Juventud

TRABAJOS BASURA

Una imagen vale más que mil palabras: dos empresas y ningún derecho

Las calles de Buenos Aires están inundadas por la precarización laboral de miles de jóvenes. Ayer circuló por las redes sociales una foto de un pibe con dos bolsos de distintas empresas de delivery

Luca Bonfante

Estudiante Historia (FFyL-UBA)

Jueves 4 de octubre | Edición del día

Naranja, amarillo y rojo. Bicicletas y motos. Todos los días podemos ver cómo miles de jóvenes van de acá para allá con sus bolsos en una lucha contra el mismísimo tiempo. Si tardan más de 35 minutos, la política de la empresa "Rappi" es que el cliente no pague absolutamente nada por el servicio de delivery.

Estas empresas no les dan ningún derecho a los que generan sus ganancias. Ni siquiera los reconoce como trabajadores, sino como "socios". Por eso no tienen obra social, cobertura médica o vacaciones pagas.

Y ahora ni siquiera alcanza con usar una plataforma. Ayer circuló por las redes una foto de un chico subido a su bicicleta con dos bolsos distintos, uno de "Rappi" y uno de "Glovo". Es la imagen viva de las consecuencias que trae la política en tiempos de macrismo.

Es a lo que apuntan los acuerdos con el FMI, los pagos de miles de millones de dólares por una deuda que se pagó ya varias veces. Es a lo que llevan años de precarización laboral que ningún gobierno erradicó.

La tecnología está puesta al servicio de la precarización. La fuente de ingresos para sobrevivir pende de un hilo. En estos trabajos, si no "rinden", a los pibes los bloquean de la aplicación y no pueden quejarse en ningún lado.

Es la precarización del futuro. Aplicaciones, internet, celulares, tecnología de punta... todo eso que podría estar puesto al servicio de mejorar la vida de millones y que todos trabajemos lo menos posible está siendo usado con un solo fin: la ganancia de un puñado de empresarios a costa del deterioro del nivel de vida de millones. Algo que sufren más profundamente los jóvenes en call-centers o lugares de comida rápida.

Mientras tanto, los grandes medios de comunicación instalan una y otra vez el sentido común: “de la crisis se sale trabajando”.

Para que no se siga profundizando esta realidad, la lucha es ahora. Quedarse de brazos cruzados mientras avanza el ajuste sería hacerle un favor a los millonarios que gobiernan.







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