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Red Internacional

Una puta mierda, del rosarino Patricio Pron, fue la primera novela satírica sobre Malvinas. Un libro agitador que nos mueve a visitar con otros ojos esa tradición literaria que está cerca de cumplir 40 años.

Viernes 2 de abril | 00:00

Cómo recuperar las Maldivas y por qué. Desviándose de lo que se había propuesto sobre el tema, Una puta mierda, del rosarino Patricio Pron, significó la primera novela satírica sobre Malvinas. Aunque bien podría ser una sátira teatral, así de preponderantes son los diálogos, la presentación grotesca y caricaturizada de ciertos personajes y las recurrencias escénicas (hay una bomba suspendida en el cielo sobre las cabezas de los personajes que, aunque pasan los días, nunca termina de caer). Esta obra extraña, publicada en 2007 por la editorial independiente El cuenco de plata, hoy continúa invitándonos a recorrer una tradición literaria que está cerca de cumplir 40 años.

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El narrador de la novela, un joven soldado de nacionalidad difusa, comienza su relato cuando se desata un bombardeo enemigo. Uno de sus compañeros camina en medio del fuego cruzado, convencido de que él no es destinatario de esas balas, mientras le grita “no es contra mí, si no me conocen. Yo no les he hecho nada y ellos lo saben. ¿Por qué me matarían?”. El lugar se parece a las Islas Malvinas, aunque en clave de delirio y de desmadre: un oficial asegura recordar que están luchando en las Islas Maldivas (archipéilago ubicado en el océano Índico). Desde entonces, los ataques, heridas y muertes de la guerra cobrarán vida siempre fuera del realismo clásico.

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La novela deja girando en falso las convenciones básicas del género ‘literatura bélica’. El desafío de narrar la guerra con el tono de una comedia ligera es resuelto por Pron con elementos de la propia literatura argentina: de Fogwill retoma el tratamiento desmitificador de los materiales narrativos -en este caso todo el ideario sagrado que gira en torno a Malvinas- y de Copi los métodos formales y algunos de sus principales temas: el cataclismo en tanto reordenador social y la amnesia como disparador del relato hacia lugares ilógicos donde lo que acontece no tiene mayores justificaciones.

El delirio realista. Todo muy gracioso, pero ¿qué pasa con el sentido en un relato sobre Malvinas en el que cualquier cosa puede suceder? Si la información, como dice Walter Benjamin, no es otra cosa que un relato explicado, Patricio Pron apela a una forma más primitiva de narrar: un relato químicamente libre de explicaciones, casi pueril. En vez de una salida fantástica, elige la estrategia aireana: la del realismo trastornado. Además, el que no haya una consecución demasiado lógica entre lo narrado, contribuye a lograr los efectos de velocidad y de facilidad que caracterizan a esta novela.

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“Era necesario adoptar otra aproximación narrativa, una en la cual lo narrado fuese sencillamente no lo que sucedió realmente o pudo haber sucedido sino lo que efectivamente sucedió pero sólo en la imaginación infantil, que es todo lo que yo supe de la guerra”, cuenta Patricio Pron (1975). Esta elección, que incluye una crítica en primer plano a los discursos patrióticos y, sobre todo, a las narrativas periodísticas de la época, ubica a Una puta mierda en la platea escéptica que inauguró el mejor de los libros sobre Malvinas (Los pichiciegos, 1983), y que también da la espalda a la experiencia y al rigor documentalista, para rearmar un sistema de sentidos que funciona como su propia parodia.

Como buena hija de su época, en la novela no hay nada sagrado y las prédicas nacionalistas escasean. La desinformación es la sombra que recorre ese escenario desterritorializado. Entre bromas y burlas, quedan flotando las intenciones megalómanas del imperialismo británico y la precariedad estructural del Ejército Argentino, así como la enajenación de sus comandantes. Una puta mierda mira de lado a esos meses confusos de 1982 pero de frente a lo que se dijo y se escribió sobre el conflicto en las décadas que siguieron.

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