagman del Frente Patria Grande presentó un proyecto de Ley de “Salario Básico Universal” (“SBU”), de un monto de 12 mil pesos que alcance a desocupados, informales y otros sectores. Una cifra que sabemos que no alcanza ni siquiera para costear dos semanas de un mes.

Este proyecto afirma que “tiene como sentido avanzar hacia la universalización de la seguridad social” y se presenta como un pago en transición a una economía con trabajo decente para todos, algo imposible de alcanzar sin cuestionar mínimamente el régimen del FMI y el pago de la deuda y afectando las ganancias extraordinarias de grandes empresas para financiar el proyecto [3].

Lo justifican diciendo que “el empleo no garantiza ingresos suficientes para la reproducción de la vida en sociedad”, de esta manera asumen que la creación de trabajo genuino no está en sus prioridades y quieren institucionalizar la marginalidad social donde no tocan las ganancias capitalistas. Mientras los empresarios mantienen bajos salarios, los gobiernos y el Estado se tienen que hacer cargo de los trabajadores desocupados. El SBU se convertiría en un subsidio de los capitalistas mientras degradan las condiciones laborales. Este debate no es algo nuevo, ni un invento argentino. Hubo distintas pruebas a nivel mundial, en un debate que ya desarrollamos acá.

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En Argentina hay más gente subocupada que desocupada y tiene una de las jornadas laborales más altas del mundo. Además existe un fenómeno nuevo y es que mientras baja la desocupación,aumenta la pobreza. Entonces se combina, ya que no son sólo desocupados estructurales los que cobran planes, sino también trabajadores informales y changarines para poder sobrevivir.

¿Vamos a resignarnos a la miseria que quieren ofrecernos? ¿Cómo unificamos la pelea de todos los trabajadores y la juventud en perspectiva de cambiar este futuro que quieren imponer?

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POR UN MOVIMIENTO INDEPENDIENTE DE DESOCUPADOS Y OCUPADOS EN LA LUCHA POR CONQUISTAR TRABAJO GENUINO

El problema del desempleo es propio del capitalismo. Los empresarios necesitan que exista lo que Marx llamaba el “ejército industrial de reserva”: trabajadores desocupados que se encuentran en la puerta de las fábricas o lugares de trabajo en la espera de que el capitalista lo tome, mientras usa esa “fila” para amenazar al trabajador dentro de los lugares de trabajo diciendo “si me desafías hay muchos afuera esperando ocupar tu puesto de trabajo”. Aparte cuando hay periodos prósperos en la economía le permite al capitalista sumar mano de obra nueva, y cuando hay crisis, despedir masivamente.

A lo largo de la historia la clase obrera peleó contra esto y creó sus propias formas de lucha y organización. Como vimos en toda la nota podemos encontrarnos con que el movimiento piquetero en Argentina ha protagonizado enormes levantamientos durante las últimas décadas exigiendo trabajo y ha organizado a los desocupados de distintos puntos del país.

Sin embargo estas peleas se han topado con distintos obstáculos. En primer lugar, el impuesto por la burocracia sindical que controla los sindicatos que permanentemente le dieron la espalda a estos trabajadores. Esos “dirigentes”, que dicen representar a los trabajadores, han hecho lo posible para dividir a los ocupados de los desocupados, negando todo tipo de acción que ligue la lucha por trabajo genuino con las acciones que pueden realizar las y los trabajadores en sus lugares de trabajo. ¿Qué pasaría si los grandes sindicatos de la industria, el comercio y los servicios exigieran que todos aquellos que están desocupados ingresaran a trabajar y estuviesen sindicalizados? Imaginemos si en la marcha federal o el acampe se hubiera llamado a un paro de solidaridad, o se hermanaban a cada charla o corte que hiciera el movimiento. Esa potencia tiene la fuerza de los trabajadores y la juventud para arrancarle al gobierno y al Estado cada derecho, para realmente sacar de la pobreza a millones y tener mejores laburos.

Pero no solo del lado de los sindicatos vienen los obstáculos, en segundo lugar están las propias direcciones de las organizaciones piqueteras ligadas al gobierno se niegan a desarrollar esta unidad. Su rol es pasivizar y contener el descontento, como la CTEP dirigida por Juan Grabois, que ha hecho lo posible para que la bronca que hay por abajo no se exprese en un descontento abierto con el gobierno. Es más, las pocas marchas que han convocado en los últimos años han sido en muchos casos en apoyo a Alberto Fernández o Cristina Kirchner, sólo esbozando tímidamente algunas críticas al plan económico de ajuste.

Por otro lado, están las organizaciones piqueteras vinculadas a la izquierda (PO, MST, entre otras). Estas organizan a importantes sectores del movimiento de desocupados de forma independiente del gobierno de turno y contra las burocracias que les han dado la espalda. Dentro de la izquierda tenemos un debate, ¿Cómo organizar la fuerza del movimiento piquetero? Lamentablemente muchos partidos de la izquierda han optado por organizar el movimiento piquetero en forma de colaterales partidarias y donde mayormente sus acciones y exigencias son pedidos de planes estatales, lo cual nos parece limitado. Hay que volver a la acción directa y a la coordinación exigiendo trabajo genuino con los métodos democráticos en asambleas y mandato revocable de sus dirigentes que dio origen al movimiento. La organización del movimiento piquetero en colaterales partidarias limita la fuerza del movimiento ya que separa un mismo reclamo que podría discutirse unificadamente en grandes asambleas en las que puedan participar distintos sectores independientemente a qué organización pertenece o no, con unidad en la lucha y en base a puntos en comunes como la independencia política y la toma de las decisiones en asambleas (democracia desde abajo).

¿Cómo podemos profundizar esta pelea en unidad? Imaginemos si en cada sindicato en donde tiene fuerza la izquierda se peleara por nuevos puestos de trabajo para el conjunto del movimiento desocupado y se iniciara una campaña por la reducción de la jornada laboral repartiendo las horas de trabajo. Para eso sería necesario que existiese un movimiento único de desocupados con libertad de tendencias que se organice de manera democrática junto con los trabajadores ocupados y los sindicatos, secciones sindicales, comisiones internas o agrupaciones opositores, que pueda votar un plan de lucha como ese. Esto implica un programa que unifique las demandas de ambos sectores, como el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados con una escala móvil de salarios. Esta es la perspectiva que planteamos desde el MAC, desde el PTS en el Frente de Izquierda y nuestros compañeros y compañeras diputadas como Myriam Bregman, Alejandro Vilca y Nicolás del Caño: que al calor de la lucha urgente contra el hambre y el trabajo, que incluye la exigencia de conquistar nuevos planes sociales para cada trabajador que lo necesite, se impone la necesidad de luchar por reducir la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, para trabajar todos, con un salario actualizado en función de la inflación que alcance para vivir y para que podamos tener tiempo libre para estudiar, tener tiempo para el arte, la recreación. Si se aplica está medida y se afecta la ganancia de 12.000 grandes empresas del país, se podrían crear un millón de puestos de trabajo. Además, se pueden utilizar las manos disponibles para iniciar un plan de obras públicas que resuelva el problema de la vivienda, la creación de hospitales y escuelas. Por eso decimos que la plata no tiene que ir al FMI, sino para las necesidades de las grandes mayorías.

Hubo ejemplos sintomáticos de unidad entre ocupados y desocupados, esta fuerza puede doblegar la resistencia patronal como se vio con los ejemplos de lucha de los trabajadores de Mosconi en el 2004 cuando bloquearon las fábricas petroleras para conquistar puestos de trabajo para los compañeros desocupados O la experiencia de las fábricas recuperadas en el 2001, y con la experiencia de avanzada de Zanon bajo el lema “ocupar, resistir y producir” donde se impulsó la Coordinadora Alto Valle y se conquistaron puestos de trabajo para cientos de desocupados organizados en distintas organizaciones piqueteras. Por el 2005-2006 los trabajadores efectivos del Roca luchaban con los trabajadores desocupados para conquistar puestos de trabajo y lo lograron mientras muchas organizaciones piqueteras de la izquierda solo luchaban por mayores planes. También tenemos tradición desde donde mostrar la potencia de esos ejemplos y en la perspectiva de pelear por un movimiento democrático como fue en los inicios del movimiento piquetero donde se coordinaba cada acción y en cada piquete existía la asamblea de base, donde cada dirigente era elegido, con mandato revocable cuando no seguía lo votado en la asamblea, como fue la experiencia en Jujuy a fines de los 90.

Estas son valiosas lecciones desde las cuales partir para no empezar esta lucha “desde cero” y lograr que el conjunto del movimiento de desocupados piense su perspectiva y se organice en función de, esta vez, triunfar.

Unidos somos una fuerza en la pelea por un futuro socialista desde abajo -

Este sistema no tiene nada para ofrecer y menos a los jóvenes, donde el 30% de la comida que se produce a nivel mundial se tira cuando hay gente que se muere de hambre, con crisis económicas, con guerras. Por eso, se vuelve indispensable pensar cada pelea con el horizonte de transformar esta sociedad e ir por todo, con un cambio de orientación social de la vida y la economía, pensar en las mayorías y no en las ganancias de unos pocos. Existe una potencialidad muy grande en la unidad entre jóvenes estudiantes, jóvenes laburantes desocupados, trabajadores, familias que pelean por vivienda y trabajo genuino.
Como decía Trotsky “el derecho al trabajo es el único derecho que tiene el obrero en una sociedad fundada sobre la explotación. No obstante se le quita ese derecho a cada instante”. Y por lo tanto: “Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen infaliblemente de los males por él mismo engendrados, no le queda otra que morir”. Para ello es necesario pelear por un gobierno de los trabajadores, por un socialismo “desde abajo” donde gobiernen las y los trabajadores.






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