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Red Internacional

Represión de manifestaciones en Rusia, un periodista español encarcelado por “prorruso” en Polonia, la censura de medios rusos de la UE, el veto a redes sociales de Putin, la exclusión de cientos de deportistas y artistas por su nacionalidad…

Lunes 7 de marzo | 11:29

Una ola de autoritarismo recorre el Viejo Continente. No es solo el régimen reaccionario de Putin quien hace uso de medidas bonapartistas para disciplinar y homogeneizar a su opinión pública. La “Europa democrática” no se queda atrás.

Las cifras de detenciones de manifestantes en las calles de Moscú y otras muchas ciudades rusas son de escándalo. Sólo este domingo 5000 personas acabaron en comisaría en la que fue una de las jornadas de protestas más masiva. 

En Europa no se ven de momento imágenes parecidas. Los distintos gobiernos imperialistas no sólo no reprimen sino que auspician las demostraciones masivas contra la reaccionaria invasión rusa. 
Ver en esto una prueba de la exquisitez democrática de la UE es olvidar de repente como se emplearon esos mismos Estados ante otros procesos de movilizaciones como las luchas contra la reforma de las pensiones de Macron, el independentismo catalán o las cumbres del G8 en Alemania. 

Si este movimiento pacifista europeo empieza a oponerse con vehemencia a la escalada de rearme, las sanciones y la intervención indirecta en el conflicto de su propio imperialismo, seguramente Scholz, Macron y Sánchez no dudarán en hacer uso del excelente material antidisturbios de las democratísimas policías de la UE.
 
De hecho la UE fue pionera en un importante flanco de toda guerra, las medidas de censura sobre la prensa y la persecución de periodistas. La Comisión Europea bloqueó el pasado 1 de marzo el acceso a los medios rusos Russia Today y Sputnik para “prohibir su desinformación tóxica y dañina en Europa", en palabras de su presidenta Ursula von der Leyen. Ese mismo día la norteamericana Google cerró numerosos canales de YouTube con el mismo fundamento.

Putin, a la cotidiana labor de censura y control de los medios que mantiene su régimen, se sumó a los vetos el pasado 3 de marzo cercenando el acceso a Twitter y Facebook. Una medida que atenta sobre todo contra los sectores de oposición y el incipiente movimiento contra la guerra.

Además Rusia anunció una reforma legal que incluía penas de hasta 15 años para quienes difundieran noticias falsas sobre el Ejército y de envío al frente de quienes protestaran contra la guerra.
La prensa y los gobiernos de la Europa imperialista pusieron entonces el grito en el cielo. Casi en el mismo momento en que cubrían con un tupido velo el hecho de que la UE y la OTAN son pioneras en esta guerra en la detención de un periodista acusado de ser un “agente ruso” por la realización de su trabajo. 

Nos referimos al caso de Pablo González, periodista de Público, detenido el pasado lunes 28 de febrero en Polonia y para el que piden hasta 10 años de cárcel. El gobierno “progresista” en estos 7 días no ha enviado ni una delegación de la embajada para prestarle asistencia consular. Eso sí, agentes del CNI le hicieron una visita para interrogarle sobre sus supuestas posiciones prorrusas. 

El clima de excepcionalidad bélica llega incluso a teatros y estadios. El festival de cine de Andalucía canceló la programación del director ruso Andrei Tarkovski, la filarmónica de Munich despidió al director de orquesta Valery Gergiev o en la Opera de Nueva York sustituyeron a la soprano rusa Anna Netrebko por otra ucraniana.

Son solo tres muestras de cómo la mera nacionalidad rusa o la negativa a suscribir una declaración de “adhesión” al discurso oficial (que sólo se pide a los artistas con nacionalidad rusa, por supuesto) está penalizando a decenas de artistas. Lo mismo ha sucedido con decenas de deportistas y selecciones excluidos de la práctica totalidad de competiciones.

Represión, detenciones, peticiones de cárcel para periodistas, censura de medios o exclusión por nacionalidad u opinión, he aquí la lista de medias bonapartistas que, de momento, avanzan sin freno por la Rusia de Putin y la UE de los imperialismo “democráticos”. Lo hacen con el beneplácito o el silencio de la mayor parte de los grandes medios de comunicación de cada bando y, en el caso de Europa, de buena parte del “progresismo” y la izquierda reformista”.

Un caldo de cultivo extraordinariamente fructífero para las banderas del nacionalismo reaccionario de unos u otros, y para que la extrema derecha siga ganando casillas en todos los países. El apoyo en el Estado español de Vox a todas estas medidas asumidas también por el gobierno de PSOE y Unidas Podemos, para pedir que sirvan para una política aún más agresiva del imperialismo español en el Magreb y contra la inmigración africana, es una buena muestra de ello.

Detener la escalada belicista y pelear por una salida independiente de la UE y la OTAN , desde la clase trabajadora y el internacionalismo, a la ocupación rusa de Ucrania, se torna cada vez más urgente para frenar también el avance de estas tendencias reaccionarias de los distintos regímenes y a sus mejores valedores, la extrema derecha.




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