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BRASIL

Una “fiesta” Olímpica con desempleo, ataques a la salud y a la educación

El supuesto “Río vitrina” del proyecto nacional petista colapsó. Una posibilidad planteada es que el descontento se transforme en acciones de lucha.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Jueves 4 de agosto de 2016 | 01:18

El descontento se expresa en cada lugar de Río de Janeiro y en todo el país. El supuesto “Río vitrina” del proyecto nacional petista colapsó. Una posibilidad planteada es que el descontento se transforme en acciones de lucha. Se mantiene el descrédito de los políticos patronales, todos están cuestionados ¿Cómo resistir?

Las Olimpíadas concentraban, como símbolo, la idea de un “Brasil potencia” y desarrollado, donde todos podían ascender socialmente, con salarios cada vez mejores, sin grandes problemas y con beneficios graduales. El símbolo mayor de la asociación del PT y el PMDB, aplaudida por la elite nacional y extranjera. Ahora todo esto cambió.

Cambió también la esperanza que los brasileros depositaban en la idea de que era posible prosperar todos juntos, trabajadores y empresarios (como Abílio Diniz, uno de los mayores del país o Marcelo Odebrecht, gerente de una de las principales constructoras nacionales), la FIFA, el Comité Olímpico Internacional. Nunca los trabajadores logramos mejorar nuestra situación y nuestros salarios como lograron hacerlo estos sectores, incluso en momentos en que la economía del país crecía. Ahora, en la crisis, solo ellos son los ganadores. A nosotros nos ofrecen desempleo, recortes en áreas vitales como la salud y la educación y hasta incluso atraso en el pago de nuestros salarios como ocurre en Río de Janeiro y en otros estados. Llegan al extremo de cerrar habitaciones y eliminar camas disponibles en hospitales para reservarlas a los atletas y turistas. A los pobres, nos dejan los pasillos de las salas de emergencia, sin médicos, sin remedios, sin insumos.

Con la crisis económica también sufrimos aspectos de crisis social. Y esto se expresa en la desconfianza, la incredulidad y el descontento con las obras sobrefacturadas para los Juegos Olímpicos, que no beneficiarán a la población (excepto a medios como la Red Globo que, como siempre, se asegura beneficios). Un descontento que se expresa en cada lugar de Río. El “Río vitrina” del proyecto nacional anterior colapsó. Puede ser que este descontento se convierta en acciones de lucha. Tal vez no. Pero sigue ahí.

Este descontento se da al mismo tiempo que continúa el descrédito de los políticos patronales en todo el país. Menos de la mitad de la población (48%), según la última encuesta, apoya el impeachment. Pero esto no significa que mayoritariamente quieran la vuelta de Dilma. Ni que Temer continúe en el cargo. Están todos cuestionados. Conscientes de esta situación, sectores de la élite testean en encuestas cuál sería la aceptación de la población si se convocara a nuevas elecciones. Esta salida ayudaría a que un nuevo presidente fuese ungido por los votos, con el mandato de llevar a cabo la dura agenda de ataques que Dilma comenzó y que Temer planea realizar.

Mientras no haya grandes acciones de los trabajadores y la juventud que dejen al gobierno golpista de Temer en jaque, mientras el poder Judicial muestre los dientes pero no dañe a los innumerables corruptos del gobierno golpista, Temer avanza en los ataques a la clase trabajadora y profundiza la entrega de las riquezas nacionales. Ya anunció que la reforma de la previdencia se aplicará sobre todos aquellos que tengan menos de 50 años, la amplísima mayoría de los trabajadores perderá sus derechos. Trabajaremos más y más años, y si los dejamos, hasta 80 horas por semana, como ya defendió un miembro de la Confederación Nacional de la Industria. Junto a esto entregan a precio regalado y de forma ilegal un inmenso campo de Prés-sal.

Las editoriales de los grandes medios exigen apurar los ataques, para aprovechar esta estabilidad relativa del gobierno. Temer avanza paso a paso, midiendo si habrá resistencia, esperando la aprobación del impeachment en el Senado y midiendo cada acción para no poner en riesgo los resultados electorales de octubre. Por eso, cuando hubo resistencia, el gobierno retrocedió. Sucedió con el restablecimiento del Ministerio de Cultura, entre otras medidas. Entonces, se lo puede derrotar, pero es necesario organizar la fuerza para lograrlo.

El próximo 16 de agosto está convocado un día de paralizaciones y una “asamblea nacional de la clase trabajadora”. La paralización contra los ataques del golpista Temer es convocada por todas las centrales sindícales. Sin embargo, las principales centrales del país como la golpista Fuerza Sindical o las ligadas al petismo como la CUT y la CTB no están construyendo esa jornada activamente, con asambleas y paros reales. Sin eso no será posible enfrentar la entrega de los recursos nacionales, las privatizaciones como la de Petrobras, mucho menos la reforma del sistema de seguridad social y de la jubilación. Es necesario un verdadero plan de luchas para organizar la resistencia contra los ataques de Temer para dejar al gobierno y los golpistas contra la pared y hacer del grito “Fuera Temer” una realidad a partir de la movilización de la clase trabajadora.







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